EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA

Alejandro A. Tagliavini

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MONEDA, CREDITO, FINANZAS Y SISTEMA BANCARIO

LA TEORIA MONETARIA   

                   A pesar de la propaganda en contrario, lo cierto es que la moneda no es más que otra mercadería o servicio -para el caso, a los fines de este estudio, es lo mismo- como los zapatos, las vacas, los autos o el oro1 . El corolario, según veremos, es que la inflación -o deflación- es un fenómeno propio, necesario y exclusivo del sistema monetario estatista. En consecuencia, carece de sentido hablar de inflación -o deflación- dentro de un sistema monetario natural. Más allá de las precisiones históricas, en el principio era el trueque y hoy todavía lo es. La gente iba al mercado con gallinas o cerdos para cambiarlos por flechas o sandalias. Cansados de transportar gallinas, las cambiaron por pequeños trozos de oro. Luego, como se hace con cualquier mercadería, al oro le pusieron marca y lo acuñaron y lo llamaron moneda. Cansados de transportar oro, lo depositaron en cajas seguras. Y fueron al mercado con certificados de depósito, a los que llamaron billetes. Luego los cheques, las tarjetas de crédito, el dinero 'electrónico'2 y demás. Pero el principio no ha dejado de ser el mismo: mercadería por mercadería, servicio. La moneda, en definitiva, podría verse como otro servicio que permite, básicamente, el cálculo -basado en una unidad conocida- y la agilidad en las transacciones. En cualquier caso, para distorsionar todo, en algún momento, a alguien se le antojó que el Príncipe o el Estado debía tener el monopolio -coercitivo, obviamente- de la fabricación de moneda, y el curso forzoso 3.

                   Consecuentemente, el dinero cumple, al igual que cualquier otra mercadería o servicio, con la curva de oferta-demanda4 , OD, pudiendo ocurrir dos cosas, según el sistema sea natural o coercitivo. Conviene recordar que, en rigor de verdad, no existe un punto de equilibrio en la curva de OD sino, un entorno puntual, con tendencia al equilibrio en la medida en que no existan fuerzas coercitivas, extrínsecas a la sociedad, des coordinadoras. De otro modo, de no existir un entorno en permanente movimiento, el mercado sería estático. Si el sistema es natural, intrínseco al mercado, es decir, que cualquiera puede emitir moneda y hacerla circular sin impedimentos de carácter violento5 , una sobreoferta, por ejemplo, significará una pérdida para el emisor6 . Lo que advertirá inmediatamente y corregirá con urgencia so pena de quebrar. Por su lado, el público advertirá rápidamente esta situación y buscará otra moneda. En cualquier caso, no habrá alza generalizada de precios sino que, en el peor de los casos, simplemente, una de las tantas monedas ofertadas perderá valor frente a los demás bienes, servicios y monedas. Si se produjera un shock de desconfianza, ocurriría una corrida como cualquier corrida bancaria, y el emisor en cuestión, probablemente, quebraría -si no tiene un buen seguro, lo que resulta poco creíble- pero, nuevamente, no se produciría alza generalizada de precios. El mercado, en definitiva, se comportaría con respecto a la moneda del mismo modo cómo se comporta frente a los cheques. Inversamente, una sub oferta producirá un aumento en el precio de la moneda, con respecto a los demás bienes, lo que, rápidamente, alentaría al emisor a emitir más intentando equilibrar la demanda.
                   Si el sistema es estatista -extrínseco al mercado natural- por caso sólo el Estado coercitivo puede emitir y obliga al curso forzoso, la inflación -o deflación- en cualquier caso, es inevitable. Todo lo que el burócrata puede hacer, es tratar de regular la variación generalizada, no de precios en general, sino del precio de su moneda con respecto a los demás bienes, conteniendo la emisión y rezando para que no se produzca una corrida. En primer lugar, como el Estado coercitivo, por propia definición, no se maneja con criterios de eficiencia económica sino políticos no le importa perder y, en consecuencia, sus operadores no están preparados para advertir las pérdidas ocasionadas por una tendencia desequilibrante en la OD. Y, entonces, salvo por una fugaz casualidad, la tendencia equilibrante de la OD nunca se logrará. Y la inflación -o deflación- es una enfermedad monetaria generalizada que desnaturaliza todo el proceso económico puesto que, al ser la moneda estatal el único medio de cambio, todas las transacciones y cálculos quedan distorsionados en la medida de la inflación, o deflación.
                   Peor aún, al no existir mercado natural, no existen índices reales de la OD. Todo lo que en los sistemas estatistas se habla acerca de la demanda monetaria, no es más que pura ficción de economistas planificadores que pretenden sustituir, con rígidos sistemas ingenieriles, el comportamiento absolutamente maleable e impredecible de la naturaleza humana. De modo que, ni siquiera en el hipotético caso de que, por pura casualidad -más bien por un 'milagro', porque la coerción es de suyo des coordinadora y desequilibrante, por cuanto la coordinación implica acuerdo voluntario- el Estado artificial hubiera logrado una tendencia equilibrante de la OD, tendrá conciencia de tal tendencia. Dado que sólo el mercado natural puede reflejar, con explícita certeza, las variables económicas. Es decir, en un mercado los precios como resultado de la competencia van indicando el nivel de la tendencia de oferta y demanda -si la demanda aumenta, los precios aumentan, si baja los precios bajan- pero si no hay precios reales -en este caso, porque al ser el mercado monopólico no hay competencia- no es posible saber cómo está variando la OD.
                   La inflación -o deflación- en definitiva, no es más que el desfasaje que se produce, en forma artificial, entre la curva natural de oferta y demanda de moneda -la curva intrínseca, la que ocurrirá en la medida en que el mercado no sea distorsionado por medidas coercitivas- y la oferta y demanda de moneda que efectivamente rige en el mercado. Y este desfasaje se produce, insisto, cuando, vía curso forzoso, se impone un sistema monetario que no responde –extrínseco- al mercado natural. De paso, cabe señalar que lo que a veces sucede en los sistemas estatistas es que, debido a que el Estado coercitivo imprime moneda en forma exagerada, para poder solventar sus gastos, existe una exagerada oferta monetaria por parte del único oferente, y esto provoca una acelerada depreciación del signo monetario, dando lugar a que se hable de la inflación como el resultado de la 'creación espuria de moneda'. Lo que, en rigor, no se ajusta a la verdad. Si el aumento -o disminución- lo produce el mercado natural, entonces, bienvenido sea porque ésta variación de los precios es el modo en que la sociedad, de acuerdo con el orden natural, decide la eficiente asignación de los recursos. Recordemos que la eficiencia supone de suyo las relaciones voluntarias, porque éste es el modo de garantizar que ambas partes se benefician, se coordinan. Ahora, si el aumento -o disminución- tiene un origen extrínseco, en un sistema coercitivo, es decir, en una interferencia artificial ajena al mercado del orden natural, entonces, los aumentos -bajas- son malos porque significan una distorsión de lo que la sociedad haría, por su cuenta –intrínsecamente- en función de la eficiencia económica.

                   Resumiendo, si el sistema es coercitivo de moneda única estatal, siempre habrá inflación -o deflación- porque, como el Estado racionalista es incapaz de acertar -incapaz de planificar- con la tendencia equilibrante entre oferta y demanda, el valor de la moneda estatal variará permanentemente, en forma artificial -de modo caótico y desordenado, desequilibrante, des coordinador- con respecto a los otros bienes. Si el sistema es de moneda 'privada y libre', es decir, varias monedas ofertadas, no tiene sentido hablar de inflación, o deflación. Simplemente ocurrirá que las mejores -las más eficientes- monedas serán más solicitadas y el juego de los precios será lo que siempre es en un mercado ordenado: un juego de índices para la más eficiente dirección de los recursos sociales.

EJEMPLOS DE SISTEMAS MONETARIOS ESTATISTAS. PATRON ORO Y CONVERTIBILIDAD

                   Solo a modo de curiosidad, analicemos, muy rápidamente, algunos sistemas monetarios estatistas. Muchos autores han propuesto sistemas monetarios de curso forzoso con 'respaldo'. Los casos más conocidos son el 'patrón oro'7 , y el 'sistema de convertibilidad' según el cual el Gobierno se compromete a pagar una determinada cantidad en especies -dólares u otros- con mercado de cambios libre, o no. Suponen que, con esto, se ponen a resguardo de la arbitrariedad del funcionario de turno. Dado que, en estos sistemas, el Estado se obliga a pagar algo fijo -oro, dólares u otras mercaderías- al portador del billete. Y, efectivamente, en alguna medida lo logran. Pero sigue siendo un sistema estatista, desde el momento en que el Estado es emisor y monopólico. Consecuentemente, es un sistema 'enfermo', de nacimiento, de inflación o deflación. Dado que, en estos sistemas, se suele ponderar a la deflación, quiero insistir en que ésta no es la baja de los precios -la que no sería mala, si fuera determinada naturalmente por el mercado- sino la misma enfermedad que la inflación, pero de signo contrario. Producto de la escasez artificial de moneda, con respecto a lo que el mercado necesita. Y, generalmente, tiende a provocar desinversión y baja en los salarios por cuanto, ante la baja artificial –ineficiente- en los precios -insisto que, en realidad, no son los precios los que bajan sino que aumenta el precio de la única moneda- los empresarios se ven forzados a recortar gastos. Por otro lado, el Banco Central mantiene inutilizadas enormes reservas necesarias para sostener los sistemas de 'convertibilidad', sin consultar al mercado. Reservas que podrían ser utilizadas con importantes réditos.

                   Para entrar un poco más en detalle tomemos, por caso, el sistema de convertibilidad de un peso por dólar que rigió durante algunos años en Argentina, con mercado de cambios libre: que haya un oferente -el Estado- que, por el nivel de la oferta que hace, mantenga el valor de un peso por dólar, no significa que se coaccione al público a comprar o vender a ese precio. Claramente, entonces, el mercado de cambios puede ser libre, y la obligación que el Estado se ha auto impuesto, de pagar un dólar por cada peso que emite es, sin duda, un favor al mercado natural como lo es cualquier limitación que se le imponga a la arbitrariedad de la coerción institucional. Pero, insisto, el sistema sigue siendo estatista y, consecuentemente, inflacionario o deflacionario. Quienes pretenden cambiar un sistema de 'convertibilidad' por una 'flotación sucia' -siempre dentro de un sistema monetario monopólico- lo que, supuestamente, derivaría en que el mercado fijaría el precio del dólar -cuando la verdad es que, en el caso de 'convertibilidad' que estamos analizando, el precio del dólar está fijado por el mercado, y éste dice que vale un peso debido a que existe un oferente, el Estado, con un altísimo nivel de oferta a ese precio- lo hacen basados en dos preocupaciones fundamentales: primero, una eventual huida de capitales que obligaría al Banco Central a vender una peligrosamente grande cantidad de dólares, y la segunda, una forma de corregir probables sub o sobre valuaciones del peso.
                   La segunda de las preocupaciones significa una discusión bizantina. Pues, que la 'convertibilidad', se realice a un peso por dólar es más una cuestión puramente nominal que real desde que, según vimos, en un sistema estatista es imposible conocer la OD natural. El mismo problema de 'sobre valuación' podría ocurrir si fueran dos pesos por dólar. De hecho, generalmente, la 'sobre valuación' se debe, básicamente, al 'costo interno' del país en cuestión. En fin, lo que le importa al mercado, en definitiva, es la competencia entre monedas. Y, en esta competencia, ganará la que ofrezca mejores servicios; básicamente, capacidad de cálculo, pago y ahorro.

LOS SISTEMAS FINANCIEROS Y BANCARIOS8

                   Un sistema financiero tiene, básicamente, las siguientes funciones9 . Debería servir para la correcta asignación y distribución de ingresos entre el presente y el futuro, mediante ahorros, inversión y formación de capital. Debería servir, también, para el reparto de los actuales fondos disponibles para inversión, entre los diferentes proyectos en competencia. Y, además, debería funcionar como administrador del sistema de pagos. En los sistemas estatistas, en cambio, el sistema financiero pretende emular estas funciones pero la realidad es que básicamente es el salvavidas de una determinada política coercitiva, en detrimento de la capacidad productiva del mercado 10. Sin duda, las principales ventajas operativas de un sistema de mercado natural, con intermediarios financieros trabajando sin impedimentos coactivos, son, por un lado, el uso de la eficiente información que transmiten los precios de mercado y, por el otro, el afán de lucro -la eficiencia, la creatividad- que le permiten atraer una cantidad apropiada de reservas sociales y distribuirlas entre los usuarios más productivos. En contraposición con esto, un sistema de empresas operadas o controladas por el institucionalismo coercitivo, sólo se maneja con criterios burocráticos arbitrarios.

                   Las instituciones privadas pueden atraer una cantidad de ahorros determinada vía el ofrecimiento de una tasa de interés tal que refleje, acertadamente, la relación entre las necesidades presentes y futuras de la sociedad11 . De otro modo, de no ser acertada esta tasa, la entidad en cuestión, correrá el riesgo de ser eliminada del mercado. Siendo que el interés es un premio 12, que se paga por ceder ingresos actuales, en aras de inversiones productivas en el futuro. En los sistemas estatistas, en cambio, las tasas no reflejan ninguna relación real entre la disponibilidad de ahorros y las necesidades de inversión. Sino, solamente, el arbitrio de algún funcionario, que, en el mejor de los casos, pretende que conoce al mercado y su evolución futura. Lo que significa exactamente lo mismo que pretender predecir el futuro del mercado de valores. Por otro lado, el sector estatal de la banca, surgida del sistema coercitivo, al tener el poder potencial de recibir ingresos del Tesoro nacional, a través de impuestos, no es responsable de toda mala administración, es decir, no puede quebrar. Lo que implica una competencia desleal con la banca privada que debe pagar muy caro cualquier error en la asignación de los recursos que maneja. Esta malsana interferencia distorsiona seriamente al mercado financiero puesto que, estos bancos estatales, pueden derrochar constantemente los recursos de la sociedad, en préstamos que tienen poco o ningún rendimiento, y no sufrir sanciones por la reducción de la cantidad de fondos disponibles. De hecho, muchas veces, estos organismos gubernamentales, efectúan verdaderas donaciones y no préstamos. Visto que entregan créditos a personas que la banca privada jamás hubiera ofrecido, dado que el proyecto presentado era inviable convirtiéndose, luego, en incobrables. Y, generalmente, estas donaciones son hechas a los amigos, o a los favoritos políticos, aunque sutilmente disfrazados de 'interés nacional'.
                Es decir que, lo que estos bancos estatales suelen hacer es dar créditos a personas o a tasas que el mercado, naturalmente, no estaba otorgando. Y, considerando que el mercado natural no significa otra cosa que la más eficiente asignación de los recursos sociales si no los estaba facilitando era, sencillamente, porque no resultaban rentables, dadas las circunstancias. Ahora, esto significa dos cosas: por un lado que, si no resultan rentables, alguien está perdiendo dinero, el Estado, y por el otro que, dadas las circunstancias, estos créditos eran innecesarios y hasta contraproducentes. Pero, que el Estado artificial pierda dinero significa que esto debe ser pagado por la sociedad, generalmente por vía impositiva que, ya sabemos, siempre recae con mayor fuerza sobre los más humildes, los más débiles materialmente. En definitiva, sin ninguna duda, la banca estatal es la inversa de Robin Hood: le quita a los pobres para darle, por ejemplo, vivienda a los niveles medios y buenos negocios a los niveles más acomodados. Finalmente, otra ventaja, que tienen los intermediarios financieros privados, es que operan a bajo costo debido al interés en su propia rentabilidad. Los bancos estatales, en cambio, tienen altos gastos operativos como consecuencia de su enorme personal y burocratización, y al gran costo que significa cancelar las desmesuradas deudas vencidas. Así es que, para que tener una idea, los bancos estatales en la Argentina consumían, por allá por 1992, entre el 7 y el 8 por ciento de las tasas de interés que cobraban, en tanto que, los bancos privados, mucho menos del 3 por ciento.

EL AHORRO Y LA INVERSION

                   "La condición sine qua non para producir bienes de capital es el ahorro, entendido como la renuncia al consumo inmediato. En efecto, el actor sólo podrá alcanzar sucesivas etapas intermedias de un proceso de acción cada vez más alejadas en el tiempo si es que, con carácter previo, ha renunciado a emprender acciones con un resultado temporal más próximo, es decir, si ha renunciado a la consecución de fines que satisfacen inmediatamente necesidades humanas y que temporalmente son inmediatos (consumo)", asegura Jesús Huerta de Soto13 . En donde los bienes de capital -lo que vulgarmente se denomina capital- o factores de producción, son los bienes económicos de orden superior. Por otro lado, en principio, está claro que el ahorro es inducido por la inversión, y no a la inversa. Porque éste supone que, los 'eventos' -lucro- que produce un tercero -o la misma persona- resultarán, hacia el futuro -inversión- en mayor beneficio -tasa de interés- para el ahorrista, que los 'eventos' -lucro- que podría haber producido por sí mismo en el momento actual. La razón metafísica de esto es que, debido a la evolución que conlleva el orden natural, los 'eventos' futuros serán más eficientes o más productivos. Sin olvidar que también, como al apoyar el trabajo de un tercero uno se beneficia más que trabajando sólo -esto hace a la vocación social del ser humano- se produce el ahorro. 
            De modo que, si las inversiones resultan productivas –rentables- el ahorro, con fines de inversión directa, es automáticamente inducido. Mientras que la inversa no es cierta. Es decir que, si de algún modo contra natura, se pudiera aumentar el ahorro, éste no se volcaría en inversiones productivas y sí, en cambio, en 'especulación'. En otras palabras, si las inversiones directas son rentables, es decir, por ejemplo, si la tasa interna de retorno de los capitales invertidos supera a los intereses de una plaza financiera natural, entonces, automáticamente se promoverán los flujos de dinero en esa dirección. Así es que no es con actitudes 'voluntaristas' -en sentido racionalista- pidiendo o exigiendo a la gente que ahorre, y mucho menos compulsivamente, que se conseguirá mayor cantidad de ahorro, al menos, eficiente, productivo, que sirva para elevar el nivel del mercado. Efectivamente, supongamos que el gobierno decide forzarlo de algún modo. Lo primero que sucederá es que, los capitales, si no es recomendado por los datos reales que maneja el mercado, intentarán, por todos los medios -legales e, incluso, 'ilegales'- escapar a esta intención del gobierno. Pero, supongamos que en alguna medida sucede, supongamos que el Estado consigue, vía coerción, que se ahorre algo más de lo que el mercado natural hubiera indicado, dadas las circunstancias. Si, éste estaba diciendo que no convenía ahorrar, era porque esto significaría una errónea asignación de recursos, bajo las condiciones existentes.

                   ¿Qué sucedería, entonces, con lo que se pudiera lograr contra natura? Pues sería inútil, mejor dicho, contraproducente. Efectivamente, los fondos acumulados en forma forzada o inducida por el Estado coactivo significarán, en primer lugar, el retiro de recursos que se hubieran volcado en forma eficiente a otras actividades. En segundo lugar, un exceso de ahorro -comparado con lo que el mercado estaba solicitando dadas las circunstancias- que no terminarán en inversiones productivas sino que quedarán para la 'especulación financiera'. Claramente el ahorro resultará inducido por lo atractiva que resulte la tasa de retorno y la cantidad de dinero potencialmente disponible en el mercado. En un juego de la tendencia equilibrante entre la oferta y demanda. Y esto da lugar a un ordenamiento racional de los recursos sociales. Por ejemplo, si alguien le solicita fondos para instalar un casino en Las Vegas, pero sucede que Usted necesita ese dinero para alimentar a su familia, evidentemente, no le dará los ahorros, 'desalentará' la inversión en cuestión. Y, en cambio, al demandar alimentos, presionará en forma positiva sobre su producción de modo que en este campo se realicen inversiones. En otras palabras, ésta tendencia equilibrante del mercado, en la medida en que sea verdadera y no artificial, surgirá como resultado de los mandatos del orden natural aunque sea por defecto: si Usted presta el dinero que tiene para comer, desaparecerá y, con Usted, las malas inversiones.
                   Así es, pues, como se manifiesta el orden natural, porque ahora, aun cuando el casino de Las Vegas pudiera a Usted significarle una interesante tasa de interés, esta 'serie de eventos' es menos perentoria que darle de comer a sus hijos. Esto por cierto, suponiendo la misma información en el mercado. De otro modo, aprovechando una información que Usted conoce y un banquero no, podría pedir un préstamo, para alimentar a su familia y prestar su dinero para el casino, haciendo una diferencia a su favor, premio que Usted recibirá en función de su servicio de coordinación voluntaria. De aquí, por otro lado, surge la importancia de la información en el mercado, en tanto ésta sea veraz y real: lo que, en última instancia, implica un conocimiento del orden natural, por ejemplo, comer es más urgente que jugar. Y es, precisamente, esta desinformación, la consecuencia de nuestra inevitable imperfección pero a la vez, lo que da lugar al mercado natural. Ya que éste, en definitiva, no es más que el proceso más eficiente en la búsqueda de la información que permite salvar los desajustes en la sociedad humana. Justamente, en el mercado -en el orden natural- la información, tal que nos lleve a lo bueno, a mejorar -a la Perfección- es aquella que nos descubre algo preexistente, el orden natural.

                   En fin, en particular el ahorro en el sistema financiero, estará dado por lo atractiva que resulte la tasa de interés, tasa que vendrá definida por la rentabilidad global de las inversiones menos el spread. Es decir que, los depositantes recibirán menores ganancias a cambio de mayor seguridad para sus fondos. Pudiera darse el caso, obviamente, de que hubieran inversiones rentables pero que el spread fuera muy alto, lo que provocaría falta de ahorro en el sistema financiero local. En cuanto a las inversiones extranjeras, éstas estarán dadas por la rentabilidad local en comparación con otras posibilidades en el mercado internacional. En consecuencia, si el mercado es natural, o sea que las inversiones extranjeras y nacionales prácticamente se confunden, para que se produzcan inversiones, éstas deberán ser rentables en comparación con el exterior. Y, obviamente, lo mismo ocurrirá con el ahorro. De modo que, nuevamente, para formar y atraer capitales locales o extranjeros no se necesitan, ni sirven para nada, actitudes 'voluntaristas'. Visto que, el mercado, las desoye completamente y, en cambio, responde rápidamente a los datos reales.

                   Resumiendo, entonces, el motivo por el que se ahorra poco y se piden pocos préstamos es, por un lado, la baja rentabilidad de las inversiones directas y, por el otro, el elevado spread que hace que las tasas pasivas sean demasiado bajas y las activas demasiado altas. Y estas cuestiones tienen su origen, por un lado, en la presión alcista sobre las tasas que significa el alto endeudamiento del Estado coercitivo, y por el otro, en la carga financiera que significa la presión impositiva, y, finalmente, las artificiales intervenciones y 'regulaciones' estatales que encarecen las operatorias e inutilizan y malgastan recursos reduciendo la cantidad disponible.

LAS 'REGULACIONES' ARTIFICIALES EN EL MERCADO FINANCIERO Y OTRAS INTERFERENCIAS

                   Por un lado, ya lo vimos, los bancos de los Estados coercitivos -y esto incluye a los llamados Centrales, o Reserva Federal en los Estados Unidos- significan una competencia desleal, entendiendo por tal una desnaturalización de la esencia económica de la sociedad, dentro del sistema financiero. Pero, además, muchas veces el gobierno interfiere, artificialmente, en las operatorias de los bancos privados con una cantidad de 'regulaciones', como el encaje bancario, que no hacen sino distorsionar la eficiencia del sistema. Si el mercado natural no recibiera interferencias extrínsecas, lo que ocurriría es que éste quedaría incentivado por el afán de lucro que representaría el buen servicio a la comunidad. Y esto llevaría a los banqueros a competir bravamente entre sí, tratando de captar todos los ahorros y otorgar todos los créditos. Pero, al mismo tiempo, cuidando mucho la calidad de las inversiones, de modo de no perder los fondos14 . ¿Y de qué modo podrían obtener esto? Pues, solamente, bajando el spread y utilizando mucha inteligencia a la hora de decidir inversiones productivas, y asesorando a sus clientes para el feliz término de sus negocios. De modo que, esta baja en los costos y este cuidado en la eficiencia en la asignación de los fondos sociales, va en el propio interés de los banqueros privados. Quedando claro que, la baja del spread, tiene un límite, justamente el de la eficiencia que el mercado demanda, el límite de la rentabilidad propia del banco en cuestión, de otro modo quebraría 15.
                   El aumento forzado de los encajes bancarios, por ejemplo, se implementa como modo de obligar a los bancos a retener mayor cantidad de dinero y, de este modo, evitar una excesiva liquidez en el mercado, entre otras cosas. Pero lo cierto es que, un aumento artificial de esta reserva, lo que producirá es un aumento en el spread al tener que solventar, la entidad financiera, sus gastos con menor cantidad de fondos disponibles para préstamos, que los que el mercado hubiera dispuesto. Aumentando el costo del crédito y bajando la tasa de interés para los ahorristas. Sin contar con que, al haber menos dinero disponible para préstamos, la tasa de interés activa, presionada por la demanda, subirá. Entonces, cuando el aumento de este encaje es artificialmente inducido por el Estado, el mercado financiero quedará inevitablemente disminuido. Conclusión: se producirá menos ahorro y menos inversión, es decir, más consumo, más liquidez. Lo cual es lógico y directo, ya que el encaje implica una desmovilización extrínseca de capitales productivos. En consecuencia, el efectivo mínimo, el encaje, comúnmente exigido hoy por los Estados, junto con otras tantas regulaciones, está distorsionando el sistema financiero provocando una errónea asignación de recursos, lo que produce la sub capitalización del mercado y una tendencia hacia el consumo diario exagerado.

                   Otra clase de interferencia, que suelen preferir los Gobiernos, es el lanzamiento de títulos públicos con un rendimiento atractivo u alguna otra ventaja comparativa, de otro modo pocos los comprarían. Dejando de lado lo que esto significa en cuanto hace al aumento del endeudamiento estatal, implica lanzar al mercado papeles con un rendimiento financiero superior al que, hoy por hoy, dadas las circunstancias, el mercado está dispuesto a otorgar. Esta diferencia deberá ser pagada por el Estado, la pregunta es ¿con qué recursos? ¿Impositivos, inflacionarios o más endeudamiento? Pero, además, esto introducirá una distorsión -quizás menos recursos para el mercado de valores, quizás menos plazos fijos- que encarecerá el costo del dinero, es decir, la inversión. En definitiva, para lo único que sirven las interferencias coactivas en el mercado bancario y financiero, es para encarecer el crédito artificialmente, inhibiendo la natural capacidad creadora del mercado y desviando los recursos sociales hacia sectores ineficientes16 .  

APENDICE AL CAPITULO V

LA BANCA INTERNACIONAL Y EL PROBLEMA DE LA DEUDA EXTERNA

                   "Durante centurias los acreedores privados y los gobiernos deudores llegaron a razonables acuerdos directos sin que se produjeran grandes crisis. Es a partir de la aparición de los organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, y demás) que la deuda externa de los países menos desarrollados se ha transformado en una crisis traumática", Melanie Tammen, Competitive Enterprise Institute. "...cada uno de los nueve principales bancos acreedores podría dar por perdido el 100 % de sus principales créditos a los seis países más endeudados y aun así permanecer solventes", Testimonio de William Seidman, Presidente del Federal Deposit Insurance Corporation, ante el Congreso de los Estados Unidos el 5 de enero de 1989.

                   La 'deuda externa' fue creada y alentada por los Estados deudores, con el aval y hasta el apoyo explícito o implícito de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y con la concurrencia de bancos privados, que aprovecharon el respaldo político de los Estados intervinientes -recuérdese que el FMI, el BM y el BID son organismos multinacionales estatales- para entregar préstamos que, de otro modo, jamás hubieran sido otorgados, porque era evidente que estaban mal asignados motivo por el cual, el mercado natural los negaba. Y, estos bancos privados, entregaron estos fondos, no por una cuestión de caridad hacia los países 'menos desarrollados', sino porque, dadas las circunstancias, este era un gran negocio 17. Y es esta la verdadera historia de estos organismos financieros multinacionales: con la excusa de ayudar a las comunidades en vías de desarrollo, han financiado, durante décadas, a los Estados de estos países que, era público y notorio, estaban embarcados en galopantes políticas estatistas, rodeadas de un mar de corrupción. De aquí que el mercado naturalmente nunca le hubiera entregado estos fondos: hacía falta la coerción estatal para poder obtenerlos.
                   Y así apareció la 'deuda externa': ofrecían a Gobiernos irresponsables, créditos baratos que luego refinanciaban. Ya que, el FMI y BM y demás, poco cuidan el dinero, dado que no es de ellos sino de los ciudadanos a los que se los quitaron por vía impositiva, forzosa. De modo que, sólo buscaban justificar su existencia con operatorias y créditos que presentaban como destinados a aliviar las carencias de algún pueblo. Pueblos que quedaron tan pobres como antes, debido a que estos fondos no se utilizaron para inversiones genuinas, cuyos dividendos pudieran hoy servir para devolver los préstamos18 . Mientras que la corrupción se expandía entre los burócratas estatales. En definitiva, todo este engendro de la 'deuda externa', su financiación y devolución, no es más que un juego de los organismos financieros multinacionales. Que no son sino bancos surgidos de la coerción estatal y, como tales, ineficientes y contrarios a las reglas del mercado natural. En donde, el ciudadano común, no tiene otra intervención que no sea pagar. Y, como que son empresas estatales artificiales, por una cuestión de supervivencia serán, necesariamente, promotores del estatismo, de otro modo tendrían que empezar por auto eliminarse 19. Aunque esta prédica, ciertamente, muchas veces sea disfrazada.

1 Probablemente fue el franciscano Jean Buridan de Bethune (1300-1358) el primero que explicitó la teoría del dinero, de modo realista, como fenómeno del mercado, es decir, que la moneda nace naturalmente como mercancía (cfr. 'Historia del Pensamiento Económico', Murray N. Rothbard, Unión Editorial, Madrid 1999, Vol. I, pp. 104-5), teoría que luego es desarrollada por varios escolásticos. Así "El valor de la moneda, indudablemente, es como el valor de todo lo que hay bajo el sol; queda determinado de acuerdo con el precio que ellos (la gente) están dispuestos a asignar", aseguró J. M. Dominguez ('Discursos Jurídicos', Madrid 1732, aprobado por la Inquisición "por no contener cosa que se oponga a nuestra Santa Fe Catholica y buenas costumbres"). En fin, en cualquier caso, es interesante notar que "... aunque habitualmente supongamos que existe una línea determinada para distinguir lo que es dinero de lo que no lo es -y la ley generalmente intenta hacer tal distinción- en lo que se refiere a los efectos causales de los eventos monetarios no se aprecia una diferencia clara. Nos encontramos más bien con una continuidad en la que objetos con distintos grados de liquidez, o cuyos valores fluctúan independientemente de los demás, se confunden unos con otros en la medida en que funcionan como dinero (ver J. R. Hicks, 'A Suggestion for Simplifying the Theory of Money', Económica, Febrero 1935)", según asegura Friedrich A. Hayek en 'La Desnacionalización del Dinero', Ediciones Folio, Barcelona 1996, p. 55.

2 Los métodos electrónicos para la transferencia de fondos, que hoy se están empezando a utilizar (con un costo muy bajo), parecieran perfilar una sociedad en la cual el dinero estatista podría caer en desuso. Y, quizás, ser reemplazado por dinero emitido privadamente en forma de saldos inscritos en 'tarjetas inteligentes', o cargados en computadoras personales. Estos podrían transferirse mediante 'billeteras electrónicas' o computadoras conectadas a través de Internet. Los saldos de las tarjetas inteligentes, que pueden transferirse sin que sea imprescindible la participación de bancos, podrían convertirse, en el futuro, en el equivalente del billete de banco privado (ver Frank Browne y David Cronin, 'How Technology is Likely to Mould the Future Shape of Banking', Irish Banking Review, Autumn 1994, 3-29; ver también Steven Levy, 'E-Money (That's What I Want)', Wired, December 1994, p. 174; y Lawrence H. White, 'Spending Money Freely', The Freeman, May 1995, p. 296). En este sentido, sin duda resulta sugestiva la siguiente afirmación de Andy Kessler según quien "El dólar está respaldado, al menos sentimentalmente, por el oro sentado en Fort Knox. Este papel de Internet, en cambio, está respaldado por empresarios inteligentes que trabajan como perros a lo largo de la noche para cambiar al mundo. Un poco bizarro, sin duda. Pero aquí es adonde el mundo, y todos nosotros, estamos siendo dirigidos". Sin olvidar que la apreciación de estos papeles (stocks) de Internet "puede desafiar la ley de gravedad, inducir el sangrado nasal y provocar vértigo. Pero esto no significa que sea muy alta", 'The Upside-Down World of High-Tech', The Wall Street Journal, New York, July 19, 1999.

3 Quizás, el hito histórico más significativo, en Occidente, se produjo en el siglo V antes de Cristo cuando Atenas conquistó el dominio del área mediterránea imponiendo el curso forzoso de su moneda. Luego, el líder ateniense Solón, debasó las monedas provocando la primera inflación registrada de la historia.

4 Un dominico y escolástico español, Martín de Azpilcueta Navarro (nacido en 1493), en su 'Comentario Resolutorio de Cambios' (1556), escribió que "el dinero vale más donde y cuando ay falta del, que donde, y cuando ay abundancia". Por su parte, otro escolástico español, Luis de Molina, afirmó que "...siempre que la moneda sea más abundante será menos valiosa con el propósito de comprar bienes...pero donde es escasa...será más valiosa...Siempre que la demanda de moneda sea mayor, ya sea para comprar o transportar bienes...o para cualquier otra razón, allí su valor será más alto", 'De Iustitia et Iure' (Moguntiae, 1614), disp. 406, cols. 704-705 (citado por Alejandro A. Chafuén, 'Christians For Freedom', Ignatius Press, San Franciso, USA, 1986, p. 77). En fin, según lo que podríamos llamar la 'escuela clásica' de la teoría monetaria, la curva de oferta y demanda simplificada tiene que ver con que: "Las presiones inflacionarias están positivamente relacionadas con la velocidad de las transacciones y la liquidez de los bienes medio de intercambio del modo representado por los modernos índices 'divisia' de oferta monetaria. Aceptando que los bienes tienen una 'premia' diferencial por liquidez, los bienes con alta liquidez tienen un mayor impacto sobre los precios que los bienes con baja liquidez", Tyler Cowen & Randall Kroszner, 'Explorations in the new monetary economics', Blackwell Publishers, Cambridge, Mass. 1994, p. 51. Nótese que no necesariamente tiene que ser dinero sino, también, certificados por especies o especies. De hecho, hoy en día, a ningún economista se le ocurriría hablar de dinero sin incluir los depósitos bancarios a la vista redimibles en dinero corriente a la par (M1). En una definición más amplia, se suelen incluir los depósitos de ahorro de bancos comerciales, los depósitos en cajas de ahorro, las acciones o participaciones en bancos de ahorro y préstamo y los valores de rescate en efectivo de compañías de seguros de vida, todos redimibles en dinero corriente a la par. Ahora, lo que confunde, en la cita anterior, es que se refiere al 'impacto sobre los precios', dando la idea de que queda impactado el precio de los bienes en general, cuando está claro que estos no cambian, en principio, ni su 'situación objetiva' ni su 'situación subjetiva', por algo que les es extraño como la liquidez (o velocidad) de los bienes medios de intercambio. Está claro, pues, que lo que queda impactado es el precio de los bienes medios de intercambio. Si éste es único (existe una sola moneda 'legal' en el mercado), entonces sí puede decirse que existe 'impacto sobre los precios' (inflación o deflación) en general, por cuanto, los 'precios' dejan de reflejar la situación propia ('objetiva' o 'subjetiva') de cada bien, en particular, en relación al proceso distributivo (que es para lo que sirven los precios en el mercado natural, según vimos) para reflejar la relación que con ellos tiene el único modo de intercambio.

5 El sistema monetario natural tiene un buen precedente histórico. Efectivamente, durante la primera mitad del siglo pasado, un sistema bancario 'libre' existió en Escocia. Bancos privados, en competencia, emitían notas bancarias que eran convertibles en especies, y las personas tenían el derecho de usar la moneda de su elección (ver Lawrence H. White, 'Free Banking in Britain: Theory, Expirience, and Debate 1800-1845', New York: Cambridge University Press, 1984).

6 Recordemos que, en definitiva, al igual que en cualquier actividad empresarial, es el mercado natural el que manda, el que decide las cosas. Y el empresario será exitoso en la medida en que sepa adaptarse a estas demandas. Ante una oferta de oro determinada, éste tendrá un precio al cual, por ejemplo, un banquero puede comprar una determinada cantidad, con el fin de establecer una moneda convertible en el metal amarillo. Si, el empresario en cuestión, luego emite certificados, billetes, por más oro del que compró, lo que habrá hecho es 'aumentar' la oferta del metal en el mercado. Con lo que, el precio del oro tenderá a bajar y, entonces, en principio, habrá perdido dinero, porque habrá bajado el precio de su capital real. Pero, quizás haya logrado, en el ínterin, colocar la suficiente cantidad de certificados a buen precio, de modo de garantizarse una buena ganancia. Aun corriendo el riesgo de que ocurra una corrida y se le demande todo el oro de los certificados, que no tiene. Pero, en este caso, podría haberse cubierto con un seguro bancario. En fin, lo que quiero significar con esto es que, por un lado, podrían ocurrir malos manejos empresarios pero que, en definitiva, quedarán siempre autorregulados y controlados por el mercado natural. En definitiva, que cuando el mercado opera intrínsecamente, es él el absoluto soberano y no los empresarios. Para una teoría que intenta explicar cuáles son los límites económicos, para la cantidad de billetes rescatables, que puede crear voluntariamente un emisor privado, en un sistema bancario 'libre', puede verse Lawrence H. White, 'Free Banking in Britain', Cambridge University Press, UK, 1984; también George A. Selgin, 'The Theory of Free Banking', Rowman and Littlefield, Totowa N.J., 1988.

7 Entre quienes veían con simpatía el patrón oro, están los liberales Ludwig von Mises (cfr. 'Theory of Money and Credit', Yale University Press, New Haven, 1953) y Jacques Rueff (cfr. 'The Monetary Sin of the West', Macmillian Co., New York, 1972). Ver también Michael A. Heilperin, 'Aspects of the Pathology of Money', Michael Joseph, Ginebra 1968.

8 Ver Lawrence H. White, 'La privatización de los sectores financieros', en 'Privatización y Desarrollo', Editorial Trillas, México 1989.

9 Sin olvidar, por cierto, que el desarrollo de la economía ha ido de la mano de un sustancial mejoramiento en los servicios financieros y bancarios. Ver, por ejemplo, Goldsmith, R. W., 'Financial Structure and Development', Yale University Press, New Haven 1969; y Drake, P.J., 'Money, Finance and Development', John Wiley & Sons, New York 1980.

10 "...aproximadamente el 35 por ciento de los activos bancarios (en América Latina) corresponde a entidades públicas (estatales)... En estos casos es prácticamente imposible que tengamos un sector financiero eficiente cuando existe un peso tan alto de bancos que no se manejan con criterios estrictamente comerciales y que jamás se han podido manejar así", Guillermo Perry, del Banco Mundial (irónicamente, un banco estatal, multinacional), conferencia pronunciada el 20 de mayo de 1997 en Buenos Aires durante la convención de ADEBA. Aunque éstos datos no tienen validez como argumentación científica estricta, ni necesariamente están relacionados entre sí, veamos algunos ejemplos ilustrativos: en 1997, en la Argentina, la banca estatal sobre el patrimonio total de los bancos, representaba casi el 33 por ciento, mientras que en los EE. UU. era sustancialmente menor; en la Argentina, los préstamos incobrables sobre los préstamos totales, representaban casi el 12 por ciento, en el país del norte menos del 1 por ciento; los depósitos bancarios argentinos en relación al PIB, en 1995, eran de alrededor del 13 por ciento, los norteamericanos alrededor del 49 por ciento. En fin, lo cierto es que los bancos centrales (la Reserva Federal en los Estados Unidos), por ejemplo, pueden garantizar que todos los bancos se expandan de manera conjunta, proporcionar a las entidades bancarias de todo el país las reservas que necesitan y prestar dinero a aquellas que se encuentran en dificultades, con lo cual pueden originar una expansión mucho mayor, y coordinada centralmente, de la oferta monetaria (para un interesante análisis de la naturaleza inflacionaria de la Reserva Federal puede verse C. A. Phillips, T. F. McManus y R. W. Nelson, 'Banking and the Business Cycle', Macmillan, New York 1937. pp. 21 y ss.). Algunos banqueros privados suelen beneficiarse, por cierto, porque obtienen dinero sin más que pedírselo al burócrata. Así, Oscar B. Johannsen, criticó en los siguientes términos un informe de una Comisión de la Asociación de Banqueros Norteamericanos: "... la Comisión aparentemente acepta sin cuestionamiento el principio fundamental de que la moneda, la banca y el crédito giran en torno al estado y que... éste debe controlar los asuntos monetarios a través de la acción política... es un sistema bancario socializado, desde que la esencia del socialismo es el control y la dirección gubernamental de lo que tendrían que ser empresas privadas", 'Advocates Unrestricted Private Control over Money and Banking', The Commercial and Financial Chronicle, 12 de junio de 1958.

11 De aquí la importancia de la libertad de precios, en este caso, de fijar las tasas de interés (ver, por ejemplo, Ronald I. McKinnon, 'Money and Capital in Economic Development', Brookings Institution, Washington 1973).

12 "Puede suceder que sobrevengan problemas y que no tenga el dinero que prestó. ¿No tiene todo este sufrimiento debido a privación que merecer una recompensa, y no tiene algún valor?", Felipe de la Cruz, escolástico español, 'Tratado Unico de Intereses Sobre si se Puede LLevar Dinero por Prestallo', Madrid: Francisco Martinez, 1637, p.8. "...que si un comerciante deposita efectivo en un banco, el banco le garantizará la paga de una suma mayor...porque es muy rentable para un banquero el tener efectivo disponible. No hay maldad en esto", Domingo de Soto, escolástico español, 'De Iustitia et Iure' (Madrid: IEP, 1968) bk. 6, qu. II, art. 1 (citados por Alejandro A. Chafuén, 'Christians For Freedom', Ignatius Press, San Franciso, USA, 1986, pp. 145-146). En fin, de cualquier modo "El ingreso es una serie de eventos. De acuerdo con la moderna teoría de la relatividad la realidad elemental no es materia, electricidad, espacio, tiempo, vida o mente, sino eventos... El puente o ligadura entre el ingreso y el capital es la tasa de interés... es sólo dinero que es negociado entre el presente y el futuro", Irving Fisher, 'The Theory of Interest', Porcupine Press Inc., Philadelphia, Pennsylvania 1977, pp. 3 y 13. Recordemos que el mundo está gobernado por fuerzas no materiales que provocan eventos.

13 'Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 219.

14 No faltan quienes justifican el 'control' (descontrol, en rigor) coercitivo estatal, sobre el sistema bancario, con el supuesto de que, un sistema natural, puede resultar peligroso debido al egoísmo de los banqueros que no tendrían escrúpulos a la hora de estafar a los clientes. Y, también, con el argumento de la supuesta inestabilidad propia de un sistema 'desprotegido' (como si los burócratas pudieran protegernos más que la Providencia). Evidentemente esto no resulta así. Una discusión interesante al respecto puede leerse en 'Banking Before the Federal Reserve: The U.S. and Canada Compared', Donald R. Wells, The Freeman, vol. 37 no. 6, Ed. The FEE, Irvington-on-Hudson, New York June 1987, p. 231. Sin duda que, en un sistema natural, la banca sería mucho más estable debido a la inercia equilibrante del mercado. Pero, aun las quiebras que pudieran sobrevenir, no significarían un gran problema social, dado que las compañías aseguradoras ofrecen una muy eficiente solución para este tipo de problemas. Resultan sorprendentes, los servicios que ofrecen los aseguradores, cuando tienen oportunidad de trabajar sin ser coartados por interferencias extrínsecas al mercado. Es notable, por ejemplo, un producto, que ya lleva varios años, que consiste en asegurar los fondos que los inversores vuelcan en las Bolsas de valores: a cambio de una prima, le aseguran su capital contra las bajas de los papeles que se negocian en los mercados bursátiles, es decir que, el inversor mantiene siempre, por lo menos, el capital invertido (ver, por ejemplo, 'Les nouveaux attraits des fonds garantis', François Simonnot, Le Figaro Economie, Paris, 3 Novembre 1997, p. 21). Por otro lado, resulta muy alentador el poder comprobar que, en la medida en que lo dejen hacer, el mercado (las personas) agudizan su ingenio de modo asombroso a la hora de conseguir dinero de los lugares (antes) más insospechados (ver, por ejemplo, 'Credit derivatives get cracking', Euromoney, London, March 1996, p. 28). Lo que significa una verdadera multiplicación de los recursos sociales. Lo que, por otro lado, confirma que los recursos sociales no son escasos, de hecho, la misma cantidad de 'dinero efectivo', en base a ingeniosísimos instrumentos de ingeniería financiera, puede multiplicar asombrosamente su efecto creador de riqueza.

15 Como factor secundario es de notar que, según Rudiger Dornbusch, "En un upgrade (en el riesgo país que confeccionan las calificadoras privadas y que tiene que ver directamente con la inestabilidad propia del estatismo) cada punto vale un 20 por ciento de reducción en el spread" (conferencia pronunciada en Buenos Aires el 20 de mayo de 1997, durante la convención de ADEBA), ya que influye directamente sobre la tasa de interés vigente en el exterior para el país, que repercute directamente sobre la tasa interna. Recordemos que el riesgo país tiene que ver, entre otras cosas, con el presupuesto de gastos y recursos del Estado, siendo, obviamente, mejor la calificación en la medida en que el presupuesto resulta ser equilibrado (serio, controlado).

16 Por caso, Julian R. Franks, Stephen M. Schaefer y Michael D. Staunton ('The Direct and Compliance Costs of Financial Regulation', Journal of Banking and Finance, 1997, Vol. 21, pp. 1547-72) estimaron que los costos anuales 'intencionales' directos de las 'regulaciones' (excluida la banca), en los Estados Unidos, fueron de 589,7 millones de dólares. Pero, además, los costos indirectos probablemente sean mayores. En cualquier caso, los verdaderos (por las cifras que importan) costos son los 'no intencionales', que incluyen, entre otras cosas, la inestabilidad del sistema financiero (debido a que las regulaciones coercitivas, des coordinadoras, impiden un desarrollo eficiente del sistema, la tendencia equilibrante), los costos derivados de la falta de productos financieros más baratos que han sido impedidos por la burocracia coactiva y otros (ver George J. Benston, 'Regulating Financial Markets', IEA, London 1998, p. 86 y ss).

17 Ver la nota 4 del Capítulo I de la Parte Segunda.

18 Por otra parte, "... conviene subrayar que las ayudas gubernamentales a otras naciones, sea directamente o a través del apoyo logístico que brindan agencias internacionales del estado, tienden a producir mayor pobreza puesto que los receptores reciben los recursos (generalmente coactivamente detraídos de los contribuyentes de otras partes) a más baja tasa de interés y plazos más largos que los que estipula el mercado, por tanto se mal guía la asignación de recursos permitiendo que se encaren actividades antieconómicas, al tiempo que se suele estimular la continuación de las políticas que producen la pobreza que se desea paliar (Para ejemplos de estos resultados véase especialmente Melvin Krauss, 'Development Without Aid', New York: McGraw-Hill, 1983; Peter Bauer, 'Equality, the Third World and Economic Delusion', Harvard University Press, 1981; y Alberto Benegas Lynch h., 'Contra la Corriente', Buenos Aires: Editorial El Ateneo, 1992, p. 382 y ss.)", Alberto Benegas Lynch (h), 'Socialismo de Mercado', Libertas no. 27, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1997, p. 224.

19 Aquí me parece que cabe recordar que "...resurge en varios lugares una forma de neoliberalismo capitalista que subordina a la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado, gravando desde sus centros de poder a los países menos favorecidos con cargas insoportables. Así, en ocasiones, se imponen a las naciones, como condiciones para recibir nuevas ayudas, programas económicos insostenibles. De este modo se asiste en el concierto de las naciones al enriquecimiento exagerado de unos pocos a costa del empobrecimiento creciente de muchos, de forma que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres", Juan Pablo II, 25 de enero de 1998, durante su visita a Cuba, citado en 'Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro', Mons. Jorge Mario Bergoglio, Coordinador, Ed. Ciudad Argentina, Buenos Aires 1998, p. 111.