David Barkin
C. LA SEPARACIÓN DEL CONSUMO Y LA PRODUCCIÓN
La opulencia, la acumulación de riqueza y la desigualdad representan una grave
amenaza para la sostenibilidad del sistema global. Los patrones de consumo de
los países más ricos están conformados por un aparato productivo que sólo
prospera generando nuevas demandas de bienes para continuar creciendo. Su propia
lógica le impide intentar definir un paquete socialmente deseable de bienes
individuales y colectivos que satisfagan las necesidades básicas. Actualmente,
las energías creativas se dirigen a acrecentar el volumen de bienes con una
elevación concomitante del uso de energía y otros recursos naturales,
sacrificando frecuentemente la capacidad de la sociedad para alcanzar mayores
metas sociales.
Con una creciente comprensión de la amenaza de la crisis ambiental, están
creciendo las presiones por tecnologías de producción y patrones de consumo más
responsables. En casos selectos, los recursos son utilizados con mayor
eficiencia y se dedica una mayor atención a la reducción y reciclaje de los
múltiples desechos.¹ Se han dado pasos iniciales y se puede prever otros para
reducir los desechos, pero el problema subyacente es el imperativo de
crecimiento económico basado en el consumo de un volumen cada vez mayor de
bienes y servicios, demandando mayores recursos y energía. Esto crea un modelo
insostenible, que las sociedades opulentas aún no están preparadas para
contener, mucho menos revertir.
Existe una contradicción fundamental en el interior de un sistema que promueve
una creciente separación entre consumo y producción. La urbanización ciertamente
contribuye a esta separación. En las áreas urbanas, la gente olvida la relación
entre los procesos de producción y consumo. En los diversos estratos de la
sociedad, aun si la gente está adquiriendo una mayor conciencia de la necesidad
de cuidar el ambiente, la creciente complejidad de los procesos productivos y
las características del consumo urbano conducen a perder contacto con la
relación intrínseca entre el bienestar ambiental y el humano.
Con la internacionalización, se están olvidando las tradiciones y prácticas
culturales que se perfeccionaron y transmitieron a través de generaciones para
proteger el ambiente y las especies. Los nuevos patrones de asentamiento y los
importantes flujos migratorios desarraigan a la gente de sus comunidades. Un
cúmulo de estudios de caso examinan el rápido desplazamiento que ha
experimentado la sabiduría heredada por las soluciones productivas modernas;
algunos se incluyen en la bibliografía de este ensayo. Ofrecen amplia evidencia
de la complejidad de estos mecanismos que se usaron para asegurar una base
productiva diversificada que hiciera frente a las necesidades sociales, a la vez
que creara sistemas que protegían el ambiente de la degradación inmanejable.
Obviamente, algunos de estos enfoques fallaban. Sin embargo, las presiones de la
reorganización social y productiva han avanzado más allá de la capacidad de
muchas de estas sociedades para adaptarse, con el resultado de que muchas de
ellas están sufriendo procesos acelerados de deterioro ambiental. Más que nunca,
necesitamos considerar las contribuciones que las adaptaciones de las antiguas
tecnologías y las nuevas pueden hacer para mejorar los paisajes y los sistemas
productivos deteriorados; conforme avance nuestra comprensión de los sistemas
tradicionales de conocimiento, se hará posible utilizar enfoques de manejo
ambiental provenientes de algunas sociedades para proteger el medio y mejorar la
calidad de vida en otras.
1. Entre la comunidad corporativa, se está prestando mayor atención a los
asuntos ambientales. Para evitar una intervención oficial mayor, han creado una
Norma Internacional para la auto-regulación (ISO 14000). Muchos analistas se
manifiestan escépticos que sería suficientes a la luz de los profundos problemas
de injusticia relacionados con la estructura social, tales como los presentados
en este ensayo.