PLANTEAMIENTO DE LA NECESIDAD DEL CAMBIO ESTRUCTURAL EN AMÉRICA LATINA

Luis Gutiérrez Santos

II: Relaciones Económicas con el Exterior

Hoy en día ningún país puede desarrollarse a puerta cerrada, requiere de capital, recursos y conocimientos externos para detonar el crecimiento sostenido. Los países latinoamericanos precisan importar los bienes de capital, tecnologías, bienes de consumo y servicios que demanda el proceso de crecimiento económico y la población de sus países. Para poder adquirir estas importaciones, los países requieren vender al extranjero los bienes y servicios que solicita y para los cuales los países latinoamericanos tienen una ventaja comparativa en su producción. La internacionalización es un fenómeno que va en constante aumento, es una realidad que América Latina tiene que aceptar. Por lo tanto, el desarrollo es un proceso cada vez más ligado al exterior.
En este apartado, vamos a examinar las siguientes cuestiones: ¿Cuáles son los principales obstáculos al comercio exterior de América Latina? ¿Por qué no hemos mejorado nuestras exportaciones en lo que va del siglo XX? ¿Cuáles son las perspectivas del comercio externo? ¿Cómo podemos mejorar la posición comercial? ¿Qué nos ofrece la integración regional? ¿Cuál es el rol de la cooperación internacional y la ayuda económica en el desarrollo de los países latinoamericanos?

Los problemas del comercio exterior

Duro y difícil es el camino que tienen que recorrer los países de América Latina para alcanzar el desarrollo económico sostenido. A los obstáculos propios de sus estructuras arcaicas, se agregan los que interponen las naciones desarrolladas cada día menos atentas a sanear las relaciones comerciales internacionales.
Al parecer, pese a todos los pronunciamientos que se hacen en contra, las grandes potencias están empeñadas, posiblemente sin proponérselo, en ahondar el abismo que las separa del submundo económico.
Este cuadro funesto y típico de las relaciones actuales entre los países altamente industrializados y los que se debaten en el subdesarrollo se sigue repitiendo regularmente, con caracteres más agudos. Dentro de este marco se encuentran las economías latinoamericanas, en las que el comercio exterior sirve para aumentar la dependencia a las naciones industrializadas, en particular los Estados Unidos.
La importancia del comercio exterior como factor de crecimiento debe radicar, fundamentalmente, en que proporcione los bienes indispensables para el desenvolvimiento económico, que todavía no se elaboran en los países atrasados, así como la obtención de las divisas por concepto de exportaciones, necesarias para la adquisición de dichos bienes; y, por el otro lado, en que propicie una actividad económica mayor e independiente.
Para destacar la importancia que tiene el comercio exterior dentro del marco de la economía de un país en proceso de desarrollo, baste señalar algunas cifras, resultado de una encuesta llevada a cabo por las Naciones Unidas en 54 naciones en vías de desarrollo, para el período comprendido entre los años de 1960 a 1965, en la que se demostró una clara tendencia a la vinculación estrecha entre el ritmo de desenvolvimiento económico y el comercio exterior. Del total de esos países, 18 tuvieron crecimientos anuales de poco más del 6% en su producto nacional bruto y alcanzaron un ritmo de aumento de su intercambio comercial externo de más del 8% anual, como promedio. Por el contrario, 15 países del total analizado, con crecimiento de su PNB de apenas 4% como promedio anual, sólo alcanzaron un 3.2% de crecimiento en su comercio exterior.1
A pesar de lo anterior, hay que destacar que ciertos países con bajos índices de comercio exterior obtuvieron substanciales incrementos en el volumen de la producción total, como fue el caso de China.
También la encuesta demostró que el creciente comercio exterior de una nación atrae mayores transferencias financieras del extranjero; en efecto, los 18 primeros países obtuvieron un financiamiento del exterior de 5.7 dólares per cápita en promedio, mientras que los otros 15 países obtuvieron sólo 2.8 dólares por habitante.2
Aunque posiblemente las cifras antes expuestas adolezcan de ciertas fallas, permiten darse cuenta que el comercio exterior es importante como impulsador del crecimiento y que por lo general trae consigo mayor financiamiento externo. Sin embargo, cuando este intercambio no se lleva a cabo sobre bases honestas y equitativas, ocasiona otras medidas y consecuencias de tipo económico-político, como la dependencia y da cabida a una mayor vulnerabilidad en las economías subdesarrolladas a los vaivenes de la política de las naciones desarrolladas.
Ante la natural importancia del comercio para los pueblos atrasados y en particular los de América Latina, se anteponen los intereses de los estados desarrollados. Los subsidios y las políticas autárticas de las potencias industriales son graves obstáculos para las exportaciones de los países menos adelantados. La compra de productos primarios no crece rápidamente en las naciones poderosas, por la limitación de sus mercados internos, por la competencia interna y debido a los impuestos que inciden negativamente en la demanda. También la demanda de materias primas crece lentamente, en parte como consecuencia de la sustitución de los productos sintéticos y, además, por las políticas restrictivas en la importación.
Junto con lo anterior, es significativo mencionar el hecho de que los países adelantados del bloque capitalista controlan la mayor parte del comercio mundial, en detrimento de las naciones subdesarrolladas y del bloque socialista. En efecto, Estados Unidos, Japón y los estados occidentales plenamente desarrollados controlaban en 1966 el 70% del comercio mundial de exportación, o sea, un aumento del 3% en los años de 1963 a 1966. Los países atrasados y los comunistas bajaron un punto de porcentaje cada uno en el mismo período, o sea que en 1966 controlaban el 19% y el 10% del mercado, respectivamente. En el mundo del subdesarrollo, las naciones africanas se mantuvieron en 4%, pero América Latina bajó del 6.3% en 1963 al 5.7% en 1966 y Asia pasó del 9% al 8% del control del mercado mundial.3
Esas grandes desigualdades en el comercio agudizan las disparidades de la demanda internacional. No se puede seguir considerando a las naciones del mundo iguales en el comercio, pues únicamente está haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Son patentes las diferencias económicas entre América Latina y Estados Unidos, de manera que son un punto fundamental, al que no se le ha dado la importancia debida en las reuniones internacionales para impulsar el comercio y el desarrollo de estos países. Raúl Prebisch dice al respecto: “Y así, ni la Carta [de La Habana], ni el Acuerdo [respectivo], establecen distinción alguna entre países desarrollados y países en desarrollo al perseguir la rebaja o eliminación de aranceles y restricciones para estimular el intercambio. Y como se parte del supuesto de homogeneidad, estas rebajas tienen que ser en todas partes equivalentes”. Más adelante agrega, “no se ha tenido en cuenta que aquellas disparidades colocan en situación totalmente opuesta a los países de exportación primaria e industrial”.4
El peso de los productos primarios en la exportación global de América Latina es enorme. Ello propicia la tendencia al desequilibrio externo que se debe a la expresión de la disparidad con que tienden a crecer las exportaciones primarias en comparación con las importaciones de bienes industriales. La demanda de artículos manufacturados en los países en desarrollo es más dinámica que la de productos primarios en las naciones industrializadas. Además, la tendencia de los precios de los materiales básicos pone en situación desfavorable a éstos, con respecto a los industriales. Aparte del efecto directo sobre la capacidad para importar, la baja de los precios de los productos básicos significa que los aumentos del producto interno son todavía más bajos con respecto al ingreso real.
El carácter de monocultivo de las economías latinoamericanas ha persistido, entre otros factores, en virtud a la creciente dependencia de un solo mercado, el de los Estados Unidos. El caso de México habla por sí solo: este país se encuentra sujeto a una dependencia casi absoluta, desde el punto de vista de las exportaciones y las importaciones, al mercado de los EE.UU. En el año de 1966 el 63.8% de las importaciones fueron hechas en Estados Unidos y el 62.9% de las exportaciones mexicanas tuvieron como destino ese mismo mercado.5
La desigualdad de fuerzas con que se enfrentan Estados Unidos y América Latina tiende a un saldo deficitario persistente, que para el caso de México es en promedio de 270 millones de dólares al año, como se puede observar en el siguiente cuadro:
Cuadro 4: Balanza Comercial de México con Estados Unidos de Norteamérica6
(Miles de dólares)

 


AÑOS

Exportación*

Importación

Saldo

 

Valor

% del total

Valor

% del total

1960

532,982

72.1

855,108

72.1

-322,126

1961

582,852

72.5

795,083

69.8

-212,231

1962

636,913

70.8

779,974

68.2

-143,061

1963

662,009

70.7

849,134

68.5

-187,125

1964

687,116

67.2

1,022,327

68.5

-335,211

1965

696,173

62.5

1,024,872

65.7

-328,699

1966

750,635

62.9

1,024,125

63.8

-273,490

*Cifras revaluadas.
Los obstáculos al comercio exterior de América Latina, son entre otros muchos, los crecientes saldos negativos en la balanza comercial con Estados Unidos; la falta de estabilidad de los precios de las materias primas; y los altos aranceles para los productos latinoamericanos, sobre todo para los semi-manufacturados y manufacturados.
Se ha tratado en las reuniones interamericanas de que Estados Unidos permita un acceso más equitativo y fácil a su mercado; tanto para los productos básicos como para productos terminados, en este sentido se les han propuesto convenios de todo tipo. Pero no se ha podido llevar a cabo nada en concreto, gracias a la indiferencia de los Estados Unidos.7 Aparte de esto, las exportaciones de manufacturas siguen creciendo menos que las importaciones, lo cual ha acentuado el déficit de la balanza comercial de América Latina.
La falta de liquidez de los países latinoamericanos se deriva en lo esencial del déficit de la balanza de pagos, por la desfavorable e inequitativa relación del intercambio con los estados industrializados, los cuales no toman en cuenta las diferencias entre sus naciones y con las que comercian. No estaría mal recordar que las desigualdades son tan hondas que, mientras no menos de 40 pueblos subdesarrollados tenían en 1966 un ingreso promedio per cápita de 120 dólares al año, los puros gastos militares anuales por habitante fueron, en el mismo año, en Alemania, de 76 dólares, en Francia, de 91 dólares, en Inglaterra, de 120 dólares y en Estados Unidos de 346 dólares.8


1 Citado por Antonio. Calderón Martínez, “La política mexicana de comercio exterior”, Comercio Exterior (julio de 1968), p. 581.

2 Ídem.

3 El Día, diciembre 13 de 1967.

4 Raúl Prebisch, Nueva política comercial para el desarrollo (México, 1966), p. 40.

5 David Ramos Galindo, “Deterioro en el comercio agrícola con los Estados Unidos“, El Día, marzo 3 de 1968.

6 Ramos Galindo, op. cit.

7 Círculos importantes de América Latina pugnaban por que los Estados Unidos tuvieran hacia sus países el mismo trato que la comunidad europea mantenía con sus antiguas colonias en Africa (esto es, un trato de preferencia a las exportaciones). Los resultados de estas tibias presiones no son nada consoladores: los Estados Unidos mantienen su política tradicional, la cual mantendrán, si es preciso, con la fuerza militar.

8 El Día, diciembre 20 de 1967.

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