EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

Alejandro A. Tagliavini

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RACIONALISMO Y SOCIEDAD ARTIFICIAL

El hombre es siempre igual; los sistemas que crea son siempre imperfectos, y tanto más imperfectos cuanto más seguro está de sí mismo", Juan Pablo II 1.

 

INTRODUCCION

                   Paul Feyerabend explica que  "...los 'racionalistas' de hoy que se enorgullecen de haber superado el dogmatismo de sus predecesores al tiempo de precisar de los talentos y... del conocimiento histórico para beneficiarse de los éxitos de ellos (Mach recomendaba el uso de hipótesis audaces e inductivismo criticado. Lo hacía en unas pocas líneas e ilustraba sus propuestas con ejemplos tomados de la historia de la ciencia. Popper extendió esas pocas líneas a toda una carrera sin incrementar su contenido)... este 'racionalismo' es una buena ayuda para los llamados pensadores que pueblan ahora nuestras universidades y marcan pautas a la humanidad mientras que carecen de los elementos más básicos de ella. No los acuso. La miseria que constituye su hábitat natural fue preparada por grandes y vanidosos escritores, como Spinoza y Kant, que intentaron encajar a Dios y el Mundo en las diminutas áreas de sus cerebros capaces de una actividad constante y desarrollada en profundidad por hordas de intelectuales apoyados estatalmente... Ya es hora de...  retornar a ideas más modestas pero también más abiertas. Ya es hora de volver a apreciar la más amplia perspectiva de las visiones religiosas del mundo"2
           
                   Y en otro lugar: "¿Cómo pudo suceder que el proceder abstracto de los intelectuales, que el 'racionalismo' vacío que es su invención, haya podido desempeñar un papel tan importante en el pensamiento occidental? ¿Cómo se ha llegado a que esta tradición, a pesar de numerosos fracasos y a pesar de largos períodos de marchar en punto muerto, con todo haya podido regalarnos uno y otro pequeño descubrimiento? ¿Qué ha sucedido para que no se descubriera enseguida la inutilidad del método y no se rechazara inmediatamente ese mismo método? Las respuestas a estas cuestiones nos ofrecen una interesante visión de los mecanismos que mantienen viva una tradición" 3. En definitiva, el racionalismo es 'una fe', que pretende reemplazar a la real, que quiere que creamos que la razón humana puede todo. 'Dogma' que no sólo es imposible de demostrar sino que los hechos desmienten. Efectivamente, si la razón pudiera todo, el hombre debería haberse auto creado, lo que no es cierto 4.              
                   Esta creencia llevó a pretender que también podían construirse las sociedades humanas a partir de la planificación central, de la ingeniería social desde el Estado, del diseño racional constructivista de algún burócrata estatal: la sociedad artificial que, como contraría a la naturaleza, debe necesariamente ser impuesta coercitiva, violentamente; de aquí que tengan necesidad de justificar a la violencia. Cuando lo cierto es que, inevitablemente, las generatrices de la coyuntura social serán el resultado de la interacción de millones de seres humanos -finalmente, de acuerdo con el orden natural, o desaparecerían- y esto es imposible de prever. Lo que no quieren comprender los racionalistas, es que la 'planificación' se realizará espontáneamente, naturalmente, y que no hay cerebro humano que la pueda anticipar 5. Insisto en que, la creencia de que con la razón el hombre puede hacer todo, en consecuencia, también suplantar a Dios, nada tiene que ver con la participación del hombre en la infinita Creación. Efectivamente, el vehículo de esta participación es el orden natural. En tanto que el racionalismo viola al orden anterior, al que pretende suplantar con construcciones sociales ideadas a partir de la razón.
           
                   Como consecuencia, básicamente, la demostración que hago, en cuanto a que 'el deber ser' moral implica que, el principio que funda a la sociedad coercitiva, en definitiva, la coerción, la violencia institucional, es un equívoco al que hay que intentar disminuir hasta su desaparición, la realizo por el lado 'negativo'. Como debe ser. Ya que intentarlo en sentido 'positivo' significaría caer en el racionalismo que es exactamente lo que pretendo negar. Es decir, no puedo racionalizar un tipo de sociedad superior, una sociedad artificial, porque esto es lo que hace el racionalismo, el estatismo que pretendo negar. 'Racionalizar' una sociedad superior significaría pretender ponerme por encima de Dios que ya ha establecido un orden natural social, obviamente, preexistente al hombre (aunque, para el hombre). De modo que, lo que haré es simplemente desenmascarar y negar las falacias sobre las que está construido el racionalismo, el 'socialismo' coercitivo. Luego lo que también haré, que sí puedo hacer, con el debido cuidado de no convertirme en positivista -el positivismo es, podríamos decir, la consecuencia práctica y actual del racionalismo- es mostrar, comparativamente, lo que de hecho ocurrió cuando la sociedad coercitiva se retiró de algún lugar. Esto lo puedo hacer porque no estaré planificando la sociedad al antojo de mi razón sino solo describiendo hechos históricos. Lo que también es lícito hacer, y haré, es explicar en líneas generales qué plantea el orden natural si se lo respeta. Pero existe una gran distancia entre esto y pretender planificar siquiera mínimamente a la sociedad humana.

                   Finalmente, para terminar esta breve introducción, me interesa aclarar que la sociedad artificial racionalista por excelencia, en estas últimas décadas, ha quedado configurada por el sistema socio político vulgarmente llamado 'estatismo', cuyo máximo exponente ha sido el comunismo. Sin embargo, no creo que valga la pena discutirlo, sencillamente porque hoy está en franca decadencia y ya no tiene valor intelectual, aunque sí político, en algunos países. En cambio, sí me interesa discutir el liberalismo que, por cierto, es un término muy genérico por un lado, y el racionalismo supuestamente 'iusnaturalista', por el otro.

1 'Cruzando el Umbral de la Esperanza', Ed. Plaza & Janés, 1994, p.29.

2 'Adiós a la razón', Editorial Tecnos, Madrid 1996, p. 101.

3 'Ciencia como Arte', en 'Adiós a la Razón', op. cit., p. 176.

4 A mi modo de ver, algunos racionalistas intentaron suplir esta deficiencia con la teoría del evolucionismo materialista, según la cual, en definitiva, el hombre era el resultado de una evolución de la materia desde la nada. Dejando deliberadamente de lado el hecho de que es imposible evolucionar desde la nada. De donde esta teoría es doblemente falaz, primero, porque no alcanza para explicar la auto creación y, segundo, porque no tiene principio ni fin. El orden natural, como vimos, implica necesariamente como cualquier orden la teoría de una evolución. Pero de una evolución que viene, y va, desde el infinito (desde lo eterno, en última instancia), en definitiva, desde la perfección. Bertrand Russell, aun siendo uno de los líderes del 'cientificismo' y haber dado vuelta insólitamente a la realidad al atribuir determinismo al hombre y libre albedrío a las partículas físicas, afirmó que "El evolucionismo... consta de dos partes:... una apresurada generalización perteneciente a aquella clase que las ciencias especializadas podían confirmar o refutar andando el tiempo; la otra, no científica, que es simplemente un dogma sin apoyo... que en manera alguna puede deducirse de los hechos sobre los cuales descansa... El interés predominante del evolucionismo está en la cuestión del destino humano...", 'Nuestro conocimiento del mundo externo', Editorial Losada, Buenos Aires 1946, pp. 35-36. Para una discusión acerca de la 'creación natural' y el panteísmo puede verse Jaime L. Balmes, 'Metafísica', Teodicea, Capítulos IX y X, Ed. Sopena Argentina, Buenos Aires 1944. Es, probablemente, durante el Renacimiento (con Giordano Bruno, Copérnico y otros) que aparece una nueva concepción 'dinámica' de la naturaleza dejando atrás al mundo escolástico de las 'formas estáticas'. Es decir, que se trueca la inmutabilidad de los principios (la esencia) del orden natural, por una teoría, según la cual, una supuesta dinámica material produce la variación permanente de todos los principios de la creación. Nótese que existe una gran diferencia entre el 'momento estático metafísico', que supone que el hombre tiene una relación 'estática' en el orden natural, a suponer que el orden natural cambia en función de una evolución material. Por otro lado, existe una discusión, en la que no entraré pero que me interesa dejar planteada a grandes rasgos, entre quienes afirman que el orden natural supone leyes inmutables y quienes sostienen que las leyes son humanas y no del orden natural (el orden sería 'sólo' Orden). Quienes pregonan la última teoría suponen, finalmente, que al orden lo hace el Ser y, consecuentemente, de algún modo lo puede cambiar cuando le plazca, de donde, no existirían leyes inmutables: el orden existe y es sustentado y dirigido por el Ser (inmutable, eterno) y esto basta, lo demás es humano. Quienes sostienen (sostenemos, debería decir) que el orden supone leyes inmutables, lo hacen fundamentalmente preocupados por dejar establecido que deben existir comportamientos 'objetivos', es decir, regulados por el Objeto, el Ser, y susceptibles de ser conocidos (anticipados), aunque muy imperfectamente, por la persona humana. En cualquier caso, más allá de que, eventualmente, el Ser pudiera estar permanentemente creando ('cambiando') el orden, lo realmente importante es dejar bien claro que el orden existe, que es 'objetivo' en cuanto a que es externo y anterior (por superior) al hombre y, consecuentemente, el ser humano debe hallarlo en su exterior y seguirlo so pena de desaparecer.

5 Ibáñez Langlois, señala con gran acierto que no hay orden histórico y, por tanto, racional (humanamente creado), que pueda ser perfecto, ya que su naturaleza caída, su imperfección natural, le impiden poder por sí mismo formar un orden social perfecto. Sin embargo, no queda muy claro si cree que el ser humano es capaz de crear un orden social (lo que, obviamente, sería, de tan racionalista, crudamente contrario al tomismo). Así, afirma en su 'Doctrina Social de la Iglesia', Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1988, que: "Por una parte, es irreal el diseño de un orden social, de unas estructuras e instituciones cuya viabilidad exigiera una presunta inocencia original y paradisíaca que el hombre, hijo de Adán no tiene. La realidad del pecado es una llamada constante al realismo social. La Iglesia, que proclama sin cesar la vocación de todos los bautizados a la santidad, y en esa santidad cifra las mejores esperanzas de un orden social más justo, no ha proyectado nunca, sin embargo, un modelo de sociedad que sólo pudiera funcionar en la hipótesis de una humanidad sin pecado original y sin las consecuencias personales de esa caída. Son los diversos utopismos sociales quienes han incurrido en esta irrealidad, tanto los de signo socialista como liberal. Pretender una socialización plena donde la persona renuncie a todo interés individual, o pretender, a la inversa, que todo interés individual converge automáticamente en el bien común, son dos formas inversas de este irrealismo. A su vez, el 'perfeccionismo social' -el 'mito de la sociedad liberada', con toda su carga utópica y mesiánica- conduce inevitablemente al fanatismo y al absolutismo: en virtud del pecado, todo orden social histórico es forzosamente imperfecto. A la inversa, hay otro desconocimiento del pecado que lleva a cifrar toda la perfección en las 'estructuras sociales', a las que se asigna una prioridad causal y una misión purificadora del corazón humano, invirtiendo el orden natural de los factores: utopismo de signo marxista, presente en ciertas 'teologías de la liberación' (Libertatis nuntius, IV, 15: el 'hombre nuevo' no proviene de una reforma o revolución de las 'estructuras'). También en este aspecto coinciden los socialismos y liberalismos que creen haber descubierto estructuras sociales 'a prueba de malos' o intrínsecamente buenas y benefactoras. La Iglesia, en su doctrina social, tiene siempre a la vista la condición pecadora del hombre: por eso es realista y 'experta en humanidad'; consciente a la vez de las grandezas y miserias de la condición humana" (p. 72), y más adelante "... la Iglesia, no obstante la inercia del pecado, no lo considera una fatalidad personal ni social, y no cesa de anunciar proféticamente el 'deber ser' de la sociedad humana en cada momento de su historia" (p. 72). Sin embargo no descarta que "... la naturaleza social de hombre refleja la gloria de Dios que ha de ser alcanzada en la plenitud de la existencia social" (p. 77). Está claro que, una cosa es pretender sistemas racionales (perfectos) basados en el 'hombre perfecto', y algo muy distinto es creer que el orden natural es 'perfecto' (como efectivamente lo es su Creador) y que señala el 'deber ser' del hombre y la sociedad humana.