CUANDO EL ALMA ESTA PRESENTE

CUANDO EL ALMA ESTA PRESENTE

Fredy H. Wompner G. (CV)

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CAPITULO 2. ATRAPADOS POR NUESTRO SISTEMA DE CREENCIAS

Lo que niegas
Te somete
Lo que aceptas
Te transforma
(C.G. Jung)

Resulta asombroso lo condicionados que nos encontramos por nuestros propios sistemas de creencias. Manifestaciones como el machismo, el elitismo, la discriminación, las conductas xenofóbicas, el racismo, la intolerancia, el fanatismo religioso y otras tantas expresiones, son una prueba clara de ello. Es interesante comprender que la mayoría de las personas no sabe realmente lo que significa creer en algo, ya que por lo general no somos conscientes de nuestros propios condicionamientos. Recuerdo el caso de una muy distinguida señora de raza blanca que aseguraba públicamente no tener ningún prejuicio racial, inclusive poseía un hospedaje donde a menudo recibía pasajeros de otras razas con los cuales simpatizaba mucho y compartía amenamente. Sin embargo la situación cambio cuando su hija de 18 años comenzó un romance con joven de raza negra, un altísimo basquetbolista que acudía al hospedaje de vez en cuando. Entonces toda clase de prejuicios raciales quedaron en evidencia y la señora en cuestión no quería ver a aquel joven por nada del mundo cerca de su hija. Este caso, bastante ejemplificador, nos muestra lo inconscientes que la mayoría de las personas somos de nuestros propios sistemas de creencias. Por lo general no somos conscientes de todo aquello en que creemos y tampoco nos damos cuenta de cómo adoptamos o interiorizamos una nueva creencia, lo hacemos de manera inconsciente y lo que resulta peor, sin saber si esta nueva creencia es beneficiosa o perjudicial para nuestra vida. De manera que una creencia que promueva el perdón y el amor puede resultar muy beneficiosa para nuestra vida mientras que otra que promueva la marginación o el castigo puede ser muy perjudicial. Lo anterior tiene una explicación muy sencilla, nuestras creencias representan nuestra parte intelectual que superponemos a nuestra alma y que nos separan del estado de plenitud y felicidad existencial que es posible experimentar cuando vivimos en comunión con espiritual con Dios.
El tema de fondo entonces, y el gran problema que se observa en los seres humanos es que son nuestros sistemas de creencias los que ahogan el poder interno de nuestra alma. La mayoría de las personas vivimos con miedo y falta de fe, y “quien le teme al fracaso, le teme al éxito” (D. Roch 1). Como decía esto es fácil de demostrar dado que para la mayoría de las personas es el entorno el que nos define. Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Como decía Lao Tse “Si estas deprimido es porque vives en el pasado, si estas estresado es porque vives en el futuro, si estas en paz es porque vives en el presente”. Nuestras creencias son en nuestra existencia como el asno que monto Jesús para entrar a Jerusalén en domingo de ramos. Esto quiere decir que es necesario superponer nuestra alma a nuestras creencias. Por eso debemos comprender que si algo externo nos aflige, y nos causa sufrimiento, no se debe a la situación en sí misma, sino a la valoración que tenemos de ella; y eso, tenemos el poder de cambiarlo en cualquier momento. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas y en esto radica un eficaz método para despertar el poder de nuestra alma.La pregunta es cómo podemos liberar a nuestra alma de los grilletes de nuestro sistema de creencias.
Aunque las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente y el subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente, utilizando entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente, podemos liberarnos de ellas con la misma facilidad que las adoptamos. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos. Como decía Sigmund Freud “ Quien piensa en fracasar ya fracaso antes de intentar, quien piensa en ganar, lleva ya un paso adelante”.
Ten presente que en tu subconsciente residen las memorias que crean segundo a segundo tu realidad. Por eso te recomiendo que si algo de tu vida no te deja conforme y no te permite ser feliz, entonces entra a tu subconsciente, escarba, encuentra aquello que interfiere y sácalo de ahí.
El que puede cambiar sus pensamientos, puede cambiar su destino. Entonces si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, esto lo he podido  corroborar numerosas veces. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podremos conquistarlas en nuestra vida.
Es como una fórmula feliz, funciona de manera semejante al efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me hace sentir bien, pasa de la misma forma con nuestras creencias positivas. Lo contrario también se debe tener presente y se conoce como efecto nocebo; si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará. Y eso porque la química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran. Los pensamientos positivos son un imperativo biológico para una vida feliz y saludable.
La culpa de todo la tienen los padres. Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida. Y las creencias inconscientes pasan de padres a hijos. Así es, los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra psicología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.
De esta manera resulta sorprendente como nuestras propias creencias asfixian la capacidad del alma para transformarnos en seres felices, plenos y creadores. La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que el subconsciente no apoya. Entonces nuestra tarea debe ser doblegar a nuestro subconsciente. Es una dura batalla, pero nada se soluciona hasta que uno no se esfuerza por cambiar. Por lo tanto, le sugiero  deshacerse de los miedos infundados y procure no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos.
La pregunta que surge entonces es como podemos llegar a aceptar y creer en algo que nos dañe y haga infelices? La respuesta está en el funcionamiento de nuestra mente, sus hemisferios y en especial de su inconsciente. Según parece la mecánica racional y lógica de nuestro hemisferio izquierdo nos fuerza a tener respuestas a todas nuestras preguntas e inquietudes, aun cuando estas estén fuera de nuestra comprensión, como las clásicas preguntas ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿quiénes somos?, etc., La existencia de respuestas permitirá completar nuestro propio rompecabezas mental, independientemente de si somos más o menos felices y plenos con estas respuestas. Lo único importante para nuestro hemisferio izquierdo es que la pieza calce dentro del rompecabezas, aunque sea muchas veces forzando su posición. Todo lo demás carece de importancia para el hemisferio izquierdo y constituye el ámbito de acción del hemisferio derecho. Es en el hemisferio derecho donde valoramos esta nueva creencia, le asignamos una emoción y un sentimiento, la jerarquizamos dentro de nuestro sistema de creencias y en ese momento pasa a formar parte nuestra, como si fuera un pie, una mano o un ojo, etc. De esta forma nos volvemos inconscientes de esta nueva creencia, pero ahí estará, todos los días y a cada momento, influyendo en nosotros y condicionando nuestras acciones. Todo esto ocurre de manera natural y seguirá ocurriendo mientras lo permitamos. De esta forma es como nuestras experiencias y nuestro pasado condiciona nuestra mente y nuestra conducta y esto ocurrirá todo el tiempo mientras se lo permitimos. Todo esto, pese a que inclusive, el pasado y el futuro no existen, a menos que nosotros deliberadamente (o por un cierto ajuste automático) decidamos crear un recuerdo o una imagen de ellos en el tiempo presente. En esto resulta claro notar que el pasado no es el origen del presente; más bien el presente es el origen del pasado y es también el origen del futuro. Esto lo sabían desde hace muchísimo tiempo los maestros del Zen quienes señalan enfáticamente, “El pasado ya no es,.., El futuro aun no es,…. Solo existe el presente, El aquí y ahora”. Por lo que todo se resume en “Aquí y ahora”, lo que significa que el presente es el principio del tiempo.
Todo lo anterior nos lleva a creer que es posible construir nuestras vidas tal y como las imaginemos, si podemos desechar el pasado con sus condicionantes y limitaciones, solo entonces podremos construir nuestra vida a partir desde otra realidad.Una realidad que nos garantice un estado de mayor felicidad y plenitud, una realidad donde el alma este presente.
Partir viviendo con el alma presente “aquí y ahora” permite construir una nueva realidad y nos da el valor suficiente para adueñarnos de nuestras experiencias, para verlas tal como son, para sentirlas y encontrar las creencias ocultas que nos mantienen atados a nuestras limitaciones e insatisfacciones presentes y luego, solo entonces, podremos botarlas, dejarlas ir, liberarnos de ellas. Solo entonces recobraremos los planos de existencia de nuestras vidas. La tarea no es fácil, parece ser más fácil defender las acciones que examinarlas honesta y críticamente, somos más rápidos en defender nuestro actuar que en admitir lo equivocados que hemos estado. Y son precisamente el conjunto de todas nuestras equivocaciones y errores las que han contribuido a construir el sistema de creencias que actualmente nos restan de la felicidad.
Todo este problema, relativo a la infelicidad en que viven muchas personas, parece estar en nuestra mente, y probablemente se resolvería si al adoptar creencias incorporáramos en mayor medida al hemisferio derecho, de forma que podríamos analizar mucho más emocionalmente aquellas cosas en las que decidimos creer, juzgándolas de acuerdo al grado de felicidad, paz y amor que nos generan y no solamente de acuerdo a su lógica o consistencia teórica como ocurre habitualmente, es decir que através de un estado mental de mayor interacción entre ambos hemisferios cerebrales2 podemos construir un mejor sistema de creencias. Un sistema de creencias sin limitaciones auto-impuestas, supuestos invalidantes y concepciones pobres de sí mismos, sino más bien un sistema de creencias basado en la libertad creadora de nuestra existencia, en la divinidad presente en nuestra naturaleza, en nuestra alma y en las infinitas posibilidades que están a nuestro alcance, donde nuestros sueños sean una meta a alcanzar y que en resumidas cuentas contribuya a que nos auto realicemos, seamos más plenos y felices.
Todo el poder para cambiar nuestra vida y de paso a nuestro entorno esta en nuestro interior, en nuestra alma. Esto por sí mismo es ya una poderosa razón para poner cuidado con aquellas cosas que decidimos interiorizar y hacer parte nuestra. Así como también nos revela que el verdadero camino para vivir plena y feliz mente es a través de una transformación interna de nuestro ser. Y esta transformación pasa por abrirnos espacios para que nuestra alma se manifieste, lo que nos lleva a aumentar nuestro nivel de consciencia, retomar el control de nuestra mente y conquistarse a uno mismo, física y emocionalmente y a cambiar nuestra percepción de la realidad y el mundo en el cual vivimos.
La meta de la autorrealización espiritual es entender que todo lo creado nace y termina en Dios. Como dice el apóstol Pablo “Dios ha creado todo y todo existe por él y para él” (Rom 11:36) y a esto se refiere el salmista cuando señala ¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! (Salmo 8), por lo que sentir intuitivamente la diferencia entre el yo y el universo no es nada más que una falsa dicotomía. Esto mismo llevado a un campo más científico o materialista significa entender que la materia y la energía son una misma cosa pero con distintas formas, puesto que la idea de que el alma y el cuerpo son cosas diferentes, es solo el resultado de una perspectiva materialista y equivocada de la creación.
Por esto es muy importante el poder comprender que lo que nos separa de una percepción más autentica de la realidad y el universo que nos rodea es nuestro propio errado y perjudicial sistema de creencias. Somos nosotros mismos los que nos generamos limitaciones, temporalidades, los que creamos la dualidad y la separación del creador y su plenitud. Esto es tan importante que conviene recordar lo que señalaba el salmista “Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía.” (Salmo 42:1). Lo que quiere decir que el alma del ser humano esta llamada a alcanzar el gozo y la plenitud de estar en comunión con el espíritu de Dios. Todo lo que apunte en una dirección contraria, impidiendo la expresión del alma o las manifestaciones del espíritu, son perturbadoras y nocivas para la felicidad del ser humano y por esto ultimo es que resulta preponderante destacar la importancia que juega en nuestra percepción de la realidad la selección y construcción de nuestro sistema de creencias.
Es menester, por tanto, vivir con el alma presente en cada instante, lo que nos permite trascender la dualidad con que entendemos a este mundo, donde todo lo limitamos al espacio- tiempo comprendido entre pares de opuestos; bueno-malo, positivo-negativo, placer-dolor. Superar tal limitación e instalarse en el dominio de la unicidad, es lo necesario para alcanzar la realidad última y superior de la comunión con Dios.

1 Famoso consultor de empresas y coaching motivacional.

2 Puede consultarse mis obras denominadas “El poder de la Mente Sincronizada”(2010) y “La inteligencia Holística”(2008).