ACTIVIDADES DE ANTONIO MACEO EN LA CUENCA DEL CARIBE

José Antonio Navarro Álvarez

2.2 - Organización de expediciones internacionalistas

A mediados de julio de 1878 el Mayor General está en Kingston y se integra a la vida civil junto a sus familiares, en una pequeña finca cercana a la capital para el cultivo de tabaco y frutos menores.

Allí conoce de la situación que acontece en Cuba, por la llegada de los últimos representantes del Gobierno Provisional Revolucionario.

A su residencia arriban informaciones precisas de los acontecimientos, a través de periódicos y cartas mantiene estrechas relaciones con revolucionarios de: Santiago de Cuba, Guantánamo, Baracoa, Bayamo, Manzanillo, Holguín... y con núcleos de emigrados en República Dominicana, Haití, Panamá, Cayo Hueso, New York y Filadelfia.

A pesar de esto, coexistía entre los cubanos una campaña difamadora de la que Maceo no escapó.

Desde Kingston se vincula por correspondencia con Máximo Gómez, Miguel Aldama, Salvador Cisneros Betancourt y Vicente García, saliéndole al paso a toda clase de calumnias e intrigas que iban contra algunos de estos viejos luchadores.

El 26 de septiembre de 1878 le escribe a Hilario Cisneros:

"... Si le es posible remítame las cartas de recomendación que me ofreció el cónsul de Honduras y Guatemala para los presidentes de ambas repúblicas...".

¿Por qué este proceder? ¿Viajará Maceo en busca de recursos para la lucha ante las representaciones oficiales de esos gobiernos? ¿Comprendió que la situación de Cuba no era favorable para continuar la gesta independentista en aquellos momentos?

Continuemos con su actividad patriótica nacional liberadora; desde allá, conoció de los planes conspirativos que organizaban Calixto García y el Comité Revolucionario de New York y acató las disposiciones, sumándose bajo la dirección de éstos.

Sin embargo, no todos querían la unión junto al caudillo; llegaron informes maliciosos, farsas, rumores de la propaganda española y el divisionismo de los cubanos; se le acusaba de querer formar una guerra de razas para su beneficio personal, y trataron de obstaculizar cualquier expedición que preparase para ir a Cuba. Ante tan ruines calumnias, se separó del movimiento político que se aprestaba.

En esos días, arribó a la ciudad el Coronel del Ejército Libertador Leoncio Prado, peruano de nacimiento, quien sin demora se comunicó con Maceo. Le explicó las difíciles condiciones en que se encontraba Perú, invadido por Chile en injusta guerra y la posibilidad de que le otorgara, en calidad de préstamo, el material de guerra que tenía en su poder:

"...Maceo... le hizo entrega de "400,000 cápsulas procedentes del depósito que Aldama le había confiado...".

La ayuda brindada por Maceo, nos permite expresar su disposición consecuente de apoyar incondicionalmente a otros pueblos de América, cuando estos necesiten de los cubanos. Prado, le explicó a Calixto García señalando el gesto de Maceo el 18 de julio de 1879:

"... El Gobierno y el pueblo del Perú estimarán en alto grado el obsequio del último legítimo representante del Gobierno Republicano que estuvo constituido en Cuba libre...".

El 5 de agosto de 1879 Calixto García llegó a Kingston, días después, se entrevista con Maceo y juntos, sin una sola queja del pasado, Maceo se integra al movimiento revolucionario que se gestaba, enviando comisiones al Oriente de Cuba para preparar las condiciones necesarias.

El 26 de agosto de 1879, estalló en Santiago de Cuba la llamada Guerra Chiquita. En días posteriores, el 5 de septiembre de 1879, Maceo lanza la Proclama ¡Viva Cuba Independiente!, que sintetiza el clamor a la lucha, para defender la libertad, fundiendo elementos patrióticos, de igualdad social y de proyecciones internacionales, al expresar en una de sus partes:

"...hagamos conocer al mundo entero que el cubano sabe morir por la redención de su patria...".

Asimismo divulga las acciones desarrolladas por sus compañeros contra la explotación colonial y busca la unidad de la sociedad cubana, haciendo un llamado a los jóvenes, al pueblo, a los españoles, a los cubanos ricos, a los esclavos, a compañeros de la pasada guerra y cubanos emigrados.

Desde Kingston realiza urgentes preparativos, para incorporarse al movimiento independentista, sin contar que los resentimientos y el divisionismo existente, le impondrían limitaciones a su protagonismo en el proceso recién iniciado, y lo apartan. Pero esta vez no espera órdenes, su patria lo necesita.

La salida para Port-Au-Prince, se produce el 12 de septiembre de 1879, así lo señala en una conocida carta:

"... Me ausenté de Jamaica con el objeto de buscar protección en el pueblo haitiano y en el presidente Salomón, en favor de los hombres de su raza que en Cuba sufren los horrores de la servidumbre del sistema colonial...".

En Haití se relaciona con cubanos, haitianos y hombres de otras nacionalidades, con la perspectiva de organizar una expedición que lo llevase a las costas de Oriente.

Desde su llegada, busca el apoyo de los dirigentes haitianos más sensibles con los sufrimientos del pueblo cubano, demandando la cooperación en sus actividades.

La epístola al General José Lamothe el 30 de septiembre de 1879, constituye la mejor muestra de su profunda visión política:

"... Creo inútil General, hacerle la historia de Cuba, usted la conoce, pues la historia de Cuba es igual a la de Haití; es la historia de todas las colonias..." Le describe las limitaciones políticas y sociales en que se mantiene al pueblo y cómo quedaban 350,000 hombres en calidad de esclavos…”

Prosigue Maceo su Carta:

"... Yo no soy General, el embajador de un gobierno que viene a proponerle a otro una alianza provechosa; soy el emisario de un pueblo esclavo que lucha por conseguir su independencia, acerca de otro pueblo de su mismo origen que goza de vida propia, y que demasiado generoso no dejará de tenderle a sus hermanos una mano protectora..."

No quedan dudas de sus sentimientos latinoamericanistas caribeños, con una misma identidad y orígenes, intenta fortalecer los lazos de unión para la lucha emancipadora; no olvidemos la inestimable ayuda que Petión le dio a Bolívar, ¿acaso Antonio Maceo lo desconocía? creemos que no. Concluye su carta así:

"... Hablando en nombre de Cuba, me atrevo a asegurar a Haití, el más profundo agradecimiento

por los servicios que pueda prestarle en la obra de su independencia y obtenida ésta, General, no necesito hacer resaltar a sus ojos las ventajas que resultarían de una alianza entre ambos países, que poblados por hombres de una misma raza, tendrían que sostener y defender los mismos intereses...".

Estamos convencidos que tanto Maceo como el pueblo de Cuba agradecerían la ayuda que ansiaba buscar, ratificando que una vez derrotada España era imprescindible la unidad entre dichos estados, como una fórmula eficaz para la defensa de sus propios intereses.

El recibimiento en Puerto Príncipe había sido apasionado, afectuoso y ardiente, revestía matices muy diferentes a los anteriores; desde su llegada era el hombre más admirado de Haití, la sociedad más culta de Por-Au-Prince le facilita su amistad, entre ellos el ciudadano francés Gastón Revest, que le sirvió de traductor.

Comenzó a preparar una expedición rumbo a Cuba, apoyándose en núcleos de emigrados cubanos que se organizaban en los clubes de Jacmel, Jeremies, Aux Cayes y Cabo Haitiano y con dominicanos de Puerto Plata.

Maceo contó con la defensa política de los hombres fuertes del Partido Liberal como lo fueron Boyer-Bazelais, el General Boinsrond-Canal y los funcionarios gubernamentales Hérissé y los Generales Lamothe y Duperval.

Lejos estaba de pensar que al caer el gobierno provisional, se iniciarían los problemas. Este, de tendencia anticubana y pro española, favoreció una ola de calumnias en su contra, dando créditos a las gestiones del cónsul español de apresarlo e intentó colaborar en su asesinato, a través de hombres contratados para estos fines. Salomón, persiguió y dispersó a los cubanos, dominicanos y haitianos, ocupando los armamentos, haciendo fracasar la primera expedición internacionalista organizada por Antonio Maceo.

Debemos resaltar que después del intento de asesinato hubo una enorme demostración popular que rechazó estos actos y demostró la gran influencia de Maceo dentro del pueblo haitiano y caribeño.

La evidente correspondencia del presidente Salomón y las autoridades contra Maceo, condujeran a que éste saliese precipitadamente del país el 7 de enero de 1880, rumbo a la isla danesa de Saint-Thomas; en esta conoció el brutal sistema colonial imperante, reflejándolo a Máximo Gómez el 6 de febrero de 1880 desde Gran Turca cuando expresó:

"... Me horroricé al ver en el presidio, que todos los días salían a la calle cargados de hierros los hombres y las mujeres. Observé también que el gobierno de aquel país, por sus relaciones comerciales con el de Puerto Rico, obedece a la presión ejercida por el gobierno de España..."

La crítica a la explotación es una constante en la correspondencia maceica, la conducta humanista fundamenta toda su actuación, y con sentido dialéctico analiza la situación del Caribe, al comprender la enorme influencia de España en la región, así como las posibilidades de todos aquellos que luchan contra su presencia en el área; la señalada carta contiene un relato portentoso de los sucesos de Haití y su proceder sacrificado a la causa de Cuba.

En Saint Thomas recibió las muestras afectivas del pueblo y el trato hostil de las autoridades.

El 5 de febrero de 1880 partió rumbo Turk Island (colonia inglesa), llegando el 11 de febrero a Puerto Plata, República Dominicana.

La presencia del héroe cubano fue respaldada desde el primer momento por las máximas autoridades dominicanas, representadas por Gregorio Luperón presidente, Ulises Heureaux, Federico Lithogow y Alejandro Woss y Gil.

El gobierno de tendencia democrática y popular apoyaba la justa causa de los cubanos. En este país existió un elevado grupo de emigrados cubanos, simpatizantes de Maceo, quien contó con el respaldo y la admiración popular de los dominicanos.

Aquí recibió correspondencia del venezolano León Colina el 24 de febrero de 1880, conocido por él en Saint Thomas, recordándole su conversación y pidiéndole su ayuda a la revolución venezolana; se expresaba:

"…Libre republicano como es usted, no dudo que prestará este servicio a Venezuela, que en la presente ocasión lucha denodadamente por su independencia y sus libertades. Esta es una causa común, puesto que es causa americana y tan suya y tan de sus compatriotas como mía y de los míos…".

Para el pueblo latinoamericano y caribeño Maceo era un representante legítimo de sus intereses, observemos cómo es llamado desde un país hermano para que participe en un movimiento revolucionario contra el gobierno existente, su presencia era símbolo de libertad social y política, para él no había fronteras.

No sólo el pueblo se acercó al genio cubano, también lo hicieron intelectuales como Rafael Abreu Lacairac, el escritor Fabio Fiallo, el poeta Pablo Pumarol y el patriota puertorriqueño Eugenio M. de Hostos que prestaba su concurso al gobierno de Luperón.

En el afán de organizar a los emigrados cubanos y lanzarse al campo de batalla, Maceo no descansó, acelerando la actividad conspirativa, que fue respaldada por las autoridades dominicanas en especial su amigo Luperón, quien mantuvo una actitud muy consecuente con la causa de los cubanos.

También aquí se organizó un atentado contra la vida de Maceo, que fue radicalmente eliminado por las autoridades gubernamentales. Conjuntamente los españoles trataron de ganárselas, y buscaron su respaldo para que lo expulsaran, o les entregaran a Maceo, pero sus planes fueron desbaratados. Como muestra de ello, aparecen en las notas autobiográficas del General Luperón, el recuerdo de su entrevista con el Cónsul Bermúdez y el Comisionado español:

"... Le declaró al comisionado español que desde la instalación del Gobierno Provisorio no habían expatriados políticos de la república dominicana, porque el gobierno había proclamado que las puertas de la patria estaban abiertas para todos sus hijos y también para todos los desgraciados del universo que se hallasen perseguidos...".

Esta decidida y consecuente actitud de Luperón estuvo presente en toda su existencia, él poseía un elevado sentimiento antillano e internacionalista; afirmaba:

"... Yo no tan solo me debo a mi patria, sino a la humanidad en general, y a los hombres que tienden a ilustrarla...".

Estableció estrechas conexiones con múltiples luchadores de nuestra América, solidarizándose con todos aquellos patriotas que necesitaban su apoyo.

El presidente Lysius Salomón lo incitó a través de su comisionado, para que expulsara a Maceo y a algunos revolucionarios haitianos, contestándole que:

"... sus exigencias eran improcedentes; que envolvían una aplicación de mala y tortuosa política que el gobierno dominicano no aceptará jamás; y que la revocación de sus exigencias sería considerada como una declaración de guerra...".

Entre Maceo y Luperón se forjó una amistad sobre los principios patrióticos y solidarios que los unía; duró toda la vida. El general dominicano demostró ser un amigo incondicional de la libertad.

Con la ayuda de los suyos y el amparo de las autoridades, Maceo organizó una expedición con el objetivo de contribuir decididamente a la lucha que se desarrollaba en la manigua contra las autoridades españolas. Esta estuvo integrada por cubanos, dominicanos, venezolanos y de otras nacionalidades, quienes serían 34 futuros combatientes internacionalistas.

Maceo, antes de abandonar el territorio, le plasmó el 1ro. de julio de 1880 a Luperón:

"Ya con todos los preparativos para ausentarme de este país a bordo del vapor americano "Santo Domingo", solo me falta obtener de usted como americano ilustre, y como amante de la libertad, el beneficio de 15 Remington y 5000 cápsulas del mismo sistema, las cuales saldrán del país sin ocasionar gravamen alguno ni a Ud. ni a la nación que representa. Yo marcho para Cuba y en breves días espero estar en mi puesto, cumpliendo con mi misión...".

Bajo la vigilancia de los espías y barcos de guerra españoles partieron; imposibilitados de desembarcar cerca de las costas cubanas, lo hacen en Turk Island. Alli, privados de cumplir sus objetivos al no aparecer navíos que los lleven a Cuba, más el surgimiento de conflictos con las autoridades coloniales, la falta de recursos económicos, el intento de asesinato a Maceo por un expedi-cionario venezolano y la existencia de buques de guerra españoles en el puerto, vigilando a los cubanos, provocaron las deserciones entre los revolucionarios, que llevaron al fracaso del intento de invasión.

Maceo utilizó gran parte del tiempo que radicó en la isla a instruirse culturalmente. Había mandado a solicitar a Figueredo desde Santo Domingo una Historia de Roma y un Diccionario de Lengua Española.

En Islas Turcas fue acusado injustamente por el Comisionado Inglés, que actuaba en correspondencia con las autoridades de la nave española en el puerto; ordenándole abandonar inmediatamente junto a sus compañeros el territorio bajo su jurisdicción.

Maceo se negó y redactó una carta pública en el periódico local The Royal Standard, denunciando las infamias de que eran objeto sus compañeros y él.

Más de 40 vecinos del pueblo se solidarizaron con Maceo y sus acompañantes, apoyándolo con grandes muestras de simpatía, por la firme actitud mantenida. Auxiliado por estos, le escribió al gobernador de Jamaica Sir Anthony Musgrave el 30 de agosto de 1880, contándole el relato fiel de los acontecimientos sucedidos. Estas acciones de partes del pueblo de Turk Island constituyen, sin lugar a dudas un reconocimiento a la personalidad internacional y caribeña de Antonio Maceo y a la lucha del pueblo cubano.

Días después llegó a Islas Turcas, un barco enviado por el gobernador de Jamaica, con la orden de trasladar rumbo a Kingston a Maceo y sus compañeros. Quienes habían permanecido en ellas desde el 4 de julio hasta el 22 de septiembre 1880.

En resumen, la inclaudicable actitud de Maceo le facilitó, no sólo el liderazgo ante los emigrados cubanos, sino el poyo popular y la consecuente contribución de las personalidades intelectuales y gubernamentales de las diferentes regiones por donde transitó; evidenciándose una identificación del pueblo caribeño y progresista hacia su personalidad. (Ver mapa 1: Maceo en el Caribe.)

Ejemplo de ello, lo constituye el hecho de que dentro del proceso organizativo que desarrolló para llevar a feliz término las expediciones que auxilien la lucha que se desarrollaba en Cuba, jugarían un importante papel, muchos hijos legítimos de los pueblos latinoamericanos y caribeños, junto a los cubanos.

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