POBREZA, DESARROLLO Y POLÍTICA SOCIAL EN MÉXICO

Hilario Barcelata Chávez

ESTRATEGIAS DE DESARROLLO SOCIAL

Ideologías y Estrategias
En la entrega anterior de esta columna comparé el enfoque de desarrollo social con otros enfoques que también buscan promover el bienestar de la población (la filantropía social, el trabajo social y la política social), haciendo notar que el rasgo que lo distingue es su propósito de vincular el desarrollo económico con el social. Hoy comenzaré el análisis, siguiendo nuevamente a James Midgley1, de tres tipos de estrategias de desarrollo social.
Detrás de cada estrategia, dice Midgley, hay diferentes creencias sobre la mejor manera de promover el desarrollo social y diferentes valores. Si se entienden las ideologías como perspectivas normativas2, formadas de valores, creencias y preferencias sobre la organización social, se verá con claridad que cada tipo de estrategia de desarrollo social tiene raíces ideológicas muy claras. Nuestro autor distingue tres grandes ideologías occidentales: el individualismo, el populismo y el colectivismo o socialismo. A éstas corresponden tres estrategias de desarrollo social, según quien conciben como su principal agente promotor, a saber: los individuos, las comunidades (en el populismo) y el Estado (en el colectivismo).
El Individualismo le otorga importancia central a la elección individual, a la libertad y a los derechos individuales. Los individuos son responsables de su propio destino y son capaces de actuar de manera independiente en el mercado para promover su propio bienestar. Por tanto, los gobiernos deben abstenerse de imponer controles a los individuos excepto cuando amenacen el bienestar de los demás. Sin embargo, no sugieren que a los individuos se les deba dejar por su cuenta, sino apoyarlos para promover su participación en el mercado.
La ideología Populista sostiene que la mejor sociedad es la que le otorga la más alta importancia al pueblo, dice Midgley. El populismo enarbola la causa de la gente común en contra del poder establecido y busca servir a los intereses y representar la voluntad del pueblo. Muchos pensadores populistas, dice Midgley, creen que las comunidades forman la base de la sociedad y que la mejoría de la vida comunitaria ofrece la mejor oportunidad para promover la felicidad y un sentido de pertenencia y de identidad.
La Ideología Socialista o Colectivista es la que cree que la mejor sociedad es aquella que otorga la mayor importancia a la colectividad. Las colectividades las define Midgley como asociaciones de personas que poseen recursos colectivamente y comparten la autoridad para la toma de decisiones. Ejemplos de colectividades son las comunas anarquistas, las cooperativas, los sindicatos y, sobre todo, el Estado. Los colectivistas, dice Midgley, creen que el Estado es el medio más adecuado para organizar los asuntos económicos y sociales y para satisfacer las necesidades humanas. En Europa, señala nuestro autor, las ideas socialistas fueron eficazmente promovidas por el movimiento obrero y por los partidos políticos que representaban los intereses de los trabajadores y promovían la intervención del Estado en los asuntos sociales. El éxito de estos partidos socialistas democráticos fue un factor decisivo en el desarrollo de los modernos estados de bienestar.
Desarrollo social generado por los individuos
La estrategia individualista, o empresarial como también la llama Midgley, se deriva de la ideología individualista. La versión que ha prosperado como estrategia de desarrollo social no es la actitud liberal radical (laissez-faire, dejar hacer) que llevaría a evitar casi toda intervención del Estado, sino una postura que considera necesario ayudar a las personas para que alcancen la autodeterminación y puedan participar más efectivamente en el mercado. Las políticas y programas promovidos desde el enfoque individualista los clasifica Midgley en tres grupos: a) los de gran escala, orientados al desarrollo de una cultura empresarial; b) los de pequeña escala, orientados a apoyar a las familias de bajos ingresos, a los dueños de pequeños negocios y a los del sector informal, a operar eficazmente en el mercado; c) los que apoyan a las personas, básicamente mediante técnicas psicoterapéuticas, a mejorar su "funcionamiento", promovidos por los trabajadores sociales.
El enfoque individualista sólo puede ser efectivo si la economía permite a los individuos funcionar como actores económicos racionales. Los individuos sólo pueden satisfacer sus necesidades y las de sus familiares si hay empleos, oportunidades para el autoempleo y buenas oportunidades de inversión. Por ello, se deben llevar a cabo todos los esfuerzos para asegurar que la economía esté boyante y que las personas puedan participar efectivamente en las actividades productivas. Los proponentes del enfoque individualista han aplaudido los programas de ajuste estructural que impusieron el Banco Mundial (BM) y el FMI a muchos países en desarrollo, argumentando que estos programas están creando la dinámica capitalista vigorosa que se necesita para el desarrollo y que la reducción del Estado, la privatización y la desregulación están creando un nuevo clima empresarial. Tanto el BM como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo han estado promoviendo estrategias de desarrollo pro-mercado que restringen la intervención estatal en la economía y promueven la integración a la economía global.
Mientras los defensores del enfoque de la modernización buscan promover la inversión en grandes empresas, hay otros individualistas que creen que la gran inversión no podrá crear los empleos asalariados necesarios para aumentar sustancialmente los ingresos de los pobres y, por tanto, proponen apoyar a las pequeñas empresas. El interés actual por las pequeñas empresas surgió del crecimiento del sector informal. Un estudio de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) realizado en Kenia a principios de los años setenta concluyó que el sector informal (las personas que trabajan, casi siempre en unidades económicas pequeñas, y no son asalariados estables o regulares) contribuye a la economía más de lo que se pensaba y apremió al gobierno a apoyarlo. Desde el "descubrimiento" del sector informal, dice Midgley, algunos científicos sociales han argumentado que el crecimiento de las pequeñas empresas ofrece la mejor perspectiva para el crecimiento. Además, numerosos gobiernos eliminaron la presión sobre el sector informal para el cumplimiento de las leyes laborales, fiscales, de seguridad social, de permisos municipales o lo eximieron de su cumplimiento.

Desarrollo social generado por las comunidades
El enfoque comunitario o la estrategia comunitaria de desarrollo social, influido por la ideología populista, parte de la idea que este desarrollo puede ser promovido óptimamente por la gente misma, trabajando armoniosamente en sus comunidades. La estrategia comunitaria no requiere que la propiedad sea comunal, sólo que las personas colaboren entre sí. A diferencia de los estatistas o colectivistas, los comunitaristas se oponen a que sea el gobierno el responsable del desarrollo social. Consideran que los programas de desarrollo más exitosos y duraderos son los que son creados y administrados por los propios miembros de la comunidad. Este enfoque ha sido muy aceptado en los círculos del desarrollo social, y dentro de él Midgley distingue tres corrientes, a las que llama desarrollo de la comunidad, acción comunitaria y enfoque de género.
El desarrollo de la comunidad (DC) se generalizó en todo el mundo y estuvo en boga en los años 50 y 60 y ahora ha entrado en decadencia. Usualmente las tareas las realiza personal externo para-profesional que moviliza la participación local, organiza actividades y liga a la comunidad con recursos externos. El DC se define siempre como una asociación entre la comunidad y la agencia externa. Se apoya en los principios de autodeterminación y autoayuda. Ofrece, según Midgley, un buen medio para promover el desarrollo social en el contexto del desarrollo económico. Estos programas han contribuido a mejorar los niveles de vida de la población; han desarrollado la infraestructura física, las actividades productivas, en muchos casos a través de cooperativas y la infraestructura social. En los años setenta, sin embargo, hubo una amplia desilusión sobre este enfoque, sobre todo porque mientras que él estaba diseñado para promover la toma de decisiones locales, la cooperación y la participación, se había convertido en un arma del gobierno central, dice Midgley, para imponer sus directivas a la comunidad.
La acción comunitaria o enfoque de participación comunitaria se desarrolló como respuesta a esta crítica. Este es abiertamente antiestatista, rechaza el patrocinio gubernamental y convoca al empoderamiento de la gente local. En vez de ser recipiente pasivo de la ayuda gubernamental, la población local debe politizar sus actividades y organizarse para demandar los servicios a los que tiene derecho. Este enfoque se generalizó en los años setenta y ochenta. Se inspiraron, según Midgley, entre otros en la teoría de la concientización de Paulo Freire. Los proponentes de esta corriente sostienen que, como resultado de años de opresión y privación, los pobres son temerosos, apáticos o indiferentes y se resisten a participar. Por ello la concientización juega un papel muy importante. Los proponentes de la acción comunitaria sostienen que las comunidades locales pueden organizarse efectivamente para identificar e implementar programas que aumentan su bienestar. Aunque muchas veces los proyectos son los mismos que se llevan a cabo con el enfoque de desarrollo de la comunidad, los defensores de acción comunitaria dicen que la diferencia es que en su caso surgen desde el interior de la comunidad, mientras en el otro enfoque son impuestos desde afuera. En consecuencia, argumentan, la participación es más amplia, la comunidad siente suyo el proyecto y los resultados son más duraderos.
El enfoque de género3, la tercera y última corriente dentro de la estrategia comunitaria de desarrollo social, surgió para confrontar la inequidad en las relaciones de género. El predominio de la ideología patriarcal ha domesticado a las mujeres (las ha relegado a los roles de madre y ama de casa). Esta domesticación es acompañada de discriminación, tanto en el hogar como en la sociedad en su conjunto. Las políticas de desarrollo, los planes y los proyectos han sido convencionalmente diseñados para servir a las necesidades de los hombres y rara vez han reconocido la existencia de las mujeres, mucho menos de sus necesidades reforzando así las estructuras patriarcales.
Los intentos de abordar la situación de la mujer en el contexto del desarrollo han cobrado auge en años recientes. Caroline Moser (citada por Midgley) ha identificado los siguientes enfoques que se han desarrollado para atender los asuntos de género en el desarrollo: el de bienestar, que ve a las mujeres como receptoras pasivas de programas enfocados a sus necesidades como madres y amas de casa; el enfoque de equidad, que busca mejorar el estatus de las mujeres a través del acceso al empleo y salario igual al de los hombres; el enfoque antipobreza, que busca fomentar el autoempleo productivo entre las mujeres; el enfoque de la eficiencia, que ve a las mujeres como un recurso útil para el desarrollo y, por tanto, busca "utilizarlo" más; y el de empoderamiento de las mujeres, que sostiene que la situación de las mujeres sólo podrá mejorar cuando alcancen la autodeterminación y ejerzan control pleno sobre decisiones que afectan sus vidas. Este último enfoque es el que más apoyo ha recibido. En él se busca, por ejemplo, cambiar las leyes y los códigos civiles que afectan a las mujeres, los derechos de propiedad discriminatorios y las instituciones culturales que apoyan el dominio de los machos. Se buscan también cuestiones como aumentar el control de las mujeres sobre proyectos productivos y sus oportunidades educativas. Según Midgley muchos grupos de mujeres han adoptado enfoques compatibles con el enfoque comunitario del desarrollo, pero su noción de comunidad puede estar dada por su estatus compartido de género.


1 James Midgley, Social Development. The development perspective in social welfare, Sage Publications, Londres, 1995.

2 Normativo se refiere a lo que debe ser, en contraposición a positivo que se refiere a lo que es.

3 Género se usa para denotar los roles asociados a cada sexo, roles determinados culturalmente.

Volver al índice

Enciclopedia Virtual
Tienda
Libros Recomendados


1647 - Investigaciones socioambientales, educativas y humanísticas para el medio rural
Por: Miguel Ángel Sámano Rentería y Ramón Rivera Espinosa. (Coordinadores)

Este libro es producto del trabajo desarrollado por un grupo interdisciplinario de investigadores integrantes del Instituto de Investigaciones Socioambientales, Educativas y Humanísticas para el Medio Rural (IISEHMER).
Libro gratis
Congresos

4 al 15 de diciembre
V Congreso Virtual Internacional sobre

Transformación e innovación en las organizaciones

11 al 22 de diciembre
I Congreso Virtual Internacional sobre

Economía Social y Desarrollo Local Sostenible

Enlaces Rápidos

Fundación Inca Garcilaso
Enciclopedia y Biblioteca virtual sobre economía
Universidad de Málaga