Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
CAPÍTULO 4.- LAS CIENCIAS SOCIALES: INTERESES Y MODOS DE EXPLICACIÓN.
Principios de la relación causal
El determinismo es el postulado que dice que todo acontecimiento tiene una
causa: un conjunto determinable de antecedentes causales que en conjunto son
suficientes e individualmente necesarios para que se produzca. La negación del
determinismo puede asumir varias formas distintas. La más conocida es la idea de
acontecimientos estadísticamente aleatorios, lo que supone la existencia de una
distribución probabilística del rango de resultados posibles. En este sentido el
azar objetivo no es totalmente indeterminado, puesto que la ley de los grandes
números permite predicciones muy precisas cuando tratamos con conglomerados de
acontecimientos. Menos conocida es la idea de indeterminación objetiva, que
significa que no podemos siquiera atribuir probabilidades a los diversos
resultados posibles, no porque no podamos averiguarlas sino porque no están allí
para que se las averigüe. La distinción es parecida a la que se da entre riesgo
e incertidumbre, con la diferencia de que en el caso presente el azar o carácter
indeterminado del proceso se supone que tiene una base objetiva y no se debe a
las deficiencias cognitivas del sujeto cognoscente. Más aún, esta comparación
también indica la distinción entre incertidumbre en el rango de los resultados e
incertidumbre dentro de un conjunto fijo de resultados. Desde el punto de vista
explicativo, la indeterminación con regularidad -azar objetivo o conjunto
restringido de sus resultados posibles- es claramente más admisible que la
indeterminación sin regularidad -indeterminación objetiva no restringida.
La causalidad local significa que una causa siempre actúa sobre lo que es
contiguo a ella, en espacio y tiempo. La acción a distancia es imposible. Si se
dice que una causa tiene un efecto distante de ella en tiempo o espacio,
suponemos que debe de haber una cadena continua de causa a efectos sin vacíos
insuperables en ella . Pero la causalidad local es un rasgo del mundo, es decir,
de la relación causal en la medida en que existe independientemente de nuestra
mente, mientras que la idea de mecanismo depende de la mente. La creencia en que
el mundo está regido por la causalidad local es precisamente lo que nos obliga a
buscar mecanismos mucho más sutiles (Elster, 1983, pp 31-2).
Explicar un acontecimiento es dar un relato de por qué sucedió. Por lo general y
siempre últimamente esto adopta la forma de citar un acontecimiento anterior
como causa del acontecimiento que se desea explicar, junto con algún relato del
mecanismo causal que relaciona los dos acontecimientos. Un hecho es una
instantánea temporal de una corriente de acontecimientos o una serie de tales
instantáneas (Elster, 1989).
Las declaraciones que pretenden explicar un acontecimiento deben ser
distinguidas cuidadosamente de varios otros tipos de declaración. Primero, deben
distinguirse las explicaciones causales de las declaraciones causales acertadas.
No basta citar la causa, también se debe proporcionar el mecanismo causal o al
menos se le debe sugerir. Segundo, las explicaciones causales deben distinguirse
de las aseveraciones sobre la correlación. A veces estamos en condiciones de
decir que un acontecimiento de cierto tipo es seguido invariable o habitualmente
por un acontecimiento de otra clase. Esto no nos permite decir que los
acontecimientos del primer tipo causen acontecimientos del segundo porque existe
otra posibilidad: los dos pueden ser efectos comunes de un tercer
acontecimiento. Éste es, en suma, el problema de los epifenómenos.
Tercero, las explicaciones causales deben distinguirse de las aseveraciones
acerca de las condiciones necesarias. Explicar un acontecimiento es dar un
relato acerca de por qué sucedió cómo sucedió. El hecho de que hubiera podido
suceder también de alguna otra manera y habría sucedido de otra manera si no
hubiese sucedido como lo hizo, no es ni una cosa ni la otra.
Cuarto, las explicaciones causales deben distinguirse de la narración de
historias. Y, finalmente, deben distinguirse las explicaciones causales de las
predicciones. A veces podemos explicar sin ser capaces de predecir y a veces
predecimos sin ser capaces de explicar. Es verdad que en muchos casos una y la
misma teoría nos permite hacer ambas cosas, pero no en todas las ciencias.
La asimetría temporal significa que una causa debe preceder a su efecto, o por
lo menos no sucederla. El principio de asimetría temporal puede generalizarse a
partir de la explicación causal a cualquier tipo de explicación: el explanans no
puede seguir al explanandum. Respecto de la explicación intencional esto se
sigue del hecho de que no explicaremos la conducta intencional por las
consecuencias reales que se derivan de ella, sino sólo por las consecuencias
previstas, que pueden no haberse cumplido o que inclusive pueden ser
irrealizables. Podría parecer que la explicación funcional viola el principio
generalizado, puesto que en este caso los fenómenos son explicados por sus
consecuencias reales. Pero la conclusión que se debe sacar no es que el efecto
retroactivo es posible sino que el explanandum debe ser una entidad que perdura
en el tiempo, no un acontecimiento que se produce una sola vez.
Los tres principios de causalidad son lógicamente independientes. Con
determinismo sin causalidad local, apelamos al pasado para explicar el presente
y predecir el futuro. El status epistemológico de las tres propiedades de la
relación causal es una cuestión problemática. Pero la ciencia ha llegado a
cuestionar y -en el caso del determinismo- a rechazar los principios sobre bases
empíricas (Elster, 1983).