EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

Alejandro A. Tagliavini

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La Planificación y el libre albedrío

Ya sabemos que, para el Doctor de Aquino, la Providencia 'se manifiesta', de modo principal, a través de la razón natural. Por esto es que, toda la naturaleza, está sometida al hombre. Ahora, queda claro que esto de ninguna manera significa que el ser humano pueda 'adelantar el futuro' –planificar- porque esto implicaría que el hombre es la Providencia o incluso anterior. Cuando la verdad es la inversa: la Providencia es anterior al hombre -limitándose la persona a participar, posteriormente- y se manifestará, luego, a través la razón natural de la persona. De aquí la importancia del libre albedrío.

En rigor, la razón natural humana 'participa' de la Providencia, quedando claro que esta participación es 'secundaria'. En el sentido de que, si bien puede decirse que 'participa plenamente' lo hace de modo necesariamente imperfecto y no como 'creador', sino como 'seguidor'. Es decir, no crea sino que, simplemente, va 'adhiriendo' a lo que la Providencia le va descubriendo. Y esto vale, incluso, para los descubrimientos -o 'inventos'- científicos. Para santo Tomás "creare est aliquid ex nihilo facere" 1, es decir, crear es hacer algo a partir de la nada. Consecuentemente, como sólo Dios es capaz de crear algo desde la absoluta nada, queda claro que el hombre sólo puede participar de esta creación. De tal modo que, la 'creación' humana es verdaderamente tal sólo en tanto y en cuanto sea una participación en la Creación. Participación secundaria, 'seguidora' a través del libre albedrío. En otras palabras, el hombre no 'inventa' -no crea- a la naturaleza, ni al orden natural -a las ciencias- sino que, simplemente, va descubriendo lo que, de hecho, ya fue creado y 'está funcionando'. Según iremos viendo, de aquí la importancia de la fe dado que es el único modo que tiene el hombre para 'participar' junto con el Absoluto. Y la inversa, la planificación, que significa negarle al hombre la posibilidad de 'crear', por cuanto todo se le da 'pensado' de antemano, significa negarle a la persona el proceder en su fe, limitándola a un ser material. Y si recordamos que el hombre es uno, cuerpo y alma, podemos deducir el 'doble' daño que esto implica.

Notemos que los resultados del libre albedrío como son intrínsecos no son, necesariamente, violatorios del orden natural como es la violencia. Podrían serlo -y esta es una característica humana: del libre albedrío- como hemos visto que puede serlo un principio intrínseco, pero si violara -insisto, lo que no es necesario- el orden natural, la persona sentiría los efectos negativos y esto lo compelería, por el principio de supervivencia, a revertir o no repetir su acción. Aun antes que esto, la 'conciencia' le mandaría cumplir con el orden natural. Si, aun así, insistiera en seguir adelante con acciones negativas, terminaría por eliminar la potencia afectada y, con ella, la mala acción. Es decir que, la asunción de las propias responsabilidades tiene que ver con el carácter auto corrector y regenerador del orden natural.

En fin, con mucha seguridad, afirma santo Tomás que, "Luego, necesariamente, siendo el hombre un ser racional, es, por lo mismo, libre en su albedrío"2 . Lo que significa que, efectivamente, es capaz de discernir y optar racionalmente. Esto implica dos cosas: en primer lugar, que una persona podría mantener su libertad de albedrío y, sin embargo, estar físicamente impedida de realizar la acción por la que optó. Si éste impedimento es violento, entonces el orden natural queda violado. Nótese que el orden natural que queda violado no es el de la persona coaccionada -que sigue manteniendo libre su albedrío, aunque no su físico- sino el de la persona que coacciona, al producir un hecho extrínseco al orden natural. En segundo lugar, si cada persona es, de suyo, libre en su albedrío, nadie puede suplantar sus decisiones -salvo Dios, que no lo haría, por propia decisión- por muy sabio que sea. En consecuencia, no es posible planificar la vida de otra persona, menos aún es posible planificar la vida de la sociedad. De modo que, al contrario de lo que nos quieren hacer creer los racionalistas, precisamente, en la medida en que haya razón, hay incapacidad para planificar la o las vidas ajenas3 .

La planificación supone que la razón humana es absoluta -según vimos, supone que la razón es la Providencia4 - y, consecuentemente, puede, construir, adelantar el futuro -proponer una ley de cumplimiento inexorable- puesto que podría conocer todas las infinitas variables que existen en el universo. Pero, como no es absoluta, es incapaz, entre otras cosas, de conocer estas infinitas variables. Consecuentemente, no puede adelantar con seriedad cómo evolucionarán los acontecimientos y, de aquí, que sus leyes nunca se cumplirán inexorablemente de modo natural. Con lo cual, para no desdecirse, necesita coaccionar sus leyes de modo que se 'cumplan inexorablemente' según había predicho.

Demás está decir que la no planificación no significa desorden sino, justamente, lo contrario. El verdadero orden humano hace al momento actual -'en función de la eternidad'- la planificación 'hace' al futuro, supuestamente, al tiempo infinito. Es decir, para ponerlo con un ejemplo sencillo, una cosa es tener las oficinas ordenadas -limpias y las cosas en su lugar- y otra muy diferente es pretender fundar una fábrica de lavarropas, planificando férreamente cuantos aparatos se venderán y exactamente a qué precio. Porque, luego, resulta que ni venden esa cantidad, ni a ese precio o ni siquiera terminan vendiendo lavarropas, y la empresa se desmorona. Una cosa es proponer que durante determinado día, uno trabajará dentro de un horario y anotarlo en la agenda, y otra prever la cantidad de lavarropas que venderá. Sencillamente, porque uno, hasta cierto punto, puede disponer de sí mismo -de su libre albedrío- pero no hay modo de disponer de los compradores, del mercado, a menos que los fuerce coercitivamente por ejemplo, teniendo vía control aduanero, el monopolio nacional.

Es decir, el ser ordenado no es más que un mero intento por adaptarse al orden preexistente 5, planificar consiste en pretender que con nuestra razón podremos forzar el futuro. El ejercicio mental es muy diferente, en un caso, significa el estudio de lo que ocurre y nuestro intento por adaptarnos, justamente, a la 'planificación' que propone el orden natural. En el otro, implica pretender que podemos 'racionalizar' los hechos futuros y, consecuentemente, inducirlos en ese sentido. Para ponerlo en términos psicológicos, en un caso es el exterior a nuestra persona el que nos indica cómo debemos actuar, en el otro caso es un intento porque lo externo a nuestra persona se comporte como a nuestro ego se le antoja6 . Y esto, evidentemente, está relacionado con la moral. Consecuentemente, la planificación es el verdadero desorden por cuanto desconoce deliberadamente la existencia del orden natural, y su inexorable fin, y más tarde o más temprano, es el caos.

El racionalismo pretende que, justamente, la ciencia es una prueba de la capacidad planificadora del hombre. Sin embargo, no pareciera que el conocimiento humano fuera muy planificado. Gabriel Zanotti escribió que "No hay forma alguna - y menos aún, algorítmica - que permita decir cuando un programa se convierte en empíricamente progresivo o regresivo... La respuesta de Lakatos... es básica: es la noción de riesgo lo que permite distinguir lo racional de lo no racional. Por supuesto que un científico sabe que corre el riesgo de estar trabajando muchos años en un programa progresivo que repentinamente se vuelva regresivo, dada una molesta e importante anomalía, pero es esa conciencia de riesgo - esencial, en mi opinión, a la falsabilidad - lo que lo mantiene dentro de lo racional... (la ciencia) es un orden espontáneo que funciona con independencia del conocimiento disperso de los científicos... se trabaja con conjeturas que se intuyen, que no son nunca absolutamente corroboradas, ni absolutamente falsadas". Ahora este riesgo -propio de los órdenes no planificados como la ciencia- debe encararse con 'madurez' así, continúa Zanotti, "Una conciencia 'madura' es una conciencia que ha crecido moralmente... cualificada por la prudencia, mediante la cual una persona juzga con verdad y certeza..." 7.

La espontaneidad de la ciencia -que se corresponde con la del orden natural- surge de que, en definitiva, es 'lo empírico' lo que la guía, recordemos lo dicho sobre el método empírico, en cuanto que es una búsqueda de lo externo, tanto fenomenológico como 'subjetivo'. Ahora, una búsqueda real de lo empírico supone una conciencia 'madura', es decir, prudente. Recordemos que la prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales, según la Doctrina Católica. En definitiva, según veremos, es la fe natural la que nos proporciona un conocimiento 'intuitivo' ordenado puesto que nos 'intuye' la existencia del orden -dirigido al bien- natural, y supone la prudencia, frente al principio y el fin de este orden, la Infinita Verdad.

Por otro lado, probablemente fue a partir de Max Weber que predominó, en las ciencias sociales, por lo menos de jure, la posición 'Wertfreiheit', es decir, que la ciencia no debe hacer juicios de valor sino limitarse a los juicios de hecho puesto que los fines últimos pueden ser solamente una cuestión de pura preferencia personal no sujeta a la argumentación racional. La clásica concepción filosófica de que es posible una ética racional -es decir, una ética 'científica', en sentido amplio- ha sido descartada en gran medida. Cuando, de todo lo que hemos visto, resulta claro que "Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones..." según asegura el Catecismo de la Iglesia Católica, por cuanto "La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo... Es la prudencia quién guía directamente el juicio de conciencia"; así "La conciencia moral comprende la percepción de los principios de la moralidad (sindéresis), su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes... La verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por el dictamen prudente de la conciencia...". De modo que "La conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados..." y así "El hombre tiene derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales..."8 .

1 Cfr. S.Th., I, q. 45, a. 1 y ss. Es decir que, que "Crear quiere decir llamar a la existencia desde la nada; por tanto, crear quiere decir dar la existencia", según asegura S.S. Juan Pablo II, Encíclica 'Dominum et Vivificantem', Roma 1986, II, 3, 34.

2 S.Th., I, q. 83, a. 1. "Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. 'Quiso Dios 'dejar al hombre en manos de su propia decisión' (Si 15, 14), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a El, llegue libremente a la plena y feliz perfección' (GS 17)", C. Ig. C. n. 1730. En particular, con respecto a la libertad de pensar, de emplear el razonamiento, aunque con algunos comentarios, puede resultar útil leer 'Readings in Ethics', J. F. Leibell (comp.), Loyola University Press, Chicago 1926, pp. 90-103 y 109; también 'Thomistic Psychology', R. E. Brennan, O.P., The Macmillan Company, New York 1941, pp. 221-2.

3 El 'determinismo' ha tratado de soslayar esto introduciéndonos en una discusión falsa. Efectivamente, aun cuando una persona estuviera genéticamente predeterminada a ser un delincuente asaltante de bancos extranjeros en determinada ciudad dentro de determinadas calles (un determinismo exagerado), sería libre en su albedrío en la medida en que fuera racional. No es lo mismo, por ejemplo, asaltar dicho banco durante el día, cuando hay gente cuya seguridad corre riesgo, que asaltarlo durante la noche sin riesgo para ningún cliente. En la medida en que fuera racional sería, entonces, siempre libre en su albedrío y, consecuentemente, responsable de sus actos.

4 S.S. Juan Pablo II afirma que "Olvidando, sin embargo, que la razón humana depende de la Sabiduría divina -y en el estado actual de naturaleza caída también de la necesidad- así como la realidad activa e innegable de la divina Revelación para el conocimiento de verdades morales incluso de orden natural, algunos han llegado a teorizar una completa autonomía de la razón en el ámbito de las normas morales relativas al recto ordenamiento de la vida en este mundo. Tales normas constituirían el ámbito de una moral solamente 'humana', es decir, serían la expresión de una ley que el hombre se da autónomamente a sí mismo y que tiene su origen exclusivamente en la razón humana. Dios en modo alguno podría ser considerado Autor de esta ley; sólo en el sentido de que la razón humana ejerce su autonomía legisladora en virtud de un mandato originario y total de Dios al hombre. Ahora bien, estas tendencias de pensamiento han llevado a negar, contra la Sagrada Escritura (cf. Mt. 15, 3-6) y la doctrina perenne de la Iglesia, que la ley moral natural tenga a Dios como autor y que el hombre, mediante su razón, participe de la ley eterna, que no ha sido establecida por él", Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 36. Me interesa, en particular, recalcar el punto en donde desacredita la capacidad de planificar un orden al advertir que no puede existir algo así como un mandato original de Dios al hombre para que éste haga lo que le venga en gana. Por el contrario, el orden debe ser tal (espontáneo), que Dios 'se haga patente' en cada instante.

5 "Si ordenamos todos los lápices por tamaño, excepto uno, el observador experimentará una sensación de alivio si restablecemos la continuidad de la serie"..."Por lo tanto…: los hombres prefieren las distribuciones ordenadas cuya ley estructural pueden captar, y tienden a reconstruir esas distribuciones de acuerdo con los modelos que han incorporado mentalmente", Bertrand De Jouvenel, 'Orden vs. Organización', Libertas no. 9, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1988, pp. 53 y 56. En otras palabras, este ejemplo muestra que los seres humanos tenemos interiormente la noción de la existencia de un orden anterior. Que no está en el largo de los lápices, bien podríamos haberlos ordenado según los colores, sin prestar atención al tamaño. El orden anterior hace referencia a que, el observador inmediatamente notará que hemos elegido ordenarlos según el tamaño y que, sin embargo, lo descuidamos con un lápiz. En otras palabras, el orden anterior, justamente, hace referencia a nuestra organización personal (a partir del libre albedrío) en función del Orden. Recordemos que, precisamente, orden hace referencia a un conjunto de elementos relacionados de modo tal que alcancen un fin, según santo Tomas (cfr. Summa contra Gentes, III, 71-74).

6 Según E. De Bono, en un entendimiento ordenado "El pensamiento comienza ahora a fluir de los papeles representados y no de tu ego. De este modo se trazan los mapas. Así, finalmente, el ego puede elegir la ruta que prefiera", 'Seis Sombreros para Pensar', Granica, Barcelona 1996, p. 33.

7 G. Zanotti, 'Epistemología y Política', Libertas No. 29, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1998, pp. 171-2 y pié de pp. 176-7. El Papa Juan Pablo II asegura que "Para el Antiguo Testamento, pues, la fe libera la razón en cuanto le permite alcanzar coherentemente su objeto de conocimiento y colocarlo en el orden supremo en el cual todo adquiere sentido. En definitiva, el hombre con la razón alcanza la verdad, porque iluminado por la fe descubre el sentido profundo de cada cosa y, en particular, de la propia existencia. Por tanto, con razón, el autor sagrado fundamenta el verdadero conocimiento precisamente en el temor de Dios: 'El temor del Señor es el principio de la sabiduría' (Pr 1, 7: cf. Si 1, 14)", Encíclica 'Fides et Ratio', Roma 1998, n. 20.

8 nn. 2294, 1806, 1780, 1781 y 1782 respectivamente.