Capítulo Primero
LA VALORACIÓN FINANCIERA DE LA EMPRESA
1. INTRODUCCIÓN
El tema del valor ha venido siendo fundamental en la Ciencia Económica desde que
ésta se diera por inaugurada con Adam Smith y su distinción entre “valor de uso”
y “valor de cambio”, lo cual otorgaba a los bienes económicos una cualidad
intrínseca y otra externa, dependiente de varias voluntades. David Ricardo dio
la siguiente definición: El valor de una cosa [es] la cantidad de cualquier otra
cosa por la que podrá cambiarse... Esa otra es normalmente el dinero, tema
también crucial en la Teoría Económica.
Independientemente de que las cosas tengan ‘valor simbólico’, ‘valor
sentimental’, en definitiva, “valor de uso”, el presente trabajo se centra
exclusivamente en aquella valoración que es susceptible de formar precios, la
valoración en unidades monetarias. No hay que desdeñar la advertencia de Albert
Einstein de que “no todo lo cuantificable es importante ni todo lo importante es
cuantificable”, aunque el ámbito de este trabajo está limitado a lo que es
importante y además cuantificable. Es imaginable, por tanto, que la venta de un
elemento con valor sentimental implique una conversión a moneda que, desde el
punto de vista también sentimental o psicológico, implique una pérdida o una
ganancia, pero su cálculo, aunque fuese posible, no es generalizable a cualquier
propietario. En grandes números de transacciones, esas pérdidas o ganancias
subjetivas se tienden a compensar y se puede suponer que la racionalidad del
sujeto se define en función de la ganancia o pérdida patrimonial.
Las transacciones en que se valoran empresas consisten normalmente en trasmitir
la propiedad de la totalidad o parte de un negocio o del capital o en el cambio
de titularidad de las acciones de una compañía. La adquisición o venta de
acciones puede implicar la toma o pérdida de control en la empresa y la potestad
de disponer de los bienes y negocios, que nuevamente tendrán que ser valorados
(tasación o peritación) para transmitirlos o traspasarlos respectivamente. Así
pues, nos encontraremos con dos tipos de valoración con distinta problemática:
La de los pasivos y la de los activos de la empresa.
La literatura existente ha relacionado siempre el valor de la empresa con cuatro
temas fundamentales: Los objetivos de la empresa, la estructura financiera, la
política de dividendos y, más recientemente, el tamaño. "La Economía Financiera
es la pretendida Ciencia del valor" (Martín Marín y Trujillo Ponce) y, por
tanto, el marco desde el que abordaremos cada uno de dichos temas y propondremos
algunos otros. En la década de los 60, la Economía Financiera comenzó a asumir
un enfoque normativo y analítico y Solomon proporcionó una trilogía de
cuestiones básicas en la administración financiera de la empresa: Dimensión
empresarial, selección de inversiones (Capital Budgetting) y obtención de
financiación adecuada y al menor coste para éstas. Estas tres cuestiones están
estrechamente relacionadas con la problemática de la valoración de empresas que
aquí presentamos.
En los años 90, el gran tema de las Finanzas corporativas ha sido la
financiación de la PYME, que irrumpe en los ámbitos académicos como un tema
carente de cobertura científica, ante la complejidad que iban adquiriendo las
restantes cuestiones financieras relativas a la gran empresa, incluyendo el
estatus del directivo financiero y las modalidades de su retribución. Hoy se
admite que “las finanzas académicas parecen encontrarse en una encrucijada [y
que] la investigación en finanzas durante los últimos cuarenta años no parece
satisfactorio, pues muchas cuestiones... lejos de haber sido resueltas, se han
visto aún más complicadas” (Azofra y Fernández., pp. 136 – 137.).