Capítulo Décimocuarto.
PRIVATIZACIONES
1. NOCIONES PREVIAS
El concepto de privatización es tan conocido como fácil de
definir. En términos generales, consiste en la venta de empresas que han sido constituidas o, en su
caso, nacionalizadas por el Estado u otro ente público a propietarios de
capital privado. El proceso de privatización puede ser consecuencia de otro
previo de expropiación de empresas, como sucedió en el caso RUMASA. La empresa
privatizada suele estar constituida como sociedad mercantil, normalmente,
Sociedad Anónima, y puede estar admitida a cotización en mercados bursátiles,
teniendo un porcentaje determinado de socios minoritarios. El término
“privatización” fue utilizado, al menos, desde 1968 en medios especializados (Drucker,
1978, pp. 234 235) y algo después en documentos oficiales.
El alcance y las consecuencias de este fenómeno son menos conocidas y las nociones
generalmente aceptadas, bastante prejuiciosas. El éxito de las privatizaciones,
en cuanto a cifras macroeconómicas, que la política neoliberal tuvo en Gran
Bretaña en los años 80 (Margaret Tatcher fue elegida en 1979) saltó el Atlántico
(Reagan asume el poder en 1980).
En España, donde el régimen autoritario había creado gran cantidad de fábricas y
polos industriales, en parte como consecuencia del periodo de autarquía, era de
esperar que empezase a darse este proceso en empresas estatales, de las que
SEAT, en 1986, fue la primera gran empresa en privatizarse. Es el tamaño de las
empresas privatizas el principal factor de notoriedad de los procesos de
privatización y, consecuentemente, uno de los motivos por los que un tema
inicialmente económico ha trascendido a la sociedad, teniendo en cuenta el gran
número de trabajadores que podrían verse afectados por la entrada de nuevos
propietarios.
Son un recurso muy usual en los Estados de nuestro entorno, debido a la reciente
necesidad de cumplir con unos criterios de convergencia económica, de cara a la
implantación del euro y el subsiguiente pacto de estabilidad. La venta de
empresas públicas supone una entrada momentánea de liquidez que puede reducir
drásticamente el déficit público y el nivel de endeudamiento del Tesoro. Aparte
de eso, en los años 80 y 90se dice que se convierte en una moda económica¹.
La dimensión política de este fenómeno alcanza a la consideración del carácter
público de servicios que presta el Estado, especialmente los relacionados con
la sanidad, la educación, la defensa o la seguridad. Otras actividades
empresariales pueden considerarse esenciales, en términos de infraestructura
(industrias estratégicas) o sociales (creación de empleo, precios públicos). El
resto de actividades que realiza el Estado se realiza en régimen privado y en forma de sociedad mercantil. El tema de la radio y
teledifusión, como servicio público y, en consecuencia, como ente público, está
en tela de juicio (propiamente, en juicio, puesto que, en el momento actual, rtve está denunciada por competencia desleal).
Se suele entender que la persecución de fines sociopolíticos
hace ineficientes a las empresas públicas. Normalmente, por este motivo, la
privatización se percibe como preludio de despidos. Antiguamente, existía la
posibilidad de que el sector público sufragase las pérdidas de las empresas del Estado, a fin de mantener
puestos de trabajo. Ese recurso al presupuesto público se ha considerado también
un elemento desincentivador de la eficiencia empresarial. Desde el fin del
periodo de adhesión de España a la Comunidad Europea, las subvenciones a
empresas públicas o privadas, salvo las que responden a determinadas políticas
comunitarias, están prohibidas, porque suponen competencia desleal.
Es aspecto más indeseable de las privatizaciones es que el
sector público ha de renunciar a los beneficios anuales de empresas que son competitivas y por el
contrario afrontan, con cargo a presupuestos públicos, el mantenimiento de
sectores con pérdidas, como el ferrocarril, en que la empresa privada no fue
capaz de establecerse. En muchos casos, se trata de monopolios naturales,
especialmente debido al montante de la inversión y los grandes riesgos, en
relación con las expectativas de resultados. Constituyen infraestructuras de
las que a veces los principales usuarios eran los propios empresarios.
1. En Estados Unidos, Donahue habla de “renovado entusiasmo
cultural” (1991, p. 17).