LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

José Mario Horcas Villarreal (CV)
Universidad de Málaga

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V. “SOY COMO CONSIGA QUE ME IMAGINÉIS 1”.

            El estudio que quiero llevar a cabo en los puntos que, en adelante, nos ocuparán, debe comenzarse con Gertrudis Gómez de Avellaneda, pues consideramos sus cartas como las pioneras en despertar gran interés por la escritura más privada, como expresión igualmente literaria2 . Además, creo necesario comenzar con ella puesto que, como afirma María Eulalia Muñoz Hermoso3 , en su figura se realiza la fusión más clara entre vida y literatura.
            Por otra parte, y puesto que queremos proporcionar una visión diacrónica del género, es necesario comenzar con la autora que se encuentra más alejada de nuestro tiempo.
Quiero resolver desde este momento que los puntos pertenecientes a las dos escritoras, tendrán la misma estructuración para disponer de una homogeneización efectiva desde el punto de vista pedagógico.

V. I. UNA VIDA ROMÁNTICA 4.

            Obtenemos la información más fidedigna sobre la biografía de esta escritora rescatando sus propios escritos 5. Así, gracias a ella, podemos obtener datos tales como la relación con sus familiares, sus primeros amores y sus primeras decepciones (amistosas, amorosas, familiares...) de una sociedad, en suma, que no le fue nunca favorable6 .
            Tula, como fue llamada cariñosamente a lo largo de su vida, nació 7 en Puerto Príncipe (actual Camagüey), fruto de la unión entre un español, comandante de la Marina destinado a este lugar y una cubana. El cargo que ostentaba su padre, hizo que la familia tuviera una posición social elevada. Sin embargo, el matrimonio no fue completamente feliz, tal vez por la diferencia de edad que existía entre los cónyuges.
            Falleció su padre, al que adoraba, cuando ella contaba tan sólo con nueve años. Para este momento, de los cinco hermanos que habían nacido en el matrimonio, quedaban únicamente dos: ella (la primogénita) y su hermano Manuel.
            Antes de que transcurrieran diez meses de viudedad, su madre decide casarse con un teniente coronel al que nadie aceptaba en su familia. Ella tampoco, por considerar este nuevo matrimonio muy prematuro. No obstante, la relación del nuevo esposo8 con la familia será del todo intermitente, ausentándose éste por largos periodos de tiempo.
            Con respecto a su carácter, la escritora confiesa a Cepeda y, por tanto, también a los lectores posteriores de ese cuadernillo, las siguientes palabras:
Sin embargo, nunca fui alegre y atolondrada como lo son regularmente los niños. Mostré desde mis primeros años afición al estudio y una tendencia a la melancolía. No hallaba simpatías en las niñas de mi edad; tres solamente, vecinas mías, hijas de un emigrado de Santo Domingo, merecieron mi amistad. (1996: 44).
            Le concertaron matrimonio y ella inventó para su prometido (puesto que apenas lo conocía) ciertas cualidades tomadas de los protagonistas de sus novelas. Se enamoró, por tanto, de una ilusión, de un ser imaginado por ella que nada tenía que ver con la realidad.
            Se fue su prometido varios meses a La Habana y ella se olvidó de él, centrándose en sus relaciones amistosas, sobre todo con su prima Ángeles Arteaga. Cuando éste volvió, le provocaba una repugnancia a Gertrudis similar al amor que antes había sentido por él.
            Conoce a otro chico, Loynaz, que le despierta más simpatías que aquel que había escogido su familia para ella. Este chico, incluso se atreve a hacerle saber, por carta, que sus pretensiones iban más allá de la amistad. Ella no aceptó las insinuaciones del muchacho, puesto que no quería dañar a su familia. No obstante, esta pseudo-relación llegó a los oídos de su madre, por medio de una de sus amigas, por lo que se adelantó la boda y, además, Gertrudis pudo sentir su primera decepción: su amiga la había traicionado.
            No llega a tener lugar el enlace, pues la novia escapa a casa de su abuelo, saturada por los preparativos y por la próxima unión a una persona a la que no amaba. Sus familiares no entendieron esta decisión y la atacaron duramente, siendo defendida únicamente por su abuelo.
            Llegó su padrastro y tuvo una discusión con el abuelo de la quinceañera Tula. Esta contienda provocó la salida del anciano del domicilio. Se fue a casa de otro hijo que, poco a poco, instó a su padre para que cambiara el testamento a su favor, dejando sin nada a Gertrudis y a su madre, cosa que fue interpretada por el resto de familiares como un castigo del anciano a la conducta arbitraria de la nieta y a la mala educación proferida por la hija a su descendencia. Incluso Escalada apoyaba esto, cuando él sabía que no era cierto.
            La salud del nuevo esposo no era buena9 . Por esta razón demandaba Escalada a su esposa un viaje largo, hasta España, que pudiera acabar con su salud maltrecha. Por primera vez, Tula estará de acuerdo con su padrastro, ya que añoraba ver la tierra en la que nació su padre y conocer a la familia de éste.
            Debido a la negativa de Francisca de Arteaga, Escalada prepara unas vacaciones en Santiago de Cuba10 , con la función de que éstas hicieran cambiar de idea a su esposa, cosa que sucedió. Así, partieron hacia Francia y, posteriormente, hacia España, el día nueve de abril de 1836.
            Lo primero que conoció de España fue La Coruña, lugar que, aún embelesada por la belleza de Burdeos, le pareció feo y muy pobre11 . La situación doméstica en este lugar se convirtió en insostenible, por la relación con su padrastro y con la familia de éste, que criticaba duramente sus actuaciones. Sin embargo, hubo algo positivo: el amor de un muchacho apellidado Ricafort y que estaba dispuesto a casarse con ella para alejarla de esos problemas domésticos.
            Este hombre tenía poco talento y no estaba de acuerdo con el gusto de Gertrudis por los libros. Es más, le parecía casi un delito que escribiera versos. No obstante, Tula se empecinó en reprimir su carácter y hacer feliz a su amante, hasta que llegó su hermano Manuel y le propuso un viaje a Andalucía para conocer a su familia paterna. Ella, con el dolor que le provocaba el alejarse de su madre y del hombre al que aún amaba, aceptó la propuesta de su hermano.
            Ya en Sevilla, su tío Felipe quiso casarla con un mayorazgo del pueblo natal de su padre y, aunque su hermano estaba de acuerdo, ella no consintió dicha unión.
            Después de esto, se debate entre dos amores: Un hombre que la quiere (Antonio Méndez Vigo) y otro al que quiere ella, destinatario del cuadernillo que hemos analizado y que, con esta información, concluye.
Porque la mujer era hermosa, de grande estatura, de esculturales contornos, de bien modelados brazos y de airosa cabeza, coronada de castaños y abundantes rizos, y gallardamente colocada sobre sus hombros. Su voz era suave, dulce, femenil; sus movimientos lánguidos y mesurados y la acción de sus manos delicada y flexible12 .

Tula es alta y majestuosa; de tez morena, cabellos y ojos negros; tiene facciones llenas de encanto y expresión; las manos admirables y la voz de una dulzura encantadora. En su trato es afectuosa, sincera y tierna; en sus sentimientos noble hasta el heroísmo; viste con lujo y esplendidez y sus hábitos todos son los de una dama del gran mundo. Es generosa, expansiva y está dotada de una extrema benevolencia hacia todos cuantos le rodean; su lenguaje es siempre poético, dulce y elevado, y muchas veces fogoso y sublime13 .
            La belleza14 de la que dejan constancia estos dos fragmentos que he querido resaltar, fue una gran aliada en las diversas historias de amor que presenta la biografía de la autora y, además, supone un acceso para ella en el éxito literario 15.
            En Sevilla, como ya apuntaba la misma Gertrudis en su cuaderno, conoce al que sería su verdadero y gran amor 16. No obstante, se trató ésta de una relación compleja, que si bien ocupa prácticamente toda la vida posterior de Tula, también podemos decir que nunca fue lo que ella deseaba17 .
            En el año 1840 estrenará Leoncia y, poco después, decide trasladarse a Madrid. Unos dicen que llega con su hermano18 , otros que sola19 . Lo verdaderamente importante es que la etapa madrileña es, también, la fase de consolidación literaria, en la que Gertrudis publicará y estrenará obras teatrales sin parar y obtendrá gran éxito20 . Sin embargo, los éxitos que Tula va recogiendo en su ámbito profesional, contrastarán substancialmente con los desengaños y la infelicidad que la acompañan, inquebrantablemente, en su vida personal21
            Tiene una apasionada historia de amor con Gabriel García Tassara, producto de la cual, nace su hija Brenhilde María, que fallece en noviembre de 1845, contando con apenas unos meses de vida y a la que su padre nunca conoció, pese a las súplicas que Tula le dirigía. Este episodio se convierte en uno de los más desoladores en la vida de Gertrudis22 .
            Mientras se producen estos hechos, la escritora reanuda su correspondencia epistolar con Cepeda, cosa que hará en muchas ocasiones a lo largo de su vida.
El 10 de mayo de 1846, Gertrudis se casa con Pedro Sabater, un hombre que estaba muy enfermo y que terminó falleciendo pocos meses después de la boda a consecuencia de una afección laríngea que se complicó después de una operación en Francia.
Ya en España y siendo viuda, Gómez de Avellaneda se queda de nuevo en Madrid y reestablece la comunicación con Cepeda. Sigue, pues, una relación ambigua que se debate entre la amistad y el amor y que se ve casi interrumpida por un viaje (ya que provocó en Tula un gran enfado) proyectado de Cepeda, del que no regresa hasta 1853 23.
En este mismo año de 1853, Gertrudis Gómez de Avellaneda presenta su candidatura a la Real Academia Española, secundada por personalidades como el duque de Rivas, pero denegada, cosa que provocará muchos comentarios en los medios literarios24 .
En la primavera de 1853, aparecerá un nuevo hombre en su vida, con el que también mantiene una relación, amorosa y epistolar. Se trata de Antonio Romero Ortiz 25. Primero, la  correspondencia entre ambos se caracteriza porque el periodista y político oculta su identidad. Es un juego literario que, una vez esclarecido el enigma, culmina con una fugaz relación amorosa, ya que únicamente persiste algo más de tres meses. Luego se sucederán otras cartas, pero de carácter formal o amistoso26 .
En los primeros meses del año 185527 , tuvo lugar el segundo enlace matrimonial de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Se unió a Domingo Verdugo, quien parece aportar a la escritora cierta paz sentimental. Sin embargo, ésta le sería rápidamente arrebatada, pues, tras una herida conferida al esposo por un enemigo literario de Gertrudis, éste acabaría falleciendo tiempo después. Gertrudis, otra vez, se refugiará en un convento, como haría tras la muerte de su primer marido.
Literariamente, estos años fueron muy productivos, sobre todo en teatro. Publicó Simpatía y antipatía28 y estrena La hija del Rey René29 y Oráculos de Talía o los duendes en palacio 30.
Su comedia Los tres amores (marzo de 1858) fue un fracaso, quizá motivado, entre otras causas, por un gato que fue arrojado a las tablas 31. Pero también tuvo lugar su encumbramiento en los escenarios en este mismo año, con Baltasar.
            Partirán hacia Cuba en 1859, buscando climas más apropiados para la óptima recuperación de Domingo Verdugo. Al poco tiempo de llegar, fallece su madre, doña Francisca de Arteaga y, de vuelta en España, su esposo, en 1863.
            A ella le restarán diez años de vida y, en ellos, se aleja de la vida en sociedad. Además, su enfermedad32 y las grandes pérdidas que se han ido sucediendo33 , la sumen en una gran tristeza.
            Fallece en los primeros días de febrero del año 1873 y, como consecuencia de su alejamiento y soledad en los últimos años, al entierro asistirán muy pocas personas.

1 Así se titula un libro de Meri Torras Francès (Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003) que lleva como subtítulo “La construcción de la subjetividad en las autobiografías epistolares de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Sor Juana Inés de la Cruz”. He querido tomar este título para el apartado del trabajo concerniente a Gertrudis Gómez de Avellaneda porque considero que tenemos la imagen de Tula que ella misma dejó consignada en sus escritos. Por eso, ella es (para la posteridad) como consiguió que la imagináramos.

2 Prueba de esto es la extraordinaria difusión de su epistolario.

3 www.escritorasypensadoras.com

4Muchos de los biógrafos de Gertrudis Gómez de Avellaneda subrayan que la suya fue una “vida romántica”.  Es el caso de CATENA, ELENA, ed. (1989): Gertrudis Gómez de Avellaneda. Poesías y epistolario de amor y de amistad. Madrid, Castalia.

5 He tomado la información referente a los primeros veinticinco años de la vida de Gertrudis Gómez de Avellaneda de CRUZ-FUENTES, LORENZO (1996): Gertrudis Gómez de Avellaneda. Autobiografía y cartas. Huelva: Diputación provincial de Huelva. Sin embargo, como veremos, no es el único documento que contiene datos biográficos rescatados de las propias palabras de la autora.

6 Esto es afirmado en la presentación de la página sobre la autora en la Biblioteca Virtual Cervantes, página que dirige AYALA ARACIL, MARÍA DE LOS ÁNGELES.

7 Su autobiografía no hace referencia al año de su nacimiento. Sin embargo, Cruz-Fuentes pudo conseguir su partida de nacimiento, por lo que sabemos que nació el día 23 de marzo de 1814.

8 Ella siempre lo llamará Escalada.

9 Tampoco la de Gertrudis. De hecho, afirma en su “cuadernillo” que pensaba que pronto se reuniría con Dios.

10 Hasta allí se trasladó el joven Loynaz para pedir perdón a Gertrudis y para declararle nuevamente su amor. Ella aceptó su amistad y, de hecho, mantiene correspondencia epistolar con él hasta el año 37, fecha en la que él muere.

11 Sobre su estancia en Burdeos, véase Memorias inéditas de la Avellaneda, anotadas por FIGAROLA-CANEDA, DOMINGO (1914), La Habana: Imprenta de la Biblioteca Nacional, pp.6-9.

12 Se trata de un retrato muy conocido que le hace Zorrilla a la escritora que nos ocupa. Se plasma en Recuerdos del tiempo viejo, Publicaciones Españolas, 1961, II, pág. 381. También, entre otras obras, aparece en BRAVO-VILLASANTE, CARMEN (1974): Una vida romántica: la Avellaneda. Madrid: Fundación Universitaria Española. p.57.

13 Descripción que, acerca de la escritora, hace María Pilar Sinués en El Correo de la Moda, Madrid, 28-I. p. 61, consultado en COTARELO Y MORI, EMILIO (1930): La Avellaneda y sus obras. Madrid: Tipografía de Archivos. p.406.

14 Consultar Anexo 2.

15 ARRIAGA FLÓREZ, MERCEDES (2005): “Pido la palabra para amar: Gertrudis Gómez de Avellaneda” en Palabra de mujer (Archivo de ordenador).

16 A él, Ignacio de Cepeda, irán dirigidas las cartas que analizaremos más adelante.

17 SERVERA, JOSÉ, Ed. (2004): Sab. Madrid: Cátedra.

18 Íbidem, p. 25.

19 CABALLÉ, ANNA, Ed. (2004): La vida escrita por las mujeres. La pluma como espada. Vol. III. Barcelona: Lumen. p. 366.

20 Por ejemplo, en 1841, publicará sus Poesías y la novela Sab y en 1844 se representarán sus obras teatrales Alfonso Munio y El príncipe de Viana.

21BALLESTEROS, MERCEDES (1949): Vida de la Avellaneda. Madrid. Ediciones de Cultura hispánica.

22 Prueba de este amor (y de esta desilusión, también) es el epistolario que dirige a Tassara. Lo dio a conocer Méndez Bejarano en Tassara. Nueva Biografía Crítica según afirma José Servera en su introducción a Sab.

23 Un año antes de casarse con María de Córdova y Govantes.

24 FREIRE, ANA MARÍA (2008): “Carta de una desconocida (con Gertrudis Gómez de Avellaneda al fondo)” en Anales de Literatura Española, nº 20 pp. 211-217.

25 En la página Web del Instituto DEMER (Web de Masones en España) existe un apartado en el que estudian las biografías de masones españoles. En él, aparece un artículo de PEREIRA MARTÍNEZ, CARLOS titulado Antonio Romero Ortiz. En este artículo se trata la vida de este enamorado de Tula y se apuntan ciertas referencias biográficas sobre la misma, que vemos reflejadas en las cartas que guardó Romero Ortiz.

26 CATENA, ELENA; SOLER, AMPARO; MAYORAL, MARINA y VÁZQUEZ, MATILDE (1989): Gertrudis Gómez de Avellaneda. Poesías y epistolario de amor y de amistad. Madrid: Castalia.

27 Marzo o abril, dependiendo del manual consultado.

28 Comedia en un acto, publicada en la Imprenta de J. Rodríguez, 1855.

29 Drama en un acto, estrenado el día 9 de febrero de 1855 en el teatro de la Cruz.

30 Comedia en cinco actos, en verso, estrenada el 15 de marzo del mismo año, también en el teatro de la Cruz.

31 Este incidente le costó la vida a Domingo Verdugo, pues a causa de su acusación a Ribera, enemigo literario de su esposa, éste le hirió en el pecho con un estoque, disimulado en su bastón. Esta herida dejó maltrecha la salud de Verdugo. 

32 Una diabetes que, entre otras cosas, provoca un cambio físico: de la obesidad de su treintena a un adelgazamiento considerable.

33 Fallecen su hermana Pepita y, sobre todo, su querido hermano Manuel.