ENTRE EL FISCO Y LA MONEDA
Cualquier padre de
familia que se encuentre endeudado sabe que, para escapar del embrollo, él
deberá ganar un poco más y su familia comer un poco menos. En los endeudados
países latinoamericanos -gobernados todos por buenos padres de familia, no
tenemos por qué dudarlo- se ha tratado de usar la política fiscal para ganar un
poco más y la política monetaria para comer un poco menos.
Pero la costumbre de mezclar esas dos políticas no se
origina en América Latina, sino que constituye parte de una larga tradición que
se inicia hace siglo y medio, a raíz de que el economista Joseph Clement Juglar,
en un libro titulado ‘Las Crisis Comerciales’,
analiza las oscilaciones económicas que en el Siglo XIX golpearon sucesivamente
a Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
Juglar concluía que las
crisis económicas son inevitables porque responden a la naturaleza misma del ser
humano, que gasta en exceso en épocas de bonanza y ahorra demasiado en épocas
de infortunio. Así, periódicamente el miedo reemplaza a la euforia y juntos
forman los llamados ‘Ciclos Económicos’.
La teoría de los Ciclos se mantuvo en las sombras
por varias décadas hasta que, ya en el Siglo XX y debido a la gran crisis de los
años 30, comenzó a ser revisada por varios economistas que acogieron la
conclusión de que los Ciclos son inevitables.
Sin embargo, la mayoría creía que era factible evitar que los Ciclos se
transformen en Crisis, siempre y cuando se lograse obtener un
equilibrio dinámico entre lo fiscal y lo monetario.
Desde entonces, gran parte de la literatura económica se
ha concentrado en intentar descubrir en que consiste ese equilibrio dinámico.
La fertilidad del mundo académico –en especial la de las universidades de
Norteamérica- ha procreado una amplia gama de potenciales respuestas. Entre las
más populares se encuentran las siguientes: la utilización prioritaria de la
política fiscal a la cual debe subordinarse la política monetaria, como lo
propuso la escuela Keynesiana; el ‘fine tuning’ entre las dos políticas,
tal como lo preconizó el presidente Richard Nixon; la fusión entre el acelerador
fiscal y el multiplicador monetario, que pregonaba Paúl Samuelson; y la
supremacía absoluta que otorga Milton Friedman a la política monetaria, cuya
potencia y efectividad la convierte en un arma tan poderosa, que resulta
peligroso dejarla en manos de los gobiernos.
Todas esas recomendaciones
-diseñadas por y para los países desarrollados- han sido en su momento
utilizadas con relativo éxito en el Primer Mundo que, si bien ha vuelto a
soportar ciclos de inestabilidad y recesión, ha logrado evitar que en sus países
se repita una crisis igual a la de los años 30.
Pero ninguna de esas recomendaciones podría hoy aplicarse
con éxito en suelo latinoamericano. Esta última afirmación no se basa solo en el
fracaso de las políticas de ajuste fiscal y monetario practicadas en todos los
países latinoamericanos desde 1983, sino también en el hecho de que en la
América Latina actual, esas políticas resultan igual de estériles al tener ambas
que subordinarse íntegramente a la necesidad de generar divisas para pagar la
deuda.
Desde luego, afirmar que
ambas políticas están subordinadas íntegramente al pago de la deuda es
una evidente exageración; pero es una exageración que no distorsiona la realidad
sino que la magnifica, como se confirma en las próximas líneas.
J.C.Juglar, "Des crises commerciales". Annuaire de l'economie politique,
1856.