ESTRUCTURA DEL MERCADO AUDIOVISUAL: RESULTADOS

José Patricio Pérez Rufí (coordinador)

2. Acercamiento temático a las audiencias de Internet: de las instituciones a los ancianos.


La audiencia de Internet no ha sido siempre la misma, variando bastante a lo largo de toda la historia de este nuevo medio de comunicación. En 1996, la AIMC realizó la primera Encuesta a Usuarios de Internet para conocer tanto sus perfiles como sus actividades en la red. La penetración todavía era escasa, ya que menos del 3% de la población tenía acceso a Internet, además los que principalmente accedían eran hombres de 25 a 34 años, con estudios universitarios y que trabajaban por cuenta ajena, de lo que podemos deducir que, en 1996, el perfil del usuario todavía estaba muy ligado a temas profesionales, aunque también muy igualado al uso personal de Internet. Las personas mayores prácticamente no accedían a Internet a menos que estuvieran relacionadas con asuntos académicos. Pero estos datos no se mantendrían estáticos durante mucho tiempo, ya que el perfil y número de usuarios de Internet en España no ha hecho más que crecer de manera exponencial. En los próximos años va aumentando el acceso desde casa y van variando las actividades, empezando a desarrollarse otras más relacionadas con ocio o chats que ya existían, pero no se les daba un uso de entretenimiento propiamente dicho. Si comparamos la primera encuesta (de 1996) con la del 2001, observamos cómo van apareciendo otros accesos a Internet, pero el PC sigue siendo el principal. El 86,1% de los encuestados acceden desde sus hogares a través de la línea telefónica convencional, pero ya empieza a aparecer el ADSL. La mayoría de los servicios utilizados eran de correo electrónico, aunque ya se podía notar un aumento en el porcentaje de usuarios que accedían a chats y servicios de mensajería por entretenimiento. También se había reducido todavía más el porcentaje de usuarios que utilizaban Internet para temas de trabajo y profesionales quedando en un 39,1% frente al 50,2% de usuarios que le dan un uso personal. El porcentaje de mujeres seguía en aumento, aunque todavía era bastante superado por el de hombres. El nivel de estudios se estaba reduciendo, aumentando el porcentaje de usuarios con estudios inferiores a universitarios que accedían a Internet, aunque probablemente se debiera también al mayor acceso por parte de jóvenes. La edad de los usuarios se mantenía más o menos constante a los anteriores años, siendo el sector de la tercera edad prácticamente inexistente. El principal problema seguía siendo la velocidad de Internet, todavía considerada “algo lenta” por el 53,7% de usuarios. Pero esto cambia totalmente con la implantación de la línea ADSL, sustituyendo los antiguos accesos a través de línea telefónica y haciendo más satisfactoria la navegación.
Si en un principio la mayoría de usuarios que utilizaban Internet de forma personal eran personas que lo conocían por trabajo o estudios, en el sector de la tercera edad ocurre exactamente lo mismo. Con los años el número de estos usuarios ha ido aumentando, pero sobre todo son personas que ya poseían un conocimiento previo del mismo. La mayor variedad de actividades realizadas acercó Internet a sectores mucho más amplios de población, pero el sector de la tercera edad siempre se queda al margen principalmente por el desconocimiento de las nuevas tecnologías. Han sido diversos los estudios que se han realizado en relación al uso de Internet de las personas mayores de 65 años, siempre con el objetivo de acercar las nuevas tecnologías a este sector de población, para que no sea visto como algo ajeno y se den cuenta de que también puede facilitar sus vidas. A pesar de esto, en comparación con el resto de proyectos y estudios que se han hecho sobre usuarios de Internet, el porcentaje enfocado al sector de personas mayores sigue siendo muy reducido.
A partir de lo señalado, es importante decir que el uso de Internet y otras tecnologías de la información y comunicación es un elemento fundamental para una integración en la sociedad de la información. Dicha integración supone un acceso a la información y los servicios, al desarrollo de nuevas habilidades, el acceso a nuevas redes sociales (superando las barreras de movilidad y distancia geográfica), nuevas oportunidades para el ocio y el tiempo libre, una mayor participación en la sociedad actual, la posibilidad de vivir una vida más independiente, un envejecimiento más activo y, por tanto, un mayor bienestar psicológico (Gilligan, 1999. Lamdin et al., 1997; Metz, 1998; Severs, 1999; Tielen, 1998).
La mayoría de los usuarios de Internet desde los 55 años ya lo habían sido previamente. Esto se debe a un envejecimiento de usuarios activos. Dentro de esta franja de edad existe una reticencia al aprendizaje para aquellos usuarios noveles. Los beneficios de las nuevas tecnologías se limitan a aquellos mayores que disponen de ellas, en detrimento de los que no las poseen, encontrándose en una situación de progresiva desventaja (Gracia  y Herrero, 2009b).
La brecha digital no supone en realidad una fuente de desigualdad en salud para las personas mayores. La raíz de la división digital proviene en realidad de la desigualdad social misma, que excluye a los mayores. Así pues, reducir la brecha digital debe conllevar reducir la división social, pues de otra forma acentuaría la desigualdad económica existente (Gracia, Herrero, 2009a).
La televisión es el medio más usual y común para este sector demográfico. Para la inmensa mayoría de éste, los ordenadores e Internet son tecnologías muy novedosas que, a pesar de que las conocen (por familia, otros medios de comunicación o la propia sociedad), no pueden emitir una valoración empírica propia sobre el propio medio y se atienen a dichas influencias. Un 42’3% de los encuestados poseen un alto grado en el que le gustaría aprender a manejarlo. Sobre el grado de utilización y dominio del Internet, solamente un 1’8% se considera muy capaz, frente al 71’2% de los encuestados, que se considera nulos respecto a ello. Enfrentando estos datos, consideramos que un problema fundamental en la accesibilidad de los mayores de 65 años a Internet se encuentra en la educación. Del 8’1% de los encuestados que dicen utilizarlo, un 88’9% lo hacen para buscar información, mientras que un 42’6% lo usan para correo electrónico y chats. Existe un perfil importante a tener en cuenta entre el sector de usuarios mayores de 65 años: son los tecnófobos. Dichos tecnófobos ignoran la posibilidad de aprender sobre Internet, no quieren contestar y/o se posicionan abiertamente en contra de ello (45’9%) (Márquez, 2002, pp.6-7).
En el estudio desarrollado por el portal de ofertas Club Oferting (2011) podemos distinguir tres perfiles: el usuario elemental (30%), que usa la red para hacer tareas básicas. Dichas tareas son buscar información, y enviar y recibir correos electrónicos. Otro perfil es el del cibercomprador incipiente (41%), que es el de la persona que ha empezado a realizar algunas compras online. Por último el abuelo “puntocom” (29%), que son los más expertos. Estos participan activamente en foros, tienen perfil en redes sociales y comentan en sus blogs favoritos.
Un 7% de los usuarios de más de 65 años que ya han accedido más veces a Internet, acceden desde su teléfono móvil. Podemos entender que la telefonía móvil es un sector emergente, que se abre paso con lentitud. Los mayores que acaban de acceder a Internet, se conectan solamente desde un ordenador (Club Oferting, 2011).
Afirma el artículo de Jiménez López (2010) Educación en Nuevas Tecnologías y envejecimiento activo que las NNTT son consideradas como una vía indispensable para el envejecimiento activo. La situación actual en España dista de este ideal, puesto que el sector de los mayores en España está alejado de las nuevas tecnologías con respecto al resto de la población. Por ello es necesario una atención individualizada para los mayores (López, 2010, p.1). Si la sociabilidad online ejerce efectos positivos en el bienestar de las personas mayores, los programas dirigidos a estos debería tener presente este ámbito de desarrollo social.
Existe una permeabilidad de las fronteras virtual y presencial de doble dirección: 2 de cada 3 usuarios utilizan Internet para mantener y potenciar las relaciones sociales de toda la vida (familiares y amigos). Estas personas mayores refuerzan sus vínculos sociales más tradicionales e incorporan nuevas formas de sociabilidad que les permiten, muy probablemente, evitar los problemas de comunicación e interacción derivados de la movilidad geográfica de una red social. En conclusión, supone un recurso de sociabilidad de gran relevancia (Gracia y Herrero, 2009b).
Los mayores, en riesgo de aislamiento o exclusión social, pueden recurrir a las redes sociales online como fuentes potenciales de apoyo social. Los modos de conexión de la red social online y offline pueden ser claves para plantear nuevas formas de intervención comunitaria. Estas nuevas vías de relación social puede ofrecer los mismos beneficios que una red comunitaria presencial (Herrero et al., 2004). Podemos plantear que Internet podría convertirse tanto en objeto de aprendizaje como en un medio para dicho propósito.
La educación tanto en las nuevas tecnologías, como las que proporcionan las mismas, reducen la llamada brecha digital y la situación de cibermarginación existente, estadio en el que se encuentran muchos mayores de 65 años (López, 2010, p.10).

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