Alfonso Klauer
Sobre infraestructura
Pero además resulta inaudito que el
Ministerio de Transportes, Comunicaciones, Vivienda y Construcción, presuma
conocer adecuadamente la red completa de vías de todo el país, así como su
estado en cada momento, y la prioridad del mejoramiento y señalización de cada
vía.
Otro tanto debe decirse de los puertos y aeropuertos (grandes,
medianos y pequeños) de todo el país. Nunca se priorizará
adecuadamente desde Lima el mejoramiento de los existentes o
la construcción de nuevos.
Es absurdo que desde Lima se siga pretendiendo controlar
y administrar el espectro electromagnético de onda larga, para las
emisoras radiales de provincias.
Del mismo modo que es absurdo que, en y desde Lima, se
plantee la ejecución de programas focalizados de construcción de
vivienda.
Desde la capital es imposible que el Ministerio de la
Presidencia esté en condiciones de priorizar, diseñar y ejecutar
miles de pequeñas obras, de diversos géneros (agrícolas, energéticos,
viales, de servicio educativo y salud, etc.), en los 1 819 distritos
del país y miles de rincones rurales.
Es inaceptable que, con el pretexto del “fortalecimiento
municipal”, en Lima se concentre la adquisición y distribución
de maquinaria pesada para las municipalidades provinciales y distritales
del país. Como es inaceptable que las autoridades en Lima se crean
estar en condiciones de adecuadamente elegir cuáles son los 530
distritos del país por donde debe empezar a aplicarse, por ejemplo,
el programa “A trabajar”.
En resumen y en definitiva, es y será absolutamente ineficiente
(como intrínsecamente corrupto), un aparato estatal ejecutivo
en el que quince personas concentran, en Lima, las responsabilidades
y atribuciones, y los presupuestos correspondientes,
que deberían estar en manos de cientos y miles de personas esparcidas
a lo largo y ancho del país.
Nos resulta obvio, sin embargo, que no es sólo un problema
de ambición de poder –como probablemente en muchos casos
también de irreductibles ansias de enriquecimiento ilícito–. Parece
claro que en el Perú se adolece gravemente de criterios estratégico.
Y, por cierto entonces, de personas así preparadas. Llegan
al poder, o se enquistan en la burocracia estatal, personajes
de pensamiento concreto. Seres capaces de ver y “resolver” lo
concreto, lo inmediato, lo obvio, lo que está al ras del suelo.