EL NIÑO-LA NIÑA. EL FENOMENO ACÉANO-ATMOSFERICO DEL PACIFICO SUR, UN RETO PARA LA CIENCIA Y LA HISTORIA
Alfonso Klauer
Desafío para el Primer y Tercer mundos
“El Niño” y “La
Niña” son pues, en definitiva y a todas luces, una pesadísima rémora para el
desarrollo de los pueblos del Perú, Bolivia y Ecuador, y en general del Tercer
Mundo.
Paradójicamente, sin embargo, es obvio que para atenuar los efectos del
Fenómeno océano–atmosférico del Pacífico Sur se requiere el concurso de
ciencias y tecnologías que virtualmente monopolizan los países del Norte.
Por eso, éstos, sin cortapisas, con decisión y con perspectiva histórica,
deben poner total y absolutamente esos instrumentos al servicio de todos los
pueblos del mundo. Pero no sólo y simplemente por “generosidad”, sino además a
la luz de un descarnado aunque sensato pragmatismo. ¿Se ha estudiado y conoce,
por ejemplo, en cuánto se incrementa la migración –legal e ilegal– del Sur al
Norte con posterioridad a las catástrofes que origina el fenómeno en los
pueblos del Tercer Mundo?
Sí se sabe, en cambio, que las catástrofes a que da origen el fenómeno no son
precisamente condiciones que coadyuven al proceso de estabilidad política,
económica y social del planeta, y menos todavía al desarrollo del Tercer Mundo
y a la definitiva instauración de la democracia en todo el globo. ¿Se quiere
acaso, en el contexto de la tan ponderada “globalización”, que como ya ocurre
con el capital financiero, se dé finalmente en el mundo la libre circulación
del trabajo, para que los hombres y mujeres del Sur terminemos todos viviendo
y trabajando en el Norte? ¿Verdad que no? Todos los habitantes del planeta
estamos pues involucrados en la misma encrucijada. En las manos de todos está
entonces la solución. Y no debemos cejar hasta convertir las funestas
consecuencias del fenómeno océano–atmosférico del Pacífico Sur en un simple
aunque desagradable recuerdo. Como el que en la actualidad suscitan las
endemoniadas pestes que sufrió Europa en los siglos precedentes. Y cuyos
estragos amaninaron, precisamente, con productos que llegaron del Nuevo Mundo:
la mítica papa y los ingentes recursos minerales de plata que se extrajo de
las entrañas de los Andes).