LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

José Mario Horcas Villarreal (CV)
Universidad de Málaga

Volver al índice

VI. III. “YO NO QUIERO ENMUDECER, VIDA MÍA1 ”.

            Y la poeta no enmudeció. Muy lejos de esto, vuelve a escucharse su voz cincuenta y tres años después de su muerte.
Ahora se escucha una voz de Gabriela que ha hecho que los investigadores mistralianos se dividan. Unos opinan que entre ambas mujeres hubo una relación amorosa y otros afirman que únicamente existió entre ellas una gran amistad. Así, el periódico La Tercera se hace portavoz de la polémica desatada, primero con el artículo escrito por Elizabeth Horan2 , investigadora (no muy objetiva) que no duda en catalogar la historia vivida por Dana y Mistral como lésbica, y después con un artículo de Roberto Careaga3 en el que se contrastan las opiniones de distintos críticos.
No pretendo entrar aquí en esta dicotomía, ya que me parece que es una información poco relevante y que nos desviaría del tema que realmente nos ocupa. Baste con saber que entre Doris Dana y Gabriela Mistral existió un sentimiento lo suficientemente fuerte como para que estas cartas se escribieran. Y baste con decir que, gracias a la separación de ambas mujeres durante largas temporadas, la correspondencia entre ellas se engrosa y hoy podemos leer cerca de doscientas cincuenta cartas escritas por la chilena.
Las cartas de Gabriela Mistral pintan un mundo eminentemente femenino, en el que el hombre es tan sólo un ser de paso, un extraño que, en ningún caso, conseguirá un trato de familiaridad por parte de Gabriela, cosa que sí alcanzarán las mujeres que la rodean.
Aunque es cierto que se rodea de amigas y de criadas que la acompañarán en todo momento (Gabriela se quejará por considerarse un ser torpe, que necesita de la ayuda y protección de los demás4 ) también lo es que no siempre estará satisfecha con sus elecciones ni con los comportamientos de estas mujeres, a las que suele tachar de cotillas:
Y hoy, Eda Ramelli, me llevó a la galería, donde yo estaba escribiendo... una carta mía, te la mando. Dijo haberla hallado en un bolsillo mío. Ella -¡qué horror!- trajina mis bolsillos. Por algo es latina. Yo no comprenderé nunca estas acciones. (Carta 86. 2010: 170).
            En el trabajo de Carolina Ojeda5 se ofrecen algunas claves que muchos críticos observan como constantes en la escritura de Mistral: Educación, religión, indigenismo, feminismo, paz y libertad. Y estas mismas claves que se le atribuyen a su literatura, son fácilmente reconocibles también en su producción epistolar.
            En muchos momentos tratará la religión como único método de salvación. Así queda reflejado en las siguientes cartas:
Y en la tarde, yo recé, y me vino a la mente una manera de oración que nunca hice; la de Cristo crucificado y sufriendo. Y la de Su Sangre. Es algo absolutamente ajeno y contrario a mi modo de rezar. [...] Yo la soportaré, por Él y por ti. Yo saqué fuerzas de esa oración. (Carta 26. 2010: 66).
Sí, rezo por ti. Quiero decirte algo que tal vez no sabes. El ejercicio que a mí me levanta el ánimo es sólo éste. Entre los <<centros>> espirituales –y mágicos- que hay en nuestro cuerpo, yo trabajo con el del pecho, la parte central del pecho, el hueso central. Se respira sin exageración pero rítmicamente, se pide la paz, la alegría la salud a Dios y a los ángeles. (Carta 181. 2010: 315).
            La paz, o mejor dicho, las constantes noticias sobre una inminente guerra, también se convierten en una preocupación para Gabriela. De este modo, la escritora informará a su destinataria, poco dada a leer diarios, del estado en que se encuentran las negociaciones y del miedo que tiene a que llegue la guerra y ellas queden separadas:
Hijita mía Daine, sea porque yo no leo bien el diario, sea porque sólo ahora las cosas se ponen graves, yo leo sólo hoy noticias muy serias [...] Temo que la guerra venga y que tú sigas allá y quedes allá durante toda la guerra. (Carta 110. 2010: 207).
            Y también la raza, el indigenismo del que participa Gabriela, puede verse en sus textos epistolares, sobre todo a partir de las oposiciones que descubre entre la naturaleza india y la americana, oposiciones que considerará como las mayores causantes de las diferencias entre su destinataria y ella:
Tenemos, por desgracia, razas opuestas, formaciones opuestas y la ideación y el sentimiento opuestos. Contra todo eso yo te quiero, pero así, sin esperanza alguna. (Carta 69. 2010: 146).
Vida mía: aquí odian a todo extranjero, a todos. A los americanos más, esto sí. Y todo criollo o mestizo hispanoamericano odia así, incluso a los suyos. Yo quemé mi pobre vida dentro de ese odio. Es herencia española. [...] Que en otra encarnación las dos nazcamos en razas nórdicas, vida mía. (Carta 79. 2010: 159-160).
            Pero no encontraremos únicamente aspectos que pueden hallarse también, en mayor o menor medida, en sus composiciones literarias. Observaremos también, por ejemplo, una permanente referencia al futuro, como si no pudiera dejar de pensar en él. Por esta razón, podremos observar muchas cartas en las que expresa su miedo por la llegada al poder de un presidente que, anteriormente, la había cesado o podremos conocer los planes de futuro (que va cambiando en todo momento)  para los que cuenta, tanto con sus posibilidades económicas como con la destinataria de sus cartas.
También vemos reflejada su hipocondría, que se convierte en una razón por la que siempre informará sobre su estado de salud:
Y hoy también tuve yo un ataque inesperado y raro; un dolor lancinante, como un golpe de hacha en el cerebro, adentro del cerebro. Pasó pronto, pero me dejó preocupada. Tuve otra cosa igual hace tiempo, pero menos fuerte. Esto de hoy fue un golpe que llegó a los sesos, repito. Y los dejó doloridos. (Carta 141. 2010: 252).
            Estos documentos epistolares bien podrían leerse a modo de diario en el que Mistral narra todo lo que hace, con quién está y cuál es su estado, físico y psicológico. Tal vez, por el ansia de comunicación existente en la escritora, ésta se atreve a escribir sin más, cosa que nos hace desenmascarar a una Gabriela visceral: cariñosa, tremendista, mustia y colérica, dependiendo de las actuaciones de su destinataria.
He sido un animal hablándote duramente a causa de los celos. Recuerda siempre que el español es una lengua muy brutal y recuerda también que nuestras razas son muy diversas. No sufras por mis palabras. ¿Por qué tú no sabes aún hasta dónde yo te quiero? (Carta 34. 2010: 91).
Cuando llegaste, yo no tenía nada, parecía desnuda, y saqueada, paupérrima, anodina como las materias más plebeyas. La pobreza pura y el tedio y una viva repugnancia de vivir. Todo lo has mudado tú y espero que lo hayas visto. (Carta 66. 2010: 143).
Lo único muy serio en todo esto es que yo te he perdido y tal vez para siempre. Lo que me duele saber esto, saberlo por fin, no sé decírtelo en prosa; te lo diré de la otra manera. (Carta 151. 2010: 266).
Se trata, pues, de la manifestación de una relación, que a veces se fortalece y por momentos se debilita, entre dos personas considerablemente sensibles y de fuerte carácter pasional. Normalmente, los celos de Gabriela son los culpables de las palabras irascibles con que ataca a Doris; otras veces, la distancia y el silencio al que queda relegada la voz de Dana, son los que explican el comportamiento de la ganadora del Premio Nobel.
Por todo lo que he comentado, es sencillo adivinar que el tono adoptado por Gabriela en sus cartas dependerá de su estado de ánimo, es decir, no demorará su escritura hasta que ésta puede ser mesurada. Escribirá, aunque luego tenga que pedir perdón; escribirá, pese a ser consciente de que sus palabras pueden ser hirientes y crueles.
En cuanto a la forma de las cartas que escribe Gabriela, debemos destacar que omite, en muchas ocasiones, los datos específicos de las mismas (lugar, día, etc.), por lo que se complica el trabajo de compilación. Sin embargo, sí que hace referencia a otras cosas, tales como los temas contextuales que preocupaban a la escritora6 , el momento del día en el que escribe o el clima y paisaje del lugar donde está. Además, los sobres utilizados, no siempre contienen una única carta, cosa que se explica por la dificultad que tenía para enviarlas.
Por último, queda citar que la correspondencia mantenida con Doris Dana no es la única que podemos encontrar escrita por Gabriela. De hecho, la escritora mantendrá relación epistolar con otras muchas personalidades: Victoria Ocampo7 , Amado Nervo8 , Rubén Darío9 , Manuel Magallanes10 , Lidia Cabrera11 o Juan Ramón Jiménez12 . Podríamos analizar estos epistolarios en otro proyecto más exhaustivo y que, seguramente, nos ofrecería armas valiosas para un análisis más pormenorizado y que desvelara otros pedazos del espejo roto de Gabriela Mistral.

1 “Canto que amabas”, de Gabriela Mistral, en CARRERA, MARGARITA (2003): Lo mejor de Gabriela Mistral. Guatemala: Editorial Piedra Santa. p. 46.

2 HORAN, ELIZABETH (2009): “Las cartas de Doris Dana y Gabriela Mistral” en La Tercera, el día 29 de agosto de 20009. Periódico chileno consultado en su edición digital (www.latercera.com).

3 CAREAGA, ROBERTO (2009): “Cartas íntimas entre Mistral y Doris Dana dividen a mistralianos” en La Tercera, el día 31 de agosto de 2009. En este artículo se descubren las opiniones que al respecto sostienen Jaime Quezada, Floridor Pérez o Grínor Rojo:
El primero, director de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral, apunta que las cartas “sin duda van a contribuir a las antojadizas especulaciones de siempre, pero yo creo que aquí hay un testimonio de una muy sentida amistad”; el segundo, poeta, dice: “No veo por qué se pueden hacer películas de la homosexualidad de García Lorca, pero haya que hablar en sordina sobre aspectos de la vida de Mistral” y, por último, Grínor Rojo, profesor de literatura en la Universidad de Chile y director de la Revista de humanidades, afirma que “me preocuparía si complejizara su poesía, si le diera un vuelco a la lectura que estamos haciendo de su poesía. Y me parece que eso no pasa. En cuanto a la imagen pública, me tiene enteramente sin cuidado”. 

4 La misma Gabriela escribirá: “A mí me duele mucho poner una persona cualquiera entre nosotras. Pero yo no puedo con la soledad y el vacío”. Carta 120. 2010: 226.

5 OJEDA, CAROLINA (2010): Gabriela Mistral: Más allá de lo evidente. Santiago de Chile: Fundación La Fuente.

6 Ya ha quedado constatado cuando nos hemos referido a la preocupación de Gabriela por la paz o por su futuro.

7 HORAN, ELIZABETH y MEYER, DORIS, Ed. (2007): Esta América nuestra. Correspondencia 1926-1956. Buenos Aires: El cuenco de plata.

8 LOVELUCK, JUAN (1970): “Cartas de Gabriela Mistral a Amado Nervo” en Revista Iberoamericana, nº 36. pp. 495-508.

9 OLIVER BELMÁS, ANTONIO (1960): Ese otro Rubén Darío. Barcelona: Aedos. p. 122.

10 FERNÁNDEZ LARRÁIN, SERGIO (1978): Cartas de amor de Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Andrés Bello.

11 HIRIART, ROSARIO (1988): Cartas a Lydia Cabrera: Correspondencia inédita de Gabriela Mistral y Teresa de la Parra. Madrid: Torremozas.

12 RODRÍGUEZ-LUIS, JULIO (1961): Cartas de Gabriela Mistral a Juan Ramón Jiménez. San Juan de Puerto Rico: Ediciones de la Torre.