Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
CAPÍTULO 3.- LAS TEORÍAS COMO ESTRUCTURAS CONCEPTUALES
Kuhn, Feyerabend y la inconmensurabilidad
Kuhn ha observado que los diferentes paradigmas (a) emplean conceptos que no
pueden reducirse a las habituales relaciones lógicas de inclusión, exclusión e
intersección; (b) hacen que veamos las cosas de forma distinta (quienes trabajan
en paradigmas diferentes no sólo tienen conceptos diferentes, sino también
percepciones diferentes); y, (c) contienen métodos diferentes (instrumentos
tanto intelectuales como materiales) para impulsar la investigación y evaluar
sus resultados. Kuhn sustituyó la noción de teoría por aquella otra más compleja
y sutil de paradigma. La conjunción de los elementos (a), (b) y (c) hace a los
paradigmas completamente inmunes a las dificultades y los torna incomparables
entre sí.
Por su parte, la investigación de Feyerabend partió de determinados problemas en
el terreno (a) y se refirió de modo exclusivo a las teorías. Se preguntó cómo
debían interpretarse los enunciados observacionales. “Interpreté los lenguajes
observacionales en función de las teorías que explican lo que observamos. Estas
interpretaciones cambian tan pronto como cambian las teorías.” (Feyerabend,
1978; 74-5).
Esta clase de interpretación podría impedir que se establezcan relaciones
deductivas entre teorías rivales. Feyerabend (1972) trató de encontrar
procedimientos de comparación que fuesen independientes de tales relaciones.
Trató asimismo de encontrar métodos de comparación que pudieran sobrevivir a la
ausencia de relaciones deductivas. Las comparaciones en virtud del contenido o
de la verosimilitud estaban, por supuesto, descartadas. Pero todavía quedaban
otros métodos (Feyerabend, 1978, pp 75-6).
Hay criterios formales: una teoría lineal es preferible a una no-lineal puesto
que resulta más fácil hallar soluciones. Una teoría «coherente» es preferible a
una que no lo es. Una teoría que emplee múltiples y atrevidas aproximaciones
para llegar a «sus hechos» puede ser menos probable que una teoría que emplee
sólo unas pocas aproximaciones seguras. El número de hechos predichos puede ser
otro criterio. Los criterios no formales requieren por lo general el acuerdo con
la teoría básica o con principios metafísicos.
Sin embargo, aceptar la inconmensurabilidad, no necesariamente lleva a afirmar
que la comparabilidad entre teorías es una cuestión enteramente subjetiva; o en
otras palabras, que escapa plenamente a la comparación por medios lógicos. Es
más, como sugiere Chalmers, debemos escapar a sacar consecuencias subjetivistas
de este hecho. Si nos centramos en la cuestión de la elección de teorías, se
puede admitir que habrá algún elemento subjetivo implícito cuando un científico
elija adoptar una teoría en lugar de otra o trabajar en una teoría en lugar de
otra, aunque estas elecciones estén influidas por factores «externos» tales como
las perspectivas para su carrera y la disponibilidad de fondos, además del tipo
de consideraciones mencionadas por Feyerabend. Sin embargo, aun cuando los
juicios y deseos individuales sean en cierto sentido subjetivos y no puedan ser
determinados por argumentos lógicamente obligatorios, esto no significa que sean
inmunes a un argumento racional. Las preferencias de los individuos pueden ser
criticadas, por ejemplo, demostrando que son gravemente incoherentes o que
tienen consecuencias que los individuos que las manifiestan no desearían. Es
cierto que las preferencias de los individuos no están determinadas únicamente
por argumentos racionales y también de que están fuertemente moldeadas e
influidas por las condiciones materiales en que vive y actúa el individuo. Sin
embargo, los juicios y deseos subjetivos de los individuos no son sacrosantos ni
inmutables. (Charlmers, 1982, pp 193-4).