EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

Carolina Jiménez Sánchez (CV)
Universidad de Málaga

Volver al índice

3. El papel de la Yemáa en el proceso descolonizador

Este conjunto de acontecimientos internacionales va a ser considerado por la población saharaui no como una ingenua esperanza contagiada por clima favorable de otros países, sino como una seña más para hacer crecer la desconfianza en su metrópoli y en los organismos internacionales. Como bien apunta DIEGO AGUIRRE “la votación favorable española a estos temas producen una reacción muy desfavorable entre los dirigentes saharauis, extendiéndose también un cierto malestar e inquietud al resto de la población; aparece cada vez más clara una perspectiva de anexión a los países vecinos”1 .
Este malestar hace que el presidente de la Yemáa y del Cabildo, Seila Uld Abeida, se persone en la Delegación Gubernativa pidiendo explicaciones sobre el cambio de postura de España, expresando su disgusto por la visita de la misión de la ONU, esgrimiendo como principal argumento que “los autóctonos habitantes de este Territorio no habían solicitado en ningún momento la presencia de una Comisión de las Naciones Unidas en su país”, además Seila decía que sería “muy oportuno” que la Yemáa, que se debía reunir tan sólo unos días después, elevase una resolución dando su punto de vista sobre el asunto.
Antes de emitirse la citada resolución se produjo un hecho espontáneo que merece ser comentado: un habitante de Smara, completamente desconocido hasta el momento, que no ostentaba cargo alguno ni en su fracción o tribu, ni en la Yemáa o el Gobierno colonial, llamado Mohamed Mahamud Uld Hanafi, de los Erguibat, se presenta en la delegación del Gobierno entregando una carta que iba dirigida al Gobernador General. Ésta, conocida como “Carta abierta del pueblo saharaui al Gobernador General”2 , resulta especialmente interesante de analizar, ya que expresa la opinión que mantenía un amplio sector de la población, sobre todo de la zona del interior, y que se muestra independiente de la opinión que tuviera la Yemáa a este respecto.
La carta contenía tres pronunciamientos claves que venían a establecer una postura clara de deseo de superación del estancamiento del proceso, además de expresar la pretensión de permanecer voluntariamente bajo la administración de España, hasta el punto de exigir a la metrópoli una mayor implicación en los asuntos relativos al territorio. En primer lugar, en el texto se exponía el rechazo “de modo terminante a la anexión a cualquier nación vecina a la nuestra, ya sea del Este del Norte o del Sur. Pues nosotros somos un pueblo con libertad en todo (…)”. El segundo punto revelador de la carta es el que aludía a la soberanía del territorio, cuestión que años después confirmaría el Dictamen consultivo de la Corte Internacional de Justicia3 . Literalmente reza “nuestros padres, nuestros abuelos y antepasados defendieron su país y su libertad; conservaron su soberanía, (…) no nos gobernó ningún Gobierno extraño ni nos subyugó ninguna soberanía extraña (…) a excepción del Gobierno español por nuestra propia voluntad y nuestra elección”.
La tercera afirmación resulta especialmente interesante, al tratarse de una cuestión analizada también detenidamente por el Dictamen antes mencionado, en la carta se asegura que la tierra del Sáhara Occidental “(…) no fue hallada por ningún pie extranjero, excepto si se realizó alguna incursión, fue comerciante o turista; no pisó su pie en calidad de Jefe, Sultán, Gobernante, Príncipe o Delegado de ella. Cuanto dicen algunas naciones ahora y antes, todo es falso y calumnia sin ninguna base firme”. Finalmente se pedía al Gobierno español que no los abandonase ni los “deje dar golpes de ciego”, sino que renovaran su amistad para que, cuando el pueblo saharaui estuviera preparado, pudiera constituirse como una nación independiente.
La presencia de Seila, presidente de la Yemáa, en la Delegación del Gobierno con motivo de su preocupación por la futura presencia de una misión de Naciones Unidas en el territorio saharaui, así como por la votación favorable por parte de España a este tema y, posteriormente, las inquietudes manifestadas en la carta descrita arriba, hicieron que la respuesta del Gobierno español hacia los habitantes de su colonia no se hiciera esperar. En la declaración española, el Gobernador General del Sáhara expuso que los saharauis no debían preocuparse, que no había duda alguna sobre su situación y que España votó a favor de las resoluciones de la ONU porque sólo se trataba de que el pueblo saharaui expresara su voluntad, leyendo a continuación un telegrama enviado por el Vicepresidente del Gobierno de España que resulta significativo. En éste se decía que podían estar absolutamente tranquilos, que España les reconocía su derecho a elaborar por sí mismos su futuro si un día quisieran ser independientes y que en ese caso
“España concretaría con ellos su futuro con la generosidad de una madre”, concluyendo que “nunca, ni por ningún concepto, España negociará con ningún otro país el futuro del pueblo saharaui. Esto se lo ha asegurado el Caudillo de España y su palabra es sagrada”4.
El 30 de diciembre de 1968, la Yemáa emite por fin dos escritos expresando básicamente las ideas expuestas hasta el momento por su presidente, Seila Uld Abeida y, también influidas por la carta comentada ut supra de Uld Hanafi. El primer escrito va dirigido al Gobernador General del Sáhara, a fin de que lo haga llegar a Franco. El segundo iba dirigido a la ONU y en él se afirmaba del mismo modo que el pueblo saharaui había elegido a España para que le ayudase hasta que pudiera ser independiente por sí mismo y que rechazaba la misión de visita a su territorio.
En febrero de 1969 Seila Uld Abeida, Presidente de la Yemáa, da un discurso en el pleno de las Cortes aunque se acuerda que éste sea revisado cuidadosamente por el Ministerio de Asuntos Exteriores5 a fin de que no pudiera decir algo que contraviniera la política exterior española que se estaba llevando hasta el momento. Éste lee el discurso en hassanía6 , pero a medida que los intérpretes van traduciendo el discurso algunos congresistas se percatan de que Seila no está pronunciando el discurso corregido por el Ministerio de Exteriores sino el original.
Por esta discordancia interna del régimen, el Presidente de la Yemáa se ganó el calificativo de “chej de Carrero” 7 mientras pasaba a leer el discurso original, en el que se decía que la Yemáa había redactado un documento
“dirigido a la ONU (…) que refleja nuestra voluntad y nuestra protesta. (…) No tememos la presencia en nuestro territorio de ninguna comisión pero la rechazamos (…) no somos mercancía ni ganado (…) ¡Basta ya! Por esto afirmamos que no se concederán seguridades para la entrada de una misión por parte de la ONU en territorio del Sáhara. Aunque haya dado su conformidad España a dicha entrada, el pueblo saharaui será, por una vez, desobediente (…)”8.
Mientras los intérpretes iban traduciendo el discurso los procuradores franquistas contagiados de la pasión de Seila, se deshacían en aplausos y vítores. Sin embargo, se consiguió que la prensa no recogiese el texto y el mencionado “¡Basta ya!” no fue finalmente publicado en el Boletín de las Cortes9. Destaca por sí solo el hecho de que el conflicto entre Castiella y Carrero había llegado a su máximo grado de divergencia pero, por el momento, el discurso de Seila no tuvo mayor trascendencia ya que sólo fue oído por los integrantes de las Cortes. De hecho, aunque en marzo de 1969 el Ministerio de Asuntos Exteriores envía a la Misión de España ante las Naciones Unidas10 el “escrito de la Yemáa” de 30 de diciembre de 1968 mencionado arriba, éste nunca llegó a la ONU, que era su auténtico destino11 .
Posteriormente, el 20 de febrero de 1973, tiene lugar un nuevo escrito de la Yemáa en el que sus miembros tratan de reactivar el papel de ésta y reclaman una participación activa de la Asamblea en el proceso descolonizador. En este dictamen, tras reiterar que el pueblo saharaui y el español están unidos voluntariamente y que rechazan cualquier otra intromisión extranjera, se solicita al Jefe del Estado español que “impulse el proceso que asegure en forma efectiva la posibilidad de decisión sobre su futuro”. No obstante, lo más significativo de este nuevo escrito resulta ser la mención a un referéndum, literalmente se dice que la Yemáa
“reitera su convencimiento de que la etapa de autodeterminación que se inicia con esta declaración (…) conducirá a la definición de su futuro, mediante un acto solemne y trascendental en la forma de referéndum”12.
Lo asombroso del escrito fue que, pese al limitado alcance que tenía la Yemáa en el panorama internacional y también en el propio manejo de la política del Sáhara, fue susceptible de crear polémica, y mucha. En este sentido, si bien no se esperaba que las reacciones tanto de Marruecos como de Mauritania fueran substanciales, estos Estados tomaron más en consideración el escrito que la misma metrópoli. Respecto a Mauritania, el embajador ante España presentó una nota en la que rechazaba categóricamente la celebración de un referéndum que no contara con las garantías y la forma encomendada por la ONU. Por su parte, Marruecos difundió multitud de opiniones en medios de comunicación nacionales de toda índole, manifestando que la Yemáa era un instrumento colonial al servicio de España carente de representatividad alguna.
La reacción española tuvo un carácter previsible y continuador del “espíritu franquista” que se había seguido hasta el momento. Así, lejos de hacer frente a las obligaciones internacionales como exhortaba el Ministerio de Exteriores, se prefirió abordar el problema desde una óptica interna. En primer lugar, esta preferencia se manifiesta en forma de normas legales, pues con fecha 30 de abril de 1973 se emite una Ordenanza 13 que trata de revitalizar el espíritu conciliador con los nativos a través de un nuevo sistema estructurado de forma más “democrática”, que llevará a la celebración de unas nuevas elecciones a chej en las que se renovarán los cargos y representantes de la Asamblea saharaui. En la propia Ordenanza se habla de que los fallos de composición y funcionamiento de la Asamblea provocaron que no se hubiera revelado como un órgano de representación eficaz. La falta de representatividad, los errores en las proporciones de las tribus o la retribución de los chiuj son algunos de los defectos que se asumen en la ley, al menos de forma teórica en un apartado llamado “Base de la nueva estructuración”.
Además, el 21 de septiembre de 1973 ya con el Almirante Carrero Blanco como Jefe de Estado, el Gobierno español emite una carta dirigida a la Yemáa como respuesta a su escrito de febrero. En esta se dice que el pueblo saharaui es el único dueño de su destino, que España garantiza su integridad territorial y la propiedad de sus recursos naturales y además añade refiriéndose a la Asamblea que
“le corresponderá elaborar las disposiciones de carácter general relativas a los asuntos internos del territorio, sin perjuicio de la sanción que corresponderá al Gobernador General. Podrá igualmente proponer las iniciativas y medidas que estime convenientes sobre dichos asuntos”.
Parece tratarse en todo caso de un intento más de hacer creer que la Yemáa podía ser un órgano eficiente y una institución mediante la cual los saharauis pudieran verse encarnados, posiblemente como burbuja de contención del ya más que desarrollado nacionalismo saharaui, al que la revitalización de la Asamblea no le resultaba ya creíble. No obstante, tanto este intento por parte de España de fortalecer a la Asamblea colonial, como el deseo de los chiuj de no desaparecer en el olvido por su inoperancia, tardarán poco en caer al vacío.
Por otro lado, bien es cierto que la reacción de España constituía un avance hacia el pretendido Estatuto interno del territorio; de hecho, éste se gestó finalmente en la primavera de 1974 en Madrid, dando cuerpo a lo que se llamó “Estatuto del Territorio del Sáhara”14 en el cual se establecía que el Sáhara es un “territorio administrado por España que ejerce sus competencias de acuerdo con el artículo 73 de la Carta de Naciones Unidas”. Por primera vez el Estado español dejaba de considerar al Sáhara como una provincia para tratarlo como un territorio no autónomo. En el Estatuto se establecían las nuevas competencias que ostentarían el Gobernador General, Subgobernador, la Asamblea General y el Consejo de Gobierno, no obstante el texto sigue teniendo como telón de fondo la presencia española por tiempo ilimitado.
Sin embargo, y por razones no expuestas expresamente, el Estatuto no llega a promulgarse. Pese a que la Yemáa se reunió en sesión extraordinaria para su aprobación, no se produjo la consecuente promulgación del texto por el Estado. Según CARRO15 , esto ocurrió por producirse justo en esas fechas la gravosa enfermedad del General Franco, lo que obligó al Caudillo a delegar sus poderes durante ese verano (1974) en el Príncipe Juan Carlos. Pero parece ser que esto por sí solo no podía constituir suficiente argumento para no promulgar el Estatuto al que tanto bombo se le había dado desde la Administración. Según apunta VILLAR16 , entre el día 4 de julio, fecha acordada para la promulgación del Estatuto, hasta el 9 del mismo mes, día en que comienza la enfermedad de Franco, se produce un hecho de especial importancia que deberíamos considerar para poder comprender los acontecimientos expuestos. Nos referimos al mensaje que el día 5 de julio Hassan II envía al Jefe de Estado español, donde se indica que:
“La conversación que el Sr. Cortina, ministro de Asuntos Exteriores, tuvo con nuestro embajador ante su Gobierno nos permite presagiar que España está a punto de iniciar una nueva política en la región del Sáhara que administra.
No le podemos ocultar que si eso fuese exacto, produciría un deterioro profundo de nuestras relaciones…
Cualquier acción unilateral de España con respecto al territorio del Sáhara nos obligaría a preservar nuestros legítimos derechos, reservándonos nosotros y nuestro Gobierno el derecho de actuar en consecuencia (…).”17
Según apunta el mencionado autor, este mensaje también fue difundido esa misma noche por la radio marroquí, lo cual creó a su vez algún tipo de resquemor con el régimen español. De hecho, el General Franco reprocha posteriormente en una carta a Hassan II la rápida difusión del hecho en los medios, aunque, posteriormente, le  hace ver que el Estatuto no tenía la intención de suponer ningún cambio brusco en la política seguida en el Sáhara.
Al tiempo que se desarrollaban estos acontecimientos, la población saharaui no podía ver en la Yemáa más que un organismo que no había resuelto ningún problema y dudaban que algún día pudiera hacerlo. Puede que el mayor error de la Asamblea fuera la falta de representatividad del nacionalismo saharaui, que terminaría siendo encarnado por otros movimientos, como el Frente POLISARIO, cuya actividad política y militar comenzaba a intensificarse tras el declive de la Yemáa. La población necesitaba una vía de escape, y ésta sólo podía venir de la mano de un órgano que había sido creado por ellos, bajo su inspiración y condiciones, no como proporciones de cada tribu que habían sido seleccionadas para formar parte del sistema colonial, sino como integrantes de su propio sistema propugnando un protagonismo propio para la nación saharaui. Asimismo, el excesivo conservadurismo de la Asamblea y su manejo por parte del régimen franquista contribuyeron sin duda y, pese a los diferentes intentos descritos arriba, a que la población  no se identificara con este órgano y a que la política colonial española comenzara a tambalearse.


1 DIEGO AGUIRRE, J. R., Historia del…, op. cit, p.568.

2 Documentación del Gobierno General del Sáhara: Carta abierta del pueblo saharaui al Gobernador General.

3 Sahara Occidental, avis consultatif, C.I.J. Recueil 1975, p. 12.

4 Declaración publicada en Cuadernos para el diálogo, con fecha 21 de Enero de 1978.

5 VILLAR, F, El proceso de…, op. cit, p. 145.

6 Dialecto del Sáhara.

7 El apelativo de “chej de Carrero” es ganado por el Presidente de la Yemáa en función de un conflicto derivado de las diferentes posturas tomadas dentro del régimen interno español respecto del asunto del Sáhara, que tendrán como primera consecuencia este desajuste diplomático entre la Yemáa y el Gobierno. Por un lado Carrero Blanco, entonces Vicepresidente del Gobierno, partía de una posición simplista ajena a las circunstancias internacionales, para él el Sáhara no era más que una provincia desde el Decreto de 1958 y no había lugar a ningún proceso de autodeterminación. En su opinión había sido suficiente la información remitida a la ONU en 1966 así como el llamado referéndum de las firmas. Por otra parte Castiella, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, ya no podía ignorar el proceso descolonizador que se estaba llevando a cabo en todo el mundo de la mano de la ONU y, además tenía que mantener sus compromisos con ésta si no quería seguir aumentando la brecha del aislamiento internacional que sufría. Para más información sobre el referéndum de las firmas de Carrero vid. DIEGO AGUIRRE, J. R., Historia del…, op. cit., p. 511.

8 El extracto del discurso de Seila se puede leer en VILLAR, F., El proceso de…op. cit, p. 145-146.

9 Boletín de las Cortes Españolas nº 1042 de fecha 7 de febrero de 1969.

10 VILLAR, F., El proceso de…,op. cit, p. 147.

11 Ibídem.

12 Texto publicado en A/9176 de la ONU (Anexo I).

13 ORDENANZA de 30 de abril de 1973. Nueva estructuración de chiuj y Yemáas y sus Reglamentaciones (B.O.S. 287-Anexo). Se puede consultar en LÁZARO MIGUEL, H., Legislación…, op. cit, p. 638-642.

14 El texto del Estatuto puede leerse en CARRO, A., “La descolonización del Sáhara”, R.P.I., nº 144, marzo-abril 1976, p.18.

15 Ibídem., p.18.

16 VILLAR, F, El proceso…,op. cit, p. 247.

17 Puede leerse el texto en VILLAR, F., El proceso de…,op. cit, p. 247..