RESEÑAS BIOGRÁFICAS DE FIGURAS SIGNIFICATIVAS EN LA HISTORIA DE CUBA (TERCERA PARTE)

Raúl Quintana Suárez
Bernardo Herrera Martín

Ameijeiras Delgado, Gustavo 


Combatiente de la lucha clandestina. Se incorpora al Movimiento 26 de Julio  en Las Parras, llegando a ser jefe de la célula a que pertenecía y en la que ejecutó diversas acciones contra el régimen batistiano. Nace el 8 de octubre de 1920, fruto del matrimonio de Manuel Ameijeiras Fontenlo, y María de las Angustias Delgado Romo. En Chaparra, antigua provincia de Camagüey  transcurre su infancia y parte de la adolescencia. Por ser el mayor de los varones le correspondió, junto a la madre, asumir el sustento de la casa. Tiene entonces que trabajar vendiendo periódicos, limpiando zapatos, de aprendiz de mecánico y como chofer de alquiler. Desde 1947  milita en el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), al que por su influjo se incorporaron sus demás hermanos. Puede catalogarse a Gustavo como el guía ideológico de toda la familia. Se incorpora a la lucha contra la dictadura desde el mismo día del golpe de estado del 10 de marzo de 1952   cuando, junto a varios de sus hermanos, se manifiestan frente al Palacio Presidencial ocupado ya por los tanques del ejército. También formaba parte de los que acudieron a  la Universidad de La Habana, en reclamo de las armas prometidas por el presidente derrocado Carlos Prío Socarrás, para enfrentar el cuartelazo. Después del Asalto al Cuartel Moncada –donde muere su hermano menor  Juan Manuel- marcha a Oriente a indagar por la suerte corrida este, momento en que   resulta detenido por sospechas de complicidad en el hecho revolucionario y enviado a la prisión de Boniato. En el breve tiempo de permanencia se vincula con los jóvenes de la Generación del Centenario allí detenidos. Finalmente es juzgado y absuelto por falta de pruebas. Se convirtió entonces en uno de los más activos divulgadores de aquellos acontecimientos, defendiendo la hipótesis del triunfo probable y de la acertada estrategia del arriesgado plan así como por la  por la amnistía de los moncadistas.  Se convierte en cercano colaborador de Haydée Santamaría en la misión de imprimir y distribuir La historia me absolverá. Con el fin de acelerar la conclusión del trabajo de reproducción del documento, es destinado junto a Santiago Terry, Ángel Pla y Tony García para ayudar en el taller de impresión en el doblaje de los pliegos, su compaginación,  presillado,  conteo y empaquetamiento.  Luego se encargaría de su distribución  en la provincia de Matanzas, junto a Leonel Guedes. Posteriormente se traslada a Santa Clara en compañía de Santiago Terry para recuperar en el almacén del expreso los folletos destinados a la provincia de Las Villas, que no habían sido recogidos por los responsables de hacerlo. Junto con su hermano Ángel se encarga de verificar la distribución a nivel nacional del histórico alegato jurídico-político. En  automóvil y con sólo el dinero para el combustible realizaron el recorrido por toda la Isla. Los auxiliaron a lo largo del viaje los militantes del Partido Ortodoxo, quienes les brindaron comida, alojamiento y dinero. La heroína del Moncada Haydee Santamaría se refirió a Gustavo en los siguientes términos: “[…] recuerdo a unos compañeros, entre ellos a Gustavo Ameijeiras, que me dijo: Mira, si me consiguen 45 pesos me venden un cacharro. Conseguimos los 45 pesos, compramos el cacharro. Mira si me consiguen dos pesos, le echamos gasolina. Conseguimos los dos pesos y le echamos gasolina y le llenamos todo aquel baúl de la Historia me absolverá. Llegó hasta Oriente con ella”.  El 7 de julio de 1955 le correspondió servir de chofer al líder del ataque al cuartel Moncada, desde el Vedado hasta el aeropuerto de Rancho Boyeros, cuando éste marcha al exilio de México. Participa en múltiples y arriesgadas acciones y sufre largos períodos de prisión en el Castillo del Príncipe donde encabezó audaces protestas contra las autoridades del presidio. Allí también protagonizó una huelga de hambre en solidaridad con los revolucionarios encarcelados en Isla de Pinos y en protesta por las infrahumanas condiciones de vida de los prisioneros. Formó además un tribunal que juzgaba a los que no soportaban las torturas y se convertían en delatores. Logró salvar de este modo a muchos revolucionarios, a quienes avisaba oportunamente a través de familiares y amigos que lo visitaban. Preocupado por la suerte corrida por los expedicionarios del Granma tras el desembarco, envió a dos compañeras a Santiago de Cuba  quienes contactaron con elementos revolucionarios de esta ciudad que les confirmaron la noticia de que muchos de los compañeros estaban vivos, entre ellos Fidel. Poco después de su liberación es nuevamente detenido el 21 de enero de 1957   y remitido al Castillo del Príncipe, donde se le radicó la Causa 81, por un supuesto delito de infracción de la Ley No. 5 del 16 de noviembre de 1940. No es hasta el 3 de febrero de 1958 en que recupera su libertad, a través de un mandamiento de Habeas Corpus  expedido a su favor por la Sala de lo Criminal del Tribunal Supremo de  La Habana. Con renovados bríos se reincorpora a la lucha frontal contra la dictadura para participar activamente en las acciones de la Huelga del  9 de abril de 1958. Fracasada esta, decide incorporarse a la lucha en las montañas. Con ese objetivo se dirige a la provincia de Oriente  donde resulta detenido. De sus últimos días de vida  tenemos conocimiento por el relato de Ana Cruz Maqueira, compañera de lucha: “Fui detenida por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el 13 de mayo de 1958 y conducida a su local. Allí comenzaron a interrogarme […]. Durante ese proceso [...] pude ver a Gustavo, quien se encontraba en lamentables condiciones físicas como consecuencia de las crueles torturas a que lo habían sometido los esbirros. Cuando triunfó la Revolución logré interrogar a los que torturaron a Gustavo. Ellos confesaron que fue entregado al Servicio de Inteligencia Naval, el SIN, donde lo asesinaron y su cuerpo arrojado al mar” Este horrendo crimen se produjo en la noche del 22 o en la madrugada del 23 de mayo de 1958.

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