EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

Carolina Jiménez Sánchez (CV)
Universidad de Málaga

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A. EL SÁHARA OCCIDENTAL EN LA HISTORIA

1.  Los pobladores del Sáhara Occidental desde el pasado remoto

   Aún en la actualidad podemos observar abiertamente los restos arqueológicos hallados en la zonas saharauis de Tifariti y Bir lehlu 1, entre los que se cuentan más de 130 abrigos con pinturas rupestres pertenecientes al período Neolítico, valiosas piezas fósiles y otros hallazgos tales como restos que albergan talleres de producción lítica con cronologías del Paleolítico Inferior hasta el Epipaleolítico, así como importantes enterramientos tubulares2 .
Después de las sociedades prehistóricas, los primeros pobladores de esta zona de África noroccidental son los llamados Sanhaja, antecesores de los beréberes. Aquellos eran pastores de las montañas del Atlas que se adentraron en el desierto del Sáhara hace unos mil quinientos años. Gracias al pastoreo de montaña se trataba de un pueblo resistente, y que ya había aprendido el manejo del camello, sin el que no hubieran podido sobrevivir en el desierto.
Ya desde el siglo III d. C., los habitantes de este territorio comenzaron, debido a necesidades impuestas por el clima y terreno, a salir frecuentemente en busca de agua y pasto para sus ganados constituyéndose, a partir de entonces, como un pueblo nómada3 . Desde ese momento los moradores del territorio del Sáhara Occidental pasarán por diferentes etapas históricas que acabarán por delinear su cultura y tradición hasta dar paso a una marcada identidad social.
Así, los Sanhaja tuvieron que aprender a conservar los escasos recursos, a buscarlos y a crearlos. El desierto era hostil y necesitaban de la cohesión social y el trabajo en grupo. Sin embargo siempre estuvieron enfrentados a otras tribus con las que se disputaban el control de las caravanas. Dada la escasez de recursos el control de éstas era vital. En ellas se transportaban sal, telas, trigo y caballos, para volver de la zona del Sudán con oro y esclavos.
Pero a la identidad sahariana contribuyeron también otros factores, así la islamización, intentada desde el siglo VIII, pero no asentada de una manera sólida hasta el siglo XI de mano de las tropas almorávides 4, contribuirá a establecer unas pautas de comportamiento que, posteriormente se fusionarán con las propias de las sociedades tribales, llegadas a la zona de Saguia-el Hamra sobre el siglo XVI, entre las que destacan los Ergueibat, los Uled Delim y los Uled Bu Sba. Estas tribus, venidas desde distintos grupos místicos buscaban un lugar adecuado para llevar a cabo prácticas como la meditación o la oración en soledad.
Ya en el siglo XIII llegaron a la zona los Hassen de Beni Hassan, tribus guerreras beduinas procedentes de Yemen quienes, después de largos enfrentamientos y pactos con los Sanhaja, acabaron por fusionarse con éstos. Esto contribuyó de manera decisiva a la islamización de los Sanhaja, que ya había comenzado con las tropas almorávides, pero que no se consolida hasta esta época.
 También los Haratín, grupos de esclavos procedentes del África central, acabaron asentándose en la zona, convirtiéndose gradualmente en libertos y, más adelante, en población libre. Así formaron parte, junto a los Sanhaja y los Hassen, de la esencia de la población del Sáhara Occidental.
Desde el siglo XIV comienza a existir un interés concreto de conquistar el territorio por parte de las potencias europeas y magrebíes, bien debido a su localización como punto de paso de un gran número de caravanas comerciales de la zona, o bien a la riqueza de sus costas o a su posición geoestratégica, ya por ser nexo entre el Magreb y el África subsahariana, ya por su proximidad con el archipiélago canario.
Un primer intento colonizador se produce por parte de Portugal en el año 14445 , con él llegaron a este territorio las primeras cargas de esclavos 6 en un intento de abrirse paso hacia la zona comercial del África Occidental, dada la importancia de las caravanas de oro que transitaban por la misma. Además, estos primeros viajeros portugueses trataron de trazar una ruta hacia la India que permitiera esquivar el territorio árabe, llegando por mar hasta las costas del Sáhara; sin embargo esta intención también fracasó. A este intento le siguieron los de los pobladores marroquíes en 1581 y 1584 7. No obstante, ninguna de estas tentativas colonizadoras dio el fruto esperado, pese a que las fuerzas reunidas por la expedición fueron importantes. 8
Sería un inglés, George Glas, quien conseguiría establecerse en las costas noroccidentales de África de una manera más sólida9 . Éste instaló una factoría de pesca y salazón cerca de Puerto Cansado en 1764 con el apoyo del Gobierno británico. A pesar de ello su empresa no dio resultado como consecuencia de las oposiciones por parte de los nativos y del Gobierno español, que lo intentó procesar en Canarias por introducir género ilegalmente.
Se intensificaron los viajes de navegantes españoles y portugueses al norte de las costas africanas, produciéndose pequeños asentamientos y en algunos casos pactando con las diferentes tribus y comerciando con éstas. A este respecto destaca un acuerdo firmado entre España y el sultán Mulay Suleiman el 1 de marzo de 1799, en el que se acuerdan una serie de expediciones en el territorio bajo su jurisdicción; sin embargo, éste reconoció expresamente no tener autoridad ni poder sobre la zona de Saguía el-Hamra y aclaró que el pacto no incluía esa zona. Un acuerdo similar se produce en 1856 entre el sultán Mulay Abderrahman y el Gobierno inglés, cuyas expediciones también quedan acotadas en los límites del actual Marruecos.
Durante este periodo, los exploradores europeos comienzan a adentrarse en África y empiezan a ser conscientes de la riqueza del continente. Viendo el potencial de mercado, la mano de obra esclava y la abundancia y calidad de las materias primas, los Estados comienzan a implicarse en los viajes a África patrocinando y financiando las expediciones. Del mismo modo se crean varias asociaciones en Europa con el objetivo de apoyar la expansión de mercado que supondría la explotación de tan vasto continente.
En este contexto y con las principales potencias inmersas en sus viajes a África, ningún país europeo quería quedarse rezagado. De este modo, España inicia sus expediciones al continente, tratando de ganar influencia en Europa a través de África, lo que le llevará a instalarse en el territorio del Sáhara Occidental, al que tenía fácil acceso debido a la ubicación de las Islas Canarias.

1 Para más información acerca del patrimonio prehistórico saharaui v. SOLER, N. ; ESCOLÀ, J. ; SERRA, C. ; UNGÉ, J., Aportaciones al arte rupestre del Sahara Occidental, Actas del XXVI Congreso Nacional de Arqueología, 1, Cartagena 1996, Instituto de Patrimonio Histórico, Murcia, pp. 123-128; ALMAGRO BASCH, M, Prehistoria del Norte de África y del Sahara español, Barcelona, 1946, pp. 302; BALBIN BEHERMANN, R., Contribución al estudio del Arte rupestre del Sahara español, Madrid, 1975, pp. 37.

2 Entrevista dada por la arqueóloga española Teresa Muñiz a la Revista el Observador, en su edición del 31 de Octubre de 2007.

3 PALLARÉS, S.; CANET, P., Sahara en el corazón, Valencia, 2000, pp. 199, p. 33.

4 Ibídem., p. 36.

5 OLIVER, P., Sahara. Drama de una descolonización controvertida, Palma de Mallorca, 1987, pp. 287, p. 25.

6 A este respecto vid. DENIS, F., Crónicas caballerescas de España y Portugal.

7 DIEGO AGUIRRE, J. R., Historia del Sáhara español: la verdad de una traición, Madrid, 1998, pp. 879, p. 124.

8  En cuanto al volumen de la expedición marroquí BERTAUX, P., África, desde la prehistoria hasta los Estados actuales, dicta: “cuatro mil fusileros a caballo y dos mil camellos con impedimenta, además de tiendas de lona, cañones y pólvoras traídos de Inglaterra (…)”.

9 Para ver la obra del propio explorador, GLAS, G., Descripción de las Islas Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1982.