LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

LA LITERATURA EPISTOLAR FEMENINA

José Mario Horcas Villarreal (CV)
Universidad de Málaga

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VI. II. “Y AMAR... ES AMARGO EJERCICIO1 ”.

            Amor2 , con letras mayúsculas, fue el sentimiento proferido por Gabriela hacia Doris Dana. Prueba de ello es la confianza y cariño que le demostró convirtiéndola en albacea de todos sus bienes. Y prueba de ello son, también, estas cartas que intentaré resumir, sacadas a la luz pública por Doris Atkinson, sobrina de Doris Dana, que se hizo cargo del legado de Gabriela una vez fallecida su tía.
            Las primeras cartas de las que tenemos constancia datan de 1948. La primera de todas es de Doris Dana. En ella, el tono adoptado por la joven es el de discípula, el de seguidora de la obra de la gran poeta, por la que siente absoluta veneración: “Mi querida Maestra: [...] A través de sus obras, su nombre representa para mí todo lo que es fuerte y significativo, bello y realmente eterno”. (p. 29)La carta es provocada por una traducción que Dana hace de un trabajo de Mistral3 para la inclusión de éste en un libro-homenaje a Thomas Mann4 .
            Por su parte, Gabriela Mistral no cree que merezca esa admiración que despierta en la joven, pero expresa la emoción que anida en ella al ser conocedora de tal sentimiento5 :
Su bella carta cordial me ha conmovido. Yo no merezco ese cariño suyo y menos esa admiración; pero a los viejos profesores nos gusta ser queridos de los jóvenes con o sin derecho a ello. (2010: 30).
            Las siguientes cartas son una continua alusión a un futuro cercano en el que podrán verse. Por parte de Gabriela, observamos casi un inventario de obligaciones, posibles rutas y estados físicos que imposibilitan o retardan el encuentro; por parte de Doris Dana, observamos una profunda emoción por la posibilidad de encontrarse con su Maestra: “Espero recibir pronto noticias suyas, y reiterándole mi gratitud, quedo contando los días que me quedan por verle” (p. 38). “¡Qué dicha tendré de ver su rostro!” (p. 39).  
            En estas primeras cartas, hasta la décimo segunda (que es un telegrama), ambas mujeres se tratan de usted y siguen haciendo planes de un viaje juntas para ver a Thomas Mann. Sin embargo, algo le pasó a Gabriela: un estado físico deteriorado que ella define como “un colapso en el corazón 6. A fecha de 19 de noviembre ya se siente mejor y, en una carta que envía a su destinataria usual y a Palma Guillén, explica qué le sucedió y pide que Doris sólo visite Yucatán por el interés arqueológico que pueda despertar en ella este lugar, no por la enferma.
            La carta décimo quinta presenta un cambio radical que ya acompañará todo el discurso. De ofrecernos también las cartas de Doris Dana, a partir de este momento, Niña errante convertirá a esta mujer en silenciosa destinataria prácticamente durante todo el libro7 ; de comenzar sus escritos con un “Cara Doris Dana”, Gabriela encabeza esta carta con una sola palabra: “Amor” y de expresar un cariño que no dejaba de ser un afecto lejano, esta carta nos acerca a una relación en la que Mistral quiere que Doris se abra, sea sincera y cuente con ella:
Nada sé yo ¡pobre de mí! De tus problemas, nada. Y nunca sabré nada. Creo que es tu orgullo lo que te hace callar. Pero resulta, Doris mía, que yo debo sufrir la humillación de esta ignorancia. Y de otras. Y no es justo esto, y es feo además, y necio y estéril y a la larga esto va a envenenar nuestra vida. Piensa tú en el problema; si no sales de eso yo me iré llagando en silencio. Y tu amor no debe darme llagas como las otras; él nació para ser mi alegría. (2010: 43).
            Comienza el año 1949 con una carta fechada a comienzos de abril8 . Se presupone que está en México, puesto que, en un telegrama anterior a esta fecha, le dice a Doris Dana que piensa partir hacia este país. Al comienzo de esta carta, Gabriela hace referencia a una llamada telefónica que le ha hecho mucho bien. Por supuesto, la voz que se escuchaba al otro lado, era la de Doris. Le cuenta, también, cómo se siente desde que ella no la acompaña: “Yo acabo de oír tu voz: ¡Te la agradecí tanto! Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura” (2010: 47). Además, la informa de un trabajo que le ha pedido la ONU sobre Goethe.
            Al día siguiente le escribe de nuevo. Es diez de abril y, además de expresar la melancolía que la embarga 9, considero que esta carta es la primera manifestación de los celos que, en muchas otras ocasiones, aturdirán a Gabriela. En este caso, los celos los han provocado unas fotografías que la niña que, en ese momento acompaña a Gabriela, le ha puesto en el regazo, para animarla. En lugar de conseguir este efecto, Gabriela ha mirado las fotos con recelo, puesto que Doris está acompañada de una familia y la ve feliz, como nunca la ha visto en su compañía:
[...] Eras tú con monsieur Arta Sánchez, y con Mme. Arta Sánchez y con les enfants Arta Sánchez. Y con c/u de todos ellos coqueteabas, y con una dicha que no te he visto nunca en mi casa. Avec raison, con razón. Se necesita de toda mi ceguera para que yo crea, y espere. [...] Así y todo, me propuse ver cómo te cortaba yo de las fotos, para dejarte sola; pero no había modo de separarte sin daño de la casta Arta Sánchez. [...] No quiero seguir. Estoy muy malcriada hoy; estoy insufrible, insoportable. (2010: 49).
            Dos cartas posteriores, pero enviadas en el mismo sobre que ésta, explicarán la actitud adoptada por la escritora y pedirán perdón por ella. Estaba cegada por la furia de no tener noticias de Dana. Pensaba que se había olvidado de ella y eso la enferma, pero cuando escribe sendas cartas, y ya sabe que ha estado enferma, se arrepiente de haber actuado con soberbia y únicamente pide que escriba seguido.
Ya utilizando otro sobre, Gabriela expresa su preocupación por Doris, ya que, por medio de una conversación telefónica, ha notado mal a su amiga y ha creído escuchar que ha tenido un colapso, aunque admite que no ha entendido mucho, por lo que le pide que, en el futuro, utilice el cable para decirle cosas importantes. Y, pese a que no sabe muy bien lo que ha pasado, se siente muy culpable, pues considera que la carta que le escribió, recriminándole su actitud con los Arta Sánchez, ha tenido mucho que ver en su estado de salud:
[...] Y lo que me viene al espíritu es la idea de que una de mis cartas, aquella dura, en la cual me quejé de tu silencio, esa carta torpe, por amarga y ácida, tenga la culpa de tu voz rota [...] Parece que tú ignoras aún que a mí me viene una especie de borrachera de amargura de pronto, algo como una purga infernal que me cae a las entrañas y que me da una agonía sin sangre y sin llanto, es decir, sin alivio. Aquel grupo de fotos unidas por un elástico, me produjo eso. Y yo no debí escribirte en tal estado de ánimo, pero soy arrebatado, recuérdalo, y colérico, Y TORPE, TORPE. (2010: 54).
            Como podemos observar en el fragmento seleccionado, Gabriela utiliza el género masculino y no parece que lo haga por error, ya que lo hará en diversas ocasiones. De hecho, en las cartas adjuntas, es decir, en las que se envían en el mismo sobre que la vigésima, podemos observar el mismo empleo. De igual manera, en todas ellas lamenta la separación a la que ambas tienen que hacer frente y explora su miedo a perder a la joven. Doris podría sufrir algún cambio, “nuevos intereses del alma10 que la alejaran para siempre, pero ella no. Su sentimiento es fuerte y ella es fiel, cosa que debería tranquilizar a Doris, ya que “Un mueble de tu apartamento, la fruta que comes, las uñas de tus manos, no son más tuyos que yo” (p. 59).
            En la vigésimo cuarta, hace referencia al gentío que la visita y a lo molesto y tedioso que resulta este afán de la gente, pasados los primeros días 11, sobre todo teniendo en cuenta que la única persona con la que quiere estar es con la destinataria de sus cartas.
            Como ya hiciera en textos anteriores y hará, sobre todo, posteriormente12 , se compara con su destinataria, encontrándose a sí misma de inferior valía, por considerarse un ser “lento [...] nunca tuve inteligencia rápida” (p. 61). En contraposición, coloca a Dana, cuyas características tienden a ser positivas. Y, después de esto, comienza a escribirle qué piensa de ella:
Sí, yo creo que tú me quieres como a madre, a hermana y a hija. Esto es todo. Y pienso que yo debo ajustarme a eso y quedarme con eso, que es un bien grande, y profundo; y agradecerlo infinitamente. Yo te prometo hacer todo lo posible por corresponder a esas tres gracias, tan anchas y profundas. [...] Yo sólo comienzo a decirte algo, de lo que tú eres para mí. Voy a seguir, pero en verso. (2010: 62).
            En las siguientes cartas, Gabriela Mistral expresa su preocupación por el estado de salud de Doris Dana, a quien aconseja que coma bien, descanse y consulte varias opiniones médicas y a quien le pide que la tenga informada, tanto de los gastos médicos (ella los asumirá) como de sus avances o deterioros. Ella hace lo mismo: la informa de cómo la altitud de Jalapa está haciendo mella en su salud y de su intención de bajar a un pueblo más apropiado.
            Teniendo en cuenta, también, que existe la posibilidad cercana de volver a estar juntas, Gabriela dibuja posibles itinerarios, posibles lugares a los que pueden acudir y se ilusiona pensando que, aunque la separación haya sido un error, por fin va a terminar.
[...] Varias veces, con la poca cortesía que yo tengo, te pedí que no te fueses. Yo sabía lo que iba a ocurrir en mí, quedada aquí con recuerdos tremendos y con una criada primitiva por sola compañía. Pero no me aceptaste, porque tú no sabías plenamente la realidad de una ausencia inmediata en vínculo tan fuerte. Ya tú el resultado de esta ignorancia: infelicidad en los dos lados y quién sabe qué nuevo daño en tu corazón. No te digo todo esto como reproche, sino para que evitemos en el futuro locuras como ésta. (Carta 27. 2010: 67).
Yo no debí venir a México sin mirar una geografía. Aquí no hay buen clima a alturas que van de mil cuatrocientos a dos mil doscientos metros. Yo no puedo ni con la de mil cuatrocientos, porque, veo ahora, lo de mi presión arterial parece que sea lo peor que tengo. [...] Aparte de eso, me hormiguea la sangre en el cuerpo, sea de la altura, sea de la Amino-filina. Y la sensación de ahogo va aumentando. (Carta 30, para Palma Guillén y Doris Dana. 2010: 77).
            La carta trigésimo primera y la siguiente están escritas por Doris Dana. En la primera, utiliza  una escritura suave, en la que describe la naturaleza y expresa sus deseos por ver a Gabriela y en la segunda, además de seguir expresando lo que siente por su destinataria, le dice que piensa que es mejor que se quede en México, al menos hasta que ella vaya, porque, aunque ahora estaría más tranquila en Santa Bárbara (no tiene que soportar a  Coni), quiere que sea feliz y en Estados Unidos no lo conseguirá.
Veo el cielo, recuerdo millones de cielos sobre la cabeza más querida del mundo. Y pienso <<este mismo cielo toca a la cabeza de mi querida>>, y yo mando a ti un beso, un toque tierno y pasionado por los nubes que pasan, que tal vez van a verte pronto [...] Y tengo celos de estos nubes que pueden verte más pronto que yo 13. (2010: 83).
            Ambas temen que exista un problema en el correo que hace que se extravíen algunas cartas. Por este hecho, Doris hará una especie de inventario de lo que ha mandado, para que su destinataria sea consciente de lo que ha quedado por el camino. Por su parte, Gabriela se encargará de expresarle a Doris ese miedo en muchas de sus cartas y le pide acuse de recibo para los cheques que le envía. Igualmente, esta sospecha hará que reitere sus ideas y pensamientos en distintos textos. Así, encontramos que en las que siguen a las de Doris, Gabriela le pedirá a ésta de nuevo que se cuide, que coma bien, que le pida todo el dinero que necesite, que vuelva con ella (“Yo seré una especie de muerto si sigo viviendo esta tremenda ausencia tuya14 ) y que lo haga por barco, ya que el avión puede causarle algún daño adicional. Por supuesto, también le pide que le escriba seguido.
            Le preocupa también, a Gabriela, la intimidad. Se queja de una privacidad de la que no puede disfrutar porque siempre debe estar acompañada por alguien y, ese alguien, de no ser leal y honesto, puede hacerle la vida más complicada en lugar de conseguir el efecto contrario.
¡Qué barbaridad vida mía! ¡Emma15 ha debido leer la carta adjunta! ¡Horrible gente latina! ¡No respetan jamás la vida ajena! Pero ella está aquí porque nadie está conmigo y la Beta es una necia. Yo no puedo vivir como un fantasma que habla solo. (Carta 37. 2010: 95).
Beta, a quien se refiere en este fragmento seleccionado, es una de las chicas que Gabriela Mistral emplea durante el tiempo que Doris Dana se ausenta, con la intención de que la ayuden. Sin embargo, es muy extraño que la escritora quede plenamente satisfecha con alguna de ellas, por lo que todo se convierte en una búsqueda constante de alguien con las aptitudes que busca Gabriela.
            Conforme pasa el tiempo, ya en mayo, Mistral se angustia y enfada más por la falta de noticias de Dana y esto queda reflejado en sus cartas, que van adquiriendo nuevos tonos que reflejan cierta cólera y celos.
Doris querida, tu vidita se ha vuelto misteriosa para mí desde que te fuiste. El monstruo helado que es esa ciudad te tomó después de dos semanas; tu pasado te subió a la superficie y yo fui perdiéndote, hasta que llegaste al silencio...
Hablé enseguida a tu M. de Puebla. La voz de ella fue primero fastidiada; después cambió. [...] Tal vez sea verdad que tú vienes a México, por ella. Pero como eres piadosa, cuando me veas la caída corporal tal vez te quedes conmigo un tiempo...
Yo te pedí una cosa humilde: diez líneas, diez cada tres días [...] Pero es cierto que la criatura americana es muy celosa de su libertad y eso tal vez te pareció un abuso, una presión. Yo no tengo vida suficiente para hacerte comprender que la máquina humana que llamamos latinidad... (Carta 41. 2010: 100-102).
            Este último problema, el de la latinidad frente al americanismo, también es una constante en los enfados de Mistral, ya que considera que dos razas tan opuestas como son las suyas nunca llegarán a entenderse bien.
            Aunque la carta que acabamos de resumir es bastante dura, otra, enviada poco después 16, lo es aún más. En ella, Gabriela le recrimina a Doris Dana su silencio y falta de claridad. En sus palabras, además, se puede adivinar un estado colérico, que proviene de los celos que en ella despierta M., una mujer que no ha podido saberse quién es. Se trata de una carta de despedida, una carta en la que da por zanjado este episodio de su vida del que Doris Dana formó parte.
Quise saber si, realmente tú salías de Nueva York hacia México hoy, 21 y hablé a M., a Puebla. Ella me dijo que tú saldrías con su hermana de Nueva York en la primera semana de junio. ¡Feliz señora que sabe de ti, porque yo nada sé hace doce o quince días!
Supe, también por M., que estás mejorada pero no bien todavía...
Ignoro enteramente hasta dónde llega tu mejoría; pero no te pido noticias. Procuraré tenerlas de M. cada ocho días, cuando ya estés allí.
... Yo recobré por unos meses contigo, mi fe en lo humano; yo creí, yo confié, yo me di. La caída ha sido tremenda. Necesito ahora rehacer mi espíritu y también mi cuerpo. Así, en soledad y en silencio. No intentes tú, con esa piedad que en ti reemplaza al amor, rehacer lo dañado y zurcir lo roto.
... No has tenido el coraje de la verdad, y con un criterio de enfermera, has preferido engañar a tu enfermo.
Sea que hayas reanudado tu relación con el psiquiatra, o con M. M., es asunto de mera humanidad escribir, responder a una persona que no te ha ofendido ni en pensamiento.
... Quemados el sentimiento y la pasión, yo guardaré hacia ti un agradecimiento profundo de la ayuda que me diste para vivir.
Adiós, Doris Dana. Sé feliz con quien sea. (Carta 47. 2010: 109-113).
            Sin embargo, todo ha parecido ser un lamentable error del servicio de correos, que pierde cartas de ambas17 . Pero la actitud de la poeta no cambia drásticamente: sigue dolida y lo muestra con sus palabras.
            En primera instancia, parece que el quincuagésimo documento da  a entender que están juntas y que se separan por una noche, ya que la lluvia impide a Gabriela encontrarse con Doris. Sin embargo, el cable que envía anteriormente (exigiéndole que vaya pronto o que no lo haga) es del 25 de mayo y encontramos una carta posterior a ésta, fechada el mismo día 25 18, en la que vuelve a tratar la separación como una constante, indeseable para Gabriela, y a la que Doris no pone fin:
Tú sigues allá por una de estas razones.

  1. Un amor que no confiesas. (M. M. ha vuelto a entrar en tu vida  y vas a regresar con ella).
  2. Falta de dinero para gastos tuyos que yo ignoro. La deuda en que te lanzaste por M. M. puedes amortizarla desde aquí. Yo te ayudaré para eso.
  3. Neoyorquismo. Esto no tiene cura. Opta entre esa ciudad y esta indígena del sur. Pero resuelve pronto. (Carta 53. 2010: 121).

Además, tenemos constancia de una carta de Dana, del día 28 de mayo, en la que asegura llegar a Jalapa en tres días más e intenta paliar el daño y los celos que despierta M. en Mistral, cosa que hace asegurando que únicamente la vio una vez y fue para arreglar la deuda que esta mujer contrajo con ella.
            Así fue. Como Doris Dana prometía en su carta, estuvieron juntas a partir de finales de mayo. Podemos afirmar esto porque no tenemos ningún documento, de ninguna de las dos, hasta julio, momento en que vuelven a separarse.
            Y con la separación, vuelven los miedos, los malos entendidos y los celos. No sólo Mistral se quejará de que Dana no escribe o tendrá miedo de que se le acabe el amor; también Doris, como nos hace entender Gabriela en sus cartas, tiene miedos y no confía en que su amiga sea leal:
Doris mía y... de tantas [...] Cuando no sepas de mí entiende que no tengo con quién mandar mis cartas. Además, yo no tengo aún dirección tuya segura. Esto me aflige. Tú eres nerviosa y además no crees en mí y puedes interpretar mal mi silencio. [...] Procura tener más fe en mí. Sin fe, tú no puedes serme fiel. Y de esto, de serme fiel, depende todo nuestro porvenir. (Carta 57. 2010: 126).
Es como si yo siempre te hubiese tenido, como si fuésemos hermanos de edad semejante, o como si fuésemos amantes de media vida, o couple (casados) de mucho tiempo. Ni por un momento esto parece una historia de diez meses. [...] confianza. Y confianza. Porque tenemos hasta hoy la desventura de no creer el uno en el otro. Esta es la verdad. Y esta falta absoluta de fe es cosa fatal. Puede llevarnos cualquier día a la separación y eso sería tal vez para ambos una desventura y un remordimiento quemante.  (Carta 59. 2010: 129).
            Dana no llega a recuperarse. Su estado de salud se convierte en una inmutable preocupación para su amiga, que en todo momento le pide que descanse y consulte varios especialistas19 . Y los planes de futuro también continúan. Esta vez, Gabriela comenta su idea de partir hacia Italia20 .
Soy tan ciego que he visto muy tarde lo que pude ver temprano. Tú has dicho, llorando, que tú no verías a tu madre. Es cosa que no entiendo pero que debo aceptar. (Ningún latino comprende el que haya que acompañar a una madre que se casa a los sesenta años. Pero tú eres inglesa).
Tenía yo la candidez de creer que tú realmente querías seguirme hacia Europa. Lo creía a pie juntillas. (Carta 63. 2010: 135).
            No se tiene constancia de ninguna comunicación escrita entre el 15 de agosto, fecha de la carta número 63, y el 21 de noviembre, fecha de la siguiente, por lo que adivinamos que, durante este tiempo, han estado juntas.
Se desprende, de las palabras de Gabriela, un cansancio antiguo referente, tanto a las personas que la acompañan21 como al lugar donde está. Esto último sucede por unas tierras que le regala el gobierno y la forma en que las gentes creen que se está aprovechando del mismo, siendo extranjera:
Dejé Jalapa, y a largo de la ciudad y de su campo recordé las miserias que nos hicieron. Esos desgraciados creen que yo he vivido allí a costa del gobierno. Les he devuelto esa tierra, porque no quiero volver a vivir la xenofobia ni que yo caiga como Yin. (Carta 67. 2010: 144).
            Como ya pasara anteriormente, y seguirá pasando después, en los días de ausencia de Doris Dana, Gabriela se convierte en una mujer pesimista, melancólica y, en muchos momentos, iracunda. Así, después de dieciséis días de ausencia de la joven y al no tener Gabriela ni una sola carta de ésta, vuelve a tener una desesperación total que la llevará a escribir, nuevamente, una carta de despedida. No obstante, pronto llegarán noticias de la inglesa que la llevarán a pedir perdón:
Todo lo que tengo que decirte es esto: que no tengo más salida digna que callarme y desaparecer de tu vida tan llena de gente, y tan avara para mí, y que a esto me lleva el entender ¡por fin! que yo no soy una criatura hecha para ti. (Carta 74. 2010: 153).
Te ruego leer esa carta ensangrentada con serenidad. Yo he sufrido mucho [...] Perdóname hoy y siempre, recordando nuestras razas opuestas y el poco tiempo que nos conocemos... (Carta 77. 2010: 156).
Te ruego retener esto, esto: no te exijo yo cartas largas sino, frecuentes, una cada tres días. Eso me traerá mucha tranquilidad. Yo te bendigo por estas dos cartas largas, que me van a cicatrizar las heridas de estos días. (Carta 78. 2010: 158).
            No parece que diciembre cambie mucho la temática de las cartas que Gabriela le escribe a Doris Dana: Habla en ellas de los personajes que la rodean y que no tienen su entera confianza porque registran sus cosas y descubren partes de su intimidad22 ; trata de explicarle a su destinataria que ésta debe escribirle frecuentemente porque “Yo tengo un terrible complejo de inferioridad y de duda, y de celos y de fracaso en el amor23 ; comunica que no tiene criada (como en otros muchos momentos) porque ha tenido que despedirla; se intranquiliza porque entrevé en las cartas de Doris que ella le oculta algo, vuelve a lamentarse de haber puesto “mi vida entera en manos de una americana24 e informa de que, accediendo a las súplicas de Doris Dana, ha pospuesto el viaje de ambas hacia Italia hasta mediados de febrero.
            Gabriela comienza las cartas del año 1950 informando de que, las visitas que ha tenido, le han dicho que no sale ningún barco a Italia en el mes de febrero, por lo que tendrán que esperar hasta marzo para emprender su viaje, aunque sigue sin estar segura de que Dana la acompañe, pues da fechas distintas de regreso y esto la perturba.
            La situación política de ese momento, preocupa sobremanera a Gabriela, quien piensa que, llegando la guerra a Europa, ellas pudieran quedar separadas.
            Ya en febrero, se reanudan las cartas después de haber pasado un tiempo juntas. Y se reanudan con una nueva información política que afecta a Mistral:
Hay una novedad. Llegó un cable largo de la Embajada de Venezuela, con otro del Presidente. Contesté que voy allá en poco más. Lo de Puerto Rico lo veo oscuro y dudoso. Los famosos nacionalistas (fascistas + comunistas, me huelen mal). No hay razón de ir a hacer cóleras... (Carta 112. 2010: 210).
            La carta inmediatamente posterior a ésta, la 113, tiene fecha del 14 de junio de 1950. Durante este mes, nombran a Gabriela cónsul en Veracruz, por lo que vuelve a verse obligada a hacer una mudanza y pide a Doris que le haga algunos encargos en Monrovia y Santa Bárbara y que le traiga material para seguir escribiendo su Poema de Chile.
            En julio, las cartas siguen haciéndose eco de la realidad social de ese momento y constatan el miedo permanente de Gabriela y el aislamiento de Doris del mundo real:
Yo debo ir a buscar casa en Veracruz. Pero no tengo a nadie que me acompañe excepto, la cocinera. [...] Porque la guerra ya está en Corea. Que va a envolver el este y al oeste es cosa de un mes tal vez. Y están en movimiento tus barcos en California. Tampoco lo sabes. ¡Feliz tú a quien no le importa el mundo! (Carta 133. 2010: 241).
            Por otra parte, al parecer, Doris Dana le escribe a Gabriela que pronto se reunirá con ella, pero que irá con Monika Mann, hija de Thomas Mann, a la que Gabriela no podrá acoger en su casa, puesto que aún no tiene.
            En 1952, Gabriela Mistral se encuentra ya en Italia, concretamente en Venecia, donde, al parecer, ha estado acompañada por Doris hasta junio, momento en el que comienza, otra vez, la comunicación epistolar. Informa en estas cartas de un estado de salud algo deteriorado25 y de la situación, tanto de ella misma como de una gatita que las ha acompañado y que, desde que Doris se fue26 , está muy triste:
Oye, Doris; la gatita anda tristísima. ¡Qué barbaridad! ¡Tú coges hasta a los gatos! Yo la tomo y le hago cariños. La saco al jardín, por el calor y la cuido. Hubo una mujer lo más estúpido que puedas imaginar. La eché. Vino a ofrecerse otra, parecía muy decente; se comprometió, pero no ha vuelto... Así son. Volveré a reclamar a la Agencia. (Carta 142. 2010: 253).
            Aunque tenemos una muestra de que Doris Dana también escribe a Gabriela27 , son varias las cartas de esta última en las que se lamenta de que no lo hace y, sobre todo, se conduele de la partida de Dana que, al parecer, vuelve a su recuerdo cada día:
Mi querida Deina muda: [...] Y todo esto parte, creo yo, de que sigo viendo tus espaldas. Parecía que huías, Deina, e ibas tan rápida que era como si te ardiesen los pies, repito. ¿Por qué? Te fuiste sin oírme las últimas palabras que siempre importa oír. (Carta 151. 2010: 264-265).
            Poco después descubre Gabriela que Doris está en Rapallo. Dana dijo que debía irse a Nueva York por su madrastra y por su hermana y, descubrir que está allí, a una hora de camino, es una mentira para la que no encuentra ninguna excusa y que la hace escribir una carta dura, llena de dolor. No obstante, pronto se olvidará de este incidente y se encontrará conmocionada por un terremoto que ha tenido lugar cerca de California y, por tanto, cerca de sus casas. Por esta razón espera que Doris pueda averiguar si sus propiedades han sufrido daño alguno.
            Sigue pidiéndole a Doris que escriba seguido, cosa que no hace, ya que Gabriela asegura haber leído únicamente una carta de ella en un mes y medio o dos. Y alterna esto con el nerviosismo que suponen para ella las nuevas elecciones chilenas por las que ella puede ser jubilada:
Yo aprendo sólo ahora que tú estás... en Rapallo. [...] Yo sabía que tienes asuntos de intereses que tratar en Nueva York, que por eso te has ido, que tu madrastra te llamaba, que tu hermanita quería verte. Y todo eso, Doris, es puro teatro. (Carta 154. 2010: 271).
Chiquita mía: no tengo carta tuya hace días. No me gusta esto, no. Es Nueva York que te toma, te abraza y te exprime. Dame tranquilidad: escríbeme cada cinco días y me darás paz. (Carta 169. 2010: 294).
Estoy muy preocupada de lo que hará conmigo el Caballo 28 y tal vez me decida jubilar. También esto necesito tratarlo contigo. Salió el coronelazo casi con el doble de votos de Matte. Eso es mi país hoy. (Carta 175. 2010: 305).
            Gabriela Mistral teme por su futuro próximo, pues cree que Ibáñez puede arrebatarle su cargo (ya la cesó una vez y tiene miedo de que lo haga de nuevo). Por ello busca otras alternativas que no la dejen sin empleo por un tiempo indeterminado. Igualmente informa de que ha sido invitada a varios lugares, muchos de ellos lejanos: Israel, China y Cuba. Quiere ir y, aunque no sabe aún si su gobierno la dejará, le pide a Doris que responda sobre si ella podría acompañarla.
            Una vez que se entera de que Ibáñez es su nuevo presidente se convertirá casi en una obsesión el comprar una casa para las dos, para lo que querrá alquilar o, en el peor de los casos, vender las casas de Santa Bárbara y Monrovia.
            Pasa un tiempo en Roma, en casa de Palma, de donde sale decepcionada y triste, pues ha visto a Palma hacer mil marrullerías, todas por dinero. Y, después de hablar con Doris por teléfono, sabe que ella también está triste y le aconseja que se aturda comprando trapos, como hizo ella:
Acabamos29 de llegar de Roma. El regreso fue para mí muy amargo porque me vine en silencio, masticando las picardías (astucias feas) de Palma. [...] Ya me harta después de sólo dos días y medio allá con ella, esta vez, yo he visto tanta astucia, tanta zorrería, tanta tristeza feas –todas con mira al dinero- que salí a la vez triste amarga y separada de ella.
Quise aturdirme en Roma comprando trapos... atúrdete tú así, yendo a las tiendas, ¡ay, mi Doris! No te aturdas con alcohol 30, ¡por favor! (Carta 182. 2010: 316-317).
            El 20 de septiembre explica a Doris que va a ir a una reunión de escritores convocada por la UNESCO y más tarde le dice que será la Vicepresidenta de dichas conferencias.
            En las siguientes cartas se refleja la obsesión a la que hacía referencia: se repite constantemente la idea de comprar una casa para las dos. Le comenta que espera su respuesta al respecto y le da instrucciones acerca de cómo y dónde quiere la casa: cerca de Nueva York, con un huerto y habitaciones suficientes para las dos. Sin embargo, Dana no responde a las cartas. Gabriela, por tanto, no puede saber en qué estado están sus casas de Monrovia, Santa Bárbara y Duarte ni puede adivinar si a Doris le parece buena idea la compra de una casa a su nombre, en la que ambas podrían vivir. Ni siquiera sabe si ya es consciente de que su presidente es Ibáñez. Por eso repite también esta información.
En mi carta anterior yo te he tratado el asunto de la inversión de los ahorros que tenemos [...] (comprar algo a nombre de las dos en los alrededores de Nueva York), para que eso te sirva a ti... (Carta 190. 2010: 335).
¡Qué fabuloso olvido tienes tú para la gente que dejas detrás! Hijita mía: te encargo mucho, pero mucho el asunto de nuestras casas en tu país. [...] Ibáñez está en plena gloria y majestad. Sacó una mayoría superlativa y este hecho le da plenos poderes para todo. La casita en tu país de la que te hablo deberá ser para nosotros, para ahorrarnos esos alquileres tremendos de tu país. (Carta 193. 2010: 399-340).
Respecto de la casa grande, ella es nuestro único seguro de vida. Creo que no debemos venderla. Anúncialas; seguramente la bella Eda Ramelli no las ha anunciado para arrendarlas, anuncia igualmente la otra pobrecita. (Carta 197 31. 2010: 350).
            De los lugares lejanos a los que fue invitada Gabriela, únicamente asistirá al centenario de José Martí. Y quiere pasar un mes en Cuba después del acto, con Doris, si es posible. Pedirá el traslado allí si le gusta el lugar y la gente, para estar más cerca del país de Dana y porque extraña realmente su lengua.
            Poco después de hacer estos planes, Gabriela informa a Doris de que su gobierno le ha ofrecido Palermo. Seguirá luchando porque accedan a darle alguno de los destinos que ella les propuso, aunque lo que realmente le importa, a poco de irse a Cuba, es tener la certeza de que Doris no la dejará sola en su país, sin la lengua:
Pero tú, que prometiste volver, no has cumplido tu promesa. [...]yo, a pesar de mi gran flaqueza debo ir a Cuba y seguir hacia tu tremenda ciudad. Te advierto que saldré de ella, rumbo a Florida lo más pronto que pueda, es decir, enseguida de cumplir lo de Marí. [...] No es nada fácil viajar y llegar a hotel ultra-extranjero sin el idioma y sin seguridad alguna de hallarte a ti. Todo esto me sobrepasa y me angustia. Pero ya están tomados los pasajes y se va a hacer tu voluntad y no la mía. (Carta 216, fechada el 18 de diciembre de 1952. 2010: 387).
            Finalmente decide “1º Voy a vivir a Florida solamente por ti, porque tú vivas conmigo allí, ya que no quieres volver a Europa. Voy únicamente por esta razón32 ”. Le pide que lo tenga todo listo en Nueva York para salir lo más rápido posible hacia Florida, en cuanto termine su compromiso con Cuba.
            La primera carta de la que se tiene constancia en el año 1953 la escribe Gabriela Mistral desde Miami, donde se está quedando en casa de Dulce María Loynaz, con la que  le explicará que tuvo un problema. Pronto se irán a Florida, donde el clima es bastante bueno y ha encontrado una casa que le gusta. Sin embargo, no es suficiente: la niña que tiene empleada es muy vaga y, aunque está ahí por tener cerca de Doris Dana, esto no sucede:
Yo vine por vivir contigo un tiempo largo. Yo me pensé dichosa [...] No debías haberme traído aquí ni a parte alguna, Chiquita. Podrías haberme dicho la verdad: <<Yo no tengo tiempo de estar contigo. Vuelve a tu país>>. (Carta 227. 2010: 411).
            Amenaza con irse, puesto que no consigue retener a Doris a su lado. No obstante, al parecer, estuvieron juntas durante casi todo el año, puesto que existen muy pocas cartas.
            En 1954, será Gabriela Mistral la que se convierta en toda una errante. Su gobierno le ha ofrecido un puesto por el que tiene que viajar por todo el país de Dana dando conferencias, acerca de Chile y de Ibáñez (sus intervenciones consisten en dejar bien al presidente). Escribe algunas cartas en el mismo tono que las del año anterior y habla de su producción literaria:
Dorisín: tengo que irme, chiquita, aunque yo vine por verte y estar contigo y me voy sin saber cuándo volverás conmigo. [...] No entiendo que andes vagando y que yo no sepa cuándo y dónde te volveré a ver y a estar contigo. Irme sin saber nada de tus planes me duele mucho. (Carta 244. 2010: 436).
Estoy pensando tanto en ti y viendo tu preciosa cara, llena de picardía, la sonrisa como cuando acabas de tirar una linda nota de la flauta celestial... y estás celebrando la sinfonía...
Estoy trabajando MUY bien, y el drama va adelante. Es un trabajo muy largo, pero me va gustando. El otro drama que es para televisión es ya vendido al mismo programa <<Danger>>. (Carta 245. 2010: 436).
            El último año de correspondencia epistolar entre las dos mujeres es 1956, año en el que únicamente se suceden tres cartas de Gabriela en las que la escritora le pide a su amiga salir a ver casas (sigue pensando en comprar una con huerto 33) y le habla de una carta de Alone 34 en la que éste dice que Ibáñez está dispuesto a darle un sueldo a Doris Dana por acompañar a Gabriela Mistral a sus conferencias por todo el país.

1 CALDERÓN SQUADRITO, ALFONSO (2001): “El ruego” en Antología poética de Gabriela Mistral. Santiago de Chile: Editorial Universitaria. p. 52.

2 La Real Academia Española de la lengua, en sus tres primeras acepciones, define la palabra “amor” como: 1. “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. 2. “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”. 3. “Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”. Definiciones consultadas en buscon.rae.es el día 23 de julio de 2011.

3 “El otro desastre alemán”.

4 The Stature of Thomas Mann.

5 En adelante, como ya hiciéramos en el apartado concerniente a Gertrudis Gómez de Avellaneda, únicamente apuntaremos en el texto el año de publicación de Niña errante (2010) y la página.

6 Pág. 41.

7 En contadas ocasiones, vuelve a aparecer una carta firmada por Doris Dana.

8 Cabe la posibilidad de que la primera carta de 1949 sea la que hemos comentado anteriormente, pues la datación de la misma es inexacta y es muy probable que no se escribieran más hasta pasados los días que quedaban de diciembre (el telegrama que compone el documento décimo cuarto está fechado a 22 de diciembre de 1948).

9 Se acuerda de su querido Valle de Elqui.

10 Pág. 55.

11 Gabriela Mistral fue una persona muy querida, pues se queja en muchos momentos y en distintos lugares de este mismo asedio.

12 Ya veremos en posteriores cartas cómo Gabriela considera que son sideralmente distintas porque pertenecen a distintos mundos y a diferentes razas.

13 Las faltas que aparecen en este fragmento son las que la misma Doris Dana cometió al escribir la carta. Ella es consciente de que no domina muy bien el español escrito, por lo que pide perdón a Gabriela en la siguiente carta, enviada junto a ésta, por todo lo que quiere y no puede decir por falta de conocimiento del idioma.

14 Pág. 91.

15 Se refiere a Emma Godoy, amiga de la escritora. Fue, ella también, escritora y profesora mexicana y pasó muchos momentos con Gabriela. Se conocieron en Veracruz. Información extraída de las notas de Niña errante, pág. 469.

16 La carta 41 se escribe entre los días 4 y 5 de mayo y la 47, el día 21. Entre ellas, hay dos cables que tratan asuntos monetarios (Dana debe cobrar un dinero al cónsul de Chile en su país) y una carta adjunta a la primera en la que Mistral pide perdón por sus terribles palabras.

17 En la carta cuadragésimo octava, Gabriela hace referencia a una escrita por Doris en la que ésta se queja por no recibir noticias de su amiga. Entonces comprende que ha sido muy dura en las cartas anteriores, pero, por honestidad, decide enviarlas igualmente, para que Dana sepa cómo ha estado durante el tiempo que no ha recibido noticias de la joven. Además, aunque esta vez más calmada, sus celos afloran.

18 Hablo de la carta quincuagésimo tercera.

19 Hablando de los doctores, Gabriela siempre intenta convencer a Doris de que en México hay mejores especialistas.

20 Gabriela desempañará su cargo de cónsul en Italia. Antes de hacerlo, le pide a Doris que la acompañe, pero siempre respetando la última decisión de ésta. Y, en muchas ocasiones, dudando que ésta quiera ir.

21 Se lamenta del cotilleo permanente en sus amigas Palma Guillén y Eda Ramelli.

22 Informa a Doris Dana de que, tanto Eda Ramelli como Palma Guillén, han registrado entre sus cosas y han encontrado cartas. Le parece una horrible costumbre de la gente latina y le ha dolido mucho que sus amigas hagan esto.

23 Carta 80. 2010: 161.

24 Carta 93. 2010: 179.

25 Anteriormente, en la carta nonagésimo segunda (hablo del año 1949), Gabriela pide a Doris unos lápices que, por el estado de su vista, son los únicos que ve bien. Este problema visual, y otros también provocados por la diabetes, acompañarán a Gabriela durante toda su vida.

26 Partió con la compañía de Marina Núñez del Prado, pintora.

27 Me refiero a la carta 143, escrita por Doris Dana y en la que muestra su preocupación por el estado de salud de Gabriela, así como refleja sus ganas de encontrar un trabajo que la deje vivir con ella, pues eso es lo que ella realmente quiere.

28 Llama así a Ibáñez, nuevo presidente de Chile.

29 Se refiere a ella y Gilda Péndola, mujer que la acompañará durante su estancia en Italia.

30 Se puede adivinar, de esta y otras cartas, que Doris tenía un problema con el alcohol, pues Gabriela le pedía que no tomara tanto como lo hacía.

31 Con esta carta nos vamos al 30 de octubre. Recordemos que llevan separadas, como mínimo desde el 16 de junio, fecha de la primera carta escrita por Gabriela en Nápoles.

32 Carta 218, fechada el 24 de diciembre. 2010: 391.

33 Finalmente lo hará, en Roslyn Harbor.

34 Alone es un crítico literario que estuvo en casa de Gabriela mientras ésta se encontraba en Italia.