EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

Alejandro A. Tagliavini

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San Agustín y el orden natural

Me parece importante que nos detengamos aquí por un momento porque este santo trata el tema del orden natural desde un punto de vista diferente. Aunque sin contradecir al Doctor de Aquino sino que, por el contrario, sirve para enriquecer nuestra idea de la creación. San Agustín empieza por reconocer la existencia del orden natural. Así afirma "Pero ¿quién es tan ciego que vacile en atribuir al divino poder y disposición el orden racional de los movimientos de los cuerpos, tan fuera del alcance y posibilidad de la voluntad humana? ... como si por atender a las fruslerías de la opinión humana osáramos substraer de la dirección de la majestad inefable de Dios el orden maravilloso que se aplaude y admira en todo el universo, sin tener el hombre en ello arte ni parte" 1. Y más adelante: "Pero ¿acaso la utilidad de los árboles está cifrada únicamente en el fruto? ¿No reportan su provecho otras cosas: su misma sombra, su madera y, finalmente, hasta las hojas?"2 ..."¿Quién negará, ¡oh Dios grande!, que todo lo administras con orden? ¡Cómo se relacionan entre sí en el universo todas las cosas y con qué ordenada sucesión van dirigidas a sus desenlaces!"3 . De donde queda claro que, esencialmente, santo Tomás -recordemos que es cronológicamente posterior- coincide con el Obispo de Hipona.

Pero, por otro lado, san Agustín afirma, en el título del Capítulo VI del Libro Primero de su obra 'Del orden', que 'El orden lo comprende todo' 4, tanto según él que en el título del Capítulo VII siguiente asegura que 'Dios no ama el mal, aunque pertenece al orden' 5. Y explica que "Todo se halla encerrado dentro del orden", y antes, porque "... Dios es justo... porque da a cada uno lo suyo. ¿Y qué distribución cabe donde no hay distinción?"6 .

Como se ve este santo habla de lo que podríamos llamar un 'orden extendido', que incluye todo, no solo el orden natural tomista sino también el mal “aunque Dios no lo quiere”. Esto tiene que ver con la 'naturaleza humana inferior', la 'real' en el sentido de 'observable' a simple vista. Con lo que, al decir que el mal pertenece al orden, dice que está en la 'naturaleza' (inferior), de las cosas y del hombre, en cuanto ésta es imperfecta. Es decir, da cuenta de la imperfección del mundo. San Agustín se refiere no al orden metafísico, puro, sino al orden filosófico ('histórico') que surge de la 'realidad'. Como Dios es incapaz de dar mal, sólo da bien, su 'distribución' consiste en dar más o menos -o no dar- bien, en rigor, Dios 'da todo lo que se le pide', de modo que esta 'distribución' depende del libre albedrío de la persona humana. De aquí se deduce que el mal es nada.

Recordemos que, como el mal en cuanto tal, metafísicamente hablando, no existe -no tiene entidad propia- es 'nada' con respecto al orden natural tomista. Es decir que, el Obispo de Hipona al orden natural metafísico –tomista- le suma 'la nada', lo que 'Dios no quiere', 'la naturaleza humana inferior'. En otras palabras, podría decirse, rápidamente, que este santo se refiere a la 'naturaleza de cada hombre existencial', en tanto que el Doctor de Aquino lo hace con respecto a la 'naturaleza esencial', del ser humano. Está claro que, en tanto que la 'naturaleza histórica, particular' es imperfecta, la naturaleza esencial tomista es perfecta, por cuanto 'surge' del Absoluto. Pero el corolario que me interesa rescatar es que, aun cuando incluye el mal, este orden de todo el universo es "maravilloso", es decir, que se dirige al bien, que el mal está previsto dentro del orden pero, finalmente, 'controlado'.

1 'Del orden', Libro Primero, Capítulo I: 'Todo lo dirige la Divina Providencia' (I, I, 2), Obras de San Agustín, Biblioteca de Autores Cristianos (Edición Bilingüe), Edica SA, Madrid 1970, Tomo I, pp. 595-596.

2 Ibíd., Capítulo V: 'Como Dios todo lo dirige con orden', (I, V, 12), p. 606.

3 Ibíd., (I, V, 14), p. 608.

4 Ibíd., (I, VI), p. 609.

5 Ibíd., (I, VII), p. 611.

6 Ibíd., (I, VII, 19).