David Barkin
C. AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA: LA RELACIÓN ENTRE PRODUCCIÓN Y CONSUMO
El primer asunto que debe ser tratado claramente es la autosuficiencia versus la
integración. El sistema actual de comercio global promueve la especialización
basada en los sistemas de monocultivo. La sostenibilidad no necesita ser
equivalente a la autarquía o el aislamiento; sí conduce a un grado de
especialización mucho menor en todas las áreas de la producción y de la
organización social. La autosuficiencia alimentaria surgió como una necesidad de
muchas sociedades debido a la precariedad de sus sistemas internacionales de
comercio; las tradiciones culinarias específicas surgieron de un conocimiento
local altamente sofisticado de frutas y vegetales, hierbas y especies. Aunque la
introducción de las tecnologías de la revolución verde elevó tremendamente el
potencial productivo de los productores de alimentos, pronto encontramos cuán
duro fue alcanzar este potencial y los altos costos sociales y ambientales que
tal programa significó.
La autosuficiencia alimentaria es un objetivo controvertido que hace surgir la
cuestión fundamental de la autonomía. Aunque los partidarios del desarrollo
rechazan unánimemente las llamadas de una posición extrema, el compromiso
mexicano de 1980 ante el Consejo Mundial de Alimentación para lograr la
autosuficiencia fue ampliamente aplaudido. Hoy, la discusión se torna más
compleja, pues hay acuerdo general sobre dos factores contradictorios en el
debate:
1) Por un lado, la producción local de los bienes básicos que pueden ser
producidos de manera más eficiente en otro lugar, es un lujo que pocas
sociedades pueden sostener, si y solo si los recursos humanos y naturales no
dedicados a la producción de estos bienes comerciables pueden encontrar empleo
productivo dondequiera;
2) Por otra parte, una mayor producción local de alimentos básicos contribuye a
elevar los niveles nutricionales y mejorar los índices de salud. En el contexto
de las sociedades actuales, en el que la desigualdad y las fuerzas
discriminatorias contra los pobres rurales son la norma, un mayor grado de
autonomía en la provisión de la base material para un nivel adecuado de vida
parece ser una parte importante de cualquier programa de sostenibilidad
regional. Contribuirá a crear más empleos productivos y un interés en mejorar la
administración de los recursos naturales.
En algunas partes del mundo la estrategia de la autosuficiencia constituiría un
lujo dispendioso. Implicaría desviar recursos de otros usos que serían más
productivos por su contribución económica, creando exportaciones que permitirían
adquirir mayores volúmenes de alimentos. Pero aún en circunstancias en las que
la importación al por mayor de los bienes básicos es recomendable, la gente
interesada en el desarrollo sostenible cuestiona la modificación de las dietas
locales que son adecuadas a las posibilidades productivas de sus regiones; hoy
en día, la tendencia a desplazar a los productos tradicionales con los alimentos
importados está generalizándose ocasionando graves problemas en muchas
sociedades.¹
La autosuficiencia alimentaria, sin embargo, es sólo una faceta de una
estrategia más amplia de diversificación productiva cuyos principios son en gran
medida parte del movimiento hacia la sostenibilidad. Los principios de un mayor
auto-abasto (en algunos trabajos en América Latina se usó la palabra
autoconfianza) son fundamentales para todos los productos y servicios que una
sociedad quisiera asegurarse a sí misma. Históricamente, los habitantes rurales
nunca han sido "sólo" agricultores, o algo más, para tal asunto. En su lugar,
las comunidades rurales se caracterizaron por la diversidad de sus actividades
productivas en las que ellos se comprometen para asegurar su subsistencia; son
comunidades de administradores de sistemas complejos de recursos. Fue sólo la
aberración de transferir modelos de agricultura comercial a la teoría del
desarrollo en el tercer mundo, lo que contribuyó a menospreciar el carácter
multifacético de los sistemas locales de producción tradicional. Las estrategias
del desarrollo sostenible enfrentan directamente este problema, intentando
reintroducir la diversidad, conforme se aferran a los problemas de escalas
apropiadas de operación y multiplicidad de productos.
La diversificación productiva tiene que relacionarse con el patrón de
necesidades y recursos locales. En la medida en que la gente no esté involucrada
en el diseño e instrumentación de programas que le aseguren sus propias
necesidades de consumo, tendrá menos conciencia del impacto de sus demandas en
el resto de la sociedad y en el ambiente. En consecuencia, el enfoque de la
sostenibilidad confiere gran importancia a establecer una relación directa entre
la gente que planifica la producción y aquella que determina qué niveles de
consumo son posibles.
1. La complejidad de la tarea de terminar con el hambre es ampliamente
reconocida. Pero la literatura reciente ha acentuado los orígenes sociales y no
los técnicos (o basados en la oferta) de la carestía y el hambre; Sen (1981,
1992) es un exponente particularmente efectivo de este punto, mientras otros han
entrado en gran detalle sobre los "orígenes sociales" de las estrategias alimentarias y las crisis (García 1981; Barraclough 1991). La "modernización" de
las dietas urbanas en Nigeria, sustituyendo al trigo y arroz por sorgo y mijo,
es un caso espeluznante de creación de dependencia, reduciendo las oportunidades
de los productores campesinos y elevando el costo social de alimentar a una
nación (ver Andrae y Beckman 1985).