Alicia Girón González
Estructura bancaria y estructura financiera en transición
A la crisis financiera mexicana, considerada como la primera crisis global del
siglo XXI, se sumaron las crisis de Asia, Rusia, Brasil, Turquía y Argentina que
han afectado a los organismos financieros internacionales a tal grado que se
anuncia la necesidad de una “nueva arquitectura” del sistema financiero
internacional. Al respecto cabe preguntar: ¿se pueden prever las crisis
bancarias? ¿qué posibilidades hay de que en los países en crisis se adopte una
normatividad, conforme a los lineamientos del Acuerdo de Basilea , para la
supervisión del sistema bancario y de los bancos extranjeros que han llegado a
capitalizar a los nacionales? ¿cómo se mide la eficiencia de un banco en función
de sus activos y sus valores frente al mercado nacional e internacional? ¿cuál
es la participación de los mercados emergentes?.
Es indudable que a partir de los cambios que produjo la privatización de la
banca en 1991 se está conformando la nueva estructura bancaria mexicana para el
siglo XXI. Con la crisis bancaria se han delineado dos tipos de bancos: por una
parte, los de participación extranjera y los nacionales que se han ido
fusionando a lo largo de sus propias crisis de capitalización, y por otra, la
banca de desarrollo, que también ha presentado elevados índices de morosidad y
ha tenido que ser rescatada por el gobierno federal. Así, la banca de desarrollo
se ha ido acoplando a las necesidades de inserción de la política económica del
país en un modelo exportador y necesitado de divisas, pero su participación en
el mercado declina. Es muy probable que continúe tanto la fusión de bancos como
su rescate.
Lo acontecido en México a partir de 1994-1995 hace que surja el interrogante de
sí realmente el Fondo Bancario de Protección al Ahorro, el Acuerdo para
Deudores, el Programa de Capitalización Temporal y el Instituto para la
Protección del Ahorro Bancario han cumplido con su objetivo.
Ante el proceso generalizado de racionalización del sistema, caracterizado por
el ingreso y la mayor presencia de filiales de intermediarios extranjeros, las
alianzas estratégicas y fusiones constituyen una opción para enfrentarse a las
condiciones de la nueva competencia, así como a las necesidades de
recapitalización. Ello además de la intervención gerencial de algunos bancos:
Unión, Cremi, Obrero, Banpaís, Interestatal, Centro y Banorte, cuyos quebrantos
ascienden aproximadamente a 14 600 millones de pesos (cerca de 2 000 millones de
dólares).
La primera intervención del IPAB fue la realizada en Banca Serfín, la cual se
realizó a partir de julio de 1999, donde 80% del capital de dicho Banco se
licitó públicamente, ya que el 20% de las acciones eran propiedad del Hong Kong
Shanghai Bank Corporatión, con un costo de 29 000 millones de pesos necesarios
para el saneamiento de la institución. En octubre de 1999 los accionistas de
Bancrecer asumieron una pérdida por el equivalente de 900 millones de dólares y
formalizaron la transferencia del control de este intermediario al IPAB, el cual
aportará hasta octubre de 2002 102 mil millones de pesos para el saneamiento de
Bancrecer; y se considera que de este monto sólo se recuperarán 9 mil millones
de pesos, considerando la compra que hizo Banorte de Bancrecer.
El proceso de integración entre Banamex-Accival y Citigroup estará concluido a
principios de 2002. Los primeros resultados de la fusión en materia de redes,
servicios y productos, se tendrán en diciembre del 2001, mientras que los
primeros productos ya como grupo combinado (Banamex-Citigroup) se verán a
principios del 2002. Los datos hasta octubre de 2001 indican que los siguientes
aportes del IPAB se otorgarán para la fusión de Bital y Atlántico, los cuales
ascienden aproximadamente a 13 o 14 mil millones de pesos.