3. VALOR, PRECIO Y EXCEDENTE DE LAS PARTES
Sin menospreciar todo el pensamiento económico relacionado con el valor y la formación
de precios, en parte citados, quizá podamos tomar la idea más brillante al
respecto del famoso pareado de Antonio Machado: “Todo necio confunde valor y precio”.
La distinción de estos conceptos es importante, aunque la confusión entre ambos
no obedece a la necedad, sino al hecho de que están muy relacionados entre sí.
El valor, a grandes rasgos, es una idea que se tiene acerca del precio que se
puede pedir u ofrecer por algo y, a la inversa, el precio es el producto de una
relación de fuerzas entre dos o más estimaciones del valor de una cosa. Cuanto
más perfecto sea un mercado, el precio más se aproximará al concepto clásico de
precio dado, pero si es posible que algún agente provoque una perturbación en
las cotizaciones (Oferta Pública de Adquisición o Venta), entonces el precio de
mercado estará, en mayor o menor media, en función de las expectativas de esa
parte negociante.
Un efecto común de esta confusión está implícito en el término “valor de
mercado” (Llámase así, impropiamente, al precio). Las cotizaciones se determinan
por un mecanismo denominado “mercado de valores” y se dice que son valores los
títulos negociables. Sin ánimo de inducir a tal “necedad”, prevalecerá
generalmente, en las líneas sucesivas, la terminología más usual. Martín Marín y
Ruiz Martínez (1992) afirman, por ejemplo, que el “valor definitivo” es el
resultado de una negociación, en la que pueden influir muchos factores, pues los
mercados no son perfectos. Se refieren, obviamente, al precio.
En esta gráfica tenemos un ejemplo de lo que podrían ser las funciones del valor
y del precio, con respecto al tiempo de negociación, suponiendo que, en algún
momento, se llega a un acuerdo.
Unidades monetarias tiempo-Valor para el vendedor Valor para el comprador.
Periodo de negociación compraventa precio Excedente Excedente del comprad
Gráfico 1. Valor, precio y excedente de las partes del vendedor
El valor es la consecuencia de una apreciación unilateral. En este ejemplo
ilustrativo, se ha supuesto que el interés del comprador va en aumento, debido a
cierto efecto de impaciencia, mientras que la urgencia de liquidez puede ser un
factor apremiante para el vendedor. Cuanto más tiempo transcurre, más probable
es que se llegue a realizar la compraventa, pues aumentan, por término medio,
los excedentes de ambas partes.
El precio es resultado de la interacción entre dos partes. Depende del valor
calculado por cada una de ellas y de la relación de poder entre ambas. La
función ondulante que representamos como precio sólo tiene sentido si éste viene
determinado para acciones intercambiables que cotizan en mercados organizados.
En los demás casos, el precio al que se habría cerrado la operación en cada
momento no sería una función, sino, todo lo más, un conjunto borroso o tal vez
una distribución probabilística.
El precio depende de muchos factores y agentes y, por ese motivo, suele
fluctuar. El valor, en cambio, suele ser una función más bien estable, pues
dependen de un cálculo inicial y a veces de otras circunstancias previsibles y
prolongadas. A modo de ejemplo, el valor para el comprador puede venir
determinado por las oportunidades de inversión o las posibilidades de reventa y
el valor para el comprador, por los costes de producción. En el caso de que el
objeto de compraventa sea la empresa, el vendedor considerará como mínimo el
importe actual de las inversiones netas, a precios de mercado, incluido el Fondo
de Maniobra.
El valor es una apreciación subjetiva. El precio es objetivo y comprobable y
viene dado por la cantidad de dinero por la que se han efectuado las
transacciones. La única subjetividad que padece el precio es la elección de la
divisa en que se expresa esa cantidad. Más adelante veremos cómo esa
variabilidad ofrece la posibilidad de alguna ganancia o pérdida de valor.