2. PROCESOS DE PRIVATIZACIÓN. LA OFERTA PÚBLICA DE VENTA
La valoración de la empresa que va a ser privatizada supone un elemento esencial
en el establecimiento del precio de emisión, que será normalmente superior al
valor teórico y nunca inferior al nominal y siempre inferior al nivel previo de
cotización, en caso de que existiese una cotización oficial previa de
referencia. Modernamente, siempre existen accionistas minoritarios, antes de que
se anuncie la privatización, puesto que la empresa pública ha revestido forma de
sociedad mercantil. Aunque todo el capital esté compuesto por acciones, el
anuncio de privatización supone una puesta en circulación de acciones que
estaban permanentemente poseídas por el socio mayoritario. Cabe preguntarse cómo
valora el accionariado privado el anuncio de privatización total o cómo
evoluciona en el mercado una empresa en proceso de privatización por fases. Al
realizarse una Oferta Pública de Venta (OPV) siempre se ofrece una rebaja al
nuevo accionista, lo que se traduce en una pérdida de valor para el Estado.
Otro asunto interesante, en el que no vamos a entrar es cómo reciben la noticia
de la adquisición los accionistas minoritarios de la empresa privada (por
ejemplo, un banco) que consiga convertirse en nuevo propietario de la sociedad
privatizada.
De forma un tanto imprecisa, el tema del régimen de explotación o la titularidad
de las empresas y servicios, es decir, su carácter público o privado, ha tendido
a relacionarse con la eficiencia operativa, con la creación de empleo y con los
procesos de concentración o regulación en los mercados. Tanto en caso de
nacionalización como de privatización, habrá que valorar las particularidades de
cada caso. Dependiendo de cambios políticos, una misma empresa podría
nacionalizarse y privatizarse alternativamente. Aun así, actualmente, la
práctica más generalizada es la de la privatización.
Son los criterios políticos los que determinan la naturaleza de los servicios al
público y el carácter estratégico de los sectores. En cualquier caso, si la
empresa pública es constituida como sociedad mercantil y no como "Ente" de
Derecho público, la especial protección que se otorgue a una determinada
actividad alcanza por igual a todas las empresas del sector. Éste es,
modernamente, el caso predominante en España y nuestro entorno. La cuestión
controvertida puede estar más bien en la forma de privatizar, empezando por el
precio de venta de las acciones pertenecientes al sector público y siguiendo por
la transparencia y concurrencia en el procedimiento de adjudicación.
Es frecuente la pérdida de control público mediante la ampliación de capital con
cotización oficial. En estos casos, como se ha comentado, suele darse gran
publicidad mediática al proceso de salida a Bolsa, a fin de reclamar el concurso
del pequeño inversor. Los procesos de privatización están estrechamente
relacionados con fenómenos de “capitalismo popular”, que consisten en ofrecer a
las economías domésticas, mediante medidas activas de propaganda (no sólo la
mera publicidad legal de la emisión) los paquetes de acciones que van saliendo a
la venta (caso de Telefónica, Iberia, Repsol, Argentaria, etc.).
En la reciente historia de España (la última legislatura acabada) el criterio
seguido por el Gobierno de la nación ha sido, más que ideológico, político y
económico. Su aspecto político viene impuesto por la necesidad de cumplir con
los criterios de convergencia pactados en Maastricht. El aspecto económico
deriva de la imposición, entre esos criterios, de un determinado déficit público
máximo. La privatización de una empresa como Telefónica, Iberia, Tabacalera o
Argentaria supone un ingreso cuantioso para las cuentas del Estado. Este ingreso
es mayor en la medida en que lo sea el tamaño de la empresa privatizada. Existen
otros pretendidos criterios, aparte del tamaño, que determinan si una empresa es
privatizable.
Los motivos apuntados por el gobierno para plantear el plan estratégico de
privatizaciones eran de índole extraeconómica, inductores o inducidos por los
prejuicios culturales de los que venimos hablando y que carecen de fundamento
material o económico: Las limitaciones del sector público, la desaparición de
determinados monopolios naturales a causa de cambios tecnológicos o cuestiones
inconexas como la propia apertura de los mercados al exterior.