LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

José Mario Horcas Villarreal (CV)
Universidad de Málaga

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VI. “MIL AÑOS ESPERARON QUE NACIERA...1 ”.

            Si en los papeles anteriores escogíamos a Gertrudis Gómez de Avellaneda por su carácter pionero 2, ahora tomamos la figura de Gabriela Mistral porque sigue esa tradición instaurada por la primera, así como por el enorme interés que despierta la única mujer ganadora del Premio Nobel en Latinoamérica y por el halo de misterio con que han sido envueltos ciertos aspectos de su vida privada durante largos años.

VI. I. “NINGUNA PERSONA EN ESTE MUNDO, PUEDE SABER QUÉ COSA ES NUESTRA VIDA SINO (EXCEPTO) NOSOTROS MISMOS3 ”.

Esto afirma Gabriela Mistral en uno de los textos más apreciados por Doris Dana, quien lo guardó en una caja fuerte hasta el final de sus días. Aún estando de acuerdo con estas palabras, en las siguientes páginas, intentaremos acercarnos a la vida de esta escritora o, al menos, a las circunstancias de las que ha dejado constancia por medio de sus escritos.
            Lucila Godoy Alcayaga4 nació el día siete de abril5 de 1889, en el seno de una familia anómala. De un lado, el padre (Jerónimo Godoy Villanueva), un docto maestro de escuela que en ocasiones escribe versos, como aquellos entonados en el nacimiento de su hija:
¡Oh dulce Lucila
que en días amargos
piadosos los cielos
te vieron nacer 6.
            La imagen paterna desaparecerá muy pronto de la vida de la niña, puesto que, cuando Lucila contaba con tan sólo tres años, Jerónimo abandonó la casa para siempre 7. Es un hecho que ella nunca perdonó, ya que consideró siempre que su falta de confianza en la gente y su imagen de mujer sola haciéndole frente al mundo, provenían de este abandono del padre y también del gusto de éste por la bebida8 . Sin embargo, de su padre heredó su búsqueda constante, su errática existencia, por lo que puede dedicarle palabras como estas: “Mi recuerdo de él pudiese ser amargo por la ausencia, pero está lleno de admiración de muchas cosas suyas y de una ternura filial que es profunda9 ”.
            Por otro lado, se encuentra la figura materna, Petronila Alcayaga. Debió de ser una mujer muy bella, por la que Jerónimo abandonó el seminario y la idea de convertirse en sacerdote y también muy fuerte, pues su carácter no cambió por la muerte de su primer marido ni por el abandono del segundo10. Se advierte por medio de los textos que Petronila fue la persona más amada por Lucila:
He tardado en escribirle porque mi ánimo lo he tenido en el suelo, con tierra y ceniza. Mi mamá ya con su conciencia a medias no me acompañaba con cartas, que su manita apenas podía garabatear; pero me hacía una presencia sobrenatural, me daba razón de vivir, me afirmaba en este mundo y estaba de este modo prodigiosamente ausente viva para mí. Me he quedado como una piedra que rueda sin sentido, como un papel de periódico viejo con el que hace lo que quiere el viento 11.
            Lucila tuvo una medio hermana12 llamada Emelina que, junto con su madre, fueron los dos grandes pilares para ella. Sus dos grandes educadoras, a falta de una figura paterna. Además, siendo Emelina quince años mayor que la pequeña Lucila, fue ella quien hizo frente a la pobreza que acechaba a la familia, convirtiéndose en maestra. Por esta razón, se cree que su hermana fue la primera persona que la instruyó, acercándola al gusto por la enseñanza y por la imaginación13 .
            Lucila nació en Vicuña, una ciudad situada al Norte Chico de Chile, del valle de Elqui14 :
La casa en que yo nací no existe ya (calle Maipú nº 756). Yo misma la vi caída en el suelo. Es cierto que nací en Vicuña, pero a los diez días mis padres me llevaron al pueblo de La Unión (hoy Pisco-Elqui), donde se habían casado. Mi nacimiento en Vicuña fue un puro azar15 .
En 1892, un año después de que su padre dejara el hogar familiar, su hermana Emelina fue designada como directora de la Escuela de Primaria de Montegrande, por lo que este lugar se convertirá en el lugar donde Lucila pasó su infancia 16.
Ya en 1900, su hermana fue trasladada a otra escuela y Lucila ingresó en la Escuela Superior de Niñas de Vicuña. En este momento, Lucila vivió un hecho amargo, cuyo recuerdo la acompañará durante toda su vida. Así lo cuenta la misma Gabriela Mistral:
Dirigía esa escuela primaria superior, doña Adelaida Olivares, maestra ciega de casi toda su vida y madrina mía de confirmación. Era persona sobradamente religiosa y [...] en el comienzo hubo entre ella y yo la relación afectuosa que es natural entre madrina y ahijada. Pero cuando mi familia me cambió de apoderado poniéndome a vivir en la casa de una familia [...] protestante, la directora se sintió muy molesta y me retiró todo su cariño. Vino entonces un incidente tragicómico. Yo repartía el papel de la escuela a las alumnas [...] Era yo más que tímida; no tenía carácter alguno y las alumnas me cogían cuanto papel se les antojaba con lo cual la provisión se acabó a los ocho meses o antes. Cuando la directora preguntó a la clase la razón de la falta de papel mis compañeras declararon que yo era la culpable [...] La directora [...] salió sin más hacia mi casa [...] halló en mi cuarto una cantidad copiosísima no sólo de papel, sino de todos los útiles escolares fiscales. Habría bastado pensar que mi hermana era tan maestra de escuela como ella y que yo tomaba de ella cuanto necesitaba [...].
Yo no supe defenderme; la gritería de las muchachas y la acusación para mí espantosa de la maestra madrina me aplanó y me hizo perder el sentido [...] las compañeras que se iban por mi calle me esperaban, [...] allí me recibieron con una lluvia de insultos y de piedras diciéndome que nunca más irían por la calle con (la) ladrona. Esta tragedia ridícula hizo tal daño en mí como yo no sabría decirlo. Mi madre vino a dar explicaciones a la maestra ciega acerca de mi rapiña y la directora que ejercía un ascendiente muy grande sobre las personas porque era mujer inteligente y bastante culta para su época, logró convencer a su comadre de que aunque yo fuese inocente habría que retirarme de esa escuela sin llevarme a otra alguna porque yo no tenía dotes intelectuales de ningún género y sólo podría aplicarme a los quehaceres domésticos 17.
            Este relato autobiográfico suyo, nos informa de la situación traumática vivida por la niña, obligada a volver a Vicuña para encontrarse con una clase de personas del todo indeseables para ella y por las que sentirá cierto rencor durante toda su vida 18.
            Como aconsejaron a su madre, la niña nunca volvió a ser matriculada en la escuela, por lo que todo el conocimiento que adquirió en adelante fue de manera autodidacta.
            En 1901, la familia se trasladó a La Serena, donde cobrará especial importancia la figura de la abuela paterna, Isabel de Villanueva, mujer de carácter, que aportó a la joven un profundo gusto por la lectura bíblica. Desde allí se trasladan a Coquimbo, una ciudad costera, capital de la provincia de Elqui. Para entonces, Lucila se encuentra en plena adolescencia y comienza a publicar sus primeros artículos, en el periódico de Coquimbo y en La Serena19 . Y por estos años 20 comienza su andadura como maestra, profesión a la que dedicará gran parte de su vida:
[...] Entonces mi madre supo que yo debía trabajar y decidió ella sola que yo siguiese la profesión de mi padre y de mi hermana [...] me llevaron delante de un visitador de escuelas y le pidieron para mí una ayudantía de escuela rural 21.
Así, su primer puesto de trabajo fue como ayudante en la Escuela de La Compañía Baja. Pero deseaba obtener la formación necesaria para el ejercer como maestra y decidió matricularse en la Escuela Normal de La Serena, cosa que no fue posible, ya que las ideas que vertía en sus artículos no parecían adecuadas para una maestra de escuela y, por tanto, el presbítero se negó a la petición de Lucila. No importó mucho: desde los quince años, ostentó diversos cargos pedagógicos (ayudante, maestra, profesora de secundaria y directora de algunos liceos de mujeres) gracias a los cuales visitó prácticamente todo Chile22 .
Sin embargo, no fue sencilla la incursión de Lucila Godoy en el mundo de la enseñanza pues, teniendo en cuenta que nunca acabó sus estudios, muchas fueron las personas que criticaron su labor e intentaron que no siguiera ejerciendo23 .
Corría el año 1907 cuando conoció a Romelio Ureta Carvajal, un empleado ferroviario que ha sido tomado por gran parte de la crítica como el primer, único y gran amor de Lucila24 . Bastan de ejemplo las palabras de Armando Donoso para confirmarlo:
Un amor, un amor, el amor único, enturbió la paz de sus horas. Grande y apasionado debió ser cuando pudo desgarrar este corazón tranquilo y esta alma de mujer fuerte; grande y apasionado como cuantos amores se malogran cuando hacia ellos van, como en su correr las aguas turbulentas... 25
Sea como fuere, este hombre significó mucho para la joven escritora, como demuestra la gran desolación que deja en ella su suicidio, acaecido tras la sustracción de una suma de dinero que se verá incapaz de reponer, aunque durante mucho tiempo se creerá que la verdadera culpable de la muerte será Lucila, pues encontraron entre las vestimentas de Romelio una carta y una fotografía de ésta 26.  Muestra de ese desconsuelo presente en la escritora son los “Sonetos de la muerte”, poemas que dedica a Romelio y por el que gana el concurso de los Juegos Florales de Santiago, en 1914:
Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad! 27
Cuenta ya con veinticinco años cuando decide abandonar el nombre de Lucila Godoy para convertirse en Gabriela Mistral 28, nombre que utilizará desde ese momento de manera permanente. Anteriormente, ya había utilizado dicho pseudónimo en algunas de sus publicaciones 29, pero desde este momento, ya no se separará de él, utilizándolo tanto en sus obras como en su vida cotidiana, hasta el fin de sus días30 .
El nombre mío que he perdido,
¿dónde vive, dónde prospera?
Nombre de infancia, gota de leche,
Rama de mirto tan ligera.

De no llevarme iba dichoso
O de llevar mi adolescencia
Y con él ya no camino
Por campos y por praderas31 .

La elección del nuevo nombre no fue casualidad. Más bien, fue una prueba de su amor por la literatura y de la admiración que sentía por dos grandes escritores: Gabriela, por Gabriel d’Annunzio 32 o Gabriel Rosetti 33 y Mistral, por Fréderic Mistral34 .
Desde el mismo año que gana los Juegos Florales de Santiago y hasta 1921, tenemos constancia35 de que existió una historia de amor entre la poeta y un escritor de la época: Manuel Magallanes Moure. La relación fue únicamente epistolar y finalizó una vez que se vieron las caras. Sin embargo, las cartas que escribiera Gabriela Mistral (aproximadamente nos han llegado ochenta) y las pocas respuestas que nos quedan de Magallanes, pueden atestiguar que se trató de un desgarrado y clandestino romance 36.
Tenía veintisiete años cuando aparece en su vida un maestro, abogado y político llamado Pedro Aguirre Cerda. Él pronto se convertiría en el Presidente de Chile, nombraría a Gabriela directora del liceo de niñas de Punta Arenas37 y vincularía a la joven maestra, de esta manera, con el mundo político y oficial, vinculación que ya la acompañará el resto de su vida38 .
A partir de este momento, Gabriela se convertirá en una mujer errabunda, sin un punto fijo al que volver, que viaja constantemente, dictando innumerables conferencias, siendo homenajeada, asistiendo como invitada a diversas reuniones de enseñanza, etc. México, Francia, España, Estados Unidos e Italia serán algunos de los destinos que tomará la escritora39 . Así, podemos constatar, por ejemplo, que en 1922 viaja a México invitada por el Ministro de Educación, José Vasconcelos, para colaborar en la reforma educativa y para fundar diversas bibliotecas públicas40 .
En 1932, llegará su cargo consular, convirtiéndola en la primera mujer chilena que ostenta un cargo diplomático y haciendo, de igual manera, que siga viajando como representante de su país41 , para, en 1935 otorgarle el consulado vitalicio42 .
1943 es un año ominoso para la escritora, ya que muere Yin-Yin. Este joven dio un duro golpe a la escritora, utilizando arsénico para provocar su propia muerte, no se sabe la razón. En ese momento, Gabriela Mistral y el muchacho están en Petrópolis, Brasil 43.
Como casi todos los episodios desastrosos en la vida de la autora, éste también provocará el enfrentamiento de la crítica, ya que los especialistas se dividirán entre quienes creen que el joven era su hijo legítimo y quienes afirman que era un familiar de Gabriela44 . No obstante, lo que observamos en la mayoría de los libros, es un gran esfuerzo por hacer descender al niño de un hermano de Gabriela, un joven apuesto, pero sin oficio, que se casó con una catalana que enfermó muy poco tiempo después de dar a luz al pequeño Juan Miguel Godoy Mendoza 45. Incluso ella misma, en la oración que le dedica al muchacho tras su muerte, hará alusión a esto:
Madre de Juan Miguel, madre que por voluntad de su Creador él ya no tuvo cuando supo entender y hablar, madre que se le fue antes de cantarle sus canciones de cuna, madre cariñosa que hubiese sabido darle los cariños que yo no supe [...] madre catalana con leche del Mediterráneo, que lo hubiese amamantado en sedimentos de olivos y mármoles, dándole la dulzura fuerte, el brillo enérgico, la ductilidad sin compromiso, que yo no pude nutrirle, perdóname si no lo hice feliz 46.
Sin embargo, es importante hacer referencia a lo que Doris Dana declarará acerca del tema: 
Lo pensé mucho. Pero cuando yo muera, ¿quién iba a decir la verdad? Las amigas más cercanas de Gabriela en esta vida éramos Palma Guillen y yo. Gabriela quiso a este muchacho con tanto amor. Su muerte fue la tragedia más grande de su vida. Pensé que ella ahora, en este mundo que es muy diferente al de su juventud, hubiera querido mostrar que este sí era su hijo. En verdad, yo creo que este hubiera sido su deseo ahora. En el tiempo de Gabriela hubiera sido un escándalo.
(El padre) no tiene nombre. No es una persona conocida. Ni ella recordaba su nombre. Fue un italiano. No era un amigo de ella ni nada. Era una cosa que pasó en un momento de pasión y resultó un niño47
            Lo importante no es si corría sangre de la autora por las venas de Yin-Yin; lo verdaderamente  trascendente es que la muerte del niño, cuando no alcanzaba siquiera la mayoría de edad, siempre quedará en la memoria de Gabriela Mistral y sumió a la escritora en una profunda depresión 48.
            Habiendo transcurrido dos años desde este trágico suceso, le otorgan el Premio Nobel, un galardón que, por primera vez, se alza en manos de un latinoamericano, cosa a la que hizo referencia obligada en las palabras que pronunció tras la recogida del premio.
            Desde ese momento, no cesa de recibir galardones que reconocen su contribución a la cultura. Prueba de ello son los numerosos doctorados honoris causa que le conceden en distintas universidades, como son la de Italia o California.
            A lo largo de su vida, entabló amistad con muchos escritores, tanto chilenos como extranjeros49 . Es el caso de Thomas Mann, escritor al que no conoció en persona hasta que realmente ya eran amigos y por el que conoció a quien sería su acompañante en los últimos años, Doris Dana50 .
            A partir de 1948, ella misma nos contará qué fue de su vida en las cartas que a continuación presentamos y analizamos, por lo que únicamente queda detallar que los últimos días de su existencia, los pasará junto a Doris Dana, en Roslyn Harbor, hasta que su estado de salud empeora y finalmente fallece, un jueves diez de enero, del año 1957.


1 Elegía a Gabriela Mistral,escrita por Enrique Lihn, enCALDERÓN, ALFONSO (1993): Poesía chilena: Antología. Santiago de Chile: Pehuén. p. 32.

2 Recordemos que las cartas de Gertrudis Gómez de Avellaneda han sido consideradas como las primeras en despertar gran interés por la escritura epistolar como artificio eminentemente literario.

3 Pedro Pablo Zegers B. comienza la edición de Niña errante con este manuscrito y su correspondiente transcripción. (pp. 7 y 9).

4 En todos los documentos consultados, aparece éste como su verdadero nombre. Sin embargo, en el estudio realizado por GONZÁLEZ-RODAS, PABLO (1999): Premios Nobel Latinoamericanos de Literatura. Zaragoza: Libros Pórtico, p. 24, se asegura que su nombre era Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga.

5 Hay estudios que enclavan su nacimiento en el día seis de abril, como por ejemplo el realizado por SILVA CASTRO, RAÚL (1935): Estudios sobre Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Zig-zag. p. 3 o el estudio de EDWARDS MATTE, ISMAEL (1937): “Gabriela Mistral” en Hoy, nº 316. pp. 69-70. Otros, lo posponen un día (estos son más numerosos y actuales).
Nosotros optamos por la fecha de nacimiento que apunta la propia Gabriela, quien escribe para una editorial de Barcelona “Nací en Vicuña, Elqui, el 7 de abril de 1889”, según asegura FERNÁNDEZ LARRÁIN, SERGIO (1978): Cartas de amor de Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Andrés Bello, p. 10.

6 URZÚA, MARÍA (1980): Gabriela Mistral, genio y figura. Santiago: Pacífico. p. 15.

7 Con respecto a la marcha del padre del hogar familiar, CONCHA, JAIME (1987): Gabriela Mistral. Barcelona: Júcar, afirma que volverá en contadas ocasiones.

8 MUNNICH, SUSANA (2005): Gabriela Mistral: soberbiamente transgresora. Santiago de Chile: Lom.

9 FIGUEROA, VIRGILIO (1933): La Divina Gabriela. Santiago de Chile: Imprenta El Esfuerzo.

10 CONCHA, JAIME (1987): Gabriela Mistral. Barcelona: Júcar.

11 Carta autógrafa de Gabriela Mistral destinada a Carlos Silva Vildósola y que reproduce en parte el estudio realizado por QUEZADA, JAIME y FERNÁNDEZ LARRAÍN, SERGIO (1999): Cartas de amor y desamor. Santiago de Chile: Andrés Bello. p. 166.

12 Casi todos los estudios afirman que Emelina fue hija del primer matrimonio de Petronila (del que quedó viuda) y, por lo tanto, sólo sería hermana de madre de Lucila. Sin embargo, el siguiente libro afirma que ambas mujeres son fruto del mismo matrimonio: DÍAZ-PLAJA, AURORA, Ed. (1994): Gabriela Mistral para niños. Madrid: Ediciones de la Torre, p. 8.

13 ARRIGOITIA, LUIS DE (1989): Pensamiento y forma en la prosa de Gabriela Mistral. Puerto Rico: UPR. p. 10.

14 CORREA LARRÁIN, MAGDALENA Y CRUZ-COKE MADRID, EDUARDO, Ed. (1989): Grandes escritores chilenos. Santiago de Chile: Andrés Bello. p. 37.

15 Estas palabras de la propia Gabriela Mistral se recogen en QUEZADA, JAIME, Ed. (1993): Gabriela Mistral: poesía y prosa. Caracas: Biblioteca Ayacucho. p. 449.

16 Recordemos los versos de Mistral que comienzan: El valle lo mientan “Elqui”/ Y “Montegrande” mi dueño. MISTRAL, GABRIELA (1967): Poema de Chile (Texto revisado por Doris Dana). Santiago de Chile: Pomaire. p. 9.

17 La fundación de Gabriela Mistral en EE.UU. se hace eco de estas palabras en la sección de autobiografía de la web: www.gabrielamistralfoundation.org. Consultado el día 3 de mayo de 2011.

18 Así lo atestiguan las palabras que dedica a este respecto en una carta escrita para Doris Dana en el año 1952.

19 Según afirma ARCE FERNÁNDEZ, MAGDALENA (1989): Gabriela Mistral y Joaquín García Monge: Una correspondencia inédita. Con la colaboración de Eugenio García Carrillo. Santiago de Chile: Andrés Bello, p. 34.

20 O, mejor dicho, en años anteriores: 1903, según afirma GARCÍA GUADALUPE, INMACULADA en su “Cronología” situada en la monografía que, sobre Gabriela Mistral, ha realizado la Biblioteca Virtual Cervantes.

21 MORALES BENÍTEZ, OTTO, Comp. (2005): Gabriela Mistral: Su prosa y poesía en Colombia. Vol. 1. Bogotá: Andrés Bello.

22 PINCHEIRA, DOLORES (1989): Gabriela Mistral, guardiana de la vida. Santiago de Chile: Andrés Bello.

23 CONCHA, JAIME (1987): Gabriela Mistral. Barcelona: Júcar.

24 Algunos críticos y estudiosos mistralianos, no dudan en afirmar que, efectivamente, Romelio fue el gran amor de la vida de Gabriela Mistral. Es el caso de Latcham, que dice que “el recuerdo del amante la persigue toda su vida”. LATCHMAN, RICARDO (1923): “Gabriela Mistral” en Revista católica. Santiago de Chile, año 23, nº 525, p. 939.

25 DONOSO, ARMANDO (1925): La otra América. Madrid: Calpe. p. 43.

26 PINCHEIRA, DOLORES (1989): Gabriela Mistral, guardiana de la vida. Santiago de Chile: Andrés Bello.

27 ALVARADO TENORIO, HAROLD (1995): Literaturas de América Latina. Colombia: Universidad del Valle. p. 288.

28 De hecho, los Sonetos de la muerte fueron firmados con este nombre, en 1914.

29 Se tienen pruebas de que, para 1908, Lucila firmó un trabajo de colaboración que envió al diario La Constitución, de Ovalle, como Gabriela Mistral. Así lo afirma ZEGERS, PEDRO PABLO en una conferencia realizada durante el Seminario sobre Archivos Personales (2004) y titulada El legado literario de Gabriela Mistral en el Archivo del escritor de la Biblioteca Nacional de Chile.

30 GULLBUERG, HJALMAR (Traducción de DONOSO, JUANA), 2006: Cómo Lucila Godoy Alcayaga se convirtió en Gabriela Mistral. En www.archivochile.com.

31 ALLER, ROSALÍA, Ed. (1999): Antología Poética. Madrid: Edaf. p. 230. Se trata de un poema de Gabriela Mistral titulado “Balada de mi nombre”.

32 MADARIAGA, SALVADOR DE (1958): Homenaje a Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Universidad de Chile.

33 SÁINZ DE MEDRANO, LUIS (1989): Historia de la Literatura Hispanoamericana (desde el Modernismo)  Madrid: Taurus.

34 No pasa igual que con el nombre en el caso del apellido. En este caso, toda la crítica asegura que escogió Mistral por el autor Fréderic Mistral.

35 Han quedado, como testigos de ese amor, las cartas que ambos se escribieron, publicadas posteriormente.

36 GÓMEZ BRAVO, ANDRÉS (2005): “Gabriela Mistral íntima y secreta” en www.archivochile.com. Consultado el día 3/02/2011.

37 A través de su nuevo cargo, Gabriela conseguiría instaurar una escuela nocturna para adultos que no pudieron estudiar en su momento.

38 OVIEDO, JOSÉ MIGUEL (2004): Historia de la literatura hispanoamericana. Vol. 3: Postmodernismo, Vanguardia, Regionalismo. Madrid: Alianza. pp. 267-275.

39 www.webmujeractual.com. Página consultada el día 15 de febrero de 2011.

40 FERNÁNDEZ LARRÁIN, SERGIO (1978): Cartas de amor de Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Andrés Bello. p. 200.

41 GARCÍA GUADALUPE, INMACULADA en “Cronología”, artículo dividido en tres, situado en la  monografía que, sobre Gabriela Mistral, ha realizado la Biblioteca Virtual Cervantes.

42 OVIEDO, JOSÉ MIGUEL (2004): Historia de la literatura hispanoamericana. Vol. 3: Postmodernismo, Vanguardia, Regionalismo. Madrid: Alianza. p. 269.

43 ZEMBORAIN, LILA (2002): Gabriela Mistral: Una mujer sin rostro. Argentina: Consorcio de Editores.

44 De hecho, OVIEDO dice al respecto “Mucho se ha rumoreado que era en realidad un hijo natural suyo, lo que es algo completamente infundado”. p. 270.

45 VARGAS SAAVEDRA, LUIS (1978): Prosa religiosa de Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Andrés Bello. pp. 16-17.

46 VARGAS SAAVEDRA, LUIS (1985): El otro suicida de Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Universidad Católica de Chile. p. 103.

47 ZALAQUETT AQUEA, CHERIE (2002): “Doris Dana, la albacea de la Mistral, rompe el silencio” en la Revista El Sábado, de El Mercurio, 22 de noviembre. Se trata de un artículo que incluye una entrevista, realizada a la también escritora Doris Dana y en la cual, la amiga de Gabriela Mistral excusa su comportamiento al desvelar que Yin-Yin era realmente el hijo de Mistral.
Como afirma el periódico Clarín, de Buenos Aires, el domingo 7 de noviembre de 1999, Dana contó esto el viernes de la misma semana en un programa especial que la televisión chilenaemitió sobre la vida de Gabriela Mistral. (www.edant.clarin.com, consultado el día 3 de mayo de 2011).

48 CABALLÉ, ANNA (2004): La vida escrita por las mujeres. Contando estrellas. (Vol. II). Barcelona: Lumen.

49 Recordemos a Pablo Neruda, Victoria Ocampo, Luis Enrique Délano, Dulce María Loynaz o Marina Núñez. Son escritores con los que Gabriela mantendría una relación amistosa según constatan sus propios testimonios (los menciona en las cartas que le escribe a Doris Dana).

50 ZEGERS, PEDRO PABLO (2010): Niña errante. Barcelona: Lumen.