LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

José Mario Horcas Villarreal (CV)
Universidad de Málaga

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VII. CONCLUSIONES.

            Como hemos podido observar, la historia epistolar comienza en el mismo momento en el que se origina la escritura. Además, los primeros en utilizar esta forma de comunicación fueron los hombres, puesto que también fueron los primeros en aprender a escribir. Sin embargo, también hemos constatado a lo largo de este trabajo que, una vez que la mujer toma la pluma para escribir cartas, lo hará ya sin retorno, tomando las riendas del artificio epistolar y convirtiendo sus escritos en la manifestación epistolográfica privada por antonomasia.
            Con este trabajo hemos constatado la literariedad de algunas cartas escritas por mujeres, para un destinatario concreto y sin ánimo de una posterior publicación. Por esta razón, podemos afirmar que las cartas íntimas, las que forman parte de la vida privada de las escritoras, pueden llegar, con el tiempo, a pertenecer a un género literario. Sucederá con ellas como, por ejemplo, con Crónicas de Indias1 , un conjunto de narraciones históricas sobre la conquista de América que, transcurrido un tiempo, se tomarán como manifestaciones literarias.
Al ser considerados estos epistolarios como artificios literarios, pueden ser objeto de estudio, aunque en un principio no estuvieran destinados a tal fin, motivo por el que hoy podemos realizar un trabajo de estas características sobre las cartas íntimas, tanto de Gómez de Avellaneda como de Mistral.
Y al tomar como objeto de estudio dichas cartas, podremos ratificar que pueden considerarse literatura, una literatura que consideramos y analizamos como más pura,  más veraz y autobiográfica, en la que las autoras desenmascararán una parte de su ser más íntimo: la que deseaban que fuera conocida por su destinatario.
            Entre los muchos temas que pueden contener las cartas privadas, el amor es el que consigue más protagonismo, puesto que los enamorados siempre han hecho uso de esta forma para expresarse su mutuo amor 2.
            Al referirnos a esta temática, podemos recordar numerosas novelas y comedias de nuestro Siglo de Oro que rebosan ejemplos de amor por escrito, indispensables para la consecución de la trama. Es el caso de El melancólico, de Tirso de Molina, obra en la que podemos leer:
ROGERIO: ¿Permitirás que te escriba?
LEONISA: Si las cartas son la sal
que conserva amores, ¿quién quita
que no escribáis por instantes?
ROGERIO: ¿Sabes leer?
LEONISA: La cartilla
de tu amor, donde comienzo
el ABC de mis dichas.
ROGERIO: ¿Y escribir sabrás?
LEONISA: También;
pues siendo de amor pupila
plumas serán pensamientos
y lágrimas darán tinta.3
            Por los manuales que han podido escribirse sobre el tema, que expresarán de manera tácita cómo ha de escribirse una carta de amor, y por obras como la que acabamos de apuntar, en las que lo que se escribe (y se regala al destinatario) es de contenido romántico y moderado, hemos creído durante mucho tiempo que las cartas de amor deberían ser así y que debemos, pues, encontrar metáforas y pensamientos bellos por doquier. Sin embargo, Oscar Wilde, con su carta íntima (posteriormente publicada con el titulo De profundis4 ) es un claro y expreso ejemplo de cómo hablar de amor no siempre significa hablar de pasión y alegría, sino que también puede conllevar la expresión de hondo dolor y triste amargura. Y eso es lo que, de alguna manera, se verá reflejado en la tradición epistolar de los siglos XIX y XX, en los que escribir una carta al ser amado no tiene porqué ser sinónimo de una expresión dulce y sensata de los sentimientos más bellos.
            De esta manera nos acercamos a los epistolarios de nuestras dos autoras, epistolarios que, aunque con muchas diferencias, se centran en un diálogo (a veces imposible) con un ser querido y que no muestran únicamente el lado suave de la escritora, sino que desvelan su “yo” más arrebatado y más urgente.
            Así, pese a que Gertrudis Gómez de Avellaneda será consciente del amor que siente por Ignacio y lo constatará en algunas de sus cartas, también se retractará rápidamente de lo expresado. Mientras, Gabriela Mistral también invalidará sus propias palabras, pero siempre lo hará después de prodigarle a su destinataria palabras duras y brutales.
            Ninguna de las dos, pues, como ya advertimos con anterioridad, podrán contenerse, cosa que hará que esta escritura, pasional y desmedida, se convierta en la mayor semejanza entre la escritura epistolar de ambas hispanoamericanas.
Sin embargo, no será esta característica la única que mantendrán en común las cartas de las dos escritoras. De hecho, podremos observar que, tanto Gertrudis como Gabriela, expresan su desánimo por la incapacidad de entender la razón por la que sus destinatarios no escriben, cosa que atribuirán a la frialdad de sus naturalezas.
En estos textos, por otra parte, se constata la inseguridad que despiertan los destinatarios en ambas escritoras. Incertidumbre respecto a la perdurabilidad de los sentimientos, que creerán marchitos en diferentes momentos de la relación. Por este motivo, Gómez de Avellaneda y Mistral criticarán la falta de honradez, una de Cepeda y otra de Dana, al considerar que ellos no han sido claros ni valientes. No han sido capaces de pronunciar o escribir un “ya no te quiero”, necesario para ellas antes de la despedida.
            Gertrudis Gómez de Avellaneda confesará a su destinatario un pasado, antes de conocerlo a él, de angustia y melancolía permanente, como también lo hará, un siglo después, Gabriela Mistral. Y también ambas se preocupan por escribir sobre sus estados de salud, así como se interesan por el de sus destinatarios.
Los celos, tanto los desatados por los receptores de las cartas como los que provocan ellas, también estarán presentes en las cartas, unas veces como motivo por el que Gertrudis y Gabriela se mostrarán visiblemente molestas y dolidas y otras veces como tema absurdo (cuando es el otro quien los siente).
El inquebrantable disgusto de las dos escritoras con el servicio de correos también puede verse reflejado en sus escrituras epistolares. Desconfían de la eficacia de dicho servicio y por ello utilizarán pseudónimos o solicitarán a sus destinatarios el acuse de recibo de las cartas (o cheques, en el caso de Gabriela). Además, deberán encontrar el momento propicio para enviar sus cartas o, de no poder hacerlo por sí mismas, deberán hallar a la persona adecuada para realizar este encargo, que debe ser de total confianza.
Ambas informarán sobre su producción literaria, pero no de forma permanente o concediéndole gran importancia a la misma. Por el contrario, serán breves apuntes acerca del estreno de alguna obra de teatro, del estado de algún libro que están escribiendo o de la repercusión que ha tenido algún estreno o publicación.
               Existe una última similitud en ambas hispanoamericanas en cuanto a sus escritos epistolares y, por tanto, en este minúsculo desvelo de una parte de su ser. Se trata de los aspectos formales de la epístola: Las cartas de ambas se encontrarán, en muchas ocasiones, sin fecha de escritura y, a veces, tampoco contarán con el encabezado tradicional que hace a una carta distinguirse como tal.
            Con respecto a las diferencias que existen entre una y otra autora, creo que debemos destacar el momento de la relación en el que se escribe: Mientras Gertrudis Gómez de Avellaneda mantendrá una comunicación epistolar más profusa con Cepeda cuanto más cercanos estén físicamente, Gabriela Mistral interrumpirá la escritura cuando esto suceda, convirtiéndose los momentos de alejamiento en los más importantes para nosotros, puesto que serán los que contengan más cartas. Así, la primera escritora no seguirá la premisa de que la carta se convierte en un sustituto de la presencia 5, mientras que la segunda sí lo hará.
            Por otra parte, hay un tema que Gómez de Avellaneda no tratará jamás, mientras que se verá constatado en las cartas de Mistral en todo momento. Para ella, la preocupación económica se convierte, al menos durante la relación epistolar que mantiene con Doris Dana, en una intranquilidad, ya que Gabriela siempre expresará su voluntad de hacer frente a los pagos, necesidades y caprichos de su destinataria, así como se mostrará inquieta por su futuro económico, que cree que peligrará por el estado de su país.
            En resumen, considero que los epistolarios de ambas escritoras son la expresión de una literatura de la ausencia. Son, pues, una forma de sentirse cerca de sus destinatarios, aunque realmente no lo estén y son, además, una muestra del estado de zozobra en el que se encuentran sin la presencia, bien de Cepeda, bien de Dana. Y esto me recuerda unos versos de Benedetti, que bien sintetizarían esta idea:
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas6
...

            Considero que ha sido una investigación fructuosa porque, gracias a ella, he conseguido comprender la importancia que pueden tener los trabajos epistolares, tanto por la literariedad de su composición como por el interés que despierta el desvelo de una parte íntima, una parte privada de la autora, que no tiene por qué reflejarse en su obra y que conoceremos porque se la confiesa al destinatario.
            Por otra parte, encontrar las semejanzas y divergencias entre los epistolarios de dos escritoras, consideradas dentro de la historia de la literatura hispanoamericana como dos de los puntos más álgidos de ésta, ha sido muy interesante, teniendo en cuenta que un siglo distancia sus escritos. Y aunque sus respectivas épocas distan mucho de la nuestra, podemos afirmar que siguen estando vigentes, como atestiguan los distintos concursos de literatura que llevan el nombre de la cubana o los diversos actos que se hicieron con motivo del 138 aniversario de su muerte en febrero de 2011, así como la producción cinematográfica de este mismo año, que refleja la vida de la chilena, o los Juegos Literarios que se celebran en su nombre.
            No obstante, creo que queda mucho que hacer y, por tanto, de poder realizar la tesis doctoral, lo haría siguiendo la línea utilizada para este trabajo, profundizando tanto en autoras como en obras estudiadas y ampliando la investigación con otros epistolarios y escritoras que, por razón de tiempo y extensión, no he podido estudiar en el presente trabajo.

1 SERNA, MERCEDES (2005): Crónicas de Indias. Madrid: Cátedra.

2 NAVARRO BONILLA, DIEGO (2004): Del corazón a la pluma. Archivos y papeles privados femeninos en la Edad Moderna. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.

3 VARELA, BENITO, Ed. (1967): El melancólico. Madrid: Aguilar. p. 78.

4 BALSEIRO, MARÍA LUISA, Trad. (2008): De profundis. Madrid: Siruela.

5 Ver pág. 10 de este mismo trabajo.

6 RIBA, LIDIA MARÍA, Ed. (2000): “Amor, de tarde” en Mario Benedetti. Acordes cotidianos. Buenos Aires: Vergara & Riba Editoras. p. 44.