EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

Alejandro A. Tagliavini

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El poder auto corrector del mercado natural

                   Para terminar con este breve estudio de la sociedad desde el punto de vista económico, analicemos una característica del mercado que me parece destacable. "Sin diseño externo ni planificación a priori, los mercados se constituyen en sistemas espontáneos de auto ajuste y autoayuda que armonizan las preferencias subjetivas originales de todos los participantes", asegura José Juan Franch1 . Es decir que la sociedad, como todo 'organismo' natural creado para perdurar y progresar, tiene un poder -la Providencia- con una fuerte tendencia hacia la regeneración y el equilibrio, que conlleva un crecimiento espontáneo que, en tanto no sea interferido artificialmente, extrínsecamente, por ejemplo por el Estado coercitivo, actuará automáticamente solucionando los conflictos y errores de modo que éstas soluciones signifiquen el desarrollo progresivo de la economía.

                   Por ejemplo, supongamos que somos, por mucho, los más eficientes proveedores de autopartes del país. Si las fábricas de automotores nos compran, seguirán en el mercado. Si no nos compran, esto no nos perjudicará porque, estas fábricas, terminaran perdiendo debido a la falta de competitividad de sus proveedores, desapareciendo y siendo suplantadas por otras que nos comprarán, si es que no quieren seguir la misma suerte. Ahora, si existe un gerente de compras corrupto, en una fábrica determinada, como nosotros tenemos garantizada la compra porque somos los mejores, no entraremos en el juego de la corrupción. Pero, si aun así, este gerente decide, después de quedarse con un porcentaje, comprarle a otro con peores condiciones que las nuestras, lo que sucederá es que la fábrica finalmente perderá, quedará fuera del mercado y será reemplazada por otra que nos compre, sin entrar en el juego de la corrupción. Este es el modo normal en que opera el mercado, siempre que no sea degenerado por interferencias artificiales como regulaciones coercitivas, 'políticas industriales', 'compre nacional', privilegios aduaneros y demás.

                   El problema se torna grave cuando aparece un comprador como un Estado coercitivo. Este no quiebra porque tiene al Tesoro Nacional que responde por él. En consecuencia, está fuera de las reglas del mercado natural y distorsiona su comportamiento normal. Efectivamente, esta clase de comprador podría no proveerse de nuestros productos, siendo que son los mejores, y comprarle, en cambio, al menos eficiente. Como éste nunca quiebra -dado que tiene a la coerción recaudadora impositiva estatal de su parte- permanecerá operando, a pesar de sus errores, sin ser reemplazado por alguien que nos compraría. Y esto nos provocaría un serio perjuicio. Si éste fuera el único comprador, rápidamente quedaríamos fuera del mercado y nuestro lugar sería ocupado por otro competidor menos eficiente. Si su actitud fuera el resultado de un acto de corrupción -que suele ser lo normal- este podría seguir operando tranquilamente porque no quebraría y su acto corrupto, desde un punto de vista legal, sería de difícil probanza.

LA IDEA DE PATRIA

                   Para terminar esta breve introducción al estudio social que he intentado en éste Capítulo, me parece importante dejar aclarada la idea de patria. Está por demás claro que, así como es de orden natural el amor a la familia, luego a los parientes, antepasados y amigos y, finalmente, a los vecinos y terceros, al prójimo pero, también, a toda la humanidad, es de orden natural el amor a la patria. Siempre y cuando, claro está, que la patria sean los familiares, parientes, amigos y vecinos. Pero, si bien es entendible que, por extensión, los lugares físicos en donde habitan o habitaron nuestros seres queridos nos traigan a la memoria recuerdos entrañables, y si bien nosotros y nuestros seres queridos tenemos derecho natural sobre nuestras propiedades, un pedazo de tierra, un lugar geográfico por sí mismo no conforma una patria ni mucho menos. 'Amar' algo físico, está  clarísimo, no es más que materialismo. Por tanto, el 'amor' a lugares físicos, geográficos, que ha cultivado el 'nacionalismo'2 -por cierto, necesariamente racionalista- que muchas veces ha provocado o alentando guerras o conflictos violentos, que significaron la muerte de seres humanos, no sólo no es verdadero amor a la patria sino que es una cruda expresión de materialismo y una alevosa degeneración de la palabra amor que, dije, es luchar por la vida sin excepción.
           
                   Y de aquí el 'sagrado patrimonio nacional'. Según la Real Academia Española, patrimonio son 'los bienes propios'. Ahora, pongamos por caso una empresa que coercitivamente posee el Estado, ¿es un bien propio de quién?, ¿de quienes la usan? Definitivamente no, quiénes la usan no sólo no tienen ningún tipo de decisión sobre lo que ocurre sino que ni siquiera tienen, lo que normalmente da una empresa surgida de la naturaleza del mercado, la posibilidad de castigarla o beneficiarla vía el consumo o la abstención de consumir. Es más patrimonio nuestro una empresa privada, en una sociedad abierta, que se ve obligada a servirnos bien so pena de quebrar, que una empresa estatal coercitiva, a la que no le importa cuánto dinero -nuestro dinero- pierda, porque siempre tendrá al Estado coactivo para salvar sus deudas. Mucho menos aún es un bien de los que no la usan. Por el contrario, es un mal, puesto que no la usan y, sin embargo, generalmente vía impuestos, la tienen que financiar. 'Legalmente' es patrimonio del Estado coercitivo, es su bien propio, pero si no es de los que la usamos y menos aún es de los que no la usan ¿para quién es un 'bien'? Para los políticos y burócratas en cuestión, qué duda cabe.

1 'La Fuerza Económica de la Libertad', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 40.
2 "El nacionalismo aísla a los pueblos en contra de lo que es su verdadero bien", Pablo, Papa VI, Encíclica 'Populorum Progressio', El Vaticano 1967, Segunda Parte, II, 62.