DIVERSIDAD CULTURAL Y MIGRACIÓN. ECONOMÍA, CULTURA, SALUD Y POLÍTICA

María del Carmen Cebada Contreras
Eduardo Fernández

Inmigración y multiculturalismo en España: una mirada desde la demografía. Daniel Vega, Eduardo Fernández y  Rubén Ramírez 1

Resumen

Algunas corrientes teóricas recientes señalan que en los países industrializados, la inmigración combinada con bajos niveles de fecundidad está provocando cambios en la composición de la población. Esto ha llevado a proponer la idea de una tercera transición demográfica, la cual está relacionada con profundas transformaciones culturales en los países receptores. En este trabajo se analizan estos argumentos a la luz del caso español.

Introducción

Generalmente el cambio demográfico que acarrea la inmigración está acompañado de consecuencias culturales. Si bien es cierto que las distancias siempre han sido relativas y que muchas personas no han dudado en desplazarse hacia sitios remotos; también es cierto que en la actualidad los medios de transporte y de comunicación están relativizando las distancias como nunca. Esto se refleja en un mapa de las migraciones cada vez más complejo, que tiende a potenciar la diversidad cultural. En un país receptor puede encontrarse gente de muchos sitios del mundo, quienes comparten espacios y servicios de todo tipo, pero que pueden tener costumbres y visiones del mundo muchas veces extrañas, chocantes e incomprensibles a la vista del otro.

Lo anterior no significa la exclusividad de las migraciones actuales para provocar diversidad ni tampoco homogeneidad previa en los países receptores. Todo lo contrario, el panorama cultural del mundo muestra el efecto acumulado de las migraciones de la historia de la humanidad y pocos países podrían considerase uniformes. La diversidad cultural y étnica es todo menos excepcional.
Al respecto, David Coleman (2006) propuso la idea de una tercera transición demográfica. Si la primera transición está relacionada con el descenso de los niveles de natalidad y mortalidad; la segunda con los cambios de la estructura familiar en su conjunto; esta última estaría referida a profundos cambios étnicos y sociales de los países occidentales, derivados de los flujos migratorios. Sostiene que algunas poblaciones están siendo radical y permanentemente alteradas por altos niveles de inmigración de personas con rasgos étnicos y raciales que los distinguen de la sociedad receptora. Esto se potencia con los bajos niveles de natalidad y cierto nivel de emigración de la población nativa. Argumenta que de continuar estas tendencias demográficas, la población inmigrante o las poblaciones de origen mixto podrían incluso llegar a desplazar a las poblaciones originarias de su posición mayoritaria.
El argumento teórico detrás de sus afirmaciones es que cualquier nivel constante de inmigración en una población con niveles de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo y una mortalidad constante tenderá a comportarse como una población estacionaria —que no crece ni disminuye en efectivos de población—. A la larga, esto provoca una población predominante o enteramente con orígenes inmigrantes Espenshade (2001). 

Con base en el análisis de siete países europeos (Austria, Inglaterra y Gales, Dinamarca, Alemania, Holanda, Noruega y Suecia) y de Estados Unidos, Coleman describe las tendencias en la composición étnica de los países receptores derivadas del aporte directo e indirecto de la inmigración. En el gráfico 1 se reproducen las estimaciones sobre el cambio en la proporción de origen extranjero en algunos países seleccionados. Como se puede observar, se prevé un aumento considerable en estos países, en mayor o menor medida. Por ejemplo, en Estados Unidos entre 2000 y 2050 este porcentaje más que se duplicaría, al pasar de 15 a alrededor de 33 por ciento. Alemania tendría una tendencia semejante aumentando de 10 a cerca de 24 por ciento y Holanda pasaría de 17 a 29 por ciento. Inglaterra y Gales —que no son presentados en dicho gráfico— pasarían, en su conjunto, de 11,3 a 36,1 por ciento, entre 2001 y 2051. Los supuestos de estas estimaciones son bastante plausibles y con una tendencia correcta, más allá de la precisión que el futuro ponga a prueba.

Incluso otros autores con gran presencia mediática y de sobrado espíritu polemista han sostenido que en sociedades con alta migración la identidad colectiva puede estar en riesgo. A medida que los grupos de inmigrantes crecen en número, también aumenta su compromiso con su propia identidad y cultura étnicas, debilitando las de los países receptores. Samuel P. Huntington (2004) en su texto El desafío hispano planteó que la inmigración mexicana en Estados Unidos era capaz de poner en peligro la cultura angloprotestante. Sostuvo que la continuidad de los elevados niveles de inmigración, combinado con las bajas tasas de asimilación podría transformar al país. Incluso llega a hablar de una “reconquista demográfica de zonas que los estadounidenses habían arrebatado por la fuerza a México (…) y que ahora están siendo mexicanizadas”.

Francis Fukuyama (2007: 1) también se ha pronunciado de una manera similar. Considera: “Las sociedades liberales modernas tienen débiles identidades culturales. Las élites posmodernas, especialmente en Europa, sienten que han evolucionado más allá de las identidades que se definen por la religión y la nación” y concluye en primera persona argumentando “… si nuestras sociedades no pueden hacer valer los valores liberales positivos, estas pueden ser cuestionadas por los migrantes que están más seguros de lo que son”.

En contraste, están quienes centran su atención en el otro lado de la moneda. Para Marco Martinello (2004) la cuestión no es optar entre el multiculturalismo y la construcción de una sociedad homogénea, sino conciliar la diversidad cultural e identitaría con la necesidad de cohesión social y política. Considera que existe la necesidad de exceder el “multiculturalismo ligth” en las grandes ciudades globales — aquel que se basa en la búsqueda del exotismo y lo cosmopolita en la música, en la cocina, en filosofías, etcétera— que es favorecido por los mercados que encuentran en estas prácticas nichos de consumo pero que no conduce necesariamente a una reflexión sobre la forma en que funcionan las estructuras sociales y políticas. “Progresista en lo cultural, puede ser al mismo tiempo conservador en lo político”, afirma.   

Una de las posiciones que me parece más acertada es la de Rainer Bauböck (2003: 46), quien considera que

“El objeto del debate en relación con el multiculturalismo no es la coexistencia de distintas prácticas culturales, sino, de manera más concreta, la idea de que esta diversidad se extiende al terreno de la moralidad y de la política. Lo que de verdad se plantea es la legitimidad y los límites de un pluralismo de valores morales e identidades políticas. Quienes se oponen al multiculturalismo creen que las democracias liberales han sido a este respecto demasiado tolerantes. E insisten en que las sociedades de inmigración la cohesión social debe construirse sobre la base de unos valores e identidades compartidos” 

También Castles y Miller (2004) diferencian entre comunidad y minoría étnicas en términos de una valoración positiva o negativa. Simplificando, se refieren a una comunidad cuando hay un proceso de integración a una sociedad multicultural y a una minoría cuando su presencia implica marginación o exclusión. La discusión, por tanto, tiene varias aristas pero dos son las que considero más relevantes en el análisis. La primera está relacionada con la idea que la inmigración se puede convertir en una amenaza contra la cohesión social y la identidad de las sociedades receptoras. Mientras que la otra perspectiva parte de considerar la vulnerabilidad de los inmigrantes al aproximarse a situaciones de marginación y exclusión social.

Objetivo

Este trabajo se investiga sobre las relaciones entre cambio demográfico e inmigración y en las consecuencias culturales que acarrea, poniendo particular énfasis en el caso español. En concreto analiza la diversidad cultural que la inmigración genera, sobre todo en un contexto de bajo crecimiento poblacional y envejecimiento de la estructura etaria; y reflexiona sobre las consecuencias que esta pluralidad tiene sobre la convivencia y la integración social. Es, en suma, una mirada desde la demografía sobre las transformaciones culturales derivadas de la inmigración en España.

Datos, supuestos y métodos

Los datos del estudio provienen en su mayoría del Censo de Población 2001, el Registro Municipal de Habitantes y de las Estadísticas Vitales, todas publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Asimismo se utilizó información complementaria de la División de Población de las Naciones Unidas, de la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat) y de la Oficina del Censo de Estados Unidos.

La investigación está basada en métodos estadísticos, y proyecciones y previsiones demográficas a nivel nacional. El procedimiento más generalizado para realizar previsiones y proyecciones de población es el de los Componentes Demográficos. La idea básica es el seguimiento del conjunto de cohortes que componen a una población a partir del momento  hasta un momento posterior . Cada uno de estos segmentos de la población es expuesto, según su edad y sexo, a comportamientos diferenciados en la mortalidad, en la migración y para el caso de las mujeres entre 15 y 49 años en la fecundidad (Preston, et al, 2001). En este trabajo, se utilizó un método de tipo Two-sex ethnicity projection, con base en la distribución de nacimientos, la cual considera que pertenecer a un grupo mixto o mestizo depende del origen de ambos padres. 

Para proyectar la población, se utilizaron diferentes supuestos en la fertilidad, mortalidad y migración (Véase Cuadro 1). Debido a que el método de componentes demográficos no permite determinar la precisión ni la confianza de las estimaciones —ya que no está basado en métodos estadísticos convencionales— fue necesario desarrollar un abanico de escenarios basados en distintas combinaciones de las variables de la dinámica demográfica.

Resultados

En la investigación se desarrollaron ocho escenarios futuros para analizar estas consecuencias en el largo plazo. De acuerdo a estos escenarios, es muy probable que el peso de los inmigrantes en el conjunto de los residentes en España sea cada vez más importante en la reproducción de la población.  En el gráfico 2 se presentan los resultados de cuatro escenarios que lo sustentan. Como se observa, independientemente del nivel de migración, de la fecundidad o del tamaño y ritmo de crecimiento de la población en su conjunto, en las cuatro previsiones planteadas las personas de origen inmigrante podrían alcanzar alrededor de 40 por ciento del total de la población hacia el final de la proyección. Cabe mencionar que este valor varía entre los distintos grupos de edad, acentuándose su peso entre los grupos más jóvenes, donde puede incluso alcanzar valores superiores a 50 por ciento.
Cuando hablamos de personas de origen inmigrante se está haciendo referencia también a sus descendientes. Además se incluye a la población mestiza; es decir, a aquellos quienes entre sus ascendientes hay tanto españoles como extranjeros. Por tanto, es cierto que al hablar de la población de origen inmigrante también se incluyen a sus hijos, a sus nietos e incluso a sus bisnietos. Esto puede dar la impresión de estar sobrevalorando su peso; sin embargo, sólo es cierto en una pequeña medida. En los cuatro escenarios mostrados en el gráfico 2, al menos 85 por ciento de las personas que compondrían la población de origen inmigrante son primeras y segundas generaciones. El resto prácticamente sería tercera generación. En suma, esta población al final del periodo de proyección estaría comprendida casi en su totalidad por los inmigrantes y por personas con una relación de parentesco cercana.

Iclusive, como se muestra en el gráfico 3, aún cuando la migración fuera cero a partir de 2010, la inercia demográfica haría que su presencia continuara siendo de una magnitud considerable en las próximas décadas. Al final de la proyección se esperaría que la población de origen inmigrante representara alrededor de 20 por ciento de la población total. Cabe mencionar que un poco más de la mitad de este grupo estaría compuesto por la segunda y la tercera generación.

En esta investigación se ha observado como la población de origen inmigrante puede continuar aumentando en las décadas por venir. Sin embargo, cada uno de los grupos étnicos seleccionados tendrá una evolución particular en el futuro, dependiendo de su estructura por edad, su nivel y estructura de fecundidad y la intensidad del flujo.  La población de origen latinoamericano será muy probablemente la que aumente en mayor medida. A un menor ritmo lo harán las personas de Rusia y de Europa del este y del grupo de medio oriente y norte de África. También se espera, debido a su estructura por edad envejecida y a su baja fecundidad, que el Grupo 1 (Europa occidental/Norte América/Oceanía) evolucione de una manera menos acelerada (véase gráfico 4).

Resulta interesante destacar el aumento de las uniones interétnicas, que se refleja en la población de origen mixto. Su peso en la población de origen inmigrante aumentaría de cerca de cuatro por ciento en 2010 a 14 por ciento en 2055. Esto es importante en la medida en que se forma un grupo numeroso que puede ayudar a difuminar las distinciones étnicas (Coleman: 2009).

A modo de conclusión.

La inmigración está modificando paulatinamente las características culturales de la población española. Una de las particularidades de las migraciones actuales es la complejidad que tiene su mapa de flujos. Si bien es cierto que en España el 60 por ciento de la inmigración proviene de diez países, también lo es el hecho de que el resto lo componen personas de más de cien. Aunando al incremento que se espera en las próximas décadas de la población de origen inmigrante, estamos ante un panorama en el que de manera gradual se está generando una mayor diversidad cultural al interior del país.

La baja fecundidad española combinada con la inmigración, incluso moderada, provocará que la población de origen inmigrante tenga un peso absoluto y, sobre todo, relativo cada vez mayor. El volumen de este grupo de población continuará creciendo en las próximas décadas. Su peso será cada vez mayor y tendiente a equiparase con el de los españoles. Según las previsiones propuestas en esta investigación, esto sucedería hasta en los escenarios más cautelosos. Es muy probable que hacia mitad de siglo, la población de origen inmigrante pudiera alcanzar alrededor de 40 por ciento del total. Inclusive en los grupos de edad más jóvenes la proporción sería aún mayor. Y no estamos hablando del ancestro remoto, aquel que sólo consta en la tradición oral y en el retrato familiar: al menos 85 por ciento de las personas que formarían la población de origen inmigrante sería primeras o segundas generaciones.

En este terreno algunas voces encuentran un riesgo para la identidad y la cohesión social. La identidad tiene que ver con lo igual, con lo que hace que algunas personas se perciban como semejantes y que tengan una noción que hay “otros” que no lo son. Es decir, que la percepción inicial que se tiene de la identidad se inscribe en el reconocimiento del sentimiento de pertenencia y a la vez del de exclusión. La identidad implica no sólo diferenciación, también demarca quienes deben participar del bien común. Todo esto, muchas veces, impregnado de valoraciones subjetivas. Amartya Sen (2000) considera que hay límites para aquello con lo que elegimos identificarnos y quizá límites aún más marcados para persuadir a los otros de que nos acepten como algo distinto de lo que ya nos consideran.

Donde en realidad está el verdadero riesgo para la cohesión social es en la posibilidad de que los inmigrantes puedan aproximarse a situaciones de marginación y exclusión. El cual es latente. Sobre todo porque los inmigrantes suelen ser uno de los chivos expiatorios favoritos de los yerros colectivos, especialmente quienes tienen perfiles étnicos y socioculturales menos apreciados. Como ya se mencionó, en esta lógica, Rainer Bauböck (2003) considera que los inmigrantes no plantean problema alguno a la cohesión social, ya que lo que piden es ser integrados de un modo que se respeten sus tradiciones culturales. El debate no es la coexistencia de distintas prácticas culturales, sino la idea que esta diversidad se extiende al terreno de la moralidad y la política.

Sin embargo, no hay que menospreciar la plasticidad de las sociedades para adaptarse a los cambios demográficos y étnicos. Es verdad que más de dos terceras partes de la población española consideran que la presencia de extranjeros es excesiva y tiende a sobredimensionar su presencia. No obstante, las encuestas reflejan como las generaciones jóvenes y con un mayor nivel de estudios ven con más naturalidad estos cambios y tienden a aceptarlos con más empatía (Cea y Valles, 2008). Al mismo tiempo, transformaciones que en un gráfico se pueden inspeccionar en un vistazo se irán dando de manera gradual durante décadas, lo cual puede ayudar a mermar estos recelos.

El mestizaje entre los diferentes grupos será otro atenuante. Según las previsiones su peso en la población de origen inmigrante aumentaría de cerca de cuatro a catorce por ciento entre 2010 y 2055. Lo cual le da tintes de continuidad a la diversidad, beneficia a la convivencia y puede acortar las diferencias culturales. David Coleman (2006: 428) menciona: “una nueva homogeneidad eventualmente podría surgir, en el que las etiquetas étnicas dejarían de tener sentido o identificable, salvo a los genealogistas”.

Muchas veces nos empeñamos en pensar que el mundo es de una manera y que así debe seguir; no obstante, si algo no ha faltado en la historia de la población son cambios en su distribución y composición. Como bien escribió el poeta mexicano Jaime Sabines: “¿Quién es quién para decir ‘esto es así’, si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?”.

Referencias bibliográficas básicas

Arango J., (2003) “Inmigración y diversidad humana. Una nueva era en las migraciones internacionales” en Revista de Occidente, (269): 5-21.
Bauböck, R. (2003) “¿Adiós al multiculturalismo? Valores e identidades compartidos en las sociedades de inmigración?”, en Revista de Occidente, (269): 45-61.
Castles, S. y M. J. Miller (2004) La era de la migración. Movimientos internacionales de población en el mundo moderno. México: Universidad Autónoma de Zacatecas, Secretaría de Gobernación, Fundación Colosio, Porrúa. 
Cea D´Ancona Ma. y M. Valles (2008) “Evolución del racismo y la xenofobia en España”. Ministerio de Trabajo e Inmigración. 
Coleman, D. A. (2009) “Divergent patterns in the ethnic transformation of societies” en Population and Development Review 35 (3): 449–478.
------------ (2006) “Immigration and ethnic change in low-fertility countries: A third demographic transition” en Population and Development Review 32(3): 401–446.
Espenshade, T. (2001) “‘Replacement migration’ from the perspective of equilibrium stationary populations” en Population and Environment, vol. 22 (4): 383-389.
Fukuyama, F. (2007) “Identity and migration” en Prospect Magazine (131): 1-8.
Huntington, Samuel (2004) “El desafío hispano” en Letras libres, abril: 12-20.
Martinello, M. (2004) “Estado, mercado y diversidad cultural”, en Rev. de Occidente, (269): 62-81.
Preston S. H., P. Heuveline y M. Guillot (2001) “Demography: measuring and modeling population processes” USA, Blackwell Publishers.
Sen, A. (2000) “La razón antes que la identidad” en Letras Libres, año 2 (23): 12-28.


1 Profesores de tiempo completo, División de Ciencias Sociales, Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra.

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