Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
PARTE PRIMERA
CAPÍTULO 2.- FILOSOFÍA DE LA CIENCIA.
La experiencia como método y la falsabilidad
Se llama empírica o falsable a una teoría cuando divide de modo inequívoco la
clase de todos los posibles enunciados básicos en las siguientes dos subclases
no vacías: primero, la clase de todos los enunciados básicos con los que es
incompatible (o, a los que excluye o prohíbe), que llamaremos la clase de los
posibles falsadores de la teoría; y, en segundo lugar, la clase de los
enunciados básicos con los que no está en contradicción (o, que permite).
“Podemos expresar esta definición de una forma más breve diciendo que una teoría
es falsable si la clase de posibles falsadores no es una clase vacía.” “Puede
añadirse, tal vez, que una teoría hace afirmaciones únicamente acerca de sus
posibles falsadores (afirma su falsedad); acerca de los enunciados básicos
«permitidos» no dice nada: en particular, no dice que sean verdaderos.” (Popper,
1934, p 82).
Únicamente decimos que una teoría está falsada si hemos aceptado enunciados
básicos que la contradigan. Esta condición, siendo necesaria, no es suficiente,
pues hemos visto que los acontecimientos aislados no reproducibles carecen de
significación para la ciencia: así, difícilmente nos inducirán a desechar una
teoría -por falsada-, unos pocos enunciados básicos esporádicos; pero la daremos
por tal si descubrimos un efecto reproducible que la refute. En otras palabras,
aceptamos la falsación solamente si se proponen y corrobora una hipótesis
empírica de bajo nivel que describa semejante efecto. El requisito de que la
hipótesis falsadora ha de ser empírica, y, por tanto, falsable, quiere decir
exclusivamente que debe encontrarse en cierta relación lógica respecto a los
posibles enunciados básicos: así pues, lo que exigimos atañe sólo a la forma
lógica de la hipótesis. Y su acompañante, lo de que la hipótesis ha de estar
corroborada, se refiere a las contrastaciones que debe haber pasado (contrastaciones
que la habrán enfrentado con los enunciados básicos aceptados) (Popper, 1934, p
83).
Consiguientemente, los enunciados básicos desempeñan dos papeles diferentes. Por
una parte, hemos empleado el sistema de todos los enunciados básicos lógicamente
posibles con objeto de obtener, gracias a ellos, la caracterización lógica que
íbamos buscando -la de la forma de los enunciados empíricos-. Por otra, los
enunciados básicos aceptados constituyen la base para la corroboración de las
hipótesis; si contradicen a la teoría, admitimos que nos proporcionan motivo
suficiente para la falsación de ésta únicamente en el caso de que corroboren a
la vez una hipótesis falsadora (Popper, 1934, p 84).
Un sistema coherente divide el conjunto de todos los enunciados posibles en dos:
los que le contradicen y los que son compatibles con él. Es ésta la razón por la
cual la coherencia constituye el requisito más general que han de cumplir los
sistemas, ya sean empíricos o no los sean, para que puedan tener alguna
utilidad. Además de ser compatibles, todo sistema empírico debe satisfacer otra
condición: tiene que ser falsable. Estas dos restricciones impuestas a los
sistemas producen efectos en gran medida análogos: los enunciados que no
satisfacen la condición de coherencia son incapaces de efectuar discriminación
alguna entre dos enunciados cualesquiera (de la totalidad de todos los
enunciados posibles); y los que no satisfacen la condición de falsabilidad no
son capaces de efectuar discriminación entre dos enunciados cualesquiera que
pertenezcan a la totalidad de todos los enunciados empíricos básicos posibles (Popper,
1934, p 88).
Popper reduce la cuestión de la falsabilidad de las teorías a la de la
falsabilidad de los enunciados singulares o, en su expresión, enunciados
básicos. Pero, ¿qué tipo de enunciados singulares constituyen? En su opinión,
“todo enunciado descriptivo emplea nombres (o símbolos o ideas) universales, y
tiene el carácter de una teoría, de una hipótesis. No es posible verificar el
enunciado «aquí hay un vaso de agua» por ninguna experiencia con carácter de
observación, por la mera razón de que los universales que aparecen en aquél no
pueden ser coordinados a ninguna experiencia sensorial concreta (toda
«experiencia inmediata» está «dada inmediatamente» una sola vez, es única); con
la palabra «vaso», por ejemplo, denotamos los cuerpos físicos que presentan
cierto comportamiento legal, y lo mismo ocurre con la palabra «agua». Los
universales no pueden ser reducidos a clases de experiencias, no pueden ser
constituidos.” (Popper, 1934, p 60).