EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

Alejandro A. Tagliavini

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MEDIO AMBIENTE Y NATURALEZA

INTRODUCCIÓN

                   "El hombre tiene así una cierta afinidad con las demás criaturas: está llamado a utilizarlas, a ocuparse de ellas y - siempre según la narración del Génesis (2, 15)- es colocado en el jardín para cultivarlo y custodiarlo...Pero, al mismo tiempo, el hombre debe someterse a la voluntad de Dios...", Juan Pablo II1 .
                   Va de suyo que el respeto al orden natural es la mejor defensa del medio ambiente porque éste se refiere, precisamente, a la naturaleza. A la humana como prioridad, como centro, porque es el centro de la creación pero también al resto de la animal, vegetal y mineral. La ecología, el estudio de la adecuación de los seres vivos al medio ambiente, en definitiva es, precisamente, el estudio del orden natural en lo que a ambientación químico-física se refiere. Va de suyo, también, que al ser el Estado racionalista, en la medida en que sea coercitivo, artificial, es el peor enemigo de la naturaleza y el medio ambiente. Sus intervenciones y 'regulaciones', son lo más dañino que hoy existe. Así es que, si de todo lo que trata este ensayo es del orden natural, no haría falta entrar en este tema pero de todos modos lo haré muy brevemente con la intención de no dejar de tratar todos aquellos temas que hoy se antojan importantes. Y con la intención, también, de mostrar en casos concretos como se producen los hechos que acabo de describir.
                   Pero, antes, me parece importante hacer una aclaración. Los materialistas, los racionalistas, han visto siempre en lo natural algo material. Pero, como no pueden desconocer la supremacía espiritual de la naturaleza -humana- algunos han querido hacer una distinción: habría, según ellos, una naturaleza material y otra espiritual. Lo que, definitivamente, no es cierto -el hombre es sólo uno: cuerpo y alma- la naturaleza es sólo una. Es imposible, por ejemplo, desconocer el estado espiritual de un enfermo a la hora de intentar su recuperación física: ésta será tanto más rápida cuanto más sano sea espiritualmente. A lo sumo, podrá decirse que, a los fines puramente didácticos, podemos hablar del 'aspecto físico' y del 'aspecto espiritual' de la naturaleza. Pero, insisto, existe una unidad íntima e indestructible, de modo que una 'naturaleza' exclusivamente material -como pretenden los materialistas- sencillamente no existe. Recordemos, también, que al ser el hombre racional -en sentido tomista- tiene la capacidad a partir de su libre albedrío -personal, en sentido metafísico- guiado por la Providencia, de no sólo cuidar al resto de la naturaleza vegetal y mineral, sino de mejorarla. De hecho, muchas especies y razas de animales han mejorado sustancialmente a partir de sus cuidados.

MEDIO AMBIENTE Y MERCADO NATURAL

                   Probablemente el 'principio filosófico', que justifica la intervención del Estado violento en cuestiones que hacen al cuidado del medio ambiente común, es el famoso argumento del 'interés público'. Que se ha convertido en una de las frases de moda en los últimos tiempos. Hoy, los estatistas que proponen determinada política, deben insistir en que lo hacen en favor de este 'interés' y, quienes se oponen al proyecto en cuestión, deben enfatizar el hecho de que lo dañaría 2. De manera que lo que importa saber es ¿quién define el interés público? ¿El burócrata o el público? 3¿Quiénes crean las guerras?: las instituciones violentas. ¿Quiénes fabrican las armas nucleares?: los Estados coercitivos. ¿Es este el modo de defender 'el interés público'? Entonces, ¿puede alguien seriamente pretender que el Estado racionalista defienda la vida, sea esta humana, animal o vegetal? Resulta evidente que, esta institución artificial, no sólo no la defenderá sino que la destruirá. "'Hoy está claro que los peores ofensores en el proceso de degradación ambiental no son incompasivos empresarios dedicados a la desenfrenada degradación de los recursos naturales,' escribe Yannacone (un prominente abogado en el campo de la legislación ambiental). En cambio, lo son las 'de visión corta, de orientación mesiánica, supuestas agencias de interés público'. Existen alrededor de 22.000 lugares conteniendo residuos peligrosos en los Estados Unidos. Muchos son depósitos municipales. Solamente las bases militares tienen más de 4.000 basureros químicos", asegura Jorge E. Amador 4
                   El verdadero defensor de la naturaleza siempre fue el público, las personas, la actividad privada. Sencillamente porque son parte de ella. "La preservación de Yellowstone (el gran parque norteamericano) fue en parte el resultado del esfuerzo de la Northern Pacific Railroad que vio las posibilidades de la explotación turística...", es decir, que la gente estaba dispuesta a pagar para veranear disfrutando de la naturaleza. "Cuando los parques, playas y reservas cercanos se volvían demasiado populosos los patrones ricos, que habían descubierto y conservado estos lugares, se alejaban más tratando de preservar nuevos lugares", asegura William Dennis5 . En contrario, Alston Chase, describe como el Servicio Nacional de Parques -estatal- tuvo 'éxito' en la eliminación de los lobos del mismo Yellowstone 6. Quién no quiere verde y aire fresco y bajos ruidos en su casa u oficina. Cuánto más cuesta un terreno en la medida en que tenga árboles, agua natural limpia, aire puro, no tenga ruidos molestos, en fin, cuanto más respetada sea la naturaleza. El mercado incentiva directamente, y lo premia con un aumento en el precio, el respeto al medio ambiente. Qué sería de Buenos Aires, por caso, si no fuera porque la pasión por las casas quintas ha apreciado tanto las tierras de los alrededores, que ha obligado a las industrias a retirarse hacia afuera, a lugares en donde el precio de la tierra fuera más accesible para el costo de producción. Dejando, alrededor de la ciudad, una cantidad importante de espacios verdes que pertenecen a estas quintas.
                   Cualquier empresario serio sabe que la productividad de su empresa aumentará en la medida en que sus obreros y empleados se encuentren cómodos trabajando. Y sabe que esta comodidad depende de lo puro que sea el aire que se respira, de la cantidad de luz solar que reciban, de los espacios verdes a los que puedan acceder y demás. En consecuencia, intentará proveer estas ventajas en la medida de sus posibilidades. Así, los propietarios privados están naturalmente motivados para utilizar los recursos de manera eficiente y productiva, y de conservarlos si fuera posible. Y hasta aumentarlos, si fuera necesario. Pueden obtener ganancias de la utilización productiva de los mismos, y tienen un fuerte incentivo para reducir los costos mediante la conservación en su uso. En el afán por obtener utilidades -recordemos la 'ética del lucro'- las empresas encuentran un gran aliciente para implementar nuevas tecnologías que signifiquen ahorro de recursos. Entre otras cosas, por caso, el reciclaje.
                   Supongamos que los ríos o los bosques fueran privados, ¿Usted cree que el dueño dejaría que se lo contaminen, perjudicándose personalmente y perjudicando su patrimonio puesto que el río se depreciaría al estar sucio? ¿Su casa, Señor lector, está limpia y ordenada? ¿Cómo están las oficinas del Estado coercitivo? ¿Su casa de fin de semana tiene un parque cuidado? ¿Cómo están las tierras fiscales, baldíos, basureros en rigor de verdad? Lo cierto es que los ríos hoy se contaminan por la simple razón de que, al pertenecer al Estado coercitivo, es decir, al no ser de nadie en definitiva -porque nadie tiene la propiedad directa- a los funcionarios que lo manejan no les interesa y, en cambio, son presa fácil de la burocracia paralizante, de las ambiciones políticas y la corrupción. "El Acta Federal para el Control de la Contaminación del Agua proclama que 'la descarga de cualquier contaminante por cualquier persona será ilegal', excepto únicamente 'por lo señalado en esta sección y secciones 1312, 1316, 1317, 1328, 1342, y 1344 de este título'. La Sección 1342 del Acta, de hecho, autoriza a la Agencia de Protección Ambiental a 'emitir un permiso para la descarga de cualquier contaminante, o combinación de contaminantes... bajo la condición de que esta descarga contemplará todos los requerimientos aplicables... (o) las condiciones que el Administrador determine que son necesarias para alcanzar las previsiones de este capítulo'", escribió Jorge Amador7 .   
                   En definitiva, los recursos serán preservados por los propietarios privados porque, de otro modo, se depreciarían sus pertenencias no ocurriendo lo mismo con la propiedad surgida de la coerción que, finalmente, no le interesa a nadie y, consecuentemente, se maneja con 'regulaciones', como la citada en el párrafo anterior, que autorizan al burócrata a que, arbitrariamente, permita contaminaciones. ¿Quién cuida más a los animales? Y no hablemos de los domésticos. Observe a su alrededor, y a lo largo y ancho del mundo, y verá que son las personas privadas las que con más énfasis se dedican a la preservación de la naturaleza. Existen miles y miles de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la defensa de la naturaleza animal y vegetal en todo el mundo. En Kenya, donde la venta de marfil estaba  prohibida por el Estado, la población de elefantes declinó más de 70 por ciento -de 65.000 a 19.000- entre 1986 y 1996. En cambio, durante el mismo período, en Zimbabwe, que reconocía la propiedad privada de éstos paquidermos, la población se incrementó de 30.000 a 43.000, según Jarret B. Wollstein 8. Esto ocurre debido a que, como se permite la venta de marfil, los vendedores crían y cuidan a los elefantes. El motivo por el que los caballos, por ejemplo, no se extinguen es porque están en manos privadas cosa que, básicamente, no ocurrió con el tigre de bengala que estuvo cerca del peligro de extinción.

                   Según Wollstein, durante los años sesenta, Brasil se embarcó en un masivo 'desarrollo' de su selva amazónica. Y el Estado construyó miles de kilómetros de caminos con subsidios, otorgó préstamos baratos a los granjeros y ganaderos e, inclusive, les proveyó transporte gratuito. Los granjeros quemaron los bosques. La agricultura del Amazonas es rentable -comparado con la rentabilidad de mantener los bosques- únicamente debido a los diversos subsidios artificiales. Un estudio encontró que las ventas de ganado cubren solamente el 55 por ciento de los costos. De modo que, sin fondos provenientes del Estado brasilero y del Banco Mundial, gran parte de la destrucción de la selva amazónica nunca hubiera ocurrido. En contraposición con esto, Matt Ridley9 aseguraba que en Nueva Zelanda, diez años antes, el gobierno dejó de subsidiar a los agricultores. Lo que resultó muy beneficioso para el medio ambiente, dado que éstos utilizaban los subsidios estatales para convertir artificialmente, mediante la utilización de pesticidas y fertilizantes contaminantes, tierras que no eran rentables según el mercado.

                   En fin, está claro que la naturaleza del mercado cuidará, qué duda cabe, a la naturaleza del mercado.

EPILOGO

LA CULTURA DE LA DEPRESION O LA RIQUEZA ILIMITADA10

                   "Es el estatismo el que ha devenido en 'el espíritu de condiciones sin espiritualidad' y en el opio, no de las masas, sino de las 'elites' ", Theodore J. Forstmann 11.

                   Si camina por algunas ciudades del mundo y pone un poco de atención, notará que está caminando como por un cementerio. En cada esquina encontrará una placa recordatoria de algún muerto. Supuestamente, es el nombre de la calle en cuestión, que corresponde a algún 'prócer' del lugar. Pero lo cierto es que, con todo el respeto y la honra que merecen los muertos, ir cada mañana a trabajar a la calle del muerto Fulano, entre el muerto Mengano y el muerto Sultano no es, precisamente, empezar el día con la vista puesta en la vida. Habiendo tantas bellezas en el mundo muchas llenas de vida que podrían adornar las calles como lugares geográficos, especies vegetales o animales y, para los que somos católicos, lo que más nos recuerda a la vida que son los santos -porque están en 'el cielo' y muy vivos- este énfasis en la muerte, francamente, tiene poco sentido. Ahora, ¿es esto casual? No. Responde sistemáticamente a una 'cultura de la depresión' que ha calado tan hondo en nuestra 'civilización' que hasta está inserta en muchas definiciones. Así, por ejemplo, muchos definen a la economía como 'el estudio de la utilización de los recursos escasos'. Y, si los recursos son escasos, sólo queda decidir cómo asignarlos, planteándose una verdadera lucha violenta entre las personas, de modo de ver quién se queda con lo poco que hay12 .
                   Esta cultura de la depresión nos decía, en su momento que, cuando el carbón se acabara la civilización correría el riesgo de desaparecer. Pero apareció el petróleo que, gracias al desarrollo tecnológico, se convirtió en una fuente de energía muy superior. Y el mundo progresó increíblemente. Luego vino Henry Ford y anunció que fabricaría autos para la clase media; y lo tomaron por loco. "¿Para qué quiere el mundo autos fabricados en forma masiva? Si hoy nadie los usa, ni siquiera tenemos rutas". Cincuenta años atrás, muchos 'sabios' dijeron que las reservas de petróleo eran suficientes sólo para treinta años más. Y deprimieron a todos, y los Estados artificiales se apresuraron a tomar medidas: algunos hasta racionalizaron el consumo. Hoy resulta que, gracias al avance tecnológico que, entre otras cosas, permite extraer de mayores profundidades y la mejor utilización de los derivados, tenemos reservas, por lo menos, para noventa años más. Y, además, se están desarrollando nuevas fuentes de energía.
                   ¿¡Cuántos profetizaron acerca de la superpoblación, de los problemas de hambre que significaría!? ¿Cuántos organismos racionalistas, estatales y paraestatales, nacionales e internacionales, utilizaron estos argumentos para justificar su existencia y políticas de control de la natalidad y, encubiertamente, promover la peor clase de homicidio como es el aborto? En 1850 el 65 por ciento de la población de los Estados Unidos se dedicaba al cultivo de la tierra. A medida que avanzaba la industrialización, los depresivos de siempre decían que, si continuaba el éxodo de los obreros del campo hacia la ciudad, caería la producción de alimentos a la vez que aumentaría la población para alimentar en las ciudades, lo que provocaría una hambruna. Hoy, sólo el 3 por ciento de la población de los Estados Unidos trabaja la tierra y, ¡oh paradoja!, la cantidad de alimentos no sólo no disminuyó sino que aumentaron el consumo interno y, también, la exportación de productos agrícolas que llegó, en 1996, a la friolera de US$ 60.400 millones13 .
>                    Y esto gracias al avance tecnológico, 'creado' por la mente del hombre que, con innovaciones, ha conseguido que en la misma cantidad de tierra y con mucha menos mano de obra se produzca mucho más. La tecnología  viene, pues, a fortalecer a la naturaleza humana permitiéndole salvar grandes males como, por ejemplo, la violencia implementada desde distintos lugares, obviando las barreras implementadas por los Estados coercitivos. Así, el impresionante avance científico, que viene auto acelerándose, nos plantea claramente algo que, en realidad, ya sabíamos: que el futuro será muy diferente, será mucho mejor y que, no sólo no podemos planificarlo, sino que nos sorprenderá sobremanera. Así, los recursos, la riqueza, son una 'invención' de la mente humana14 y, en consecuencia, nunca podrán terminarse. De hecho, pareciera que la empresa del futuro es la empresa virtual cuyo capital más importante, sino el único, es su equipo de mentes humanas y donde los bienes materiales -manejados a distancia o por robots- serán absolutamente secundarios, si es que los tienen. Es el hombre el que define qué es riqueza y cuánta debe haber y dónde debe estar, de aquí la importancia fundamental de la verdadera autoridad, la autoridad moral, en la sociedad natural. Es el hombre el que dice: tendremos autos, y los habrá más caros y los habrá más baratos y éstos serán símbolo de riqueza, y funcionarán con petróleo. Y, entonces, invertiremos en petróleo de modo que mucha gente pueda trabajar y ganar su sustento con este trabajo.
                   De modo, que no se trata de deprimirse y pelearse sino que se trata de servir y de cooperar voluntariamente para crear la abundancia. Porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para participar en la Creación15 que, lo quieran o no los cultores de la depresión, es infinita, no tiene ninguna clase de límites. Salvo claro está, que violemos el orden natural que no son sino las reglas para seguir la Creación, que no es sino el modo en que se desenvuelve y crece la vida. La depresión es una falta de confianza en la vida y, como sus cultores no entienden a la naturaleza, pretenden imponer un orden artificialmente creado que, como no es algo que surja espontáneamente se ven forzados a imponerlo violentamente chocando con el natural, entrando en un conflicto que termina por destruir a quienes la ejercen ya que la vida, por definición, es natural. Y la violencia al ser contraria a la vida humana y, en consecuencia, destructiva es, obviamente, depresiva.

                   Pero ¿quién es el campeón de la depresión16 ? El institucionalismo coercitivo, qué duda cabe. Entre otras cosas porque, según un sabio dicho popular, "la burocracia tiene un problema para cada solución". A cada proyecto que se presenta le encuentran una resolución que lo impide, en forma coactiva, o lo complica. Sucede que, en la medida en que los Estados hagan uso de la violencia coactiva como método para 'organizar' a la sociedad, en esta medida estarán destruyendo como lo han hecho hasta ahora. Y así, a pesar de pertenecer a una humanidad con potencial de recursos ilimitados, existen niños que padecen hambre17 . El estatismo, el racionalismo, al no tener fe no puede tener esperanza. Pero lo más lastimoso de esto es que, como no la tienen y no lo pueden disimular, hacen un culto de la muerte18 para tapar con esto los atisbos de esta virtud. Y, mientras tanto, pretenden distraer las penas consecuentes de su mundo finito con el goce efímero y circunstancial de un materialismo, al final, aún más deprimente.

                   El futuro no pertenece a la lastimosa 'planificación' racionalista. El futuro es mucho más ordenado, mucho más rico y mucho más apasionante. Pertenece a la capacidad 'creadora' del hombre, a su capacidad de incursionar en lo desconocido y convertirlo en algo útil dirigido al bien, pertenece al ámbito de la fe. El futuro pertenece a la esperanza que es la fuerza para adentrarse, sin miedo, en 'Lo Desconocido'. Debemos desoír la depresión porque es mentira, tenemos que evitar la violencia porque es, siempre y en cualquier caso, destructiva, y entonces veremos que la Creación es infinita y la participación del hombre es ilimitada.

                   El mundo ha sido creado para la gloria de Dios. Y Dios, qué duda cabe, se asegurará de obtener la mejor gloria 19.

1 Encíclica 'Sollicitudo Rei Socialis', 29, Roma 1987.

2 "Es regla general que el bien público debe ponerse antes que el bien privado, pero es difícil saber que es el bien público...", Bartolomé de Albornóz, escolástico español, 'Arte de los Contratos', (Valencia, 1573), p. 69 (citado por Alejandro A. Chafuén en 'Christians for Freedom', Ignatius Press, San Francisco, USA, 1986, p. 71).

3 "Primero, porque cada uno es más solícito en la gestión de aquello que con exclusividad le pertenece que en lo que es común a todos o a muchos, pues cada cual, huyendo del trabajo, deja a otro el cuidado de lo que conviene al bien común...; segundo: porque se administran más ordenadamente las cosas humanas cuando a cada uno incumbe el cuidado de sus propios intereses, mientras que reinaría confusión si cada cual se cuidara de todo indistintamente. Tercero: porque el estado de paz entre los hombres se conserva mejor si cada uno está contento con lo suyo, por lo cual vemos que entre aquellos que en común y pro indiviso poseen alguna cosa más frecuentemente se originan contiendas", santo Tomás de Aquino, S. Th., II-II, q. 66, a. 2, in c.

4 'Take Back the Environment', The Freeman, Ed. The FEE, Irvington on Hudson, New York, August 1987, Vol. 37, no. 8, p. 310. Ver también Terry L. Anderson y D. R. Leal, 'Ecología de mercado', Unión Editorial, Madrid 1993.

5 'Wilderness Cathedrals and the Public Good', The Freeman, May 1987, p. 170.

6 'Playing God in Yellowstone: The Destruction of America's First National Park', University of Nebraska: Lincoln, 1986.

7 Op. cit, p. 309.

8 Citado en 'Atlas del Sud', Buenos Aires, abril-mayo 1997, Suplemento Ideas & Protagonistas, p. 2.

9 'Down To Earth', IEA Studies on the Environment No. 3, London 1995, p. 33.

10 Algunos datos de este epílogo los he tomado de una conferencia pronunciada por Paul Zane Pilzer durante la que se refirió a su libro 'Unlimited Wealth'.

11 'Statism: The Opiate of the Elites', Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale, Michigan, May 1997, Volume 26, Number 5.

12 El error de esta creencia tiene su origen "... además en el supuesto de plena información y entorno estático que considera con respecto a los bienes sociales (dados y conocidos), lo cual lleva a estimar justificada la coacción para garantizar no sólo las libertades esenciales, sino también el principio de 'maximización', en virtud del cual ha de maximizarse la situación de los menos favorecidos garantizando la igualdad de oportunidades para todos", Jesús Huerta de Soto, 'Socialismo, Corrupción Ética y Economía de Mercado', Libertas no. 27, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1997, pie de p. 267. Ya vimos que, entre otras cosas, ni los recursos son conocidos porque se multiplican permanentemente debido al avance tecnológico, es decir, que nunca existe plena información, ni el mercado es estático.

13 Esto, entre otros muchísimos datos de la realidad, desmienten definitivamente a Malthus.

14 "El hombre, mediante la tenaz aplicación de su inteligencia y de su trabajo, arranca poco a poco sus secretos a la naturaleza, y hace un uso mejor de sus riquezas", Pablo VI, Encíclica 'Populorum Progressio', 25, El Vaticano 1967. "...lo que el sistema económico produce no son cosas materiales, sino conocimiento inmaterial", según Frank Tipler en 'A Liberal Utopia', en "A Special Symposium on 'The Fatal Conceit' by F. A. Hayek", Human Studies Review, volumen 6, no. 2, invierno 1988-1989, pp. 4-5 (citado por Jesús Huerta de Soto en 'Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial', Unión Editorial, Madrid 1992, pie de p. 79). "... los recursos económicos de una sociedad no son sus recursos naturales como tales, sino una relación, interna a la sociedad, entre sus recursos naturales y sus habilidades organizativas y tecnológicas para extraer o adquirir de algún modo y utilizar esos recursos naturales... Los recursos que contribuyen a la riqueza económica no son solo materiales...” N. Rosenberg y E. Birdzell, Jr., 'How the West Grew Rich: The Economic Transformation of the Industrial World', New York: Basic Books Inc. 1986, p. 10.

15 "El progreso de las ciencias y los inventos de la técnica nos manifiestan el maravilloso orden que reina en los seres vivos y en las fuerzas de la naturaleza, al mismo tiempo que la grandeza del hombre que descubre este orden y crea los medios aptos para adueñarse de esas fuerzas y reducirlas a su servicio", Juan XXIII, Encíclica 'Pacem in Terris', 2, Roma 1963. "El Evangelio de la vida, proclamado al principio con la creación del hombre a imagen de Dios para un destino de vida plena y perfecta (cf. Gn 2, 7; Sb 9, 2-3)...", Juan Pablo II, Encíclica 'Evangelium Vitae', Roma 1995, 7. Claro que, la vida plena y perfecta no es de este mundo, lo que no quita que 'comience' en esta tierra.

16 Un modo muy simple para distinguir entre un cultor de la depresión, de la negación de la vida, y alguien que propone de verdad una solución, es que unos profesan un modo de pensar negativo, en tanto que los otros una manera positiva. El negativo, descree del bien, consecuentemente, no cree en las soluciones buenas y sí en que es 'inevitable' un poco de mal para evitar males mayores (la teoría del mal menor: la violencia mínima); el positivo sabe que el bien existe, consecuentemente, cree firme y definitivamente en la coherencia de la bondad, es decir, en los finales buenos y en los buenos medios: en el pensar positivo, en la vida positiva. Un cultor de la depresión, para terminar con el delito, propondría la eliminación (o confinamiento) del delincuente. En cambio, una solución verdadera es proponer un tratamiento que supere de modo positivo a la 'voluntad' delictiva y recupere en toda su potencialidad la vida de la persona.

17 En contraposición con lo que ocurrió en las Estados Unidos, a pesar de que Rusia cuenta con algunas de las tierras más ricas del mundo y que antes de la revolución bolchevique era el principal exportador mundial de granos, durante el comunismo no sólo no llegaba ni siquiera a producir lo suficiente para el consumo interno sino que pasó a ser el principal importador mundial. Entre 1920 y 1930 murieron en Rusia entre 5 y 10 millones de personas por inanición, mientras que otra cantidad similar se salvó de la muerte gracias a las donaciones de alimentos por parte de los países occidentales. Rusia utilizaba el 25 por ciento de su fuerza laboral en tareas agrícolas. Pero lo más sintomático es que, si la cantidad a importar no aumentaba, era porque los pocos establecimientos privados que existían rendían con mucha eficiencia. Efectivamente, la URSS llegó a autorizar la existencia de mini chacras privadas y éstas, a pesar de que totalizaban sólo el 3 por ciento de las tierras cultivables, producían el 27 por ciento de los alimentos nacionales. Ver David Osterfeld, 'Socialism and Incentives', The Freeman, vol. 36, no. 11, The FEE, Irvington on Hudson, New York, November 1986, p. 412. Ver también Sven Rydenfelt, 'A Pattern for Failure', New York: Harcourt 1983, pp. 27-45; Hedrick Smith, 'The Russians', New York: Ballantine 1984, pp. 264-84; y Marshall Goldman, 'USSR in Crisis', New York: Norton 1983, pp. 63-87.

18 Por cierto que, como Católico, creo en la vida eterna, pero como me comprometí a no hacer un tratado religioso no discutiré su existencia. Sin embargo, hecha esta aclaración, me parece importante señalar las consecuencias de las diferentes creencias. Como para los racionalistas, finalmente no existe la vida sobrenatural, la vida eterna, la muerte es 'el fin total', la negación final de todo. Es decir que, irónicamente, al enfatizar tan crudamente esta muerte, lo que están haciendo, inconscientemente, es reconocer, después de todo, que su mundo no vale nada puesto que, en última instancia termina en nada. De aquí que tengan necesidad de exaltar la muerte, porque esta exaltación de la nada final les permite exaltar el final inevitable de su teoría: la nada. Por el contrario, quienes vemos en la muerte física sólo un proceso natural que, justamente, hace a la vida (desde un punto de vista físico sería imposible la vida humana si no muriéramos a una edad razonable, dado que si nunca hubiera muerto un ser humano, no sólo aumentando con esto el número de seres sino procreando todavía más, hoy seríamos tal cantidad de habitantes que el mundo sencillamente no podría cobijarnos), no le tememos como el final de la vida sino por el contrario como el principio de, aún, más vida. En este sentido, para nosotros la muerte es sólo una transición y, consecuentemente, nada a lo que haya que darle excesiva importancia. Y, por cierto, aun cuando inevitablemente produce dolor (dolor que es necesario de modo que valoremos la vida), la muerte no debería provocarnos más que la admiración que nos producen tantos misterios de la creación cuando dan lugar a la vida. Del mismo modo, también el parto es doloroso.

19 Se me ha dicho que soy optimista. En realidad, me considero realista, porque no niego que el camino del hombre sea duro, que exija mucho esfuerzo (aunque, en rigor, el esfuerzo es sano y es, precisamente, lo que hace que el camino no sea tan imprevistamente duro), y no niego que las personas puedan equivocarse mucho. Pero se me ha dicho optimista porque en ninguna parte del ensayo acepto la menor posibilidad de que la humanidad, finalmente, fracase. En realidad, mi tesis no es esa. Mi tesis (natural) es que el hombre (natural) evidentemente ha progresado, en razón del orden preexistente, y nada (natural) hay que indique que esta tendencia no seguirá adelante, por el contrario. Finalmente, en términos teológicos, está claro que Dios no puede fracasar y, consecuentemente, no lo hará su Creación predilecta: el hombre. Pero esto no quita (entre otras cosas, el Apocalipsis al que no me referiré porque no me corresponde) que Dios tenga la última palabra. Eventualmente, aunque no veo motivo para creer esto, el Ser Supremo podría decidir hacer desaparecer a los hombres y, entonces, instantáneamente, no quedaría ni uno de nosotros. Algunos teólogos afirman algo que muestra hasta qué punto dependemos del Ser Supremo, aseguran que bastaría con que Dios dejara de pensar en nosotros por un momento infinitesimal para que desapareciéramos como si nunca hubiéramos existido.