Alfonso Klauer
Los “bárbaros”
Como recuerda Asimov , los hoy denominados griegos, desde muy antiguo,
dicotómicamente dividieron a los pueblos en dos grupos: de un lado, ellos,
los “helenos”, y del otro, “todos los demás”. En otros términos, para ellos
sólo había helenos y barbaroi. Y “barbaroi”, por cierto, eran todos aquellos
que no hablaban el idioma de los habitantes de la Hélade.
“Barbaroi” –que en castellano pasó a ser “bárbaros”–, eran pues los
“extraños” a los helenos, los “extranjeros”, todos los extranjeros. Así, en
el tiempo en que en todo el Mediterráneo predominaba la cultura y el imperio
faraónico, y la Hélade era aún un territorio primitivo y casi desconocido,
para los helenos también eran “bárbaros” los muy prestigiados y hegemónicos
egipcios. “Bárbaro”, pues, en sus orígenes, era un gentilicio genérico, un
sustantivo, no un adjetivo calificativo.
Pero cuando al cabo de siglos los griegos alcanzaron un gran desarrollo, y
se convirtieron en el centro expansivo y modelo de la civilización
occidental, los “bárbaros” ya no sólo eran considerados extranjeros, sino,
por comparación, también “incivilizados”.
Así, poco a poco el término fue adquiriendo cada vez más connotaciones
peyorativas, hasta, finalmente, denotar sólo calificaciones despectivas. Los
romanos difundieron y generalizaron aún más el uso del término, consolidando
y agravando su agresiva nueva connotación.
Hoy, llevándose al extremo las connotaciones peyorativas del término, entre
el común de los pueblos –siguiendo por ejemplo al historiador sueco Carl
Grimberg–, ya no se habla sino de “hordas bárbaras” .
La República Romana, antes de erigirse en imperio, estaba pues completamente
rodeada de “bárbaros”, de pueblos extranjeros. Con el tiempo, muchos de esos
pueblos “bárbaros” fueron conquistados y pasaron entonces a formar parte del
imperio. Pero la Historia oficial romana –y con ella la Historia tradicional
que se lee y estudia en nuestro tiempo–, se encargaron de que durante la
mayor parte del Imperio Romano “los bárbaros salieran completamente de
escena”. Y, muy extraña y sospechosamente, se les hizo –y hace– reaparecer
de improviso durante la crisis final del imperio. Intentaremos pues llenar
el vacío –resolver la inconsistencia de la Historia tradicional–, a fin de
descubrir si se encuentra o no relación entre los “bárbaros” que había antes
de la formación del imperio y los que “aparecieron” a la caída del mismo.
Veamos.
Confrontados ante el expansionismo militar romano, algunos pueblos pudieron
elegir, tuvieron alternativa. Mas, en rigor, debe decirse que tuvieron una
sola posibilidad: “escapar” del vendaval romano. ¿Cuáles fueron esos
pueblos, dónde estaban ubicados, por qué ellos sí pudieron escapar y hacia
dónde fueron? Focalicemos entonces un instante nuestra atención en el
Gráfico Nº 20 (en la página siguiente).
Como puede apreciarse, los pueblos de la península ibérica y la mayor parte
de los pueblos de Francia (Galia), además de no haber podido enfrentar con
éxito a los ejércitos romanos, también más allá de su voluntad se vieron
impedidos de escapar. No tenían a dónde ir huyendo del vendaval romano.
Ciertamente los océanos no eran una alternativa.