ESTRUCTURA DEL MERCADO AUDIOVISUAL: RESULTADOS

José Patricio Pérez Rufí (coordinador)

2. Efectos actuales de la exhibición cinematográfica en Málaga.

El cine se extiende por muchos campos y afecta a sectores distintos como pueden ser el social, el económico y estético, además mantiene una relación abierta con otros artes y formas de expresión, entre las que destaca notoriamente la literatura (Lara García, 1999). Según Lara García (1999, p. 21), el cine se instaló a los pocos años de su invención y desde entonces ha sido un elemento fundamental de la vida cultural de la ciudad y de entretenimiento de sus habitantes”. Esto nos sirve para dejar patente que Málaga, como una de las principales ciudades de España, es un enclave que da a la industria cinematográfica el protagonismo que merece dentro del marco profesional y social. Como prueba de esto podemos nombrar uno de los mayores eventos anuales que se celebran en nuestro país, el Festival de Cine Español de Málaga. Ramiro Cristóbal (2008) señala que “al festival de Cine de Málaga (…) no le faltarán rostros populares ni títulos interesantes. Es una de las mejores plataformas de promoción del cine español”. No encontramos mejor manera de exponer brevemente la esencia del festival malagueño dedicado al cine al que nosotros identificamos mas allá de caras televisivas que desfilan por su alfombra en las distintas galas. Se dan cita a lo largo de cada festival numerosos talentos del mundo audiovisual.
Como eje central de celebración del ya mentado festival encontramos el teatro Cervantes. Lara García, en su interés por recopilar la historia del cine en Málaga, alude a este como un teatro cuyo origen se basa en proyecciones esporádicas de películas desde 1916. Es curioso el enfoque que ha experimentado desde que el ayuntamiento gestiona, ya que es muy distinta su utilidad actual si la comparamos con la de sus inicios. Gran cantidad de espectáculos de variedades, conciertos de artistas y óperas, y representaciones teatrales dan vida a este centro sociocultural malagueño que pese a esto, es cada año testigo de excepción de la celebración de las principales ceremonias del importante Festival de Cine Español (Lara García, 1999).
Rodríguez (2008, p. 19) establece “El cine como medio de comunicación social está al servicio del ciudadano y la labor que desempeña puede ser muy amplia. En la sociedad actual (…) el cine es más valorado porque (…) nos puede llevar al conocimiento.” Así, el cine constituye una importantísima herramienta de comunicación narrativa con diversos objetivos y funciones. De entre todas ellas destacamos la de “educar”, el cine es un gran escaparate que bien empleado ayudará eficazmente a la evolución de la sociedad. Esto nos lleva a preocuparnos por las cifras de espectadores y sus transformaciones a lo largo de los últimos años.
Encontramos en un estudio realizado por el Observatorio Audiovisual Europeo (El Mundo, 2011) que España en 2010, después de Alemania y Noruega, es el país europeo con mayor caída de espectadores en las salas de cine, con un descenso del 13,5% equivalente a 12,8 millones de asistentes, según datos difundidos por el. Se destacaba así una situación un tanto amarga para el sector cinematográfico y audiovisual. En un artículo del diario El País publicado en 2005 la entonces ministra de Cultura, Carmen Calvo, afirmaba: “se dice que perdemos espectadores en el cine, se pierden en las taquillas del cine, pero en los DVD y vídeos en casa, hemos ganado muchísimos espectadores”, por lo que no se estaban perdiendo espectadores, sino que se producía un cambio en el consumo de la cultura. Vivimos en una era caracterizada por los continuos cambios y progresos tecnológicos que han favorecido de manera sorprendente la aparición de nuevos soportes con capacidad para emitir o contener material audiovisual. Es obvio que esto es muy atractivo para un público que encuentra mayor “comodidad”, ya sea con origen económico u otro, en ver una película comprada en algún establecimiento, o simplemente a través de Internet.
La introducción en nuestra sociedad de estos avances son los protagonistas y causantes de la “transformación” que la ex ministra exponía como motivo de los continuos cambios producidos en los últimos tiempos en cifras de espectadores. Esto tiene su lado negativo, que está relacionado directamente con la asistencia cada vez menos a las numerosas salas de nuestro país y sus posteriores consecuencias en educación y cultura, y por supuesto un lado positivo que refleja la mayor disponibilidad y oportunidades de consumir producciones cinematográficas. Pese a esto el cine español sigue creciendo cada vez más en cuanto a producciones. Muchas son las dificultades que sufren las productoras y directores para realizar la grabación de una película y poder estrenarla con éxito, aún así cada vez son más los títulos producidos dentro del cine español que podemos disfrutar.
Cabe destacar que pese a este bosque de inconvenientes y posibles problemas, que el año pasado las recaudaciones del cine español superaron las obtenidas en 2010, considerado uno de los peores años para la industria cinematográfica. Así lo hemos encontrado reflejado en un artículo del diario El País (Belinchón, 2011b): “Para el cine español, este 2011 ha sido comercialmente positivo. Su cuota de mercado, hoy en 15,3%, superará en tres puntos la del desastroso 2010. Siempre teniendo en cuenta lo provisional de las cifras, la recaudación total de las películas españolas estará cerca de los 95,7 millones de euros. La temporada pasada solo fue de 80 millones -el annus horribilis- y en 2009 de 104 millones. En 2010 la película más vista fue Toy Story 3, con 24,2 millones de euros, y la española, Tres metros sobre el cielo, recreación hispana del fenómeno Moccia, con 8,5 millones de euros (no entró siquiera en el top 10 de filmes más taquilleros)”.
Pese a esto la tendencia general media es la de bajada, de la que son reflejo las recaudaciones del 2010. Esta catastrófica situación de 2010 tuvo unas claras consecuencias en la producción del año posterior, y no solo en el sector cinematográfico; la política se vio obligada una vez más a tomar medidas ante tal situación. Así, señala Rocío García en abril de 2012 que “pocas, muy pocas, razones hay para el optimismo en el sector del cine (...) Las once líneas de ayudas de las que gozó la industria cinematográfica reducido a seis en 2011 se han reducido a seis” Con estas palabras queda claro lo que antes narrábamos a cerca de los efectos que el 2010 había cundido en la industria cinematográfica.
En 2012 seguiremos viendo cómo nuestra producción cinematográfica se ve obligada a prescindir de ayudas que seguramente pudieran contribuir a un cine de mayor excelencia, con todo lo que ello desencadena en cuanto a cifras de recaudación y espectadores, y lo más importante lo referente a la calidad de las producciones que se realicen en lo que queda de año.
Si comparamos el consumo de películas extranjeras, americanas la mayoría, frente al de las españolas por parte de los españoles, obtenemos datos que son sorprendentes. Rara vez llegan los números de recaudación y de espectadores de las producciones nacionales a la mitad de las extranjeras. Cada vez más dejamos de ir al cine y esto quiere decir que tanto películas extranjeras como españolas pierden espectadores, el problema viene en que llegará un momento no muy lejano que los film españoles se vean obsoletos en los cines y salas. Ante situaciones como estas García (2009, p. 14) afirma que “no existe, según la Ley de Defensa de la Competencia, ningún operador que sobrepase a nivel nacional el 30% de cuota total de mercado; como hemos visto, a nivel local y regional pueden llegar a producirse casos que rebasan ese porcentaje”.
Esta afirmación del autor del texto completo del cual hemos obtenido este fragmento nos sirve para poner en duda el sistema actual de leyes en el apartado cultural, y nos permite así reivindicar un sistema que controle y organice de mayor manera y eficacia el método de producción de las operadoras en nuestro país. En esta misma publicación el autor afirma que no existe actualmente ningún operador que pueda considerarse con el monopolio, aquellos que gozan de mayor auge en algunas comunidades, no lo encuentran en otras. Un claro ejemplo es Cinesa, con un dominio claro en Madrid y Cataluña y muy pobre en otras como Andalucía, Murcia y Valencia. Mantiene el autor que esto se debe a la apropiación totalmente atomizada de las salas de nuestro país y a una inestable red territorial que se extiende a lo largo de nuestras fronteras. (García, 2009).
Pese a esta situación nos encontramos en una situación económica y política en la que el nuevo gobierno ha decidido quitar autonomía al Ministerio al fusionar la cartera de este sector con las de Deportes y Educación. Según Pedro Pérez, presidente de la FAPAE (Asociación de Productores), “Rajoy ha suprimido el puesto de ministro de Cultura (…) el ministro de cultura es también ministro de educación y deporte: José Ignacio Wert (…) ha dicho que iba a sustituir (…) las ayudas públicas por inversiones privadas: (…) un cambio del sistema actual”. Esta situación nos hace pensar que el ámbito de la cultura del cual depende el cine no está pasando por su mejor momento, debido a la sombra que la economía ejerce sobre ella.
Las decisiones que se toman en nuestro país, y que por tanto afectan a nuestra provincia, en torno a la industria cinematográfica nos parecen un poco inadecuadas si atendemos a ciertas publicaciones y textos de autores que ven y señalan el cine como una gran vía de recaudación económica si se tiene en cuenta el turismo del que goza nuestro país.

Para finalizar queremos hacer referencia al estado actual del sector cinematográfico en nuestra comunidad y con ende de manera generalizada, incluyendo así a Málaga como objeto de estudio. Según Sierra (2000, p. 223) es necesaria una transformación social que vea este sector como arte, cultura, y no como industria: “El objetivo en suma es plantearse el problema de la producción cinematográfica como un problema neurálgico para el futuro de la sociedad andaluza, a partir de una idea distinta de las industrias culturales que la definida por las políticas públicas hoy imperantes en Europa. Como señala Marx, la primera libertad de prensa, el derecho a la comunicación y la cultura consiste básicamente en no ser una industria. Esta pues es la paradoja y tensión contradictoria en la que se mueve la producción audiovisual: una industria… pero también un arte”.

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