EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL: EL PAPEL DEL FRENTE POLISARIO

Carolina Jiménez Sánchez (CV)
Universidad de Málaga

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3. Los problemas derivados del binomio

Con la admisión de la RASD en la Organización regional africana se había materializado un problema que hasta el momento había permanecido inadvertido. La representación de los saharauis en la sociedad internacional estaba dividida en dos órganos: el Frente POLISARIO y la RASD, aunque ambos bajo una misma dirección.

Además, con este reconocimiento, la OUA no parecía estar sentando una práctica segura en cuanto a la admisión de sus miembros, ya que tal y como establece el artículo 4 de la Carta de Addis Abeba, sólo los Estados africanos independientes y soberanos pueden acceder a ella. Sin embargo, el territorio sobre el que se asienta las reivindicaciones de la RASD no es hoy sino un territorio ocupado pendiente de descolonización. En relación al artículo 28 de la Carta relativo a los modos de adherirse a la Organización, debemos subrayar, al igual que BOUTROS-GHALI, que esta admisión debe constituir “une consécration de l´independance et non un moyen de l´adquerir”1 .

En segundo término, y a tenor de la opinión de la mayoría de la doctrina, el reconocimiento de un nuevo miembro por parte de una organización no es equiparable al reconocimiento por parte de los miembros que forman parte de dicha organización 2. Por lo tanto, la admisión de la República Árabe Saharaui Democrática en la OUA no supone su reconocimiento por otros Estados. A su vez existe una intensa discusión acerca de la diferencia que debería suponer el reconocimiento de un nuevo Estado y su admisión dentro de una organización, pudiendo ser independientes ambas consideraciones3 .

En suma, con la admisión de la RASD en la OUA, el reconocimiento que se había otorgado anteriormente al Frente POLISARIO como movimiento de liberación nacional saharaui se vio interrumpido. Y, con ello, sus posibilidades de que la organización regional enviara información a la ONU para el establecimiento del oportuno Estatuto de Observador en esta organización se vieron enormemente afectadas.

Así, podemos considerar que el hecho de que la RASD ocupe un asiento en la organización africana imposibilita totalmente que el Frente POLISARIO tenga legitimidad alguna como movimiento de liberación saharaui en África. Tanto es así que el propio Consejo de Ministros de la organización afirmó que “Le POLISARIO ne pouvait plus être reconnu par l OUA en tant que mouvement de libération nationale4 . Al existir un Estado que se considera soberano, el reconocimiento de este movimiento sería desatinado. Ello dificulta en gran medida, como aducimos anteriormente, la coordinación con las Naciones Unidas en lo respectivo al conflicto, ya que esta última no reconoce al Estado del Sáhara 5.

La proclamación de la RASD, en fin, ha ocasionado una práctica difusa, cambiante y confusa en relación a quiénes deben considerarse los representantes del pueblo saharaui. Con el nacimiento de la RASD, se creaba un binomio, ¿un órgano bicéfalo o dos herramientas complementarias para ejercer el derecho a la libre determinación?.

Como ya hemos expuesto anteriormente, con la proclamación del Estado saharaui, el Frente POLISARIO dejaba de ser un movimiento de liberación nacional para la OUA. Sin embargo, desde la organización estatal esto trató de conciliarse al establecer una jerarquía estricta que otorgaba prioridad absoluta al Frente POLISARIO, así “el Frente POLISARIO es el medio (supremo) del pueblo saharaui para llevar a cabo su marcha histórica, mientras que la RASD constituye el marco en el cual el pueblo saharaui realiza el objetivo de su evolución6 . Según el Preámbulo de la Constitución de la RASD el pueblo saharaui proclama “su resolución de continuar la lucha para la culminación de la soberanía de la República Árabe Saharaui Democrática sobre la totalidad del territorio nacional” 7.

Como podemos observar, en la Carta Magna saharaui el Estado se presenta como inacabado, quedando pendiente su plenitud, dando lugar a un Estado cuyas competencias se encuentran limitadas de facto. Esto es fácilmente detectable a lo largo del texto constitucional en el que se usa en varias ocasiones las expresiones “para la culminación de la soberanía”, “hasta la culminación de la soberanía” o “tras la culminación de la soberanía” 8 haciendo gala de una provisionalidad formal de esta forma de organización política y, si se quiere, justificando, a su vez, la autoproclamación comentada ut supra. De este modo, tal y como dicta el artículo 31 del texto constitucional

“hasta la culminación de la soberanía nacional, el Frente POLISARIO sigue siendo el marco político que agrupa y moviliza políticamente a los saharauis, para expresar sus aspiraciones y su derecho legítimo de la autodeterminación e independencia, y para defender su unidad nacional y perfeccionar la edificación del Estado saharaui soberano”.

Sin embargo, a nivel práctico, estas situación ha planteado problemas respecto  del reconocimiento, ya que con esta dualidad se ha posibilitado la elección a los miembros de la sociedad internacional entre tener relaciones diplomáticas con la RASD o con el Frente POLISARIO, creando, así, una práctica dividida y desacorde que, en nuestra opinión, no resulta demasiado fructífera.

MARCELLI habla una relación “genética” 9 ente ambas organizaciones de la que es imposible desprenderse; sin embargo, la diferencia ha de suponerse en el  ámbito competencial de cada una de ellas. El papel jugado por el Frente POLISARIO en la proclamación de la RASD ha sido del todo central, por lo cual, dentro de este binomio podemos considerar que existe un sujeto primario y otro derivado.

En este sentido, en el trasfondo de la cuestión del Sáhara no se esconde otra cosa que un problema de descolonización interrumpida, cuestión que corresponde afrontar al Frente POLISARIO como movimiento de liberación nacional, para lo cual, podemos considerar que éste ha creado a la RASD como instrumento para la consecución del objetivo último de la autodeterminación del pueblo saharaui.

Hay que subrayar, como pone de manifiesto MARCELLI que “lo scopo principale della proclamazione della RASD é stato quello di porre la comunitá internazionale di fronte al problema dell´ <autodeterminazione negata> del popolo saharoui, oponiendo, al fatto compiuto dell´invasione, un evento che in qualque misura valesse a controbilaciarne le conseguenze”10.

De este modo, tenemos que tener presente que la proclamación de la RASD no tendría porqué significar menor relevancia para el Frente POLISARIO. De hecho, en todas las Resoluciones de la Asamblea General de Naciones Unidas posteriores a la proclamación de dicho Estado se define al Frente POLISARIO como “representante del pueblo del Sáhara occidental”, situándolo como un actor de obligada referencia para la toma de cualquier decisión para la cuestión del Sáhara Occidental 11.

Aunque, como podemos observar, los reconocimientos otorgados a la RASD hayan sido numerosos12 , es obligado señalar que otros muchos países no lo han otorgado. Igualmente, la práctica también nos muestra una serie de revocaciones de este acto entre los años 1978-1980 y 1996-1997 13.

  Además, este desajuste en la práctica mundial ha traído consigo divergencias de tipo diplomático que se suceden según el sujeto haya reconocido o no a la RASD. Esto es fácilmente comprobable en lo que respecta a las representaciones diplomáticas saharauis en los diferentes Estados. Así, tendremos, por un lado, embajadas o consulados en aquellos países que mantienen relaciones bilaterales con el Estado saharaui, como por ejemplo Uruguay o Libia y, por otro lado, simples representaciones del Frente POLISARIO en los países que no han reconocido a la RASD, como en el caso de España o Francia.

Otro de los puntos preocupantes es que el movimiento de liberación nacional no ostente la totalidad del protagonismo político que conlleva la representación saharaui dentro del conflicto. Debido a este hecho divisorio de la actividad exterior, los Estados u Organizaciones que reconocen formalmente a la República Árabe Saharaui Democrática no hacen lo mismo con el Frente POLISARIO, dejando de obtener éste los privilegios otorgados a este tipo de movimientos. El reconocimiento de la primera agota la representación saharaui al entenderse este último incluido en ella.

Sin embargo, esto nos vuelve a posicionar ante un interrogante: si en la Constitución de la RASD se entiende que el Frente POLISARIO es el órgano supremo de su organización política, ¿podemos entender en este tipo de reconocimientos que el del movimiento polisario se encuentra inserto dentro del de la RASD?. La cuestión puede estribar en determinar a título de qué es otorgado el reconocimiento en cada caso.

Al respecto RODRIGUEZ CARRIÓN considera que en el reconocimiento al Estado saharaui estaría comprendido el del Frente POLISARIO como su gobierno 14. En apoyo a esta tesis hay que destacar que el Frente POLISARIO ha establecido contactos diplomático con numerosos Estados, basados en el reconocimiento otorgado por éstos a la RASD15 . Análogamente, la Autoridad Nacional Palestina es tratada por los países que la reconocen como Gobierno del Estado Palestino, aunque la existencia de éste no sea formal por carecer de los elementos constitutivos de los Estados. Sin embargo, este argumento nos plantea un serio problema de naturaleza jurídica puesto que el Frente POLISARIO pretende ser calificado como movimiento de liberación nacional.

Por otra parte, debemos indicar que la RASD no es miembro ni posee estatuto alguno en el seno de la Organización de las Naciones Unidas, quien otorgó la representación del pueblo saharaui al Frente POLISARIO de manera exclusiva, lo que sin duda provoca una gran descoordinación con respecto a los países y organizaciones que reconocen al Estado saharaui.

Desde un prisma pragmático, parece que este binomio saharaui ha venido a complicar una situación ya de por sí difícil, enredando la compleja tarea de los representantes saharauis de crear un hueco sólido para el Frente POLISARIO en la Comunidad Internacional, ya que éstos deben también detenerse en reafirmar y convencer sobre la estatalidad de la RASD, sin dejar de prestar una importancia esencial a la materialización del Frente POLISARIO, a su independencia y autonomía así como a su exclusiva representatividad de los saharauis.

1 BOUTROS-GHALI, M., L´Organisation de l´Unité Africaine, París, 1969, p. 197, p. 99.

2 LAZARUS, C., “Le status des Mouvements de Libération Nationale a L´Organisation des Nations Unies”, A.F.D.I., 1974, p. 173-200, p.174 y ss.

3 BORELLA, F., “Le Systeme juridique de l´Organisation de l´Unité Africaine”, A.F.D.I., 1971, p. 233-255,  p. 242.

4 Décision du Conseil de Ministres á sa 26ª session, Addis Abeba, 28 février 1976.

5 Del mismo modo, considerar a la RASD como un país libre y soberano puede resultar contraproducente; frente a ello el Estado marroquí ha argumentado que el conflicto no es internacional sino interno, ya que al proclamarse el Estado no hay pendiente ningún caso de descolonización.

6 ISMAIL ULD ES- SWEYIH, M. F., El primer Estado…, op. cit., p. 53.

7 La Constitución de la RASD fue promulgada durante el X Congreso del Frente POLISARIO que tuvo lugar del 26 de agosto al 4 de septiembre de 1999, es accesible en http://www.arso.org/03-const.99.htm.

8 Estas expresiones se incluyen en el Preámbulo, artículo 9, artículo 24, artículo 31, artículo 45, artículo 130 y artículo 131.

9 MARCELLI, F., “La condizione giuridica internazionale del Fronte Polisario”, Rivista di Diritto Internazionale, 1989, vol. 72, p. 282-310, p. 293.

10 Ibídem., p. 293.

11 Resolución 34-37 de la Asamblea General de Naciones Unidas, de 21 de noviembre de 1979.

12 Los Estados que reconocen actualmente a la República Árabe Saharaui Democrática son Afganistán, Albania, Argelia, Angola, Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Bolivia, Botswana, Burundi, Camboya, Cabo Verde, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Timor Oriental, Etiopía, Ghana, Granada, Guatemala, Guinea-Bissau, Guayana, Haití, Honduras, Irán, Jamaica, Kenia, Laos, Lesotho, Libia, Mali, Mauritania, Mauricio, México, Mozambique, Namibia, Nicaragua, Nigeria, Corea del Norte, Panamá, Papua Nueva Guinea, Paraguay, Ruanda, San Vicente y  las Granadinas?, Seychelles, Sierra Leona, Sudáfrica, St. Kitts y Nevis, Surinam, Siria, Tanzania, Trinidad y Tobago, Uganda, Uruguay, Venezuela, Vietnam, Yemen, antigua Yugoslavia, Zambia y Zimbabwe.

13 Las razones de esta diplomacia intermitente no las conocemos de manera expresa, aunque, por lo complejo de las Relaciones Internacionales, podemos llegar a apostar porque los intereses políticos han jugado en ello un notable papel. Al respecto v. RUIZ MIGUEL, C., “Recientes…, op. cit., pp. 355-356.

14 RODRIGUEZ CARRIÓN, A. J., Lecciones de…, op. cit., p. 87.

15 MARCELLI, F., “La condizione…”, op. cit., p. 298.