Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
CAPÍTULO 4.- LAS CIENCIAS SOCIALES: INTERESES Y MODOS DE EXPLICACIÓN.
La teoría de los intereses cognoscitivos
Jürgen Habermas clasifica los procesos de investigación en tres categorías:
ciencias empírico-analíticas, que comprenden las ciencias de la naturaleza y las
ciencias sociales en la medida en que su finalidad es producir un conocimiento
nomológico; las ciencias histórico-hermenéuticas, que comprenden las humanidades
y las ciencias históricas y sociales cuyo objetivo es una comprensión
interpretativa de las configuraciones simbólicas; y las ciencias de orientación
crítica, que abarcan el psicoanálisis y la crítica de la ideología (teoría
social crítica). Para cada una de estas categorías de investigación, Habermas
postula una conexión con un interés cognoscitivo específico. En la orientación
de las ciencias empírico-analíticas interviene un interés cognoscitivo técnico;
en la orientación de las ciencias histórico-hermenéuticas interviene un interés
cognoscitivo práctico; y en la orientación de las ciencias enderezadas a la
crítica interviene un interés cognoscitivo emancipatorio (Habermas, 1968a,
1968b).
Estas conexiones entre conocimiento e interés tienen que ser mostradas mediante
un análisis de las categorías fundamentales y de los métodos de establecimiento,
comprobación y aplicación de los sistemas de proposiciones característicos del
tipo de investigación en cuestión. Los intereses cognoscitivos aparecen como
orientaciones o estrategias cognoscitivas generales que guían los distintos
tipos de investigación.
Los intereses cognoscitivos no son relevantes desde el punto de vista de la
psicología del conocimiento, ni desde el de la sociología del conocimiento, ni
tampoco desde el de la crítica ideológica en sentido estricto; ya que son
invariantes. No representan influencia en el proceso del conocimiento que
hubieran de eliminarse por mor a la objetividad del conocimiento; antes bien,
determinan el aspecto bajo el que puede objetivarse la realidad, y, por tanto,
el aspecto bajo el que la realidad puede resultar accesible a la experiencia.
Constituyen, para los sujetos capaces de lenguaje y de acción, condiciones
necesarias de la posibilidad de toda experiencia que puede ser objetiva. Aunque
las ciencias tienen que mantener su objetividad frente a los intereses
particulares, la condición de posibilidad de esa objetividad que buscan mantener
incluye intereses cognoscitivos que son fundamentales.
La distinción entre ámbitos de investigación no es una distinción ontológica
entre diferentes objetos materiales de investigación. La distinción es más bien
una distinción epistemológica o «lógico-transcendental» entre objetos formales
de investigación. Se basa en los diferentes modos de «construir» los objetos de
investigación, en el sistema de conceptos básicos que categorizan a los objetos
de la experiencia posible y en los métodos mediante los que se seleccionan las
experiencias primarias relacionadas con la acción, y se las utiliza para un
examen discursivo de pretensiones de validez, esto es, se las convierte en
«datos» (McCarthy, 1978).
El sistema de referencia de las ciencias empírico-analíticas establece reglas no
sólo para la construcción de teorías, sino también para su contrastación
crítica. La teoría consta de conexiones hipotéticas-deductivas de proposiciones,
que permiten deducir hipótesis legales de contenido empírico. Esas hipótesis
permiten hacer pronósticos. El saber empírico-analítico es, por tanto, posible
saber-pronóstico. Las teorías científicas de tipo empírico abren la realidad
bajo la guía del interés por la posible seguridad informativa y ampliación de la
acción de éxito controlado. Éste es el interés cognitivo por la disponibilidad
técnica de procesos objetivados (Habermas, 1968b, pp 169-70).
Las ciencias histórico-hermenéuticas obtienen sus conocimientos en otro marco
metodológico. En ellas el sentido de la validación de enunciados no se
constituye en el sistema de referencia del control de disposiciones técnicas.
Los niveles de lenguaje formalizado y experiencia objetivada aún no están
diferenciados; porque ni están las teorías construidas deductivamente ni tampoco
están organizadas las experiencias atendiendo al resultado de las operaciones.
Es la comprensión de sentido lo que, en lugar de la observación, abre acceso a
los hechos (Habermas, 1968b, p 170). Por su parte, las ciencias de la acción
sistemáticas -a saber, economía, sociología y política- tienen como meta, al
igual que las ciencias empírico-analíticas de la naturaleza, la producción de
saber nomológico (Habermas, 1968b, p 171).
Las ciencias empírico-analíticas alumbran la realidad en la medida en que ésta
aparece en la esfera funcional de la acción instrumental; por eso los enunciados
nomológicos sobre este ámbito objetual apuntan por su propio sentido inmanente a
un determinado contexto de aplicación; aprehenden la realidad con vista a una
manipulación técnica, posible siempre y en cualquier parte en determinadas
condiciones específicas. Las ciencias hermenéuticas no alumbran la realidad
desde un punto de vista trascendental distinto, sino que se dirigen más bien a
la estructura transcendental de las diversas formas fácticas de vida, dentro de
cada una de las cuales la realidad se interpreta de forma diversa, según las
gramáticas de la concepción del mundo y de la acción. Aprenden las
interpretaciones de la realidad con vistas a una intersubjetividad posible (para
una situación hermenéutica de partida dada) de un acuerdo orientador de la
acción (Habermas, 1968a).
Inicialmente, el tercer modo de investigación que Habermas considera -la
reflexión crítica y el interés en que ésta se basa-, en opinión de McCarthy
(1978, p 78), no cuenta a su favor con la plausibilidad con que cuentan los
antes mencionados. Aquí, Habermas quiere dar cabida a la reflexión filosófica y
a la autorreflexión crítica al estilo de Marx y Freud para desembocar en una
teoría crítica de la sociedad. Ésta quiere desenmascarar las distorsiones de la
comunicación y el anclaje institucional de las mismas que impide la organización
de las relaciones humanas sobre la base de una intersubjetividad no coaccionada.
El sujeto de la teoría crítica no adopta una actitud contemplativa, pretendiendo
situarse por encima del proceso histórico del desarrollo humano. El sujeto es un
interlocutor competente en una argumentación, en un diálogo que culmine en un
consenso no violento entre los afectados. Ello desemboca en una versión de las
éticas dialógicas y formales .