CUESTIONES

Francisco Javier Contreras H.

¡¡¡PONGAMOS LOS PIES EN LA TIERRA!!!

Algunas cosas que hacemos son bien raras, como que no tenemos los pies en la tierra, como qué andamos por las ramas, por ejemplo, le hacemos promoción a nuestra tierra en el extranjero, pretendiendo que vengan turistas e inversionistas del primer mundo, sin tomar en cuenta que ellos están acostumbrados en sus pueblos a la limpieza y aquí los pisos de nuestras plazas no se lavan sino cuando Dios en su misericordia nos manda la lluvia. Si usted se fijó, el piso de la plaza principal se pintó antes de la pasada feria Tepabril, pero una vez que se terminó el fandango, el piso quedó hecho un asco, con restos de bebidas tiradas por todos lados, que al secarse con el sol, dejaron una terrible mancha que se notaba más al contraste con lo rojo brillante del piso y luego papelitos pegados en esa mugre. Y así estuvo todo el mes de mayo y junio porque la lluvia llegó hasta el mes de julio. Y mientras tanto, si un visitante llegó a la ciudad, de esos que andamos tratando de traer con viajes al extranjero, al llegar al centro de la ciudad, pisó ese piso tan asqueroso y lo contrastó con los pisos de las plazas de su tierra y vaya usted a saber en qué se puso a pensar, y más que hicieron viaje hasta allá donde él vivía, hablándole maravillas de los Altos de Jalisco.

Y sígale buscando por el centro de la ciudad. Váyase por los andadores alrededor del mercado o los portales y pregúntese cuando fue la última vez que conocieron una lavadita. Algunos propietarios limpian el área que les toca, pero no son los más, y lo más importante, es que no hay un proyecto oficial que los organice, ni que promueva la limpieza de esos tan concurridos lugares, que son el lugar obligado a ver por todo visitante. ¿Y qué decir de la parte del mercado donde se para el camión que recolecta la basura? Siempre está un cochinero ahí, aún cuando el camión de la basura se haya ido. ¿Cómo pretender que nuestros visitantes no noten eso? ¿Y el ayuntamiento? No ve eso porque no está aquí, anda por allá muy lejos, poniendo muy en alto el nombre de nuestra ciudad; o recibiendo reconocimientos por lo bien que hacemos nuestro trabajo.

¿Y qué opina de los botes de basura? Atínele al que quiera, véalo y pregúntese, si es que no está lleno, atiborrado de basura, ¿cuándo fue la última vez que una mano caritativa lo limpió? ¿Cuándo se han limpiado su superficie o sus alrededores? ¿Y esperamos que esto lo vean los turistas extranjeros y se sientan felices?

¡Tenemos que poner los pies en la tierra! Nos vemos más mal haciendo propaganda sobre las maravillas de nuestra tierra si no somos capaces de limpiarla un poco. Claro que si invitamos a un extranjero, éste, al ver y comparar con sus lugares tradicionalmente limpios, sentirá asco; no nos lo dirá por cortesía: uno no puede decirle al anfitrión, en su casa, que es un cochino, simplemente se cuida uno mucho de volver.

Y sobre la Central Camionera, ¿qué podemos decir? ¿No es acaso lo primero que ven muchos de nuestros visitantes? ¿Y podemos sentirnos orgullosos de su limpieza? Vea usted las cortinas de los locales cuando cierran alguna, ¡llenas de polvo y suciedad! ¿Y las paredes?, ¿Y los andadores? Intente poner su mano en cualquiera de los barandales, ¡a ver cómo le queda!

Y luego, nos desvivimos haciendo monumentos que adornan la ciudad, aunque alrededor de ellos la calle esté llena de baches. ¿No adornaría más las vías urbanas, estar bien arregladas y limpias, que con monumentos caros y llenas de baches y basura?
No es cuestión de dinero, sino de organización. De ponernos las pilas y hacer lo obvio. Pareciera que hemos retrocedido a tiempos pasados, a la época echeverrrista, en que era más importante perder el tiempo recorriendo países extranjeros presumiendo de un México hipotético, en vez de ponernos a hacer lo que nos correspondía aquí mismo.
Necesitamos ser más realistas y menos soñadores. Dejar ya atrás, ese tercer mundo mental que traemos arrastrando y que nos impide caminar y ser más prácticos y centrados. ¿Acaso lo que conocemos de oídas de Suiza, nació de que venía hasta aquí su presidente a gastar lo que no tenían, mientras sus carreteras estaban llenas de baches y sus ciudades mugrosas? Quienes han visitado el país de Alemania, ¿nos hablan de sus centrales camioneras asquerosas y de las frecuentes visitas de sus gobernantes al extranjero?

Necesitamos gobernantes que pongan los pies en la tierra; dejarnos de juegos y sueños tercermundistas. Resulta que tenemos una secretaría de turismo federal, una estatal y un consejo de turismo municipal, a más de un montón de instancias, que gastan presupuesto y tiempo oficial en hacer folletitos mostrándonos las maravillas de nuestros lugares y ninguno de ellos sirve para lo básico, que sería promover que la central camionera esté limpia, que se antoje visitarla, o que en las carreteras alguien limpie la basura acumulada por años, o que los sanitarios de las gasolineras estén limpios; ya no hablemos de señalizaciones adecuadas en las carreteras, que parece que a nadie le incumbe el asunto; pues con esto sólo, sin folletitos ni gastos burocráticos, con las recomendaciones de unos y otros, iríamos a visitar esos lugares.

Pero el punto no está en que tengamos gobernantes niños que juegan a ser adultos, como decía nuestro Manuel Payno en el México del siglo XIX; no, ese no es el quid de la cuestión; en lo que tenemos que ponernos a pensar es en: porqué un gobernante decide él solo gastar nuestro escaso presupuesto en irse a pasear, él y su familia, mientras tenemos tantas necesidades de primer orden; y muchos miles habitantes, sólo nos molestamos pero no podemos hacer nada por remediar el mal. ¿Qué nos hace falta?

Tenemos que poner los pies en la tierra, nosotros primero, antes que tengamos cara de exigírselo a los que nos gobiernan.

¿Ud. qué opina?

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