Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
CAPÍTULO 4.- LAS CIENCIAS SOCIALES: INTERESES Y MODOS DE EXPLICACIÓN.
Normas y procedimientos
Conviene advertir en principio que el tener que inventar constantemente nuevas
pautas de conducta racional exige un constante y un gran esfuerzo intelectual,
por ello lo que solemos hacer es adoptar reglas o pautas de comportamiento más
generales que nos indiquen qué conviene hacer en una determinada situación.
Muchas veces, lo que hacemos es acogernos a normas y reglas ya establecidas.
Pero, lo importante, es que estas reglas han de ser siempre revisables, no
válidas de una vez por todas.
La racionalidad práctica del individuo -como estrategia para maximizar la
consecución de sus propios fines- pasa por la racionalización de la cultura, del
sistema sociocultural en que vive. En este sentido, la racionalidad práctica
muestra también su dependencia, además de la racionalidad creencial, de muchos
otros sentidos del sistema sociocultural en que se desarrolla. Nuestros
intereses, nuestros sistemas de fines, los medios, nuestra información acerca de
los mismos, nuestra capacidad de ponerlos en marcha, dependen en cierto grado de
las posibilidades que nuestro medio sociocultural ofrece, esto es, nuestro
anterior conjunto de oportunidades.
Precisamos construir un sistema que contenga las condiciones de posibilidad del
conocimiento teórico y práctico; un sistema lógico que contenga las condiciones
de coherencia en que puede ser encuadrado racionalmente cualquier conocimiento .
Este sistema tiene por misión señalar los distintos niveles lógicos del saber,
la constelación de categorías necesaria para comprender cada uno de ellos, el
método y criterios de «veración» adecuados, y las relaciones lógicas existentes
entre los distintos niveles.
Nuestra tarea consiste en ofrecer la razón suficiente de un factum: el factum
rationis de la Argumentación. La condición de posibilidad de tal hecho incluye
implícitamente los siguiente supuestos:
1. Que quienes argumentan hacen una opción por la «verdad».
2. Que esta opción sólo resulta coherente si quienes optan por la «verdad»
postulan prácticamente la existencia de una comunidad ideal de argumentación, en
la que la comprensión entre interlocutores será total.
3. Presupone una situación ideal del diálogo, expresión de una forma ideal de
vida, en la que se excluye la desfiguración sistemática de la comunicación, se
distribuyen simétricamente las oportunidades de elegir y realizar actos de habla
y se garantice que los roles de diálogo sean intercambiables.
4. La racionalidad de las decisiones, el no-dogmatismo de la argumentación se
alcanza sólo procedimentalmente por medio de un diálogo que culmine en un
consenso entre los afectados. Esto exige reconocer al sujeto afectado como
interlocutor competente en una argumentación.
5. De este postulado deriva un imperativo: promocionar la realización de la
comunidad ideal de argumentación en la comunidad real.
Estos supuestos son necesarios para comprender que los hombres científicos se
comprometen de hecho en una comunidad concreta de argumentación. Prestan
coherencia a la acción, remiten a una razón práctica. Con todo, cabe advertir
rápidamente que éste no es un fin al que se tienda naturalmente, que no sea
elegible.