3. ÉXITO Y FRACASO DE LAS FUSIONES
Diversas estadísticas aproximan al 60% el número de fusiones que fracasan, en
los países de nuestro entorno. Del resto de fusiones consumadas se puede afirmar
.insistiré más adelante. que por su relación de desigualdad se tratan de
absorciones encubiertas. De ahí se deduce que el éxito de las fusiones queda muy
lejos de estar garantizado. Los expertos advierten del peligro que conlleva un
proceso de estas dimensiones y de cómo evitarlos. Según Alfonso Jiménez, “Se
debe realizar una evaluación de las compatibilidades humanas del posible socio,
por ejemplo, planes de pensiones o tipos de contratos que se realizan. Es
preciso fijar los objetivos en la fase de negociación y, para que la integración
sea eficaz, es conveniente dar tanta importancia a los aspectos humanos como a
los financieros o jurídicos. Al seleccionar políticas, sistemas de información,
redes de comercialización, etc, hay que conseguir que los mejores se queden y
que exista entusiasmo y seguridad en el proyecto”.
A diferencia de las absorciones, en las que se cumplía como requisito previo la
adquisición y, por tanto, la unidad de decisión, en los procesos fundentes,
surge la necesidad de una negociación previa y el riesgo de la convivencia entre
dos o más organizaciones que no se conocen previamente. Durante el periodo de
negociación, los mercados pueden recibir información más o menos certera del
curso de las mismas y se pueden producir perturbaciones en las cotizaciones de
las compañías implicadas.
Algunos de los múltiples problemas que generan las macrofusiones bancarias se
derivan de la dificultad de valorar ciertos activos y el resultado de
determinadas operaciones como las realizadas en los mercados de derivados. Ese
fue el obstáculo que tuvieron que sortear los bancos suizos. Cuando se planteó
la fusión del SBC y UBS este último reconoció que había perdido en derivados 135
millones de dólares. El SBC las asumió, pero poco tiempo después se descubrió
que los millones de dólares a los que tendría que hacer frente no eran 135, sino
685.
A veces, el factor desencadenante del fracaso es el recelo de las autoridades
reguladoras del país al que pertenecen las compañías o, en un planteamiento más
global, el recelo de algunos gobiernos, que interpreten como una amenaza la
presencia de un ‘gigante’ en sus sistemas financieros. Un ejemplo de este caso
lo protagonizó la FED estadounidense cuando obligó al Deustche Bank a amortizar
de una sola vez y contra recursos propios los 5.000 millones de dólares que
generó en fondos de comercio la compra de Bankers Trust. Esta imposición fue un
duro golpe para la solvencia del banco alemán, que se vio obligado a realizar
una ampliación de capital con cargo a reservas para financiar la operación. El
caso de Endesa e Iberdrola también es un fracaso estrepitoso por razones
similares, que nos resulta más cercano y reciente.
Otras veces, cuando la operación de fusión se ha formalizado, surgen problemas
de convivencia entre las organizaciones empresariales puestas en común. Las
dificultades surgen por el choque de diferentes culturas empresariales y el
desconocimiento de los métodos de supervisión de determinadas actividades. De
esta forma, cuando el Deustche Bank compró el banco de inversión Morgan Grenfell,
su desconocimiento de los mercados en los que operaba dejó la puerta abierta a
Peter Young, un gestor de fondos que hizo perder a la entidad 683 millones de
dólares.
Por último, puede darse el caso de que la fusión, aunque pueda ser interesante
por diversos motivos económicos (V. apdo. 3 del cap. 9º), sea evitada debido a
la regulación de determinadas formalidades que resulten disuasorias. Se dice que
el acuerdo de mutua participación entre America On Line (AOL) y Time Warner, en
el 2000 es una especie de “fusión encubierta”. El intercambio accionarial,
registrado como compra permite a los gestores de AOL empezar a vender activos
extrafuncionales y obtener liquidez inmediata, en vez de esperar dos años, como
exige la normativa estadounidense, para casos de fusión.