EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

Carolina Jiménez Sánchez (CV)
Universidad de Málaga

Volver al índice

2.  El gradual proceso colonizador de España

En 1877 comienza su actividad la llamada “Asociación Española para la Exploración de África”1 , conviene señalar que ésta, junto con otras asociaciones similares establecidas por todo el continente europeo, contribuyeron en una gran medida al ánimo colonizador que se propagaba entonces por Europa. Pero va a ser otra la asociación que ostente una mayor influencia en la política colonizadora española: la SEAC (Sociedad Española de Africanistas y Colonialistas), creada en noviembre de 1883 dentro del Primer Congreso Colonial y Mercantil español, donde se comienza a notar un creciente interés por la zona, aunque se descartaba por el momento la intervención militar.
Fue en el año 1884 cuando el gobierno español envía la primera expedición militar de la mano de Emilio Bonelli, desplegando su actividad sobre las áreas de Río de Oro, Sintra y Cabo Blanco.
El interés de España por este territorio de una África que se dolía de las hambrientas ambiciones europeas de conquistar nuevas y exóticas tierras, viene establecida por una visión algo más simplista, relativa al control de los territorios situados enfrente de las costas españolas2 , en este caso, frente al archipiélago canario, mitigando así sus miedos en cuanto a la seguridad de dichas islas. A ello se suma la intención de que otras potencias europeas (fundamentalmente Francia) no ganaran más terreno, y terminaran por hacer perder a España su única zona de influencia potencial en el continente africano.
En este punto se puede apreciar cómo la acción colonialista española resulta, en comparación con las demás potencias europeas, tardía; las dos grandes fuerzas dominantes en África ya tenían nombre, se trataba de Gran Bretaña y Francia, seguidas en menor medida por Alemania, Bélgica, Portugal e Italia, mientras España aún no había conseguido un dominio fehaciente de la zona.
Por el contrario, todas las potencias europeas reseñadas estaban más o menos establecidas en sus dominios africanos, a la espera de que se produjera un reconocimiento de sus derechos sobre los mismos, para lo cual fue convocada la Conferencia de Berlín, que comenzó a celebrarse en 1884. Es por ello que la colonización española sobre el territorio del Sáhara trataba de establecer a marchas forzadas pruebas fiables de su derecho sobre la zona establecida entre Cabo Blanco, al sur, y Cabo Bojador, al norte, para que pudieran ser alegadas como señas legítimas en la ya citada Conferencia de Berlín, ya que ésta estableció como requisito para la anexión de territorios el principio de ocupación efectiva. Una  Conferencia que comenzaría tan sólo un mes después (noviembre de 1884) de haber enviado la ya comentada expedición militar del alférez Bonelli.
España declaró mediante el Real Decreto de 26 de diciembre de 1884 que dichos territorios 3 estaban sometidos a la situación de Protectorado. Fue el organismo anteriormente mencionado, la SEAC la que, en noviembre de ese mismo año, había llegado a un acuerdo con la población nativa que contenía estipulaciones en lo referente al “comercio, protección mutua y amistad”. Por lo que respecta a la zona de Saguía el-Hamra resultaría más difícil el dominio oficial por parte de España, ya que tras diversos tratados concluidos con los representantes de las tribus pobladoras de esa zona, el Gobierno de Sagasta optó por no tomar en consideración estos acuerdos, debido a un profundo desconocimiento de las sociedades tribales, consideró que los convenios firmados no eran fiables, ya que se referían sólo a algunas tribus y no a la totalidad de la población. Por esta razón la anexión de los territorios del norte tardaría algunos años más en hacerse efectiva, lo que retrasaría sin duda el aprovechamiento de lo que podía haber sido un completo dominio del África noroccidental por parte del Estado español.
Finalmente, en 1886 todos los enclaves del Sáhara Español quedaron incorporados a la Capitanía General de Canarias por el Real Decreto de 6 de Abril del mismo año.
En la zona del Sáhara Occidental, entonces “Sáhara español”, los años siguientes al establecimiento de la situación de Protectorado no produjeron una actitud sumisa en la población autóctona, y la colonización española sólo pasaba por ser superficial, sería alrededor del año 1898 cuando la presencia de España se percibiera como algo más tangible.
Habría que esperar, no obstante, al 27 de noviembre de 1912, fecha en la que  España y Francia firman el acuerdo definitivo 4 que vendría a establecer las fronteras coloniales del Sáhara, 5 que delimitaría los dominios franceses en las zonas de Argelia, Mauritania y Marruecos, quedando la zona saharaui bajo dominio español. No obstante, este acuerdo también estuvo marcado por el reparto de territorios en Guinea Ecuatorial6 . Asimismo, hay que destacar que fue en este momento cuando ambas partes establecen la región de Tarfaya, tradicionalmente sahariana, como la zona sur del protectorado español sobre Marruecos.
Sin embargo no fue hasta 1934 cuando se puede hablar de un asentamiento más o menos pleno, cuando las guarniciones españolas se adentraron, por fin, en el norte de la zona y comenzaron a realizar expediciones hacia el interior.

1 VILLAR, F.,  El proceso de autodeterminación del Sáhara. Colección el Derecho y el Estado, Valencia, 1982, pp. 410, p. 34.

2 FUENTE COBO I. ; MARIÑO MENÉNDEZ F. M., El conflicto del Sáhara Occidental, Ministerio de Defensa, Madrid, 2006, pp. 222, p. 13.

3 La zona comprendida entre Cabo Blanco, al sur, y Cabo Bojador, al norte, (Río de Oro).

4 Con anterioridad destacan el Tratado de 27 de junio de 1900  publicado en la Gaceta de Madrid el 30 de Marzo de 1901 y el de 3 de octubre de 1904, secreto hasta 1911.

5 Convenio de París firmado por el embajador español Fernando León y Castillo y el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Theóphile del Case.

6 SOROETA LICERAS, J., El conflicto del Sáhara Occidental, reflejo de las contradicciones y carencias del Derecho Internacional, Bilbao, 2001, pp. 370, p. 31.