Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
PARTE TERCERA: LOS MARCOS CONCEPTUALES DE LA ECONOMÍA.
CAPÍTULO 12.- ECONOMÍA INSTITUCIONAL, ESCUELA DE LA REGULACIÓN Y ECONOMÍA EVOLUCIONISTA.
Algunas observaciones respecto a la evolución institucional
Considerando las jerarquías superpuestas de instituciones formales e informales,
también es probable que la capacidad de adaptarse a los cambios, y, por el
contrario, a conservar los hábitos y las rutinas, sea diferente en distintos
niveles. Las acciones habituales no hay que volverlas a aprender tras una
interrupción de varios meses. Si no fuese así, se gastaría demasiado tiempo en
aprender de nuevo esa capacidad tras haber dejado de utilizarla. Así pues, la
«mutación institucional» no es lo mismo que la mutación genética, y no podemos
suponer de manera automática que está operando un proceso de selección natural
darwinista. Este último implica una acumulación gradual y la selección de
pequeñas mutaciones a lo largo de grandes períodos de tiempo, mientras que en el
caso de las instituciones la adaptación es mucho más rápida y existen muchas
menos posibilidades de que se produzca una selección de las que fomentan la
eficiencia.
Otra diferencia principal entre la evolución económica y la biológica es que los
hábitos y las rutinas, que se consideran análogos a los genes en el ámbito
económico, son mucho más susceptibles de sufrir cambios que los genes
biológicos. Además, los genes biológicos se transmiten mediante la reproducción
sexual, en tanto que en las economías se pueden adquirir y difundir hábitos y
rutinas sin que se produzca una transferencia de personas. El boca a boca, las
redes informales y la imitación adquieren pues suma importancia en las economías
modernas.
Aunque variación y diferenciación institucional se produce mucho más rápida y
extensamente que la mutación del mundo biológico, la inercia observada de la
evolución cultural e institucional sugiere que existen importantes fuerzas
estabilizadoras. Puesto que los procesos selectivos no asegurarán un camino
riguroso hacia una mayor eficiencia, no existen fundamentos para proclamar que
la evolución producirá el mejor de los mundos posibles. En cualquier sistema
social existe un intercambio entre el comportamiento rutinario y las decisiones
variables o volátiles de otros agentes y de los resultados de estas decisiones.
Esta visión no determinista subraya tanto el peso de la rutina y del hábito en
la formación del comportamiento como la importancia de algunos elementos de
deliberación estratégica y sus posibles efectos perturbadores sobre la
estabilidad. Con estos ingredientes es posible prever procesos mediante los
cuales, durante largos períodos, los hábitos de pensamiento y de acción
reinantes se van reforzando y estabilizando acumulativamente. Pero este mismo
proceso puede llevar a un brusco y rápido cambio. La propia osificación de la
sociedad podría llegar a diezmar el sistema económico debido a una competencia
externa más vigorosa, o podría producirse una reacción interna que acarrease un
nuevo orden moderno.