LA RESPONSABILIDAD Y LA SEXUALIDAD: DINÁMICAS EN LOS ESTUDIANTES ACTUALES

Alexey Megna Alicio

1.3- La responsabilidad como valor moral

La moral responde a las formaciones económicas–sociales y una de las formas más antiguas de la conciencia social. Se formó en el propio proceso de separación del hombre del resto de los animales, como única forma de regulación de la actividad vital de estas.

La moral varía y cambia históricamente, puede revertir su influencia en el proceso social concreto, acelerándolo, pero su desarrollo no siempre es en sentido ascendente, lo que permite al hombre alcanzar un nivel superior en la perspectiva para satisfacer las necesidades vitales de autovaloración, de disposición y de aspiraciones en las diferentes actividades en el orden social e individual.

La responsabilidad como valor de la personalidad en nuestra sociedad debe estar vinculada estrechamente al esfuerzo y dedicación cotidiana por avanzar en la construcción de la sociedad en la búsqueda del progreso social por lo que su formación es tarea de la educación comunista especialmente de la moral, pues la formación de una personalidad moralmente responsable no constituye un hecho innato.

Cuando nos referimos al tema de la responsabilidad como valor moral parece que estamos tratando un tema complejo del comportamiento, según el Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado es responsabilidad: ”obligación de responder de los actos propios o de otros, entre otras acepciones (9). Según el Diccionario de Sinónimos y Antónimos, la responsabilidad es sinónimo de: obligación, deber, cumplimiento, exigencia, vínculo, necesidad, incumbencia, solidaridad. // Madurez, sensatez, juicio, sentido del deber, equilibro, prudencia, cordura, experiencia, solvencia, formalidad, seriedad (10).

Nancy Chacón Arteaga aborda que: “La responsabilidad no es más que la asunción de las obligaciones sociales por el individuo como un compromiso consecuente de su actuación. Lo que implica conciencia de obligaciones, seguridad en sí mismo, toma de decisiones, constancia, autoproposición de metas, responder por sus actos” (11).

Asumimos la definición de la doctora Nancy Chacón acerca de este valor pues cuando el mismo se hace consciente, crece el significado de sus funciones positivas, se amplía el concepto de la responsabilidad social y refleja la preparación del sujeto a contraer compromisos elevados ante el colectivo y la sociedad.

En la medida en que con mayor claridad y precisión se orienta el comportamiento hacia las demás, mediante normas y principios morales realmente válidos, entonces en mayor grado se asumirá y se cumplirá la responsabilidad moral que necesariamente demanda nuestros actos, independientemente de ello, en el obrar moral del sujeto, este asume una determinada responsabilidad ya que con su conducta, directa o indirectamente, influye en los demás sujetos con los que se relaciona.

De ahí que desde la posición que adopten los niños, adolescentes, jóvenes, y en cualquier esfera, la responsabilidad moral debe constituir eje esencial en toda actividad en los hombres, el mismo es responsable de sus actos según las responsabilidades objetivas y el deber asumido que tiene que escoger y actuar y a la vez tomar decisiones.

La libre elección de la conducta a seguir según ciertas normas o principios morales, el interés o necesidad social, son el elemento que autodetermina el grado de responsabilidad del sujeto en cualquier grado moral.

Toda actuación y, por lo tanto, todo estilo de actuación es individual, es decir único e irrepetible. En consecuencia si la actuación es personal, o sea, instruir, entonces, la responsabilidad como rasgo personológico puede o no matizar el proceder de una personalidad. Esto los conduce a la siguiente conclusión: la responsabilidad de otro, ya sea padre, maestro o cualquier otra persona.

De manera que el hecho de que un sujeto (adolescente, joven o adulto) actúe de modo responsable o no, no es directamente proporcional a las condiciones que de manera consciente fueron modeladas en su formación o desarrollo. En otras palabras, no porque la familia, la escuela, la comunidad, el grupo escolar u otro tipo de institución social, se empeñen en proporcionar condiciones favorables para que el adolescente forme cualidades morales positivas tales como la honestidad, la solidaridad, la abnegación, la responsabilidad u otras, han de quedar por sentado estos atributos en él.

No negamos la influencia del grupo o la familia en la formación, en el desarrollo personal del adolescente o joven, pero de lo que se trata es de acentuar las condiciones de estas influencias sólo como premisa de su propia actuación.

Por otra parte, asumir que la aceptación es personal y que la responsabilidad como rasgo la matiza o no, es tomar como axioma que la responsabilidad es personal e intransferible. A tenor de lo que hemos expuesto, ninguna persona adquiere por herencia o necesidad la responsabilidad de otro, lo que hace es ejecutar funciones, desempeñar papeles, resolver tareas de otros justamente en virtud de su responsabilidad.

Un argumento más a favor de nuestro punto de vista está dado en la definición misma de la responsabilidad (Marisela Rodríguez Rebustillo, 1996) entendida no como respuesta a una exigencia dada o como actuación en correspondencia con las necesidades mediatas o inmediatas o grupos. Ser responsable no significa observar cabalmente las normas de convivencia o alterar de forma brusca el funcionamiento de la interrelación necesaria entre aquellas personas que se hayan dentro de los contextos de actuación en las que esa persona está insertada; ser responsable en las edades psicológicas que se analizan expresan ante todo, el carácter relativo o escrupuloso de la actuación personal del adolescente o el joven.

Resulta muy difícil, fijar un período de tiempo en el que se determine el desarrollo o la solidez de la responsabilidad personal como cualidad personológica.

Podemos resumir que la actuación personal responsable, como fenómeno psicológico, debe tomarse en consideración por todos aquellos que de una u otra forma estamos implicados en la gestión de condicionar los contextos formativos de los adolescentes.

La caracterización de los adolescentes del preuniversitario se asume en esta tesis a partir de la realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), y que son analizadas en la obra: Educación Sexual con los jóvenes de preuniversitario, Educación Técnica y Universidades Pedagógicas del Dr. Pedro Luis Castro Alegret y otros (2006).

Según esta fuente la adolescencia transcurre entre los 10 y los 19 años y dentro de ellos se encuentran los adolescentes tardíos que están comprendidos entre las edades 16 a 18 años teniendo en cuenta el nivel de escolarización preuniversitaria a este nivel de enseñanza.

El ingreso al preuniversitario ocurre en un momento crucial de la vida del estudiante, el período de tránsito de la adolescencia hacia la juventud.

Todos sabemos que los límites entre los períodos evolutivos están sujetos a variaciones de carácter individual, de manera que el profesor puede encontrar en un mismo grupo estudiantes que ya manifiestan rasgos propios de la juventud, mientras que otros mantienen todavía un comportamiento típico de los adolescentes.

Muchos consideran el inicio de la juventud como el segundo nacimiento del hombre. Entre otras cosas ello se debe a que en esta etapa se alcanza la madurez relativa de ciertas formaciones y algunas características psicológicas de la personalidad. También aquí se continúa y amplía el desarrollo en la esfera intelectual que ha tenido lugar en etapas anteriores.

Así desde el punto de vista de su actividad intelectual los estudiantes del preuniversitario están potencialmente capacitados para realizar tareas que requieran una alta dosis de trabajo mental, de racionamiento, iniciativa, independencia cognoscitiva, creatividad, además de la autovaloración como otros de los cambios que se da en la adolescencia. Estas posibilidades se manifiestan tanto en la actividad de aprendizaje en el aula, como en las diversas situaciones que surgen en la vida cotidiana del adolescente.

En relación con lo anterior, la investigación dirigida a establecer las regularidades psicológicas de los escolares cubanos, en especial de la esfera clásicamente considerada como intelectual, ha revelado que en el desempeño intelectual los alumnos alcanzan índices superiores a los estudiantes de niveles anteriores, lo que no significa desde luego que ya en el preuniversitario los alumnos no presentan problemas ante tareas de carácter intelectual, no obstante fue posible establecer que cuando la enseñanza se organiza de forma concreta esos alumnos pueden superar muy rápido las dificultades que pudieran poseer gracias a las reservas intelectuales que han desarrollado.

En esta etapa de estudio solo se convierte en una necesidad vital, y al mismo tiempo en un placer, animando al adolescente, a la obtención de nuevos conocimientos, la iniciativa y la actividad cognoscitiva independiente. Durante estas edades que referimos es muy característico el predominio de las tendencias a realizar apreciaciones, que responden a un sistema de enfoques de tipo polémico que los alumnos han ido conformando, así como la defensa pasional de todos sus puntos de vista.

La autovaloración y la autorreflexión se hace cada vez más estable, adecuada y generalizada, debido a la necesidad del adolescente de valorar correctamente sus posibilidades para enfrentar el futuro, tanto en su vida profesional como personal.

En esta etapa se alcanza una mayor estabilidad de los motivos, intereses, punto de vista propios, de manera tal que los alumnos se van haciendo más concientes de sus propias experiencias y de las que los rodean, tiene lugar así la formación de convicciones morales que el adolescente experimenta como algo personal y que entra a formar parte de su concepción moral del mundo. También participa de manera creciente en la auto determinación de su comportamiento en los diferentes contextos de actuación.

Las principales motivaciones del adolescente en estas edades vienen dadas por los actuales y futuros estudios, obtener el puesto que desea en la sociedad. Esto se refiere principalmente a la motivación profesional, aunque existen otras también importantes en la dirección de la personalidad.

En estas edades se han ampliado las motivaciones del adolescente y se va integrando en una estructura jerárquica; los motivos rectores, como reflejo de la sociedad en que nos encontramos, se refieren al trabajo profesional u otra forma de adquirir la adultez e independencia.

Estos motivos profesionales tienen una elaboración inicial, es decir el joven por primera vez es capaz de argumentarlos y de trazar con una mirada de futuro las decisiones que debe adoptar para alcanzar su meta. Es decir, comprende que sus motivos son a largo plazo, sabe mantener su actividad dirigida a obtenerlos, estudia, se prepara para los diferentes tipos de pruebas o requisitos que exige la carrera deseada, obtiene cada vez más información sobre la misma.

En medio social en que se desenvuelve influye en la conducta y la actividad del adolescente, lo cual permite ser menos dependiente de las circunstancias que lo rodean, ser capaz de enjuiciar críticamente las condiciones de vida que influyen sobre él y participan en la transformación activa de la sociedad en que viven.

En esta etapa él ha adquirido la capacidad de enjuiciar desde nuevas estructuras cognitivas lógicas, y ejerce esa flamante capacidad sobre su mundo cercano.

El adolescente necesita valorar críticamente a sus padres para individualizarse, para diferenciarse de ellos, para reafirmar su identidad como personas, y es capaz de autovalorar las consecuencias de sus acciones en la vida, sometiéndola a las normas morales de los grupos significativos para él.

El lugar del joven en su familia está en un nuevo sistema de relaciones y comunicación a partir de que ha alcanzado la independencia en muchos aspectos de su vida, por ejemplo en la vida afectiva y de pareja.

En la adolescencia se tiene las condiciones para consolidar la autoestima, que favorece el buen desempeño personal. La autoestima debe verse como una estructuración reguladora de la personalidad, elaborada conscientemente desde la adolescencia y más propiamente al entrar en la juventud; las personas jóvenes le atribuyen gran importancia a la autovaloración.

En tal sentido es necesario que el profesor tienda no solo a lograr un desarrollo cognitivo, vivencias profundamente sentidas por los adolescentes tardíos capaces de regular su conducta en función de la necesidad de actuar de acuerdo con sus convicciones.

La función de los educadores es exitosa sobre todo cuando poseen un profundo conocimiento de sus alumnos acerca de sus preferencias.

En particular la elección de la profesión representa una cuestión muy importante para el desenvolvimiento y las aspiraciones futuras del adolescente tardío.

Esta elección se convierte en el centro psicológico de la situación social, del desarrollo del sujeto, pues es un acto de determinación y autovaloración que supone tomar una decisión y actuar en concordancia con algo lejano, lo que requiere cierto nivel de madurez, el adolescente siente una fuerte necesidad de encontrar un lugar en la vida, con la cual se incremente su participación en la actividad social útil ( estudio, deporte, trabajo y cultura), en la que mantienen gran valor para él la comunicación con su grupo de coetáneos, la relación con sus compañeros, la aceptación y el bienestar emocional que logre obtener.

No obstante la opinión del grupo, y es la que busca el adolescente fundamentalmente, es en esta comunicación con sus iguales, donde se fortalece la relación personal de amistad con los que siente mayor confianza y a los que le unen afinidad de intereses y criterios sobre diferentes aspectos, por esto surgen subgrupos por parejas de amigos y también sobre la base de relaciones amorosas con un carácter más estable. En este tipo de relación se materializan los ideales sobre la pareja y el amor, también se destaca el valor de las relaciones en el grupo en virtud de determinadas cualidades de la personalidad como son exigencia, combatividad, sinceridad, justeza.

Al igual que en la adolescencia el contacto con los demás refuerza su necesidad de reflexión, de conocerse, de valorarse y dirigir en cierta medida su propia personalidad, a lo cual pueden contribuir los adultos, padres y profesores en sus relaciones con él. El adolescente necesita ayuda, comprensión, pero también autonomía, decisión propia y debe permitírsele autorreflexionar valorativamente sobre su propia actividad.

Características de la sexualidad en los adolescentes y jóvenes

Según M. A. Torres (2003) la sexualidad es una dimensión de la existencia humana, una manifestación psicológica de la personalidad que tiene como núcleo el sentimiento y la conciencia de la propia masculinidad, feminidad o ambivalencia, basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva y el amor y la reproducción. Se expresa en forma de pensamiento, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. Es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales.

La doctora B. N. Guerrero (1996 En: I. González, 2002 p. 1) plantea que es el conjunto de condiciones estructurales (anatómicas), fisiológicas, comportamentales y socioculturales que permiten el ejercicio de la función sexual humana. Abarca nuestros sentimientos, nuestra conducta en general y sexual en particular, la manera de expresarnos y relacionarnos con los demás. En definitiva la forma de vivir como hombres y mujeres.

Asumimos la definición de M. A. Torres (2003) pues se plantea como orientadora para el trabajo de educación de la sexualidad de los adolescentes del preuniversitario.

La adolescencia es el momento de transición desde la niñez a la edad adulta de los seres humanos que transcurre entre los 10 y 19 años de edad. Esta transición va a implicar cambios biológicos, psicológicos, cognoscitivos y sociales.

La experiencia del amor y la vida de pareja ocupan un lugar importante en esta etapa de la vida. Se observa en la adolescencia un primer momento en la búsqueda de pareja y de afirmación de la persona, en la identidad de género, roles y orientación sexoerótica.

Los jóvenes están en condiciones de reflexionar y argumentar con gran lógica y con una orientación propia, desde sus valores morales en formación, sobre distintas cuestiones, como son la amistad y el amor, el emparejamiento, cuándo y dónde compartir con el otro sexo. También sobre las relaciones coitales, con quién y cuándo realizarlas; qué es la pareja estable, el respeto, la fidelidad; cuáles son los derechos de la mujer y los del hombre, entre otros más. Es importante que el adolescente autorreflexione sobre la actitud que asume ante al vida, los valores que acumula, las convicciones que se van formando y que se expresan en la práctica diaria.

Desde el punto de vista biológico se caracteriza por un rápido crecimiento y desarrollo pondoestatural, aparecen y se desarrollan los caracteres sexuales secundarios y se alcanza durante la misma plena capacidad reproductiva. Entre los múltiples cambios en la esfera psicológica se destacan por su importancia la formación de la personalidad, la definición de rol de género y la búsqueda de la identidad. Finalmente en el ámbito social se produce un tránsito de dependencia total a uno de relativa independencia y se adquiere paulatinamente la capacidad jurídica. Su nueva situación social está sembrada de retos, desafíos y también obstáculos que deben vencer para arribar a una adultez responsable y feliz.

En esencia los retos fundamentales que debe enfrentar y resolver el adolescente se refieren a tres esferas esenciales de la vida:

• La profesional laboral

• La ideológica, ética y social

• De pareja y familiar

Desde el punto de vista intelectual, su pensamiento de hace cada vez más lógico, abstracto y reflexivo, lo que posibilita explorar en lo más profundo de su intimidad psicológica, desarrollar su autoconciencia y autovaloración, al desarrollar la autorreflexión arribar a un conocimiento cada vez más objetivo de quienes lo rodean, y penetrar progresivamente en la esencia de su realidad circundante y de su propia realidad.

Aumenta durante este período el sentimiento y la necesidad de independencia y autodeterminación que caracterizan su desarrollo y que lo motivan a buscar la satisfacción de estas necesidades, fundamentalmente en el grupo de sus iguales, y a poner ciertas distancias de la autoridad adulta.

En pocos años el y la adolescente se convierten físicamente en adulto en apariencia, capaz de engendrar hijos y de disfrutar de la vida erótica en solitario y en pareja. De tales cambios y de su nueva situación social se derivan las primeras y trascendentales adquisiciones psicosexuales.

Él y la adolescente son concientes de que su cuerpo se transforma y adquiere capacidades adultas en dos sentidos fundamentales:

• Vía de procreación

• Vía de disfrute sexual y de atracción física erótica y espiritual para otras personas, no solo de sus pares sino hacia personas mayores.

Posterior a sus cambios anatomofisiológicos entran en una fase de experimentación sexual, caracterizada por el deseo intenso de disfrutar de la más amplia variedad de vivencias eróticas y espirituales, lo que desencadena una búsqueda activa de experiencias eróticas que los motiva al ejercicio progresivo de la sexualidad.

Una característica de los adolescentes es que por lo general recurren al apoyo y seguridad del grupo de sus iguales. Primero de un grupo compuesto de chicos o chicas de su mismo sexo.

En estas etapas primarias en que no están aptos aún para el inicio de los juegos intersexuales, solo pueden encontrar satisfacción a través del autoerotismo y la masturbación.

Con esta nueva situación social del adolescente y el desarrollo de la líbido comienzan a iniciar sus relaciones de pareja (necesidad de pareja), esta necesidad se estructura y crece para dar origen a un conjunto de emociones y sentimientos que se expresan mediante los llamados enamoramientos, entusiasmos o cortejos sexuales, propios de estas edades.

No es nada inusual que en estas etapas iniciales de la adolescencia, en que el erotismo, la líbido de estos chicos y chicas no está aún orientada de manera estable hacia un objeto definido hombre o mujer, encuentre una vía de expresión y satisfacción en los intercambios y jugueteos, que casi siempre se producen con estos amigos más íntimos de su mismo sexo.

Cuando en algunos adolescentes, su iniciación y desenvolvimiento sexual es prematuro y apresurado, quemando etapas, ya sea por su preparación insuficiente u otros motivos como las presiones externas de su pareja o de los amigos o amigas, o simplemente por curiosidad, suele traerles serias consecuencias en su desarrollo psicosexual que se traduce en los embarazos, la maternidad, los matrimonios precoces, los abortos, las disfunciones sexuales, el contagio con alguna ITS y otros trastornos.

Factores de riesgo asociados a algunas ITS en adolescentes y jóvenes:

1. Elementos relacionados con el desarrollo fisiológico:

• Se considera que existen diferencias en el sistema inmune asociadas a los diversos estadios del desarrollo puberal. Entre las más significativas se encuentran los cambios en el número de linfocitos y macrófagos detectados durante esta etapa.

• Alteraciones epiteliales a nivel de la unión escamocolumnar del cervix.

• Las irregularidades del ciclo menstrual.

2. Actividad sexual:

• Inicio sexual precoz.

• Continuos cambios de pareja.

• Parejas con conductas sexuales de riesgo.

• Relaciones sexuales no protegidas que ocurren en lugares y situaciones inadecuados.

• Escasa utilización del condón y otros anticonceptivos de barrera.

• Poco conocimiento sobre estos temas.

• Mayor riesgo de violencia y abuso sexual.

3. Tener antecedente de adicciones y otras conductas sociales de riesgo:

• Las adicciones (alcohol, cigarrillos, drogas).

• Antecedentes de otras conductas sociales de riesgo como la fuga del hogar, tendencia a la violencia, conductas relacionadas con el género y presiones de grupos de pares, así como factores socioculturales.

Las consecuencias de una inadecuada educación sexual: abortos e hijos no deseados, madres solteras, madres muy jóvenes (12-20 años), matrimonios prematuros, explosión demográfica, divorcios, relaciones extramatrimoniales, desajustes psicosociales, desajustes emocionales, falta de confianza y respeto entre los sexos, roles sexuales estereotipados, machismo, infecciones de transmisión sexual ( ITS ), suicidios, inestabilidad familiar, promiscuidad sexual, deserción escolar, curiosidad sexual reprimida y tabúes, mitos y falacias.

Se ha analizado a la adolescencia teniendo en cuenta algunos elementos característicos, siendo esta la etapa en la que se culmina la formación de la autoconciencia y se comprende el papel que se juega en el mundo, también analizamos algunos elementos relacionados con las características de la sexualidad de los adolescentes que son necesarios para fundamentar y orientar la labor educativa en este campo.

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