LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

José Mario Horcas Villarreal (CV)
Universidad de Málaga

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I. INTRODUCCIÓN.

Justificación del trabajo.
¿Por qué las cartas y la mujer? ¿Por qué los espejos borrosos?
Dentro del terreno literario, he querido estudiar el género epistolar fundamentalmente por dos motivos. Primero, como reivindicación de un género literario denostado en relación a aquellos a los que podríamos llamar de primer orden y, segundo, por la consideración de la misiva como documento más “veraz”, ya que el emisor del mensaje piensa únicamente en un receptor para esa carta y, por tanto, se sentirá más libre para contar sus propias emociones y pensamientos cuanto mayor sea el grado de complicidad con aquel a quien hace el regalo epistolar1 .
Durante mucho tiempo, la carta ha sido considerada como un mero intento de conversación por escrito. La imposibilidad de verbalizar la información conlleva una plasmación de las ideas en el papel para que éste llegue a donde el emisor no puede hacerlo. Sin embargo, en el momento en que se utilizan las palabras, existe la posibilidad de estar creando un artificio literario y este hecho, a su vez, puede ser suficiente para la confirmación de la existencia de un género literario epistolar, pero ¿se le otorga la importancia que merece? ¿Cuándo consideramos una epístola como una manifestación artística?
Existe una tercera razón para que eligiera este tema: Existen muy pocos géneros literarios que estén relacionados con la mujer de manera tan intrínseca como el epistolar2 . La literatura ha sido, hasta hace relativamente poco tiempo, “cosa de hombres” y así lo demuestran las dificultades que tuvieron que pasar algunas escritoras anteriores al siglo XX para publicar cualquier escrito o incluso para dedicarse a las letras 3. Sin embargo, los manuales literarios asocian el género epistolar con lo espontáneo, natural e íntimo, y este sentido de privacidad entrelaza misiva y mujer, al estar ésta abocada secularmente también al territorio doméstico y privado.
Estado de la cuestión que se investiga.
Considero que es necesario realizar un breve acercamiento al estado del género epistolar durante los últimos años, ya que este aspecto también condicionó de alguna manera mi decisión.
Durante la última década del siglo XX y los años que ya hemos vivido del siglo XXI, ha tenido lugar una eclosión de los géneros autobiográficos 4. Me atrevería a decir que, la también llamada literatura del Yo, se ha puesto de moda durante estos años, provocando una avalancha editorial que abarrota los estantes de las librerías. Prueba de esto son las numerosas biografías que se han escrito acerca de celebridades literarias. Tal es el caso de Acelerado sueño (memoria de los escritores de la generación del 27, escrito por Miguel García-Posada y publicado en 1999), A Miguel Hernández lo mataron lentamente (publicado en 2006 y escrito por Antonio López Alonso), o de la obra titulada Una mujer en fuga, biografía de Carmen Laforet, escrita por Anna Caballé e Israel Rolón y publicada en 20105 .
Asimismo, muchos son los escritores actuales que utilizan la manera epistolar, autobiográfica o de diario íntimo. Centrándonos en las obras estructuradas como epístolas, debemos dividir entre “ficticias” y “reales”: El primero es el caso de libros como Cartas para Julia, libro escrito por María Inés Falconi, publicado en 2005 y destinado a los jóvenes, motivo por el cual me parece aún más determinante, ya que esto provoca un acercamiento del género a las nuevas generaciones. Además, quiero resaltar la utilización del género epistolar por autoras ya consagradas. Es el caso, por ejemplo, de Esther Tusquets, que estructura  su obra Correspondencia privada (libro publicado en 2001) como una suma de cartas que escribe la escritora a distintos personajes que han formado parte de su vida. Parecido será el caso de Carme Riera en Cuestión de amor propio, 1987, libro en el que se exponen unas cartas de la autora a su amiga Ingrid.
Las cartas ficticias, puesto que se escriben con fines literarios, no han despertado la polémica que sí se ha dado con las cartas reales. Este segundo grupo de epístolas es el que nos interesa en este trabajo, pues, como he dicho anteriormente, los escritores no son conscientes, en el momento de la escritura, de su posterior publicación y esto conllevará una expresión más distendida, sin atención a un público general. Esto provocará, quizá, algunas confidencias consignadas al destinatario real y que podremos leer en clave autobiográfica, aunque siendo conscientes de que con la lectura de un epistolario no estamos analizando la personalidad del emisor, sino una parte de ésta: la que deseaba que conociera el destinatario.
Estas cartas reales han sido consideras como documentos de suma importancia y, por tanto, compiladas en epistolarios, listos para su publicación. Es el caso del libro Cartes a Mercè de Rodoreda, publicado en 2011 por la fundación “La Mirada” y que expone más de trescientas cartas de Armand Obiols a su amada; Correspondencia completa, obra publicada por la editorial Pre-textos en 2011 y que expone la correspondencia entre Jesús Cabel y César Vallejo o el libro que trataremos en este trabajo, Niña errante, que publica en 2010 las cartas que Gabriela Mistral le escribe a Doris Dana.
Objetivos.
Mi intención es dar una visión diacrónica y analítica del género epistolar femenino durante los siglos XIX y XX a partir de las cartas seleccionadas, tanto de Gertrudis Gómez de Avellaneda como de Gabriela Mistral.
Considero éste un interesante trabajo de investigación, puesto que las misivas escritas por una mano de mujer nos ofrecerán trozos de un espejo roto, borroso, que nos da la posibilidad de entrever el rostro femenino de la escritura.

1 Explicaré más adelante que no todas las cartas cumplen estos requisitos, pero me interesa apuntar este hecho como justificación de mi trabajo, puesto que las cartas a las que me remito sí que lo cumplen.

2 De hecho, únicamente el diario compartirá con el género epistolar esta característica.

3 Véase el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, que decide hacerse religiosa por la posibilidad que le daba este hecho para estar en contacto con los libros o Víctor Catalá y Fernán Caballero, obligadas a publicar con pseudónimo masculino.

4 Ya se dio esta misma situación en el siglo XIX.

5 He tomado esta información de la página www.librosaulamagna.com.