EL MUNDO PRE-INKA: Sobre el “estado de la cuestión” en Historia
Alfonso Klauer
¿Fuerza objetiva
o desconcierto subjetivo?
Durante la vigencia del proyecto imperial chavín
los proyectos de los pueblos sometidos habían quedado
pues transitoriamente frustrados. A título de hipótesis,
ello pudo ocurrir por distintas razones: a) porque
esos pueblos, sin excepción, cayeron en desconcierto
y se equivocaron, y en vez de actuar en la dirección
necesaria para conseguir sus objetivos tomaron
erróneamente otra, o b) porque, a pesar de que actuaron
en la dirección correcta, una fuerza externa, más
poderosa, actuando con violencia, frustró el proyecto
original e impuso uno imperial.
No existe información suficiente para aceptar ni
para descartar la primera hipótesis. Pero, en todo caso,
sería harto sospechoso que, salvo chavín, todo el resto
de los pueblos errara en tomar la dirección que les permitiera
alcanzar sus ojetivos. Los hechos, en cambio,
parecen dar cuenta de que, en su segunda etapa, de
modo cruento el pueblo chavín invariable e inexorablemente
impuso su fuerza militar y hegemonizó sobre
el resto impidiéndoles materializar sus proyectos.
En otros términos, muy difícilmente ocurrió que
todos los diferentes pueblos dominados desconocieran
cuáles eran sus objetivos. Ni que no supieran cómo
alcanzarlos. Ni que perdieran la brújula que los orientaba
en la dirección de sus objetivos. Ni que fueran
incapaces de alcanzarlos. Y, tampoco que, alienados,
suicidándose inadvertidamente, actuaran todos
ellos en contra de sus propios intereses.
Ocurrió, simplemente, que a pesar su natural aspiración
de autonomía, el pueblo chavín los dominó por
la fuerza y les impuso su proyecto imperial.
Durante los dos primeros grandes períodos de la
historia andina –recolección–caza y agricultura incipiente
–, los grupos humanos habían tenido a la naturaleza
como el más significativo límite para la consecusión
de sus objetivos. Pero cuando los ayllus y los
pueblos andinos, en razón del copamiento de los espacios,
empezaron a enfrentarse unos a otros, descubrieron
que, además de la naturaleza, otros hombres,
otros grupos, eran también un escollo para poder
alcanzar sus objetivos.
Si hasta antes sólo habían enfrentado y paulatinamente
ido venciendo a la naturaleza, con la hegemonía
del pueblo chavín se había presentado la circunstancia
de que el hombre andino debía, en adelante, enfrentar
también, e intentar vencer, a otros grupos andinos. Si
antes se había enfrentado la fuerza dinámina y conciente
de los grupos contra la naturaleza, había llegado
la hora de contrastar también a otras fuerzas dinámicas,
a otros grupos humanos.
Cada grupo, para alcanzar sus objetivos, se comportaba
como una fuerza. La dirección (I —> O) en
que actuaba esa fuerza era aquella que apuntaba hacia
los objetivos. Y la magnitud o intensidad de esa fuerza
estaba directamente relacionada con los intereses que
tenía y defendía cada grupo. Mayores intereses –más
población, más tierras, mejores técnicas y mejor tecnología,
etc.– implicaban mayor fuerza. Y, a mayor
fuerza, la obtención de los objetivos se concretaba con
más facilidad y rapidez.
En definitiva, al iniciarse el proceso del imperialismo
militar chavín, fue la suma de recursos y fuerzas
disponibles de cada uno de los protagonistas la que
definió la viabilidad o inviabilidad de sus respectivos
proyectos nacionales. Así, mientras los objetivos de
expansión y conquistas resultaban viables para
Chavín, los de desarrollo autónomo –por lo menos
durante un período– eran inviables para los pueblos de
su entorno.
Mas durante el cruento proceso, cada pueblo dominado
conservó latente su propio proyecto. En expresión
de Toynbee, cada pueblo se “sumergió”en
tanto pasaba la oleada de violencia y de hegemonía
que había impuesto Chavín, para emerger nuevamente
al cabo del colapso y caída definitiva de éste.