Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
PARTE TERCERA: LOS MARCOS CONCEPTUALES DE LA ECONOMÍA.
CAPÍTULO 6.- CRECIMIENTO, ACUMULACIÓN Y TENDENCIAS PROFUNDAS: LA ECONOMÍA POLÍTICA.
J.S. Mill Del estado estacionario.
La tendencia a un estado estacionario en la vida económica en su vertiente de
límites al crecimiento económico también es un aspecto destacado por un grupo
reciente de economistas. Son aquellos que se pueden agrupar bajo la denominación
de Economía ecológica. Algunos de estos autores se refieren a Mill y a los
economistas políticos clásicos a la hora de destacar antecesores. Para éstos y
para los economistas ecológicos, el estado estacionario aparece como un
problema, mientras que Mill quería alejarse de esta visión y, por ello fue y
será criticado.
Sin embargo, las razones explicativas de ese estado estacionario dependen en
cada caso de variables muy diferentes. Para nuestros contemporáneos, los límites
se encuentran en los recursos materiales y energéticos, también para Jevons
(1865) éstos eran un límite. Para los clásicos, por el contrario, la tendencia
al estado estacionario se encontraba su causa en la caída de la tasa de
beneficios y en la inexistencia de nuevas posibilidades de acumulación de
capital. En este sentido, Mill nos dice: “No puedo, pues, mirar al estado
estacionario del capital y la riqueza con el disgusto que por el mismo
manifiestan sin ambages los economistas de la vieja escuela.” (Mill, 1909).
Frente a ésta, la posición de Mill queda recogida en la siguiente cita de sus
Principios:
“Casi no será necesario decir que una situación estacionaria del capital y de la
población no implica una situación estacionaria del adelanto humano. Sería más
amplio que nunca el campo para la cultura del entendimiento y para el progreso
moral y social; habría las mismas posibilidades de perfeccionar el arte de
vivir, y hay muchas más probabilidades de que se perfeccione cuando los
espíritus dejen de estar absorbidos por la preocupación constante del arte de
progresar. Incluso las artes industriales se cultivarían con más seriedad y con
más éxito, con la única diferencia de que, en vez de no servir sino para
aumentar la riqueza, el adelanto industrial produciría su legítimo efecto: el de
abreviar el trabajo humano. Han permitido que una población más numerosa viva la
misma vida de lucha y reclusión, y que hagan fortuna un número mayor de
fabricantes y otras personas. Han aumentado las comodidades de las clases
medias. Pero no han empezado a realizar esos grandes cambios en el destino
humano, que pueden y deben llevar a cabo. Sólo cuando, además de instituciones
justas, la previsión juiciosa guíe el crecimiento de la humanidad, podrán
convertirse en propiedad común de todas las razas humanas las conquistas hechas
sobre las fuerzas de la naturaleza por la inteligencia y la energía de los
descubridores científicos, y servir para elevar y mejorar la vida de la
humanidad.” (Mill, 1909).
Lejos de rígidas leyes de conformación de los marcos institucionales y de las
relaciones sociales que describen algunos como ineludibles, Mill abre la puerta
del posibilismo y de la reforma social. Bajo la dinámica económica capitalista
el desarrollo social puede tomar configuraciones muy contrastadas. Este
posibilismo de Mill resulta de la confrontación que tiene que realizar de ideas
procedentes de diversos campos del conocimiento más allá de la estricta Economía
y también de su interés por la aplicación práctica.