David Barkin
B. LOS FRACASOS DEL MERCADO
Una de las mayores fallas del mercado es la dificultad que tiene la sociedad
para obligar a las empresas a incluir en el diseño y operación de sus proyectos
de inversión los efectos ambientales y sociales en la comunidad. Hasta ahora, no
se ha logrado obligar a que las compañías incorporen estas "externalidades" (es
decir, los costos totales para el ambiente y la sociedad) a fin de que sus
planes de producción y expansión no contribuyan al deterioro del entorno en que
operan. Actualmente, es común que estas corporaciones se sirvan de sus
considerables influencias políticas y económicas para que se establezcan
políticas que conducen a lo opuesto de lo que los economistas y ambientalistas
considerarían las decisiones óptimas. Su poder económico y político
frecuentemente les permite negociar subsidios o exenciones de varios tipos de
cuotas por servicios públicos (incluyendo impuestos locales, cargos por
servicios de infraestructura municipal y tarifas de energía) que conducen a la
elección de tecnologías que no están entre los mejores intereses del país o del
planeta entero en términos de su impacto en el medio ambiente. Los programas
públicos para atraer inversiones privadas a menudo fomentan un incremento del
empleo de maquinaria, desplazando a la mano de obra, y aumentan el uso de
energía; a la vez, exentan a las nuevas empresas de aportar fondos para
financiar las inversiones en servicios públicos requeridas para asegurar la
producción. Como resultado, las nuevas instalaciones para la producción privada
llegan con frecuencia a expensas del deterioro en la calidad de los servicios
disponibles para la población local, incluyendo a muchos obreros que han migrado
en busca de trabajo; así, se observa un aumento importante de producción con una
merma sensible en la calidad de la vida para todos los que habitan en la zona.
Las distorsiones en las estructuras de precios no sólo son fallas del mercado.
Durante mucho tiempo, los economistas han evaluado las diversas externalidades
asociadas con la producción y la organización colectiva. De la expansión
internacional surgen grandes preocupaciones, conforme los nuevos inversionistas,
alentados por la necesidad de generar divisas, aumentan la intensidad con la que
extraen los recursos naturales, con consecuencias deplorables para el ambiente.
Muchos convenios de producción son de corto plazo, con el horizonte de tiempo
limitado al periodo requerido para amortizar la inversión, frecuentemente menos
de cinco años. Como fruto, los inversionistas tienen un fuerte incentivo para
elevar la intensidad de la extracción de valor -un problema que se está
agudizando en las áreas de plantación forestal y de monocultivo agrícola del
tercer mundo. A menudo, la creciente intensidad de extracción de una región
conduce al empobrecimiento de otras, ya que los métodos tradicionales de
producción en las áreas forestales o costeras se han mostrado demasiado costosos
para permitir a la mayoría de los grupos competir en los mercados nacionales e
internacionales. Estos sistemas de producción especializada, localizados tanto
en la agricultura como en la minería o silvicultura, en áreas oceánicas o
urbanas, con frecuencia son considerados por muchos expertos como los peores
depredadores del medio ambiente.