SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Su partido no es marxista, dicen, en Alemania Willy Brand, en España Felipe Gonzalez.-

 

Cuando Willy Brand en Alemania, y después Felipe González en España, nos dicen que su partido no es marxista, es una forma de decir a los empresarios, que no se preocupen, que en el fondo del camino, en la meta a la que se encaminan los trabajadores socialistas, hay una ordenación del trabajo, hay una producción, en la que ellos, los empresarios, tienen un papel que desempeñar: dirigirán la producción y, por lo tanto, también las instituciones... Lo mismo que ahora

¿Y el paso a paso, y el día a día, y las metas inmediatas, intermedias? ¡Ah!, En eso los encontrarán siempre. Los socialistas lucharán siempre por las mejoras constantes en las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores. ¿Con qué meta a largo plazo? Con la meta a largo plazo de que los trabajadores tengan mejores condiciones en su trabajo y en su vida, de acuerdo, naturalmente con los empresarios.

Cuando el partido socialista no tiene una meta socialista, como es el caso en la socialdemocracia, el día a día, el camino hecho paso a paso, tampoco puede serlo.

El partido bolchevique apartó a los trabajadores de la construcción del socialismo. Se apropió en exclusiva de la tarea de ordenar su propio trabajo. Les señaló las metas lejanas, las intermedias, y les indicó el camino diario, y la forma de andarlo. Solo les dejó el trabajo, obediente y disciplinado.

Se puede discutir si el camino elegido y las metas señaladas, eran o no socialistas. Lo más grave, en los dos casos (fueran socialistas o no), es que no eran el camino y las metas que elegían y trazaban los trabajadores, sino las que decidían los dirigentes de su partido.

Los partidos socialdemócratas, el PSOE y el PC, en nuestro país, hacen a su vez, algo que se puede comparar a lo de los comunistas rusos.

¿Quién dirigirá y ordenará nuestros trabajos?, preguntarán los obreros socialistas y comunistas a sus dirigentes.

Los empresarios, naturalmente. Eso les contestarán.

¿Quién dirigirá las instituciones?. Volverán a preguntar. Las instituciones las crea y señala su dirección, quien dirige la producción, les contestarán.

¿Quién pondrá en funcionamiento cada día esas instituciones, y cuidará de que cumplan la función que se les señaló? Les contestarán: da igual, el partido más competente en esa labor; podemos ser hasta nosotros mismos; se trata de conducir un coche al destino que el amo del coche te señale, sólo  hay que saber conducir.

¿Y nosotros, cual es nuestro papel? El trabajo obediente y disciplinado, les responderán.

Ciertamente, en algo se parecen. Sobre todo, en lo poco lucido del papel del obrero en uno y otro sistema.

¿Por qué se puede decir que no es socialista el comunismo ruso?, ¿Porqué se puede decir que no es socialista la socialdemocracia europea?

Porque no han sido los propios obreros los que se han inventado y decidido su meta lejana más ambicionada.

Porque no son los propios obreros quienes deciden y eligen diariamente el camino que, paso a paso, lleva hasta esa meta elegida y deseada.

Como se puede apreciar, la historia, la práctica, nos enseña, enseña a los obreros, que su papel en la producción, o lo que es lo mismo, en la ordenación de su trabajo, no está escrita en ningún sitio. En cualquier revuelta del camino, aparece el partido comunista ruso, y como él sí sabe dónde está escrito eso, coge el libro donde está escrito, en una mano, y el fusil en la otra, y comienza a dictar órdenes.

Setenta años tardan en avenirse a que la organización del trabajo de los obreros, no está escrita en el libro que ellos dicen; sueltan las riendas, los comunistas rusos, abandonan el viaje emprendido, y acaban perdiendo la confianza en el libro y en los obreros. Y los obreros, a su vez, acaban perdiendo la confianza en su partido, en el libro en que fundaba sus verdades, y pierden la confianza en ellos mismos.

En otra vuelta del camino, encuentran otro guía, otro amparo: el partido socialista socialdemócrata.

Como lo del libro está visto que estaba equivocado, es mejor no darle más vueltas. Hay lo que hay. Aquí es buena gana inventarse utopías y verdades hermosas que luego son mentiras. Aceptemos la dura realidad, y tratemos de mejorarla. Trabajemos para mejorar la condición obrera.

Hay que admitir que, si una imagen bastante representativa del comunismo ruso, de su partido, era la del “padrecito” (personificado en Stalin), la de la socialdemocracia, sería la de “Madrecita” (atenta, cuidadosa y sacrificada).

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