Una revisión de la Economía
dominante
Alfonso Galindo Lucas
Capítulo VII
PANORAMA EMPRESARIAL
Introducción
La lucha entre empresas en el nuevo contexto se ha
producido de una forma muy asimétrica. Si alguna vez
hubo competencia y ésta decidió la suerte de las empresas
que sobrevivieron, ahora las empresas coexisten no
porque compitan, sino porque son clientes o empleadas
de las grandes multinacionales. La movilidad social, si es
que la hay, se produce entre clases dominantes y la estratificación
se intensifica, tanto en el ámbito empresarial,
como en el social. Existen pruebas suficientes contra el
argumento arcaico y falaz de Schumpeter (1950) de que
la posibilidad de endeudamiento contrarresta las desigualdades
de partida en las actividades empresariales.
Antes al contrario, la posibilidad de endeudamiento es
asimétrica (Cosci, 1993, entre otros) y tiende a acentuar
dicha desigualdad.
La supranacionalidad de las grandes empresas les supone
en la práctica una “carencia de responsabilidad”,
según Passet (2001). Las sedes de estas empresas, a efectos
tributarios, se encuentran en paraísos fiscales. La central
ante la que los afectados tendrían que reclamar suele
situarse en países cuyas fronteras son casi infranqueables,
por el pretexto de la inmigración y el terrorismo internacional.
Las instalaciones fortificadas en países subdesarrollados contienen sus propias
normas y sus propias
infracciones, sus regímenes de permeabilidad de
mercancías y visitas, etc.
Muchos de los trabajos consultados tratan de aplicar a
las empresas más pequeñas los resultados de las investigaciones
realizadas en Estados Unidos hace años y financiadas
por las multinacionales. Sin embargo, dichos
resultados obtenidos por encargo no son necesariamente
aplicables a casos distintos. En diversos trabajos se ha
comentado de forma efusiva la pérdida de oportunidades
de las PYME por no realizar acuerdos de cooperación
o no crear empresas conjuntas o por no solicitar la
admisión a cotización en bolsa y se ha llegado a atribuir
esa precariedad estratégica a la falta de cultura empresarial
o de formación. En otras obras, se ha aconsejado a las
PYME la toma de “decisiones” acerca de su estructura financiera
(p. ej. en Acosta et al., 2000, se habla del “diseño
de la estructura del pasivo”) y otras variables determinadas
por el entorno.
El marco institucionalista, en caso de utilizarse correctamente,
es capaz de detectar la razón por la que la empresa
no emite valores negociables o no participa en determinadas
iniciativas. Esta razón es la existencia de costes
de transacción, que hacen que tales decisiones no les
resulten racionalmente interesantes. El coste de elaborar
informes (Auditorías de Cuentas, programas de inversiones,
etc.) y cumplir otras formalidades sería un elemento
que haría menos rentable y llega a disuadir la
creación de nuevos negocios de pequeña envergadura,
así como la emisión de valores por parte de PYME, las
estrategias de creación de empresas conjuntas entre éstas,
la adopción de acuerdos de cooperación, las tomas
de participaciones significativas en otras PYME, etc.
Así mismo, los costes de negociación se pueden considerar
una explicación racional de la ausencia de reorganizaciones
y crecimiento empresarial. Este razonamiento
puede explicar, desde otro punto de vista, el problema
de la agencia en situaciones de sucesión o ante posibilidades
de expansión, puesto que son dichos costes y
los de control posterior los que disuaden a una pequeña
empresa del paso que supone separar ostensiblemente
propiedad y dirección. En una empresa, cuanto más pequeña,
mayor es el porcentaje del capital que, por lo general,
se debe poseer para conservar el control, ya que es
más difícil que el resto del accionariado se halle disperso.