4. EL PRECIO
Las transacciones privadas son confidenciales, por tanto es difícil establecer
estadísticas fiables sobre lo que suele determinar como precio. No obstante, las
informaciones intercambiadas por los profesionales permiten comprobar que las
operaciones realizadas se efectúan sobre la base de múltiplos del resultado.
Estos múltiplos se sitúan, como media, en 7 y 8, con extremos que pueden variar
de 3 a 22. El precio puede ser tanto fijo como variable. Si la fórmula o el
precio se fija de manera definitiva no plantea problemas; no ocurre lo mismo en
caso de precio variable, es decir, con un precio que dependa de los resultados
que obtenga la empresa en el futuro.
Si se trata de una empresa que no cotiza en bolsa, la situación, las
motivaciones, la inteligencia de cada parte en la negociación revisten una
importancia primordial. El mercado no existe. El valor es siempre un valor de
negociación, tanto para una cesión minoritaria como para una transferencia de
mayoría. Es imposible tener a priori una idea, ni siquiera aproximada, del valor
de los títulos sin haberse hecho una estimación del valor de la empresa.
En el caso de una empresa que cotiza, siempre podrán acordar fijar el precio
final en función del comportamiento de las cotizaciones previas al proceso de
negociación o incluso en fecha futura. En este último supuesto, las partes
tienen posibilidad de influir en las cotizaciones de forma ajena a la
negociación.
El valor de empresa se estima desde una perspectiva capitalista: Hay que
distinguir cuidadosamente la función de accionista de la del directivo. Un
accionista mayoritario posee efectivamente el poder de gestión, pero ello no
significa que lo ejerza directa y personalmente. Lo puede delegar, escoger a un
dirigente asalariado, darle directrices, eventualmente revocar su nombramiento.
Hay una diferencia sustancial entre lo que recibe un accionista y los salarios o
las diversas ventajas de un dirigente. En el primer caso, se trata de la
remuneración de un capital que está inmovilizado y corre ciertos riesgos; en el
segundo, de la retribución de una persona en función de su competencia y de los
servicios prestados.
Con frecuencia, la fórmula del precio variable parece atractiva tanto para el
vendedor como para el comprador. En la mayoría de los casos, el valor
patrimonial no plantea apenas problemas. No ocurre lo mismo con el valor del
rendimiento, es decir, la capacidad de la empresa para realizar beneficios en el
futuro está sujeta a controversia. Una vía de acuerdo puede consistir en decidir
que el montante final de la transacción dependerá de los resultados
efectivamente constatados en el curso de los dos o tres años que sigan al
acuerdo. Puede imaginarse, por ejemplo, un acuerdo que prevea que el precio sea
igual a un cierto número de veces el beneficio medio de los tres años que sigan
a la cesión, por ejemplo:
()73321×++=BBBP
Este tipo de fórmula implica alguna incertidumbre para el vendedor. La mayoría
de los expertos desaconsejan, en general, la utilización de fórmulas de “precio
variable” o aconsejan, cuando no se pueden evitar, referirlas al período más
corto posible y sobre una parte del precio lo más reducida posible. Esta
precaución es tanto más importante en los casos en que los compradores y
vendedores deban trabajar conjuntamente y donde convenga evitar una situación
conflictiva por una cláusula de este tipo.